Me engolosiné

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Fantástica postal realizada con arena y litografía sobre cartón reciclado. La compré en la Librería Bárbara y las hay con muchos paisajes de la isla.


De vez en cuando, visito Los Cristianos, un pueblo del Sur de Tenerife que fue una aldea de pescadores hasta finales de la década de 1960 y a los pocos años se convirtió en un centro turístico muy visitado, aunque aún conserva cierto aire de pueblo.
Aunque existen muchas más, sólo mencionaré dos razones para estas visitas:


PRIMERA RAZÓN: la Librería Bárbara, en la calle Calle Pablos Abril, 6.
Como siempre me ocurre, hoy compré más libros de los que debía. También adquirí una postal. Maravillosa, artesanal, con una pintura de la aldea de Masca litografiada sobre un cartón reciclado que contiene arena como elemento decorativo. Fantástica. Está editada por un grupo de chicos de Gran Canaria (smartgiftdesign.com). Cuestan poco más de un euro, lo que me parece muy barato.
Esta librería lleva el nombre de Bárbara, debido a una alemana ya fallecida que la abrió al público en la década de 1980. Durante mucho tiempo, Bárbara mimaba su librería y sus libros, tanto como a escritores y clientes.
Ya muy mayor, traspasó el negocio a un matrimonio que ahora lo ha cedido a su hija. Igual que un buen vino, la librería ha ido mejorando con el paso de los años.
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Canistel o «fruta huevo duro», cultivada en Canarias y a la venta en la frutería La Margarita.

SEGUNDA RAZÓN: frutería La Margarita, en la Avenida Los Playeros, 17.
Allí se repite la historia: siempre gasto más de lo razonable, pero nunca me arrepiento con posterioridad. Pero hay motivos de mucho peso.
En primer lugar, debo decir que los canarios sabemos que estas islas producen cualquier fruta del planeta. Nuestros numerosos climas (no quiero emplear la ridícula palabra microclima) lo permiten, porque más que islas somos pequeños continentes. De modo que los isleños no deberíamos asombrarnos por ver a la venta cualquier fruto exótico producido en nuestra tierra. A pesar de todo lo dicho, sucede que en esa frutería siempre encuentro algo que me sorprende.
Hoy tuve que esforzarme para no cargarme de bolsas con todas las golosinas frutales que se exponían en el pequeño local. Sólo compré (además de ricas fresas y plátanos machos verdes para hacer patacones o tostones) una bolsita de canisteles y otra de curubas.
Comerse un CANISTEL es una regalarse delicia como para morir de gusto: tamaño algo mayor que el de una guayaba, color naranja por dentro y por fuera, textura parecida a la del aguacate o del huevo duro, dulce sabor que recuerda al mango, a la papaya, a la vainilla, al paraíso,… Me dijeron que podía hacer un batido con leche, pero no me alcanzarán para eso, porque me los comeré antes. Lo siento, me engolosiné.
La CURUBA mide unos diez centímetros, con forma zeppelin y color verde que se vuelve amarillento cuando madura. Contiene semillas embebidas en una rica pulpa anaranjada. Su textura recuerda a la parchita, pero su sabor sabor lo encuentro algo más ácido.
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Curuba, fruta de origen latinoamericano que se cultiva en Canarias.
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