La Ley de los guachinches

No deja de gustarme el caminar de la perrita. Ahora, resulta que el gobierno autónomo de Canarias va a definirnos qué es un guachinche. Para esta gente –muchos de ellos ni siquiera han crecido en tierra canaria– un guachinche se reduce a un establecimiento que vende vino de la cosecha de sus dueños. Qué risa. Quién les habrá informado. No me lo digan, a ver si lo adivino: ¿alguno de los cientos de “sabios” que reciben sueldos de asesores?, ¿la Wikipedia?, ¿algún “ingeniero” de esos que nada más aterrizar en Los Rodeos ya andan diciendo que tienen tres cortijos y que el gofio en su pueblo se lo comen los cerdos de su familia? Será.

En la línea de esa falta de ignorancia[1] de que hace gala la Wikipedia –”los mal llamados guachinches que nunca han cultivado la viña, ni trabajado en una bodega”, dice–, el gobierno canario, y el parlamento que lo hizo, van a decirnos que el guachinche de toda la vida, el que vende latas de sardinas en tomate, podonas, queso y vasos de vino, no es un guachinche si la doña o el don no tiene un parral. Tampoco el guachinche de Doña Candelaria es un guachinche, porque tiene más de tres platos y porque abre todo el año. Ni el de Julio el Pienso ni el del Socio,…

Estos chicos, sin otro oficio que el de vivir a costa de los contribuyentes, todo lo clasifican en virtud de los impuestos cobrados: si usted cotiza en este parágrafo es que usted es esto y si cotiza por el otro, pues es aquello. Y, para ellos, ahí se acabó el carbón. ¡Qué manera de cercenar lo nuestro y de desvirtuar las tradiciones y las palabras robándoles la mitad de su significado! ¡Qué manía de cuadricularlo todo, de tener todo vigilado, de no permitir que la cultura tradicional se manifieste de una manera libre y protegida!

Refiriéndose a la comida, siempre se ha dicho que “lo que no mata, engorda”. Igual podría decirse de la cultura popular: toda la tradición que no hace daño a nadie, redunda en bien de nuestra sociedad. Por esta razón, lo que debemos hacer es protegerla, en lugar de cuadricularla y castrarla. No todo lo que escapa del control gubernamental y tributario es malo e ilegal, por mucho que intenten hacérnoslo creer los banqueros y los políticos, con las manos tan limpias ellos. Parece que todo deba ser legal o ilegal, sin que haya un respeto sabio y escrupuloso por la alegalidad de tantas cosas que se encuentran más allá de la frecuente miopía o mojigatería de la normativa legal que, no nos engañemos, tan necesaria es para otros aspectos de las relaciones humanas.

¿Saben ustedes lo que les gustaría a sus señorías? Lo que sus señorías desean, créanme, es reducir los guachinches a folclore. El folclore comienza cuando la tradición fenece de manera natural y se mantiene de forma artificial, como un recuerdo, una gracieta o una curiosidad, pero no como una forma integrada en la vida cotidiana. Sus señorías y sus asesores sueñan con abrir dos guachinches de diseño en Las Américas, dos en Los Cristianos, dos en el Puerto de La Cruz, dos en el Teide y uno en Los Gigantes, con señoritas en traje típico y mocitos con sombrerito de cachorra, los cuales tendrían que sonreír y servir a los turistas vino embotellado, maltesers de gofio transgénico y mojo congelado con el nitrógeno líquido de la nouvelle cuisine. Como en las ferias de turismo… no sé si me explico.

Si sus señorías (les encanta que los llamemos así, aunque todavía lleven el olor a bosta en los zapatos) se dedicaran, en lugar de legislar boberías, a hacer cosas más útiles, como controlar sus propias miserias –corrupciones y otras hierbas–, otro gallo cantaría en estas islas.

Aquí, los únicos que tienen libertad para hacer lo que les da la gana son los políticos y los banqueros, sin que haya un juez capaz de meter a uno solo en la cárcel durante una buena temporada. Pero si a un campesino le da por vender dos gotas de vino y un plato de queso, ahí están ellos acusándolo de competencia desleal, de sinvergüenza, de ladrón, mandándole inspectores de todo tipo e imponiéndole multas de tres mil euros… que servirán, entre otras cosas, para subvencionar los gintonics con que estas señorías se colocan en el Congreso de los Diputados. ¿O, tal vez, sus señorías no se colocan con los gintonics porque los aforados son también inmunes al alcohol? Si lo pensamos detenidamente,  caeremos en la cuenta de que muchas leyes actuales parecen haber sido escritas más en el bar del Congreso que en el hemiciclo.

Uno se cabrea con estas cosas. Menos mal. Cuando me doy cuenta de ello, me digo que no vale la pena calentarse, pero, en el fondo, sé que esa misma indignación es lo que me dignifica y diferencia de tanta indeseable señoría. No digo que lo sean todos. Hasta en Sodoma y Gomorra había dos o tres personas honradas.

Si usted es uno de esos mirlos blancos que siendo señoría no ha perdido la honradez, lo felicito y le recomiendo visitar los guachinches con frecuencia; pero no vuelva la vista atrás como la pobre Yrit, si no desea terminar convertido en estatua de sal. Ejemplos no faltan, tanto en la política como en la judicatura.

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NOTAS

[1] “¡Lo que es la falta de ignorancia!
La historia quizá sea conocida, pues ha circulado por internet. Pero el tema es tan atractivo que vale la pena rescatarlo. La famosa escritora española Lucía Etxebarría Asteinza, ganadora del Premio Planeta, dijo en una entrevista que murciélago era la única palabra en el idioma castellano que contenía las cinco vocales.
Un lector, José Fernando Blanco Sánchez, envió la siguiente carta al periódico ABC, para ampliar el conocimiento de la célebre escritora:

Señor director:
Acabo de ver en la televisión estatal a Lucía Etxebarría Asteinza diciendo que murciélago es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales.
Mi estimada señora: piense un poco y controle su euforia. Dos arquitectos escuálidos, llamados Aurelio y Eulalio, dicen que lo más auténtico es tener un abuelito que lleve un traje reticulado y siga el arquetipo de aquel viejo reumático repudiado que consiguiera en su tiempo ser esquilado por un comunicante que cometió adulterio con una encubridora cerca del estanquillo sin usar estimulador.
Señora escritora: si el peliagudo enunciado de la ecuación la deja irresoluta, olvide su menstruación y piense de modo jerárquico. No se atragante con esta perturbación que no va con su milonguera y meticulosa educación.
Y repita conmigo, como diría Cantinflas: ¡Lo que es la falta de ignorancia! ff”

(Blog Affidamento)

[2] “… PROPUESTA DE RESOLUCIÓN

Imponer a Xxx Xxx Xxx, con N.I.F.: 436xxxxxE titular del establecimiento denominado xxx xxx “Guachinche Xxxx”, la sanción de tres mil trescientos setenta y cinco (3.375,00) euros.”

(BOC – 2011/192. Miércoles 28 de Septiembre de 2011 – 5118)

Vídeo con nombres guanches que comienzan por la letra C

Hermosos nombres guanches para niños y niñas. Esta Primera Parte contiene los nombres que comienzan por la letra C.
Estos nombres, procedentes de las Islas Canarias, están siendo utilizado en todo el mundo, por su belleza.

Por otra parte, los apelativos que se citan, proceden de las fuentes más fidedignas que se hallan en la bibliografía de temas canarios, como la obra «Monumenta Linguae Canariae» de Dominik Josef Wölfel, las varias «Historia de Canarias» debidas a Fray Juan Abreu Galindo, Tomás Marín y Cubas, Agustín Millares Torres, etc., los manuscritos de Juan Bethencourt Alfonso o las primeras crónicas de la conquista, como «Le Canarien».

Trato de ofrecer datos de interés sobre cada nombre, contando la historia o las anécdotas principales del personaje que lo utilizaba. También he concedido importancia a la rigurosidad de la información , así como a ofrecer una exposición clara con un esquema fijo para cada entrada, donde se especifica una serie de datos, entre los que figuran cada fuente, con la intención de que pueda consultarse para verificar o ampliar cada antropónimo.

Entre estos nombres propios, el lector puede tener la completa seguridad de que no se han intercalado nombres de montañas, de barrancos o de pueblos que no hayan pertenecido a aborígenes canarios, según las fuentes históricas, lingüísticas y antropológicas consultadas. Antes bien, se ha rastreado cada uno de ellos, escrupulosamente, hasta dar por seguro que cada información es lo más correcta posible.

IR a nombres que comienzan por la LETRA B

IR a nombres que comienzan por la LETRA D

(página aún en preparación)

Vídeo con nombres guanches que comienzan por la letra B

Hermosos nombres guanches para niños y niñas. Esta Primera Parte contiene los nombres que comienzan por la letra B.
Estos nombres, procedentes de las Islas Canarias, están siendo utilizado en todo el mundo, por su belleza.

Por otra parte, los apelativos que se citan, proceden de las fuentes más fidedignas que se hallan en la bibliografía de temas canarios, como la obra «Monumenta Linguae Canariae» de Dominik Josef Wölfel, las varias «Historia de Canarias» debidas a Fray Juan Abreu Galindo, Tomás Marín y Cubas, Agustín Millares Torres, etc., los manuscritos de Juan Bethencourt Alfonso o las primeras crónicas de la conquista, como «Le Canarien».

