Un gato blanco, una montaña roja y un muerto azul amortajado

Cierro mis ojos de espaldas a Baal
se desvanece el naranja
los gatos no comen melocotones al amanecer.

Cuando una mañana Robert Graves me enseñó
a bucear en la leche de la prístina Diosa
me dijo sonriente: agua que no es déjala.

Fuera el Sol no es blanco
ni los muebles son azules
los amantes sesteamos en la sombra.

La saeta atravesó su corazón
sintió cascadas en las alas
y en las uñas un brusco escalofrío.

El rojo no altera el azul del bosque
sólo ha muerto un pájaro
los árboles continúan creciendo.

El ahogado es menos que una sombra
azul entre burbujas
el aire busca el aire.

El gato, el pájaro y el ahogado
pasan la noche bajo la montaña roja
sin sueños sin lágrimas sin ojos.