Gustave Flaubert y el amor

Gustave Flaubert

¿Cómo hablar del amor en la literatura sin citar apresuradamente la novela Madame Bovary, de Gustave Flaubert? Aunque, en realidad, nunca he estado seguro de que las maratonianas correcciones que realizó el escritor en cada una de las frases de su novela lo condujeran a una mejor descripción del núcleo amatorio. Claro que quizás Flaubert en sus textos se acercó tanto al auténtico amor de la vida real que haya producido mi rechazo instintivo, producto de la ingenuidad con que concibo el amor: más cercano a los sentimientos cósmicos de la Isabel de Updike que a los ensueños escénicos de la Enma de Flaubert. Hace unos cinco años que no releo Madame Bovary. Creo que ya va siendo tiempo de que realice un nuevo acercamiento a este juguete literario francés: ¡quién sabe si un lustro más sobre mis ojos y mi candidez me proporcionará el suficiente escepticismo para aceptar con alegría la concepción narcisista que Enma Bovary-Flaubert tiene del amor! ¿Qué opinan ustedes del siguiente texto?

“Y cuando quedó libre de Carlos, Emma subió a encerrarse en su habitación. Al principio sintió como un mareo; veía los árboles, los caminos, las cunetas, a Rodolfo, y se sentía todavía estrechada entre sus brazos, mientras que se estremecía el follaje y silbaban los juncos.
Pero al verse en el espejo se asustó de su cara. Nunca había tenido los ojos tan grandes, tan negros ni tan profundos. Algo sutil esparcido sobre su persona la transfiguraba.
Se repetía: «¡Tengo un amante!, ¡un amante!», deleitándose en esta idea, como si sintiese renacer en ella otra pubertad. Iba, pues, a poseer por fin esos goces del amor, esa fiebre de felicidad que tanto había ansiado.
Penetraba en algo maravilloso donde todo sería pasión, éxtasis, delirio; una azul inmensidad la envolvía, las cumbres del sentimiento resplandecían bajo su imaginación, y la existencia ordinaria no aparecía sino a lo lejos, muy abajo, en la sombra, entre los intervalos de aquellas alturas.
Entonces recordó a las heroínas de los libros que había leído y la legión lírica de esas mujeres adúlteras empezó a cantar en su memoria con voces de hermanas que la fascinaban. Ella venía a ser como una parte verdadera de aquellas imaginaciones y realizaba el largo sueño de su juventud, contemplándose en ese tipo de enamorada que tanto había deseado. Además, Emma experimentaba una satisfacción de venganza. ¡Bastante había sufrido! Pero ahora triunfaba, y el amor, tanto tiempo contenido, brotaba todo entero a gozosos borbotones. Lo saboreaba sin remordimiento, sin preocupación, sin turbación alguna.”

(Gustave Flaubert. Madame Bovary. Pp. 213-214. Alianza Editorial. Madrid. 1994. )

¿Y el amor del hombre hacia la mujer cómo se refleja en las grandes obras? El próximo texto es inevitable que sea extraído de la novela romántica Werther (Die Leiden des jungen Werthers), de Johann Wolfgang von Goethe: sabremos de primera mano lo que pensaba este alemán sobre el amor.

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