Trato de ofrecer datos de interés sobre cada nombre, contando la historia o las anécdotas principales del personaje que lo utilizaba. También he concedido importancia a la rigurosidad de la información , así como a ofrecer una exposición clara con un esquema fijo para cada entrada, donde se especifica una serie de datos, entre los que figuran cada fuente, con la intención de que pueda consultarse para verificar o ampliar cada antropónimo.

Entre estos nombres propios, el lector puede tener la completa seguridad de que no se han intercalado nombres de montañas, de barrancos o de pueblos que no hayan pertenecido a aborígenes canarios, según las fuentes históricas, lingüísticas y antropológicas consultadas. Antes bien, se ha rastreado cada uno de ellos, escrupulosamente, hasta dar por seguro que cada información es lo más correcta posible.

IR a nombres que comienzan por la LETRA C

IR a nombres que comienzan por la LETRA A 

(página aún en preparación)

Vídeo con nombres guanches que comienzan por la letra A

Hermosos nombres guanches para niños y niñas. Esta Primera Parte contiene los nombres que comienzan por la letra A.
Estos nombres, procedentes de las Islas Canarias, están siendo utilizado en todo el mundo, por su belleza.

Por otra parte, los apelativos que se citan, proceden de las fuentes más fidedignas que se hallan en la bibliografía de temas canarios, como la obra «Monumenta Linguae Canariae» de Dominik Josef Wölfel, las varias «Historia de Canarias» debidas a Fray Juan Abreu Galindo, Tomás Marín y Cubas, Agustín Millares Torres, etc., los manuscritos de Juan Bethencourt Alfonso o las primeras crónicas de la conquista, como «Le Canarien».

Trato de ofrecer datos de interés sobre cada nombre, contando la historia o las anécdotas principales del personaje que lo utilizaba. También he concedido importancia a la rigurosidad de la información , así como a ofrecer una exposición clara con un esquema fijo para cada entrada, donde se especifica una serie de datos, entre los que figuran cada fuente, con la intención de que pueda consultarse para verificar o ampliar cada antropónimo.

Entre estos nombres propios, el lector puede tener la completa seguridad de que no se han intercalado nombres de montañas, de barrancos o de pueblos que no hayan pertenecido a aborígenes canarios, según las fuentes históricas, lingüísticas y antropológicas consultadas. Antes bien, se ha rastreado cada uno de ellos, escrupulosamente, hasta dar por seguro que cada información es lo más correcta posible.

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Un casal de guachinches

Junto a estas líneas quiero enviar un saludo cariñoso a los encantadores amigos y amigas que, de vez en cuando, me acompañan a visitar los guachinches, penúltimos refugios de la tradición viva en Canarias.

En Canarias los llamamos casales. También en Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela. Un casal se refiere a una pareja de animales: hembra y macho; pero, también, por extensión, puede ser un par cosas similares que poseen ciertas diferencias significativas. El yin y el yang orientales, por ejemplo, sería un casal. El yin es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción. El yang es el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración. El yin es el Norte, el yang es el Sur, pero ambos son indisolubles.

Existen casales en todos los órdenes de la vida, aunque, la verdad sea dicha, no puede haber una buena historia donde no se encuentre, al menos, un trío: lo demostró Balzac con Madame Bovary, Tolstoi con Anna Karénina, Galdós con Fortunata y Jacinta,… Pero, como ya habrán adivinado, no quiero hablar de amores, sino de guachinches, [1] más exactamente de un casal de guachinches: uno en el Sur y otro en el Norte de Tenerife.

EL YANG

El primero se llama La Fuente, se encuentra en un rincón oculto del Valle de San Lorenzo, en el sur de Tenerife, y nadie puede creer que en semejantes andurriales haya algo tan exquisito. Incluso, cuando uno entra por la puerta verde del salón y contempla la media docena de mesitas de madera barnizada, con el televisor de plasma dando la cantaleta desde su rincón sagrado, no cree que vaya a encontrarse con nada del otro mundo.

Se equivoca el que piense esto, como me equivoqué yo y se equivocó mi muy experta compañía. Para empezar por lo principal, el dueño nos escanció media botellita de vino tinto. Antes de probarlo, le pregunté dónde lo habían cosechado.

–En la Victoria –me dijo.

Uf, pensé para mis adentros, esto me huele mal. Cada guachinche que vende su vino como si fuera de La Victoria –excepto los de La Victoria, naturalmente– es muy probable que esté tratando de meterle un gol a su cliente. Así que, socarrón, esperé hasta que la compaña probó el vino. En vano, porque la compaña sabe más que yo y puso cara de póker, esperando a ver la que yo ponía cuando lo probara.

Comí un trocito de pan y probelo.

Cosquillas en la lengua. Siendo abril, no podía ser vino nuevo; pero sé que hay vinos por esas tierras del norte que hasta en julio saben como nuevos. La textura, el color, la acidez, los aromas,… Supongo que se me iluminó la cara, porque antes de darme cuenta ya estábamos brindando, sin importarme que fuera de La Victoria o de la punta del Teide.

Es muy raro encontrar vinos tan buenos en el Sur de Tenerife.

Créanme, la asadura de hígado era abundante, pero casi no me da tiempo de enfocar la cámara antes de que no quedara ni un trozo en el plato.

Pedimos asadura, fabada, más asadura, papas y un postre. ¡Madre mía! No sé si alguna vez en mi vida había comido un hígado de cochino tan rico como aquél. Repetimos, porque yo no podía admitir que se hubiera terminado tan pronto. Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas al espabilado de Jacob, pero si éste le hubiera ofrecido un plato de asadura de este guachinche, Esaú le habría dado a cambio su primogenitura, su libertad, su alma y hasta su cuerpo.

La fabada estaba  también a la altura de las circunstancias y el postre casero no desmerecería en el mejor hotel. Colmamos de elogios a la cocinera, pero, realmente, merecía una oda que consagrara su buena mano por los siglos de los siglos. Creo que el precio fue de 15 € por comensal, pero quizás fuera un poco más o un poco menos.

Por puro egoísmo iba a callarme el nombre de la calle, pero me da pena dejarles sin saborear esas delicias antes de que ustedes y yo abandonemos este mundo. ¡Busquen el Camino de Las Manchas, por fuera del casco urbano del Valle de San Lorenzo! Estoy seguro de que si tienen interés, lo encontrarán. Si no quieren molestarse, tendrán que esperar hasta una nueva edición de El libro de los guachinches, para consultar el mapa, el teléfono y hasta el más mínimo detalle, como que los miércoles cocinan costillas, papas y piñas, por ejemplo.

EL YIN

La carretera de La Caridad, en Tacoronte, en el norte de Tenerife. Baje por ella. Pase, sin parar (si se detiene, jamás llegará a su destino), junto a Casa Nauzet y la pequeña iglesia. Un ratito después, a la izquierda, hay una entrada a una finca con un cartel que anuncia lo evidente: La Finca. Entre con su coche, entre las viñas en espaldera y aparque donde pueda.

Un salón parecido al de La Fuente. Barriles que hacen de mesas y mesas que también hacen de mesas. El televisor en su sitio, naturalmente. Adornando la pared hay un alambique que el dueño prohíbe fotografiar no sea que lo metan preso: una manera como otra cualquiera de hacerse el interesante. Este negocio lleva abierto desde hace un mes escaso.

Vino que sabe a barrica vieja, pero que a mí no me disgusta. Cosechado en la propia finca, junto a la puerta del guachinche. Al rato, no sólo no me disgusta, sino que me gusta muchísimo. El transcurso del tiempo y el vino bueno pueden ser excelentes compañeros.

Como se han acogido a la nueva normativa sólo hay vino, sevenup y agua mineral. De comer, cuatro platos: garbanzas compuestas, bacalao encebollado, carne fiesta y croquetas de merluza. El bacalao, acompañado de unas papitas arrugadas, es excelente. La doña es de nacionalidad dominicana y ha entendido perfectamente la idiosincracia del paladar canario, quizás porque el 80% de los dominicanos tienen genes de emigrantes canarios. En serio, el bacalao, lo borda.

Las garbanzas no son exquisitas. Se pueden comer, están bien condimentadas y se dejan sopetear con gusto; pero yo prefiero que la salsa sea espesa y que haya más garbanzas que trozos de carne. El vino realza el plato y nos comemos todas las garbanzas. La carne, no.

Tampoco dejamos una croqueta ni un solo trozo del tomate aliñado que las acompaña. Croquetas de merluza ricas, ricas, ricas.

El postre fue una tarta de fruta casera que preparó Carlos, el esposo de la doñita. Él fue el primer sorprendido de que le saliera tan buena. Pedimos una segunda ración, pero ya no quedaba. Lástima.

De manera que terminamos bien comidos y mejor bebidos. ¿La cuenta? Dos comensales: 30 euros: un plato de garbanzas, cuatro croquetas, un tomate aliñado, una ración de bacalao, un trozo de tarta y un litro de vino. Yo creo que si hubiéramos pedido un plato más, nos habrían cobrado lo mismo: en muchos sitios calculan por número de comensales, a tantos euros por cabeza. ¿Qué les parece?

