Cho Vito. 1

El día 7 de octubre de 2008, comenzó a cumplirse la orden de demolición del barrio marinero de Cho Vito, en Candelaria, Tenerife, Islas Canarias,
Los vecinos se resistieron, pacíficamente, culminando una lucha de 18 años para conservar unas viviendas que heredaron de su mayores. En realidad, en esa zona de cuevas naturales, ha vivido siempre gente. Hace unos sesenta años, comenzaron a fabricarse las primeras casas, como prolongación de las cuevas. El primero que lo hizo fue Cho Vito, personaje ya legendario de quien tomó el nombre este barrio que se formó en la década siguiente.
Las casas construidas no fueron nunca chabolas, sino pequeñas viviendas con gracia y belleza popular. Una parte de sus moradores las ha usado como hogar familiar durante todo el año, mientras otra parte, siguiendo una costumbre ancestral en Canarias, vivía de la agricultura en los meses de inviernos en la zona de medianías y en los de verano se trasladaba a la costa, convirtiéndose en pescadores. Eso siempre fue respetado, tanto en Tenerife como en otras islas. Por ejemplo, en El Hierro, los habitantes de San Andrés, en la cumbre, bajaban a El Golfo en el tiempo del estío. Arriba, agricultores; abajo, pescadores y mariscadores.
Ahora, el Gobierno proclama que desea adecentar las costas, demoliendo las construcciones que están a menos de 50 metros de la línea de la marea. Sin embargo, en esa área no se han derribado hoteles ni casas de personas poderosas. Es más, se siguen edificando enormes complejos que afean playas y costas. Un  ejemplo sangrante está a menos de un kilómetro de Cho Vito, en Tabaiba, donde se ha comenzado a levantar un edificio de viviendas a muy pocos metros de las olas. Y no pasa nada.
Por esta razón, la gente de la calle, en Tenerife y en el resto de Canarias, está indignada por las medidas que se ha tomado con estas personas humildes, auténtica carne de cañón que sirve para justificar que se ha puesto en marcha una Ley que los poderosos no van a consentir que se les aplique.
Las imágenes del día 7 de octubre fueron muy duras; sin embargo, he preferido obviarlas (ya la tv las ha puesto mil veces) y únicamente señalar cuáles fueron los sentimiento que estaban en el aire, entre los que sufrieron y contemplaron la tremenda afrenta.

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