Valle Gran Rey devorado

Foto: MMM

De esta manera ha quedado el Risco de Guadá, en Valle Gran Rey, tras el azote del fuego. Las palmas, capaces de aguantar la dura operación de extraer su savia para convertirla en la Miel de Palma, también han soportado el fuego que ha ennegrecido sus troncos, pero no ha logrado apagarles todo el verde. La exuberancia de las mimbreras, antes de un esmeralda cegador, ha devenido en tonos sepias encendidos que contrastan con el paisaje calcinado donde se cuelan retazos de la niebla que baja del bosque. Las cañas, atrevidas e irreverentes, comienzan a retoñar obsesionadas con volver a adueñarse del barranco.

Así está Valle Gran Rey hoy. Ni el más voraz de los incendios le hace perder su belleza, aunque cambie sus tonalidades. La desolación –bien lo sabían los pintores y los escritores del Romanticismo– también muestra su atractiva estética, aunque arrastre nuestros sentimientos hacia la desolación.

En estos días, vale la pena una visita a La Gomera para enfrentar nuestras miradas a paisajes violentamente transformados, con el fin de poner a prueba nuestra percepción de otras formas de lo bello.

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