La viña ya presenta este aspecto tan esperanzador. Si no vienen tiempos demasiado malos, este año habrá una espectacular cosecha de uva en Tenerife.

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NOTAS

[1] Un guachinche, en Canarias, es un establecimiento –a veces temporal, a veces fijo– donde se acude a beber el vino cosechado en los alrededores y comer algunos platos de la gastronomía típica isleña, como la carne de cabra, las garbanzas compuestas, el escaldón, el pescado salado, etc. Lo atienden sus propios dueños. Tradicionalmente, los guachinches también han sido los negocios donde se venden los comestibles en las aldeas. Es el equivalente a la pulpería caribeña que, en muchas ocasiones, estaban en manos de emigrantes canarios, como sucedía en Venezuela.

Taborno, Anaga, Tenerife: buscando el paraíso

Hay quien busca el paraíso hasta en el infierno. No me parece ni bien ni mal. Cada uno de sus pasos está encaminado a asediar la felicidad, a conminarla a rendirse, a forzarla si preciso fuera. Nunca he sabido si logran atraparla, porque cuando uno le pregunta a alguien ajeno si es feliz, siempre obtiene como respuesta una sonrisa desconcertada e incrédula que jamás he sabido cómo interpretar.

Por mi parte, nunca he pensado que el paraíso haya que conquistarlo ni que se esconde tras una fortaleza amurallada que se debe asaltar por las buenas o por las malas, o sortearla introduciendo un caballo de madera. Creo, más bien, que los paraísos nos encuentran y nuestro cometido consiste en reconocerlos y valorarlos, en su justa medida, lo cual no es siempre sencillo.

Estoy convencido de que cada paraíso se presenta sólo a quienes saben saborear sus frutos, especialmente los prohibidos; que cada edén se acerca a quienes están dispuestos a dejarse tentar por sus demonios y a ser expulsados de él en cualquier momento. Esto incluye a quienes caminan por los senderos de Taborno y reconocen la felicidad mientras la lluvia –desmembrada en jirones blandos, fríos y olorosos– empapa sus cabellos.

Las abejas no aman, aman las mariposas

Mentiría si dijera que admiro a las abejas.

Las abejas me recuerdan demasiado los regímenes totalitarios, en los que millones de personas trabajan ciegamente para elevar más y más el vértice de la pirámide social donde se encuentra un grupo de caraduras, ebrios de poder. Un grupo que arenga a los ciudadanos para que obedezcan y trabajen en nombre de Dios, de la Revolución o de la Libertad. A veces, también en nombre de la Economía.

Dime sobre lo que te arengan tus gobernantes y te diré lo que no piensan darte jamás.

 

No me gustan las abejas, porque me recuerdan a los clientes de los bancos, buscando afanosamente dinero como si fuera néctar, para pagar créditos que engordan cada vez más a las abejas reinas financieras y a los dueños de la colmena.

 

No me gustan las abejas. Trabajando de sol a sol, ahorrando y ahorrando, depositando y depositando un capital que nunca van a utilizar ellas ni sus descendientes.

 

No me gustan las abejas. Su prisa por almacenar y su avaricia les impiden comprender que todo el fruto de su trabajo es robado una y mil veces sin recibir nada a cambio.

 

No me gustan las abejas, ni me gusta su organización, ni me gusta su reina ni me gusta su obtuso modo de vida. La colmena es el espejo donde me reflejo yo mismo, mis vecinos y los vecinos de mis vecinos que sólo sentimos felicidad cuando recaudamos unas gotas de néctar para obtener la aprobación de la colmena que nos premiará dejándonos escuchar sus aplausos, su aprobador zumbido de idiotas… cada vez que depositemos nuestro néctar en el panal que alimenta a los amos.

 

 Admito que me asombra su trabajo y hasta sus siluetas aproximándose a las flores. Incluso, que me gustan como metáfora de los errores humanos.

Puestos a elegir, prefiero el borroso vuelo de las avispas que tanto odian los humanos porque no trabajan para ellos y porque, al contrario que las abejas, no se mueren desgarradas cuando pican.

 

Avispas que decidieron, tal vez hace un millón de años, tomar el néctar justo que les permitiera sobrevivir, sin acumular por acumular, avariciosamente.

 

 También liban las mariposas en las mismas flores, sabiendo que es absurdo acumular cuando la vida tiene el tiempo contado.

Abejas y mariposas trabajan en lo mismo, a veces codo con codo, pero las separan la avaricia, el orden de la colmena, la obediencia ciega y el desamor por la vida. Las abejas no aman, aman las mariposas.

La Carretera Vieja del Sur: viaje al corazón de Tenerife. 5

 RETAZOS EN EL CAMINO

No nos engañemos; todos los objetos que observamos son retazos, trozos de algo. Sin embargo, algunos parecen más trozos que otros, quizás porque somos capaces de imaginar con mayor claridad sus alrededores. Los objetivos de las cámaras, como los marcos de los cuadros, se prestan muy bien a trocear la realidad, a diseccionarla, a aplicarle proporciones áureas, a convertirla en metáfora de nuestros miedos y de nuestros sueños.

Así, los postigos son ojos ciegos; las oxidadas bisagras, hábitos anquilosados; los fractales de la madera, el oleaje de nuestra imaginación; los clavos que asoman sus puntas remachadas, recuerdos grabados a sangre y fuego en nuestra memoria,… y podríamos continuar hasta el infinito, Carretera Vieja adelante, sublimando retazos y miserias.

Si Euclides levantara la cabeza, lloraría de placer al ver cómo el Numero Fi, la llamada proporción divina, juguetea entre las viejas piedras que tapian la ventana y vuelven a tapiar la ventana dentro de la ventana.

–¿Tocarán las 20 bandas juntas en el cumple del señor alcalde?

–No. Las bandas municipales, solamente.

Esta imagen se niega sugerirme el resto de la puerta; únicamente, me susurra el resto de la historia.

Este retazo no lo fotografié por la antena, ni por la pared blanca ni por el cielo azul, sino por este verode que, sabiamente, decidió convertirse en curva y dar la vuelta alrededor de una teja para no limitar su crecimiento. A veces el camino más largo es el más corto, aprendí en la Carretera Vieja del Sur.

Si las ferreterías vendiesen cerraduras con el ojo vacío, no me cabe duda de que ganarían una gran cantidad de clientes nuevos entre los millones de entrometidos que nos rodean. Aunque sólo pudieran ver por ellas desenfocados retazos de nuestra vidas.

Dicen que las imágenes no se pierden. Que viajan con la luz hasta las estrellas y, quizás algún día, seamos capaces de ir más rápido que ellas y verlas cuantas veces queramos desde otros rincones del universo.

Pero el sonido viaja despacio y se disuelve en el vacío; probablemente en ningún futuro se podrán escuchar de nuevo las veces que ha sonado esta aldaba para anunciar un nacimiento, una muerte, una visita a deshora o una declación de amor.

Me gusta el tubo rojo. Ttransporta la misma agua que el resto de sus iguales, pero es la oveja negra de las tuberías, el cuervo blanco de los caños, el cura que desde el púlpito se confiesa ateo, el ateo que lleva en su cartera una estampa de la Virgen de Abona, el presidente que va en guagua al parlamento de su país, el mendigo que conduce un Roll Royce, el honrado príncipe que sólo espera llegar a rey para abdicar, el banquero ladrón que paga de su bolsillo la hipoteca de un desahuciado, el obispo que critica a los tiranos asesinos, el bombero que se niega a desalojar de su hogar a la víctima de una estafa financiera, el dios que por fin ha decidido  salvarse creyendo en mi existencia, el comunista que no antepone el estado a la persona o el liberal que no antepone la persona al estado, el lobo estepario que trota rumbo a las tierras cálidas del sur, el pez que da saltos en el agua para ver dónde vive,…

 

Este retazo corresponde al exterior de un bar próximo a la Carretera Vieja del Sur. Tres ceniceros esperan la llegada de los clientes fumadores para reunirlos en torno a la tablita que, con toda probabilidad, sostendrá las bebidas. Aquí, se contarán historias; verdaderas unas y otras falsas… que son las que más abundan e interesan

Las piedras no hablan; ni siquiera las de las paredes oyen, por mucho que se empeñen los poetas…  Puede que sólo estén juntas por conveniencia pura.

En la Carretera Vieja del Sur, denominada oficialmente TF -28, se comenzó a trabajar en 1864, para prepararla para el paso de carruajes. Llegó a Granadilla junto con la proclamación de la II República, en el año 1933; sin embargo, por extraño que pueda parecer, no enlazó con Guía de Isora hasta 1970.

CONTINUARÁ

La Carretera Vieja del Sur: viaje al corazón de Tenerife. 4

Hay días que no tienen segundos ni minutos sino tubos que roban en nuestros pozos hectolitros de tiempo para regarnos las horas sembradas de guadañas. Hoy, enredados los dedos en los libros, se me olvidó escribir. Hundidos mis zapatos en la Carretera Vieja, colocados mis sures boca arriba, repleta de estrellas la garganta, invito a hablar a los poetas. Teja a teja, puerta a puerta y casa a casa voy escuchando sus voces.

