Categoría: Libros

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Amoríos en el convento de las Claras

Tomé estas fotografías en el convento de Santa Clara, en Funchal, la capital de Madeira. Fui hasta allí para verificar cierta carta muy picante que deseaba incluir en una novela. Y esto fue lo que escribí a partir de la página 93, en boca del protagonista que hace la narración en primera persona y cita la picante carta del Marqués de San Andrés, perseguido por la Inquisición y, tal vez, el canario más divertido de todos los tiempos

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Género gramatical animal: ¿los tigres y las tigresas son felinos y felinas?

¿Deberíamos decir que «los gatos son silenciosos» o que «los gatos y las gatas son silenciosos y silenciosas»? ¿Es correcto discriminar el género animal o, en este caso, deberíamos asimilar la ética del lenguaje a la que utilizamos con la especie humana?
¿Es lógico pensar que si no es correcto utilizar el masculino para referirnos a un grupo de hombre y mujeres, tampoco deberíamos usarlo para aludir a un grupo de animales machos y hembras?

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Shakespeare contra Cervantes: KO en el primer asalto

Las exposiciones sobre escritores no son únicamente tediosas, son ridículas. Sólo hay que observar el escaso éxito de las muestras sobre cualquier literato.
Nada es más aburrido que acudir a una sala para ver unos cuantos papeles viejos que casi no se pueden leer, cuadernos amarillentos por el tiempo de los que sólo nos muestran una o dos páginas, alguna pluma, un tintero, una silla o un escritorio, una boina quizás,… En fin una colección de objetos que no tienen más objeto que llenar algunas vitrinas y justificar una conmemoración. En el caso de Cervantes, ni siquiera eso.
¿Y Shakespeare? ¡Eso es harina de otro costal!

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Ruiz de Padrón, foto a foto (7ª entrega: su camino a las Cortes de Cádiz: desde Orense a Vigo)

Imágenes fotográficas del camino Orense- Vigo: primera parte de la ruta seguida por Ruiz de Padrón en su viaje desde Valdeorras (Orense) a Cádiz, a finales de 1811, para tomar posesión de su acta de diputado en las Cortes.

En el año 1811, Antonio Ruiz de Padrón recibió una carta desde Canarias con su nombramiento como Diputado del Congreso por las islas de La Gomera, La Palma, Lanzarote y Fuerteventura.

Para un hombre que había asistido al nacimiento de la Constitución de los Estados Unidos y recorrió Europa durante los estertores del Antiguo Régimen y el nacimiento de las democracias modernas, no podía haber una noticia mejor.

Ruiz de Padrón salió de Valdeorras (Orense) en dirección a Vigo, con la intención de atravesar Portugal –libre de tropas napoleónicas– y llegar a Cádiz sin caer en manos de los franceses.

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“La muerte del Inquisidor General”, un excepcional relato de António Borges Coelho

El tema a tratar se presenta desde el primer párrafo: el ilustrísimo y reverendísimo Obispo Inquisidor General de Portugal, don Francisco de Castro, de 78 años de edad, se está muriendo en su habitación del palacio del Santo Oficio, ubicado en la plaza del Rossio.
Es el primer día del año 1653. Las recias puertas y las paredes de piedra forradas de tapices tan gruesos como soberbios no son capaces de amortiguar los desgarrados lamentos que suben desde las salas de tortura hasta la lujosa habitación del moribundo. No obstante, no turban al enfermo, acostumbrado durante años a escucharlos con una beatífica sonrisa en los labios. Alabadas sean las muestras de arrepentimiento que salen de los labios de los odiosos judíos que ofenden a Nuestro Señor. Tres veces amén.

