Lucifer Superstar

SILUETA 1 FLORENCIA
Foto de una escultura en el jardín de un palacio de Florencia.
Hoy Netflix anunció una cuarta temporada de la serie televisiva “Lucifer”. Nadie me va a creer si digo que ayer me enteré de forma casual de la existencia de estos episodios y que únicamente he visto el primero. Con excelente calidad cinematográfica, por cierto.
Cuando estas obras están bien realizadas, uno se siente inquieto, porque –independientemente de que el diablo exista o no– una parte de nuestra mente se identifica con el protagonista que tiene mezcladas sabiamente buenas dosis de encanallamiento con otras de bondad. Como usted y como yo, aunque yo no quiera admitirlo, por supuesto.
He conocido obras que me produjeron sentimientos parecidos. Tenemos miedo a no sentir el horror que se encuentra remontando el río junto al Kurtz de “El corazón de la tinieblas”, de Conrad, o al del film “Apocalipse now”, de Coppola. Pánico a tolerar el látigo racista manejado higiénicamente por el Henry Stanley de Vargas Llosa.
Una vez entramos en ese juego, no nos sobresaltamos si el autor nos pide que reconozcamos nuestra vilezas; las aceptamos cuando nos exige convivir con las ajenas, pero sin decirnos cuándo debemos rechazarlas. No hay un guía que nos indique cuándo ha comenzado el horror en esa obra y tendríamos que aborrecer al protagonista.
La maestría de Mailer en remover la conciencias consiste en colocar nuestra inteligencia y nuestros sentimientos junto a la normalización del horror.
Igual le sucede al protagonista de “El padre Sergio”, de Tolstoi: cada cambio de actitud o de conducta describe una órbita que primero nos acerca a parajes candorosos donde podemos repostar el combustible adecuado para llegar a los dominios del horror en el extremo de la elipse.
Es lo que encontramos en la serie “Lucifer”, en Hitler, en Trump, en Bolsonaro y otros embaucadores infernales: tendemos a compartir una parte de su rebelión hasta que comprendemos el horror que llevan en sus bolsillos. A algunos luciferes, no olviden esto, los tenemos como “amigos” en las redes o como candidatos en las urnas…

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