En las pálidas tardes
yerran nubes tranquilas
en el AZUL; en las ardientes manos
se posan las cabezas pensativas.
¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños!
¡Ah las tristezas íntimas!
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota,
tras cuyas ondas trémulas se miran
los ojos tiernos y húmedos,
las bocas inundadas de sonrisas,
las crespas cabelleras
y los dedos de rosa que acarician! [1]

Y todo el mundo fue llave
sobre los hombros amargos.
AZOTEA de mi casa,
calle alegre de mi barrio,
si el viento por mí pregunta
decid que voy desterrado. [2]

Casas enfiladas, casas enfiladas,
casas enfiladas.
Cuadrados, cuadrados, cuadrados.
Casas enfiladas.
Las gentes ya tienen el alma cuadrada,
ideas en fila
y ángulo en la espalda.
Yo mismo he vertido ayer una lágrima,
Dios mío, CUADRADA.[2]

 Tras los fuertes BARROTES la pantera
Repetirá el monótono camino
Que es (pero no lo sabe) su destino
De negra joya, aciaga y prisionera.
Son miles las que pasan y son miles
Las que vuelven, pero es una y eterna.[4]

Con carbón
hemos
trazado el ÁNGULO RECTO
el signo
Es la respuesta y la guía
el hecho
una respuesta
una elección. [5]

AZUL loco y VERDE loco
del lino en rama y en flor.
Mareando de oleadas
baila el lindo azuleador.

ROJO manso y rojo bravo
rosa y clavel reventón.
Cuando los verdes se rinden,
él salta como un campeón. [6]

Entonces no era el mundo ese pañuelo
tan sucio y tan pequeño.
Entonces era el mundo una NARANJA
de anaranjada luz que, deslumbrante,
giraba por el aire describiendo
elipses luminosas.
Una naranja enorme y achatada
por polos de novelas de aventuras…  [7]

¡Allá voy, allá voy, PIEDRAS, esperen!

Alguna vez o voz o tiempo
podemos estar juntos o ser juntos,
vivir, morir en ese gran silencio
de la dureza, madre del fulgor. [8]

Castillo sin torres, ni ALMENAS, ni puente,
Por cuyos salones, en vez de tu gente,
Reptiles arrastran su piel amarilla,
Dime: ¿qué se hicieron tus nobles señores,
Tus ricos tapices de sedas y flores;
Tu gente de guerra, tus cien trovadores
Que alzaron ufanos triunfante canción? [9]

DOS cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío. [10]

Para mí, una brizna de HIERBA no vale menos que la
tarea diurna de las estrellas. [11]

Dramática figura del que espera
un aleatorio amor en cada ESQUINA.
Blanco de las potencias enemigas;
de los perros que orinan,
de los dioses acuáticos
y del camión fecundo en tropelías.
Triste figura mía
que abjuraste de todo movimiento
esperando en la esquina
cosas como el amor, tardas, ambiguas. [12]

El mar como un vasto cristal azogado
refleja la lámina de un cielo de zinc
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido GRIS.

Las ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muelle parecen gemir.
Sentado en un cable, fumando su pipa,
está un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país. [13]


CONTINÚA

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[1] Rubén Darío. [2] Pedro García Cabrera. [3] Alfonsina Storni. [4] J. L. Borges [5] Le Corbusier. [6] Gabriela Mistral. [7] Rafael Azcona. [8] Pablo Neruda. [9] José Zorrilla. [10] Octavio Paz. [11] Walt Whitman. [12] Renato Leduc. [13] Rubén Darío.

La Carretera Vieja del Sur: viaje al corazón de Tenerife. 3

Sin las casas campesinas del Sur no existiría la Carretera Vieja. Quizás, la autopista sí, porque  ésta se alimenta del aeropuerto, de grandes hoteles, de gasolineras y de playas artificiales. Pero la Carretera Vieja necesita tejas y muros comidos por el tiempo para que tenga sentido su existencia.

Las caseríos se visten de color para mostrar con orgullo las paredes y los espacios que hasta no hace mucho avergonzaban a sus vecinos. Esa renovación vigorosa se ha debido, en parte, a la pujanza económica y a la imitación de modelos foráneos, pero, sobre todo, al acceso de sus moradores a las fuentes culturales y, por extraño que parezca, a la creencia en la igualdad de todos los ciudadanos. La dignidad social también nos conduce a valorar, dignificar y enaltecer la imagen de cuanto nos representa.

¿Quién podría pensar, hace treinta años, que alguien buscara alojamiento para un fin de semana en las inmediaciones de la Carretera Vieja del Sur, en lugar de alquilar un apartamento cerca de la playa?

Ya no sé si se fabrican tejas en la isla. Recuerdo comprar algunas tejas artesanales en un horno que existía en el barrio lagunero de San Benito; pero aquella fábrica se acabó, a la par que el siglo XX, sin que parezca haberle importado a nadie. Lástima.

Hemos convertido el desarrollo en una forma rápida de producir basura. Cada día, es mayor la velocidad con que nuestros más preciados objetos se convierten en chatarra inútil que debemos tirar. Mirando esta foto, me pregunto ¿Qué es lo viejo?, ¿la ventana o el microondas?, ¿qué es lo que ha devenido en inservible?, ¿estamos creando la civilización del deterioro?, ¿sólo del deterioro físico o…?

Junto al banco hay una fuente pública en la que se puede recoger agua desde que en 1902 un hombre se empeñara en abastecer las casas de su pueblo utilizando tuberías metálicas. La Carretera Vieja del Sur está a dos pasos de este remanso de paz, donde es posible beber algo o entrar en la tertulia que se forma en el antiguo café, justo al lado.

También hay bancos junto a la Carretera Vieja del Sur –que, por mucho que disimule, no es sino un río de tiempo congelado–, bancos idóneos para rememorar pretéritos perfectos e imperfectos, bancos adecuados para adivinar a dónde va fulanito a estas horas en su coche, bancos perfectos para vaticinar que tampoco el año próximo saldremos de la crisis, bancos pertinentes para especular sobre la especulación de los bancos.

La luz juega con las casas que parten desde la Carretera Vieja del Sur, a través calles estrechas. Sus sombras nos salvan de las insolaciones que nos obligarían a visitar a Tía Candelaria para extraer el sol de la cabeza con un pañuelo de lino y un vaso de agua burbujeante.

Nada escapa a los amarillos del sol. Lo dijo el poeta: Calor, amor. La historia tras la puerta.

No te asomes a la ventana, que no hay nada en esta casa. Asómate a mi alma, como deseaba Miguel Hernández.

Ya no existen razones para subir, ahora cada escalón es un vacío, un peldaño hacia ninguna parte, una terrible metáfora que conviene olvidar.

En la Carretera Vieja del Sur, el color más intenso lo tiene el cielo. Bajo esa cúpula azul, avanzamos entre amarillos, verdes y rojos; descubrimos muros, ramas, geranios y tejados; hacia el Sur avanzamos, siempre hacia el Sur.

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La Carretera Vieja del Sur: viaje al corazón de Tenerife. 2

El Sur no es fácil. Para amar el Sur hace falta un largo y duro aprendizaje que pasa, ineludiblemente, por no obsesionarse con el agua y dejarse inundar por las tonalidades amarillas. Los tonos ocres, cerúleos, ajes, ambarinos, cobrizos, pajizos, rubios, dorados, limonados, áureos, leonados, pálidos y anaranjados son los fondos del paisaje por donde transcurre la Carretera Vieja del Sur y, sobre ellos, descansan los tejados rojizos, los verdes del invierno y el color plomizo de los tubos del agua, muchas veces vacíos.

Los pequeños minos y las fuentes más o menos cercanas, siempre han proporcionado algún cántaro de agua para regar los pequeños jardines con plantas que se pegan a los muros, buscando unas horas de sombra con una tregua a la continua insolación, a cambio de regalar unos pétalos.

La Carretera Vieja del Sur y el Canal del Sur son vecinos durante muchos kilómetros, desde que en 1950 el canal transportó agua a la tierras meridionales que acometieron cultivos de regadío de manera más extensa.

Cuatro gotas de lluvia bastan para que las tierras del sur reverdezcan. Entre cardones, verodes, tabaibas y fincas abandonadas, el Canal del Sur avanza hacia sus monocultivos: antes regaba plátanos y tomates; ahora, turistas alemanes e ingleses. ¿Las ganancias de antes son iguales que las ganancias de ahora? Las respuestas no están escritas en el aire, sino en la Carretera Vieja de Sur. Como si fuera un solo y largo renglón, basta recorrerla e ir leyendo, finca a finca, caserío a caserío,…

El número que aparece en las señales kilométricas de la Carretera Vieja del Sur y la abundancia de agua mantienen una proporción inversa. El alisio no es capaz de esquivar las grandes cadenas montañosas del Norte y su carga de agua no logra sobrepasar las cumbres de Izaña. Sin embargo, quién podría decir hace cien años que, económicamente, el sol competiría con el agua, ¡y ganaría la partida en esta isla!