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«Señales de humo», de Reig, una novela para guillotinar a Petrarca y otras vacas sagradas

EL ENCANTO DEL MORBO LITERARIO O CÓMO TRITURAR A LOS POETAS LAUREADOS
“Señales de humo” es una novela que encantará a los amantes de los viajes en el tiempo, de la literatura, de la ironía y de los cimientos culturales del viejo continente.
El autor emite juicios tan sumarísimos como sabrosos sobre los iconos sagrados de la literatura sudeuropea: Petrarca, Garcilaso y otros miembros del famoseo libresco reciben leña hasta en el carnet de identidad. Reig despierta el morbo en el lector que continúa adelante con la esperanza de ver qué cabezas van cayendo en la cesta de la ignominia bajo el hacha del malvado escritor.
Seguramente, usted no saldrá mejor persona después de leer esta novela, pero le aseguro que aprenderá algunos trucos para llegar al infierno en un pispás.

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«Mientras seamos jóvenes», una buena novela de José Luis Correa

He leído en estos días una novela del canario José Luis Correa . Una novela bien armada en todos los sentidos, lo cual siempre se agradece pero que, a mi juicio, debería ser más conocida por los lectores del archipiélago.
Correa, con un estilo literario a lo Dashiell Hammet, es ameno, realiza crítica social en sus relatos y se encuentra hoy en la vanguardia literaria de Canarias. Espero convencerles para que lean sus novelas y las disfruten tanto como yo.

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Ruiz de Padrón, foto a foto (3ª entrega: Filadelfia, Estados Unidos)

La tercera entrega está dedicada a Filadelfia, capital de los Estados Unidos durante los años que Ruiz de Padrón permaneció en ella.

Como relata la novela El discurso de Filadelfia (Editorial Malvasía, 2016), Antonio Ruiz de Padrón participó en las principales tertulias de la ciudad y trabó amistad con George Washington y Benjamín Franklin. Durante su estancia se redactó la Constitución de Estados Unidos, de manera que estuvo en el momento oportuno y en el lugar indicado para observar de cerca cómo se verificaba una de las revoluciones que más han influido en el mundo actual: la Revolución Americana.

Ruiz de Padrón alcanzó fama en los Estados Unidos cuando pronunció su famoso sermón sobre la Inquisición española, denunciando sus abusos y atropellos con una valentía que le valió el respeto de la nueva nación y de sus líderes.

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Ruiz de Padrón, foto a foto

Imágenes relacionadas con la estancia de Ruiz de Padrón en Valdeorras.
La primera entrega está dedicada a esa comarca gallega, donde Ruiz de Padrón fue el encargado de cinco parroquias y varios párrocos. Por esta razón se le conoció como el Abad de Valdeorras. Tuvo su residencia en Vilamartín (o Villamartín) de Valdeorras desde 1808 hasta su muerte, en 1823, excepto durante los años en que se desempeñó como diputado en las Cortes de Cádiz y, posteriormente, en las Cortes Constitucionales de Madrid.

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Presentación de «El discurso de Filadelfia», en Las Palmas de Gran Canaria

Me gusta pensar que en una lectura crítica de esta novela el lector se siente invitado a reflexionar sobre estos asuntos que no son ajenos a la naturaleza humana. Me gusta pensar que ese mismo lector sonríe en cada página, porque encuentra una palabra, una frase o una idea que lo mueve a ello. Me gusta pensar que, a pesar del empeño que los sempiternos enemigos de la libertad han puesto en borrar cualquier rastro de su memoria, Antonio Ruiz de Padrón –que desde las frías tierras europeas soñaba con comer pescado fresco, gofio y plátanos en sus islas– ahora será un poco más conocido, un poco más querido por sus paisanos.

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¡Maldito Vargas Llosa!

Por su parte, Vargas Llosa tiene o tuvo a su nombre una cuenta en un vertedero fiscal (permítanme utilizar el vocablo propuesto por el juez Garzón) y sus opiniones políticas parecen sacadas de un manual conservador del siglo XIX. Su literatura no: ha sido y es rabiosamente moderna. Por eso lo maldigo igual que a Borges: piensa como un cerdo, pero escribe como un unicornio, y esto es más fuerte que yo y me obliga a leer cada nuevo libro suyo con un ansia desproporcionada (¿vergonzosa?).