Los títulos de libros

Un buen título es el título de un libro con éxito.
Somerset Maugham

 

Por increíble que pueda parecer hoy, los antiguos manuscritos no tenían título, . Su función la suplían el prólogo o los primeros párrafos de la obra. El cantar del mío Cid, por ejemplo, es un título improvisado hace pocos años y lo mismo sucede con el resto de obras escritas antes de la invención de la imprenta en el Renacimiento. Incluso, los primeros libros impresos no llevaban título y, sólo al cabo de algún tiempo, se les puso una hoja, con un texto parecido al de las solapas actuales. Un ejemplo es el siguiente “título” de un libro del marino canario Thomé Cano, impreso en 1611:  Arte para fabricar, fortificar, y apareiar naos de gverra, y merchante; Con las Reglas de Archearlas: reduzido a toda Cuenta y Medida: y de grande vtilidad de la Navegacion.

naos

Algo más tardíamente, apareció lo que podría denominarse doble título. Por ejemplo: El calderero de San Germán o El mutuo agradecimiento de Gaspar Zavala y Zamora. Posteriormente, el segundo título pasó a la categoría de subtítulo.

Desde el punto de vista formal, poseen un perfil bien definido dos categorías de títulos. La primera tiene carácter nominal; Ismaelillo (José Martí), La Vorágine (José Eustacio Rivera), Los puentes (Fayad Jamis)… La segunda tiene forma oracional: La Lola se va a los puertos (Antonio y Manuel Machado). El coronel no tiene quien le escriba (Gabriel García Márquez), La niña que quiso ser estampa (Marta Brunet)… Dentro de estas dos categorías  es posible distinguir sub­categorías.  Por ejemplo, en cuanto a la categoría nominal, títulos sin epítetos. (cf. Los mencionados arriba), títulos con epíteto –El son entero (Nicolás Guillén), Canto general (Pablo Neruda), Los pasos perdidos (Alejo Carpentier)– y títulos compuestos de dos o más sustantivos unidos eventualmente por la conjunción “y”: La fuente, la ermita y el río (Eduardo Marquina), La sangre y la esperanza (Nicomedes Guzmán). Sobre el transfondo de estas dos categorías fundamentales hay otras. Por ejemplo, las adverbiales: Durante la reconquista (Alberto Blest Gana), Con las mismas manos (Roberto Fernández Retamar), Aguas abajo (Marta Brunet); pero estos son relativamente poco frecuentes.

En cuanto al aspecto semántico del título, es posible entenderlo de dos maneras, se trata de la relación semántica entre las palabras que integran el título [por ejemplo, El águila y la serpiente (Martín Luis Guzmán) confronta dos conceptos semánticamente opuestos, mientras que La fuente, la ermita y el río representa una mera acumulación de conceptos], o de la relación semántica del título con el contenido de la obra; por ejemplo, Martín Rivas (Alberto Blest Gana) designa al personaje principal.

soledad

Respecto a esta segunda relación, hay muchas posibilidades. Hablando en un plano general se puede decir que el título indica el aspecto dominante de la obra, y desde este punto de vista es posible distinguir títulos “neutros” y títulos “valorativos”. El título neutro designa, sencillamente, al personaje principal (cf. El título citado de A. Blest Gana) o el medio ambiente: Chilenos del mar (Mariano Latorre). El título valorativo, en cambio, sugiere determinada valoración de los personajes y de la acción, dejándonos entrever, con ello, la actitud del autor: Via crucis (Emi­lio Bacardi), Las impuras (Miguel de Carrión), Mamita Yunay (Car­los Luis Fallas). El título valorativo, desde luego, ofrece más informaciones que el neutro.[1]

Un título, aunque sólo sea transitorio, siempre ayuda a definir en la mente la obra que se pretende escribir e incita a desarrollar la idea que evoca. Si está escribiendo un libro, conviene anotarlo, tan pronto se le haya ocurrido alguno. En caso contrario, busque un título provisional que defina qué va a contener su obra; por ejemplo: Tratado de las maneras de preparar los postres en la provincia de Córdoba.

Probablemente, cuando concluya su libro, el título habrá cambiado varias veces y ya tendrá una idea exacta sobre cuál desea utilizar de manera definitiva. A medida que avance en la redacción de su obra, vaya seleccionando palabras claves del texto que, leídas independientemente, proporcionen una idea del contenido.[2] Intente incluir las palabras claves más significativas en el título o en el subtítulo.[3] Sin embargo, antes de tomar la decisión final, recuerde que el título de su libro va a significar la principal carta de presentación de su contenido y que la primera impresión para cualquier lector vendrá definida por aquel. Como norma general, procure que el título haga clara referencia a la esencia del libro, que sea comprensible y que no tenga mucha longitud. Cuanto más corto es el título de un libro, más posibilidades tiene el diseñador de la portada de sacarle un buen partido.

Sea flexible cuando su editor le sugiera un nuevo título. Usted podrá ser el mejor escritor del mundo, pero su editor, casi con absoluta certeza, sabe más que usted sobre títulos y portadas (si no lo cree usted así, es mejor que busque otra editorial para sus obras). Un título no es un libro, sino el nombre comercial de un libro. Los escritores suelen bautizar las obras con títulos que les parecen importantes y a los cuales les gustaría que estuviese unido su nombre, pero ¿de qué le sirve esto a un autor si su libro no lo va a conocer nadie? El título de un libro está más cerca del trabajo de un publicista que de la tarea de un escritor, y la portada también. Procure no olvidar jamás este consejo porque de eso puede depender mucho su futuro literario.

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El imponente número de libros publicados cada año hace que sea relativamente fácil repetir un título. El precio que se paga por un error involuntario de esta clase es demasiado alto y todas las precauciones que se tomen pueden ser pocas. Si desea evitarlo, y aunque no es una garantía total, tiene la opción de consultar las bases de datos de la Biblioteca Nacional de España y la lista de títulos en las guías publicadas por el ISBN con formato de libro o cd-rom, o en Internet. La dirección electrónica de la agencia española del ISBN es la siguiente:

http://www.mcu.es/webISBN/tituloSimpleFilter.do?cache=init&prev_layout=busquedaisbn&layout=busquedaisbn&language=es


NOTAS

[1] Bélic, Oldric y Hrabák, Josef: Introducción a la Teoría Literaria.

[2] Sánchez Tamés, Ricardo: Cómo publicar. Universidad de Oviedo, Oviedo, 2000.

[3] Esta técnica no es un capricho, sino tiene una poderosa razón de ser. En la actualidad, las búsquedas en las bases de datos digitalizadas y en Internet se realizan a través de palabras claves que conducen al investigador hacia temas que tienen que ver con su búsqueda. Si un vocablo del título de un libro coincide con alguna de esas palabras claves, será fácilmente localizado.

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