Los pozos de agua son aquí minas de oro. Entre el Canal del Sur y la Carretera Vieja se encuentra uno de los numerosos pozos que succionan la traslúcida sangre de la isla y la envían en gruesos tubos a otras zonas más bajas que es, por cierto, donde se cosecha el dinero.

Transversales a la Carretera, los tubos de acero se deslizan, resbalan y, henchidos de un cristalino embarazo, descienden burbujeando entre las tabaibas.

La mirada busca con ansias el agua en los alrededores de la Carretera Vieja del Sur. Se trata de un instinto irreprimible en quienes hemos vivido la mayor parte de nuestra vida en tierras del Norte. El sonido del chorro de una pequeña acequia, la fugacidad de las transparencias húmedas que no logran atrapar definitivamente nuestras retinas, el olor de las gotas empapando la tierra,… captan nuestra atención y, sin que apenas lo advirtamos, se nos relajan los músculos y nos traiciona una sonrisa.

El agua; las olas de tierra ocre que son los surcos; las papas de ramas minúsculas y sabor delicioso; el elíptico campesino –sí, aún el campesino que nos da de comer– descansando, quizás, de la dura jornada en su casa, frente al televisor de plasma, escuchando que no habrá hospital en el Sur, que no existe dinero para el campo, que el agua subirá de precio, que también subirá el coste de la comida y el de la ropa, y que sus representantes van a solucionar, con seguridad, el próximo año, todos los problemas que a ellos no les afectan. “Menos mal que este año tengo papas plantadas pa’ comer, si se me aguarecen, claro…”.

En el Sur, amenaza lluvia. Los pinares de las cumbres están cubierto de grises y la neblina viene arrastrándose cañada abajo. Quién sabe si esta tarde mismo llega hasta la Carretera Vieja del Sur y tenemos que sacar los abrigos. Pero está bien que llueva.

Que llueva que los estanques del Sur se vacían con facilidad y hay que abandonar las fincas, aunque tengan buena tierra. Ya más de uno ha partido hacia América, a ver si allá puede salir adelante; como en los otros tiempos, cuando había que salir en los taxis piratas por la Carretera Vieja del Sur, con una maletita de madera o de cartón en la mano y el dinero justo para no morirse de hambre en el viaje hasta Venezuela.

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La Carretera Vieja del Sur: viaje al corazón de Tenerife

La Carretera Vieja del Sur nos va introduciendo en los secretos de la isla: flora autóctona deslumbrante,  barrancos cortados a machetazos, iglesias viejas repletas de santos aún más viejos, un completo catálogo de la espléndida arquitectura popular de Tenerife, guachinches perfumados con el agradable vino sureño, restaurantes exquisitos y ocultos, lagartos tizones que huyen del cernícalo que los acecha desde la estratosfera, paisajes simétricos como alas de mariposa, pozos que lloran día y noche su agua para las cebollas y las papas enterradas bajo el picón que bebe también el rocío mañanero,…

La Carretera Vieja del Sur nos conduce al corazón del Tenerife auténtico, el que ha latido durante siglos, el que en las zonas costeras han aplastado las autopistas bajo sus garras de asfalto.

El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación, dijo Nietzsche; pero, ¿cómo podríamos imaginar algo grande sin apoyarnos en lo pequeño? Al fin y al cabo, la grandeza o la insignificancia de las cosas depende de la distancia desde la que las observamos.

Poner rumbo al Sur, seguir la Carretera Vieja, significa resolver las interrogaciones de las curvas, consiste en teclear asombros sobre los puntos suspensivos de los malecones, es poner el foco en lo cercano, en el día a día de la vida, sin dejar que se nos fuguen los apetitos por las alcantarillas.

No tenemos remedio los románticos. Hemos nacido añorando las ruinas y nada nos parece bello si no descubrimos sus carencias, los vacíos por donde se cuelan las aguas de la sempiterna nostalgia o la vegetación audaz que coloniza sus osamentas y las cubre de flores.

Con motor

o con pedales, aramos las montañas del Sur sobre la negra cinta que tantas ilusiones, enfermedades, amores, lágrimas, muertes, codicias, amistades, decepciones y sueños rotos se deslizaron en otro tiempo. Hoy, la Carretera Vieja, retorcida, atormentada y solitaria, es el monumento perfecto al abandono secular que ha sufrido este Sur y a las bellezas íntimas que nos descubre.

Pero no hay que hacerse ilusiones vanas: lo bello es invisible a los ojos de quien no se abre a la belleza, de igual manera que las mayores exquisiteces culinarias permanecen incógnitas para quienes no son capaces de superar sus prejuicios gastronómicos.

El cernícalo vuela muy cerca de la Carretera Vieja, sabedor de que pocos vehículos le robarán el aire y el silencio. Su vuelo es sereno, pausado, redondo, como el planear de un singular banquero que administrara el viento para sostenerse sin esfuerzo en lo más alto o para caer raudo y cruel sobre sus presas indefensas.

Las viejas casas del Sur de la isla, sus paredes de piedra caliza, sus encalados y sus enjalbegados no pueden frenar la fuerza del sol que las amarilla, como antes amarilló la vertiente sur de los volcanes. La Carretera Vieja envejece con las casas; y con ellas va adquiriendo esa belleza que muestran los árboles centenarios, los poemas clásicos o las leyendas milenarias.

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Igueste de San Andrés: el paraíso en el barranco. Segunda parte

A pocos metros del barranco, los plátanos, el millo, los aguacates, las papas, las papayas y los mangos se solean y se mecen a su antojo, mezclados y revueltos, como si fueran libres para crecer donde les apetezca.

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En  Igueste de San Andrés, donde existe una apreciable cantidad de viviendas abandonadas, nació un célebre personaje. En este caserío, vino al mundo el pirata y traficante de esclavos Cabeza de Perro, el cual fue durante un tiempo el terror de los barcos mercantes del Caribe. Residía en La Habana y era dueño de una famosa pastelería en la que reunían conspiradores contra la presencia de España en la isla. Finalmente, la nostalgia lo mató. Se le ocurrió volver a las Islas Canarias y, aquí, las autoridades lo apresaron, lo encarcelaron y lo ahorcaron. Probablemente, por no darles parte de su botín de esclavos, como sí sucedía con los mandamases de Cuba.

El vino ha sido, durante siglos, uno de los elementos más característicos de Tenerife. Así que a nadie le debe extrañar que una calle de Igueste se llame “Las Bodeguillas”.

Inicio del camino a la playa y a la parte vieja del pueblo. Otro de los caminos a la playa parte desde el guachinche “Rincón de Anaga”.

La vieja ventana se encuentra en el camino. Ya nadie se asomará a mirar quién viene o quién va por el camino.

Otra ventana que da al camino.

Vivir más de un siglo es una obra de arte que pocos seres humanos logran culminar dejando un grato recuerdo en sus vecinos. También Marcel Proust usó una magdalena para evocar el pasado, se me ocurrió pensar mientras contemplaba el nombre de la difunta centenaria.

Pronto, el camino desciende bruscamente hacia el barranco, pero el caserío continúa deparando agradables sorpresas arquitectónicas… o disgustos, según se mire.

Como si fuera una hechicera, haciendo un conjuro con sus brazos abiertos, la  Higuera del Diablo (Datura inoxia) se recorta contra una pared blanca a la izquierda del camino, que ya desciende hacia la playa.

Las cápsulas de la Higuera del Diablo que contienen defienden sus semillas con picos puntiagudos.

Cuando la semilla está madura para germinar, la cápsula se abre y permite que caiga al suelo. La inmortalidad es la meta de todo lo que está vivo. La reproducción es una forma imperfecta de eternizarse; pero, de momento, no tenemos otra a nuestro alcance. Por esta razón, se venden tan bien las fantasías celestiales. Castaneda escribió –y vendió– muchos libros sobre esta planta a los buscadores de lo maravilloso, que somos casi todos…

En los supermercados los etiquetan como tomates cherry, aunque en Canarias son conocidos como tomates cagones y, tradicionalmente, han sido muy poco apreciados. Se trata de un fruto silvestre, cuyo nombre científico es Solanum lycopersicum var cerasiforme, el cual crece en forma espontánea en varias regiones tropicales o subtropicales.

¡Cuánto desprecio tuvimos hacia los pequeños “tomates cagones” hasta que las multinacionales nos los comenzaron a vender en sus supermercados como un producto bien envasado, con un nombre extranjero y a precios de lujo! Qué insensatos somos…

Camino de la playa, se levanta la brisa. Las hojas de las palmas se agitan en un vano intento por volar. Quién sabe si tienen o no tienen la capacidad de elevarse con la imaginación o, por el contrario, permanecen ancladas a sus agarradas raíces como los banqueros a sus mezquinos intereses.

El barranco y el horizonte. Un horizonte de mar. Dos palmas como dos flechas clavadas a la izquierda. Tres casas donde, a veces, venden mangos a buen precio. Una pareja de excursionistas que jadean al hablar porque su meta no es mirar sino avanzar y hacer ejercicio físico, caminar rápido, rápido, rápido,… para que la vida pase pronto.

