Mes: junio 2012

En hipopótamo a la escuela

Llama la atención la facilidad con que la autora va abriendo, capa tras capa, el alma de dos niñas que están entrando en la adolescencia. Su ritos infantiles con la oscuridad y los miedos, sus apegos, sus tristezas, sus felicidades, sus generosidades y una lista de pulsiones emocionales, tan compleja como el teclado de un piano, desvelando, tecla a tecla, las sensibles y, a veces, tensas cuerdas de la psique preadolescente.

Difícilmente, una escritora con estas características se hubiera abierto paso franco hacia la fama en una cultura diferente de la japonesa. Por fortuna, como también sucedió con Kenzaburo Oe –de quien Ogawa parece haber heredado su sentido del humor–, la sensibilidad de los lectores y críticos nipones la ha salvado del ostracismo al que culturas más agresivas y consumistas la habrían condenado de antemano.

¿Dónde se compuso “Palmero sube a la palma”? SEGUNDA PARTE

En la historia de la música criolla peruana hay diversos episodios de “préstamos” y “apropiaciones” de letras, melodías y secuencias armónicas de diversos orígenes, predominando la percepción de que son los peruanos quienes se hacen de temas ajenos y los adecúan a los géneros locales. Un caso muy conocido es el de la marinera limeña “Palmero sube a la palma”: Palmero sube a la palma / y dile a la palmerita / que se asome a la ventana / que su amor la solicita / que su amor la solicita / Palmero sube a la palma.

¿Dónde se compuso «Palmero sube a la palma»?

Sentado en una cantina de Tecalitlán, estaba a punto de beberme un tequila Siete Leguas cuando escuché unos sonidos secos que me parecieron cohetes de feria pero, unos segundos más tarde, un tropel de gente entraba en el local de manera atropellada. Sus caras me revelaron que en el pueblo no había una fiesta, sino un tiroteo. Es la única vez que he sido capaz de beberme un «tequila parado» de un trago sin soltar una sola lágrima. A no mucha distancia del escenario del crimen,unos cuantos mariachis sacaron sus guitarrones y trompetas. Les oí cantar «Palmero sube a la palma».

La Selección de Fútbol de Irlanda o El placer de morir cantando

Los últimos diez minutos del partido de la Selección Española de Fútbol contra Irlanda me recordaron esas películas en technicolor que mostraban a los cristianos cantando cuando iban a ser devorados por los leones. Los cánticos irlandeses en el estadio Gdansk Arena contenían un no sé qué de melodía fúnebre que indudablemente pone la piel de gallina a las hordas pelirrojas que siguen a la selección verdiblanca.
En fin, es perfectamente legítimo que cada cual tenga el derecho a divertirse como quiera, siempre que no moleste a sus vecinos. Si lo que te gusta es reír, ríe; sí prefieres llorar, llora; pero si, además, te encanta llorar cantando, deberías pensar seriamente en apoyar a la selección irlandesa: no te faltarán motivos para ser feliz.