Mes: mayo 2016

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La Puntilla, un guachinche Superstar junto a la Playa de Las Canteras

Lo primero que uno debe probar es el pescado encebollado. Desde que usted lo prueba, queda encantado con el sitio y con la señora que lo atiende con una amabilidad exquisita. Modales canarios. Yo hasta he desayunado en La Puntilla pescado encebollado y me he dado cuenta de que el día se empieza de otra manera: con una sonrisa en la boca y otra en estómago. Hasta más ligero camina uno a pesar de la hartada.

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La historia inventada

Cada poco tiempo recibimos la noticia de que tal o cual acontecimiento histórico no transcurrió como afirmaba la historia aceptada académicamente, sino que sucedió de manera diferente a cómo nos decían. Después, esas enmiendas son retocadas algunos años más tarde por otras correcciones que a su vez también son rectificadas,… así, hasta alcanzar un extraordinario número de desmentidos, que nos hacen pensar en las infinitas imágenes que aparecen cuando un espejo se refleja en otro.

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La novela histórica «El discurso de Filadelfia», en la prensa

Un artículo en el periódico Canarias7 que comenta mi nueva novela «El discurso de Filadelfia». Cualquier referencia en la prensa a los libros publicados son de gran ayuda a los literatos, debido a la grave crisis que atraviesa la industria del libro. Espero que el artículo sea una ayuda, además de una buena señal para esta obra que comienza su andadura en las librerías.

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Cochino negro canario: en busca de los sabores perdidos

Sin embargo, no tuve sino que probar el primer bocado y ya intuí que poco arroz y menos cochino negro iban a quedar en aquel plato. En realidad, no sobró ni un grano, porque el sabor del cochino negro me ganó el estómago, el corazón y hasta la última neurona.

El sabor era espeso, profundo como los sentimientos que nos ponen la carne de gallina, un sabor místico y religioso, si por religioso se entiende divino y si por divino se entiende cercano a la gloria.

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Presentación de «El discurso de Filadelfia», en Las Palmas de Gran Canaria

Me gusta pensar que en una lectura crítica de esta novela el lector se siente invitado a reflexionar sobre estos asuntos que no son ajenos a la naturaleza humana. Me gusta pensar que ese mismo lector sonríe en cada página, porque encuentra una palabra, una frase o una idea que lo mueve a ello. Me gusta pensar que, a pesar del empeño que los sempiternos enemigos de la libertad han puesto en borrar cualquier rastro de su memoria, Antonio Ruiz de Padrón –que desde las frías tierras europeas soñaba con comer pescado fresco, gofio y plátanos en sus islas– ahora será un poco más conocido, un poco más querido por sus paisanos.