Una lisa común (Chalcydes viridanus viridanus), brillante e iridiscente bajo los rayos solares, practica su deporte favorito: broncearse desnuda en uno de los paredones del camino. Si estuviera en Las Gaviotas, ya le habrían obligado a ponerse un bañador.

También se tumba al sol una hembra de lagarto tizón (Gallotia gallotia) que cuando el macho la fecunda pone entre 2 y 9 huevos bajo tierra, donde se incuban con el calor natural.

Los mangos están sobre el camino. Racimos de bombas cargadas de sol que se convertirán en explosiones de dulzura bajo nuestros paladares. Hay que volver –tengo que volver– a buscar mi parte del botín.

Son las semillas del tártago, Ricinus communis, lin., que crece cerca del agua y del sol. Es una de las plantas utilizadas para la extracción del bio-diesel. En países como Argentina, se cultiva, actualmente, de manera industrial en grandes plantaciones. Si a cada 100 litros de aceite de ricino  se le agregan 10 litros de alcohol Metanol se obtiene 100 litros de biodiesel, además de 10 litros de glicerina. En Canarias, hubo un tiempo en que se recolectaban las semillas y se vendían.

En la desembocadura del barranco, el cauce apenas tiene agua. La tierra y las piedras se cubren de blanco y el sol –siempre el sol– lo pinta con trazos de sombra. Me asombro, me detengo, trato de encontrar los resquicios por donde circula el arte, no menos arte sin la mano humana.

El guachinche de la playa, que antes mencioné y donde he pasado algunos ratos buenos, hace ya bastante tiempo, cuando aún se encontraba abierto con cierta regularidad.

Este aparador se halla en la terraza del guachinche de la playa. Si usted tiene la fortuna de encontrar la puerta abierta, podrá sentarse en una de las mesitas que hay a su lado.

El culto a la virgen de la Caridad del Cobre vino de Cuba con el retorno de los emigrantes. Esta imagen pequeñísima, se encuentra cerca de la playa.

Frente al guachinche que ya no abre, uno se topa con el cartel que más les gusta colocar a los ayuntamientos: el de las prohibiciones. ¡Ojalá algún día colocaran carteles anunciando las subvenciones y los beneficios a que pueden acogerse los ciudadanos y no sólo los amiguetes de los concejales!

En un lado del cartel, alguien ha pegado este pasquín, advirtiendo sobre un asesino que envenena las calles. Esa misteriosa página Web ha colgado un mapa de Canarias con cinco puntos donde hay veneno –2 en Tenerife, 3 en Gran Canaria y 1 en Lanzarote–, aunque no ofrece pista sobre su autores, que parecen pertenecer a alguna protectora de animales.

Las ruinas siempre son bellas. Éstas se encuentran junto a la playa, tan dispuestas a dejarse fotografiar como a dejarse caer al suelo en cualquier momento.

Al final del camino, la playa es de callaos. Hay un par de muritos, apropiados para sentarse a leer, ver acercarse las olas o seguir las evoluciones de las gaviotas. De vez en cuando, algún vecino baja desde el caserío y no le importa conversar un rato.

Igueste de San Andrés: el paraíso en el barranco

Me gusta Igueste de San Andrés. Hasta he pensado en la posibilidad de residir en este paraje donde parece habitar la misma diosa de la fertilidad. Nunca pasa mucho tiempo sin que me acerque al caserío y baje caminando hasta la playa por alguno de sus senderos. Me agrada la ausencia de gente en el camino y la calma que se respira junto a los callaos, donde rompen las olas con toda la pachorra del mundo.

Para llegar a Igueste de San Andrés, hay que bordear el pueblo marinero de San Andrés que, hace un siglo, ofrecía esta imagen idílica.

Beneharo Hdez.

 

En la actualidad, San Andrés ha cambiado mucho; sobre todo, desde que se cubrió su playa de callaos con arena dorada del Sahara y se convirtió en la playa de Santa Cruz. La carretera que asciende por la montaña conduce a Igueste de San Andrés.

El castillo de San Andrés, que se halla a la izquierda de la imagen, fue derruido por una crecida del barranco. Era uno de los puntos defensivos contra los ataques navales.

Como se puede apreciar en la imagen, en la actualidad San Andrés continúa sufriendo inundaciones.


Antes de construirse la carretera, el acceso a Igueste se realizaba por este camino que se elevaba desde la Playa de las Teresitas. Hace pocos años, fue destruido por los rompetodo oficiales del desarrollismo tinerfeño.

A la izquierda de la carretera que va Igueste, se encuentra la playa de Las Teresitas. Detengo el coche en el basurero que hace de mirador improvisado y, plantando cara a la brisa, paseo la vista sobre los que pasean por la arena mojada. Noto que cada vez es menos numerosa la gente que se tira al agua y más la que pasea, playa allá y playa acá, tal como sucedía en los años cincuenta. Aunque Albert Einstein no lo dijera, el tiempo es una rueda.

También observo las barcas de los pescadores. Esta vez, me pareció que había más embarcaciones en el agua, muchas más que otras veces. Tengo que preguntar a alguien si esto se debe a una simple apreciación mía o a que está saliendo más gente a la mar a buscar la comida que se le niega en tierra.

Al otro lado del hediondo mirador, aparece la playa de Las Gaviotas. He debido perderme algo, porque antes era un lugar para nudistas y ahora veo a los bañistas con bañador. Será cosa del obispo Bernardo, me digo, y no le doy más vueltas al asunto.

A pesar de todo, sin poder quitarme el barrenillo de la cabeza, vuelvo a echar un vistazo para ver si descubro a alguien desnudo. Nada. Han cambiado el tomar el sol en pelotas por jugar a la pelota bajo el sol. Una buena solución para entretener los parados y para fortalecer la moral cristiana.

En la siguiente esquina, tras los basaltos, las tuneras y los verodes, diviso un petrolero que me recuerda los yacimientos de crudo que hay cerca de Lanzarote y que tan bien le están viniendo al Presidente canario para quedar de maravilla con sus votantes y con el gobierno de Madrid, a un tiempo.

Antes de abandonar el basurero reciclado en mirador, me fijo en este pequeño graffitti que está junto a la carretera, sin saber si anuncia una boutique, una óptica o una marca de gafas para contemplar eclipses. Subo al coche y me dispongo a bajar por una pista que nunca he recorrido, con el fin de ver más de cerca las jaulas para peces que se ven cerca de la costa. Sorpresa: han colocado puertas que me impiden el paso.

“El Rincón de Anaga” es un guachinche donde se puede comer pescado freco con una excelente panorámica de la costa de Igueste. Es la primera casa que se encuentra al entrar al pueblo. Encontrará mucha información sobre éste y otros lugares donde comer en “El libro de los guachinches. Las rutas secretas del vino de Tenerife”. Se vende en las librerías, ¿dónde, si no?

Esta es la vista que se tiene desde el interior del guachinche mencionado anteriormente. En la playa hay otro guachinche, pero suele estar cerrado: nunca se sabe si el cierre es circunstancial o definitivo. Una cosa algo extraña, pero cierta.

Las casas que están a la entrada del pueblo, sobre la carretera, nada tienen que ver con el arte de embellecer el paisaje. Al contrario. Sin embargo, pronto se olvida su presencia y la vista se vuelve hacia el barranco.

Otra panorámica, más amable, de este pueblo encerrado entre montañas.

Los gallos, de colores encendidos y crestas inflamadas, andan sueltos por el barranco, ocupados en coquetear con las gallinas y buscar golosinas gastronómicas en los charcos.

A poca distancia, una garza, retorcida como una signo de interrogación, posa junto al agua. Cuando percibe mi presencia, su pálida timidez la impulsa a remontar el vuelo, buscando la protección de las cañas.

En otro charco nada un pato criollo (Cairina moschata domestica), compitiendo en rojo con los gallos.

Tras el chapuzón, hay que sacudir el agua del cuello y la cabeza.

Y las alas…, por supuesto.

Los charcos son lugares de reunión social. Las relaciones entre las aves del barranco tienen lugar en sus proximidades. Allí también se acercan las palomas a saciar su sed  y a picotear insectos, entre trago y trago.

Un mirlo camina confiadamente entre los cantos rodados del cauce, con la esperanza de encontrar su parte del festín.

El hambre de los canarios: relato sobre cómo se inició la amistad entre Pascual Rodríguez de Sossa y el emperador marroquí

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Foto: M. Mora M.

Un lector me solicita otras noticias relacionada con el marino canario Pascual Rodríguez de Sossa, personaje sobre el que publiqué un relato en el anterior post de este blog. En realidad, el comienzo de esa historia se encuentra en la novela La isla transparente (Malvasía, 2011), primer volumen de la serie sobre Antonio Ruiz de Padrón. Trataré de complacerle, insertando algunos párrafos correspondientes a esa obra, que narran el principio de los problemas a los que Sossa se vería enfrentado durante la década de 1770.

La miseria que pasaron los canarios en los años anteriores fue terrible: los habitantes de Lanzarote y Fuerteventura tuvieron que abandonar sus islas y desembarcar hambrientos como la langosta en las costas del resto del archipiélago donde se trató de socorrerlos con los pocos recursos que estaban disponibles. Se trajo algo de trigo y aun otros alimentos del norte de África gracias a los excelentes oficios del hebreo Samuel Sumbel unidos al buen corazón del Emperador de Marruecos y a la audacia del capitán tinerfeño Pascual Rodríguez de Sossa. Éste se vio enredado en una gran deuda con el Sultán y los comerciantes marroquíes porque el Comandante General de Canarias, López Fernández de Heredia, no le remitió el dinero para pagar el grano que ya había enviado a las islas.

La fama de aventurero precedía al capitán Sossa por haber navegado en su juventud con patente de corso. En aquella etapa aprisionó numerosos barcos ingleses y perdió varios navíos en sus arriesgados negocios entre África y España. Llegó a proponer al Rey transportar a Madrid pescado salado procedente de las capturas realizadas por los pescadores canarios en las costas del Sáhara.

Esta reputación fue aprovechada para no entregarle el dinero que le pertenecía. A Pascual lo dejaron en la estacada y a los canarios sin un grano más de trigo marroquí.

Ante sus protestas en la Corte de Madrid el cónsul español Bremond le puso fuera de juego al informar que “es un yndibiduo que no dejará de causar desazones”. Cuánta diferencia hay entre esas palabras y las del embajador marroquí en España Ahmad Al-Gazzal quien ha afirmado literalmente: Dos veces hablé por Pascual por el cual respondo yo: voy a enviar por él para componer su dependencia y despacharlo todo a su gusto.

Todavía Pascual Rodríguez de Sossa continúa en Marruecos. Por su parte el Emperador ha dado órdenes terminantes de que no sean embarcados víveres en ningún barco español hasta que se paguen los novecientos pesos fuertes que se deben por el impuesto del trigo. El cónsul español le ha contestado que para cobrar pueden enajenar un viejo molino que es propiedad del capitán Sossa en tierras marroquíes.

El Sultán aprecia al canario y se enfada por los atropellos que le infieren: de manera que su respuesta es terminante: los españoles deben pagar esa deuda y el vicecónsul Pedro Suchita ha de marcharse de Marruecos por haber maltratado al capitán Pascual de Sossa. Ciertamente Suchita había propinado un empujón a Sossa cuando éste se encontraba en el consulado aunque la cosa no pasó de ahí.

No obstante las relaciones entre España y Marruecos están entrando en un escenario conflictivo por culpa de la falta de honradez del Comandante General de Canarias unida a la antipatía hacia Sossa del embajador Bremond y la ceguera del Ministro de Estado, Pablo Jerónimo Grimaldi.  Esperemos que no se declare una guerra que ya parece inminente. El futuro dirá cómo va a terminar todo este embrollo. En Larache Pascual de Sossa es con frecuencia invitado a las casas de los ministros marroquíes. Lo mismo hacen los embajadores de Francia y de Holanda quienes lo tratan con mucha deferencia sabedores de sus sacrificios para remediar el hambre de sus paisanos canarios y del mal pago que recibe de quienes debían apoyarle.

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Foto: M. Mora M.

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Felices fiestas

Queridos amigos, deseo felicitarles estas fiestas y desearles un buen año 20013.

Como todos los años, he compuesto una postal navideña de felicitaciones. Esta vez, con nuestras Islas Canarias y su árbol más representativo: el drago.

Cada uno de estos dragos crece en la isla donde ha sido ubicado. El de El Hierro, está en Valverde; el de La Gomera, en Magaña (Alajeró); el de La Palma, en Garafía; el de Tenerife, en Icod de los Vinos; el de Gran Canaria, en Arucas; el de Fuerteventura, en Antigua; y el de Lanzarote, en Órzola.

Telémaco, la memoria del mar

Telémaco es el nombre del barco más famoso de la emigración canaria clandestina. La foto fue disparada en una rotonda que se encuentra entre el Charco del Conde y el muelle de Valle Gran Rey. El nombre escrito en el barquito tiene una aparente falta de ortografía: TELEMACO en lugar de TELÉMACO. Ello se debe a que los emigrantes lo pronunciaban ‘Telemaco’, con acento en la ‘a’. De esta manera, lo que sería falta para nombrar al hijo de Odiseo, en La Gomera se convierte en homenaje a las 171 personas que cruzaron el Atlántico huyendo de la penuria económica y política que imperaba en Canarias en la década de 1950.

El Telémaco –o Telemaco– partió desde este lugar de la costa. Muchos hombres, llegados de otros puntos de la isla, subieron a bordo en la playa de Vueltas. A bordo, iba Manuel Navarro Rolo, un poeta popular que compuso un largo canto al viaje del destartalado motovelero que, atravesando hambres y temporales, los condujo hasra el puerto de La Guaira, en Venezuela. Estas son las tres estrofas iniciales. Quien desee profundizar en esta historia, deberá leer el libro “El Telémaco. El último viaje”, escrito por Ángel Suárez Padilla.

Pasó un vago pensamiento
por hijos de la Gomera,
cual la nube pasajera
que va por los elementos,
tras continuos sufrimientos,
peripecias y tristuras
para lanzarse a la anchura
de tan penoso camino
a luchar con el destino
de sedientas aventuras.


En una hora temprana,
el nueve de agosto fue
a eso de las cuatro y diez
de una apacible mañana,
donde el silencio engalana
el misterio más fecundo
dándole un adiós profundo
a Valle Gran Rey con calma,
ciento setenta y un almas
que marchan al Nuevo Mundo. 

El Sol su disco escondía
en el rizado horizonte,
cuando perdimos los montes
de nuestras islas queridas,
sólo el faro se veía
dando sus vivos destellos
que iluminaban muy bellos
nuestra ruta solitaria
último adiós a Canarias
tristes recuerdos aquéllos.

Foto del motovelero Telémaco, a su llega a Venezuela.

PRESENTACIÓN DEL LARGOMETRAJE “Historia de la emigración canaria a Puerto Rico”

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TRAILER DE “HISTORIA DE LA EMIGRACIÓN CANARIA A PUERTO RICO”

PROYECCIÓN DE DOCUMENTAL SOBRE HISTORIA DE EMIGRACIÓN CANARIA A PUERTO RICO
La XIX Semana de Historia de América del Instituto de Estudios Hispánicos (IEHC) reúne bajo el título genérico “Canarias y el mundo americano” una serie de conferencias coordinadas por Manuel Hernández González, profesor Titular de Historia de América de la Universidad de La Laguna (ULL) y coordinador del Centro de Documentación de Canarias y América (CEDOCAM). A un ritmo de dos por tarde, las ponencias versarán sobre diversos aspectos de la emigración entre las Islas y en Nuevo Mundo abordando temas tales como la marcha de canarios a Santo Domingo y Cuba en los siglos pasados o los costes humanos de dicha migración. Entre los ponentes se encuentran Antonio Gutiérrez Escudero, científico titular de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos del CSIC de Sevilla, y diversos profesores titulares de la ULL como Francisco Fajardo Spínola y Jesús Pérez Morera. Además, el miércoles 12 se proyectará el documental “Historia de la emigración canaria a Puerto Rico”, dirigido por Manuel Mora Morales, con posterior charla coloquio con su director.

DATOS TÉCNICOS
Guión y dirección: Manuel Mora Morales
Duración: 114 minutos
Rodaje: Puerto Rico, Islas Canarias, República Dominicana, Estados Unidos, Cuba.
Voces en off: Antonio Abdo y Pilar Rey
Música: Banda Sinfónica de Santa Cruz de Tenerife
Fotografía: Olivia Quintero/Manuel Mora Morales

ANUNCIO_02

La emigración canaria a Puerto Rico comenzó en 1493 y la arribada masiva finalizó hacia la década de 1920. Esta emigración es más que significativa en el mapa genético, cultural y social de la isla borinqueña. Sin embargo, tanto los canarios como los puertorriqueños parecen haber olvidado los grandes vículos que los unen. Afortunadamente, un grupo de personas lucha de manera denodada para reanudar los contactos.

SINOPSIS:
Este documental abarca la historia de la emigración canaria desde la llegada de Colón, en 1493 hasta el siglo XXI. Ofrecen su opinión o su testimonio decenas de personas entrevistadas en Puerto Rico y en Canarias: descendientes de canarios, genealogistas, historiadores, psicólogos, amas de casa, catedráticos de Historia de América, comerciantes, jubilados, médicos, agricultores, abogados, empresarios, economistas, etc.
Comienza con un repaso a la protohistoria de Puerto Rico y la formación del pueblo puertorriqueño. Tras la arribada europea y el período en que gobernó Ponce de León, se analiza la llegada de las primeras expediciones documentadas de emigrantes canarios: lugares de asentamiento, profesiones, apellidamiento, repercusión social y étnica… También se nombran el ataque de Francis Drake y al obispo tinerfeño Juan López Augusto de la Mata, impulsor del culto a la Virgen de Candelaria en Puerto Rico.
Se recogen las noticias de fray Diego Abbad sobre los canarios que se asentaban clandestinamente con el apoyo de los isleños. Se muestran opiniones de Álvarez Nazario y Estela Ciffre sobre la base canaria de la población puertorriqueña. Algunas expediciones de canarios son analizadas.
El siglo XIX, debido a la abundancia de noticias, es recorrido con detenimiento. Por ejemplo, se mencionan los asentamientos de Hatillo, Quebradilla, Lares y San Sebastián. No se puede hablar del XIX boricua sin mencionar la abolición de la esclavitud, los jíbaros, las grandes haciendas, el café, la caña de azúcar y la novela La Charca que presenta la pobreza extrema de un sector campesino. En torno a esto, varios entrevistados dan su opinión.
Tampoco podía dejarse de formular la pregunta de por qué los canarios abandonaban su tierra y qué razones les llevaron a elegir Puerto Rico como destino. Los oficios que desempeñaron estos isleños, su fama de empedernidos trabajadores y su ejemplar inserción social son contemplados desde la perspectiva actual. Lo mismo sucede con los arriesgados viajes por el atlántico y los contratos firmados antes o después de la arribada a Puerto Rico. Hubo isleños que tuvieron más fortuna que otros: se menciona a algunos que lograron una poderosa economía y se analiza cuál fue su repercusión en la economía del archipiélago canario.
La comida es un capítulo que no puede olvidarse si se desea entender a una comunidad y la cámara entró en mercados populares, grabó viejos molinos de gofio y visitó la cocina isleña para saber lo que se estaba cociendo.
Las costumbres, como las máscaras de Hatillo, las peleas de gallos y las fiestas también encuentran su lugar en este documental. A continuación, se analizan y narran las vicisitudes de los años que van desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XXI. En él aparecen los sucesos políticos de la segunda mitad del siglo XIX, desde el Grito de Lares hasta el final de la dominación española. También se pasa revista a las incidencias vividas por los canarios y sus descendientes durante el siglo XX, tanto en su vertiente política y social como en la cultural. Desfilarán los principales personajes isleños de Puerto Rico: pintores, escritores, etc. Asimismo, entre sus contenidos se encuentra la dedicación a las labores agrícolas en el siglo XX, los contactos familiares entre ambas orillas del Atlántico que se han prolongado por más de un siglo,…

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SEXTA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

El dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo, gastó millones de pesos en ampliar la policía. En cuatro meses, fueron encarceladas 4.000 personas y las torturas eran similares a la descripción que vimos en la anterior entrega. Más que nunca, el país había caído bajo el dominio del terror y los dominicanos eran perseguidos, torturados y asesinados lo mismo que los emigrantes haitianos. Sin embargo, la prepotencia del Generalísimo terminaría por acarrearle su propia ruina.

Cuando Trujillo retiró su apoyo incondicional a los obispos, la Iglesia Católica envió una carta pastoral  que se leyó en todas las iglesias reclamando el respeto a los derechos humanos. La firmaron los mismos obispos que habían apoyado incondicionalmente a Trujillo, al comprender que la situación se les ha ido de la mano. Incluso, la embajada de Estados Unidos ofreció asistencia a algunas familias importantes para salir del país. En Caracas, Rómulo Bethencourt y Fidel Castro decidieron apoyar a los opositores dominicanos.

Las denuncias de la prensa americana también comenzaron a dar su fruto. La Agencia de Inteligencia Americana (CIA) comenzó a desarrollar actividades destinadas a promover el asesinato de Trujillo. Paralelamente, el gobierno de los Estados Unidos invitó a Trujillo a asilarse Estados Unidos o Europa. Este rechazó la propuesta.

La reacción por parte del sátrapa no se hizo esperar. La prensa y la radio oficiales de la R. D.  atacaron a la Iglesia y a Estados Unidos. Los servicios secretos trujillistas organizaron un complot para asesinar a Rómulo Betancourt, Presidente de Venezuela, el cual se salvó milagrosamente del atentado en que murieron su chofer y un oficial, cuando su coche voló por los aires.

Rafael Trujillo, Fidel Castro y Rómulo Bethencourt. A principios de la década de 1960, estos tres descendientes de canarios manejaban los principales resortes del poder en el área del Caribe.

Curiosamente, los tres gobernantes más destacados en esos momentos, en el área del Caribe, eran hijos o nietos de emigrantes canarios: Fidel Castro Ruz, Rómulo Bethencourt y Rafael Leónidas Trujillo Molina. Naturalmente, los tres conocían su ascendencias, pero, seguramente, desconocían la de los otros dos.

Después la cosa se complicó cuando Trujillo intentó matar al Presidente de Venezuela. Creo yo que era Rómulo Bethencourt.
Nuestra situación era mala y todo aquel que tenía familia en Venezuela trataba de irse para ese país. ¡Más se complicaba! A dos compañeros míos los cogieron en la capital, los metieron en [la prisión de] La Victoria y al mes o a los dos meses los metieron en un barco y los llevaron para allá. Llegaron casi desnudos, llegaron a Barcelona.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

[...] Ya al año vine para la capital. Mucho mosquito. Vine para la capital a buscármelas aquí. Unos se quedaron otros fueron para Venezuela… Fueron muchos para Venezuela, otros fueron para España, regresaron.
(Don Ángel Velásquez, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Rafael Leónidas Trujillo, nieto de un sargento canario, se comportó toda su vida como un prepotente gallo de pelea, asesinando sin piedad a cualquiera que se opusiera a sus continuos abusos.

La Asamblea redactó una nueva Constitución dominicana. En ella se decía que el Presidente y el Vicepresidente no pueden ser perseguidos ni encarcelados por ningún delito. Trujillo nombró presidente a Joaquín Balaguer, el cual justificó los años de tiranía en su discurso de toma de posesión.

Sin embargo, sin hacer caso de los cantos de cisne de Balaguer, la Organización de Estados Americanos condenó a Trujillo y se rompieron todas las relaciones diplomáticas y comerciales con el resto de los países americanos. Aprovechando la marea, el gobierno de los Estados Unidos deseaba que también se condenara a Fidel Castro, pero no lo consiguió.

Trujillo trató de remendar la situación e invitó a la oposición a volver al ruedo político. Regresaron sólo dos partidos. Sin embargo, es difícil perder las malas costumbres: a las pocas semanas, fueron represaliados y hubieron de volver a la clandestinidad. Entonces, arreció la represión y los asesinatos: así murieron las hermanas Mirabal, lo cual indignó al pueblo. Creció la tormenta. Las torturas no cesaron, como muestra la siguiente cita extraída de una novela de Vargas Llosa –La fiesta del Chivo– que realiza un magnífico retrato de aquellos siniestros días:

La famosa actriz dominicana María Montez, hija de un canario de Garafía, fue uno de los símbolos utilizados por la dictadura para presentar al mundo la cara amable del régimen. De hecho, mantuvo presuntos amores secretos con Virgilio Montalvo Rodríguez, uno de los mandamases de Rafael Leónidas Trujillo. Sería el propio Trujillo quien le entregara a la actriz la condecoración de la “Orden de Trujillo” en noviembre de 1943.

Ramfis [hijo de Trujillo] movió la cabeza y Pupo se sintió lanzado con fuerza ciclónica hacia adelante. El sacudón pareció machacarle todos los nervios, del cerebro a los pies. Correas y anillos le cercenaban los músculos, veía bolas de fuego, agujas filudas le hurgaban los poros. Resistió sin gritar, sólo rugiendo. Aunque, a cada descarga –se sucedían con intervalos en que le echaban baldazos de agua para reanimarlo– perdía el conocimiento y quedaba ciego, volvía luego a la conciencia. Entonces, sus narices se llenaban de ese perfume de sirvientas. Trataba de guardar cierta compostura, de no humillarse pidiendo compasión. En la pesadilla de la que nunca saldría, de dos cosas estuvo seguro: entre sus torturadores jamás apareció Johnny Abbes García, y, en algún momento, alguien que podía ser Pechito León Estévez, o el general Tuntin Sánchez, le hizo saber que Bibín había tenido mejores reflejos que él, pues alcanzó a dispararse un balazo en la boca cuando el SIM lo fue a buscar a su casa de la Arzobispo Nouel con la José Reyes. Pupo se preguntó muchas veces si sus hijos Álvaro y José René, a quienes jamás habló de la conspiración, habrían alcanzado a matarse.
Entre sesión y sesión de silla eléctrica, lo arrastraban, desnudo, a un calabozo húmedo, donde baldazos de agua pestilente lo hacían reaccionar. Para impedirle dormir le sujetaron los párpados a las cejas con esparadrapo. Cuando, pese a tener los ojos abiertos, entraba en semiinconsciencia, lo despertaban golpeándolo con bates de béisbol. Varias veces le embutieron en la boca sustancias incomestibles; alguna vez detectó excremento y vomitó. Luego, en ese rápido descenso a la inhumanidad, pudo ya retener en el estómago lo que le daban. En las primeras sesiones de electricidad, Ramfis lo interrogaba. Repetía muchas veces la misma pregunta, a ver si se contradecía. «¿Está implicado el Presidente Balaguer?».) Respondía haciendo esfuerzos inauditos para que la lengua le obedeciera. Hasta que oyó risas, y, luego, la voz incolora y algo femenina de Ramfis: «Cállate, Pupo. No tienes nada que contarme. Ya lo sé todo. