Abjuro y me retracto

manoBalon1 copiaESTE ES EL MOMENTO en que tomo conciencia de haber malbaratado mi existencia. Doscientas mil personas me apuntan con su dedo acusador y me reprochan con razón no haber aprovechado mi vida, después de que pasaran delante de mis narices todas las posibilidades de convertirme en un hombre feliz y de provecho. No hace falta que un jurado me declare culpable, yo mismo lo he comprendido. Pido perdón y me arrepiento.
Estoy aquí sentado. Miro con turbación la pantalla del televisor, mientras aún sostengo en mis manos algo de lo que debería sentirme avergonzado por haberlo abierto en un día como hoy. Doscientas mil personas, en vivo y en directo, con una prenda azul y blanca en su cuerpo, son la prueba evidente de mi crimen. Doscientas mil personas coherentes, sensatas y felices que están en las calles de la ciudad asistiendo al desfile de sus héroes que a bordo de un camión  marchan hacia el lugar donde tendrá lugar el encuentro que ya quedará registrado para la Historia con H y con mayúscula. Y yo aquí, avergonzado, leyendo un estúpido libro de Norman Mailer, de espaldas a la Historia, de espaldas a la Felicidad, de espaldas al Ascenso del Club Deportivo Tenerife a la Primera División Fútbol de España.
Hoy he visto la luz. Ya sé dónde encontrar el paraíso. ¿Alguien me puede decir cuánto cuesta un abono en el estadio para la próxima temporada? Yo también quiero ser feliz. Galácticamente feliz, cuando nosotros, los 200.001, hagamos morder el polvo y el césped al mismísimo Cristiano Ronaldo.

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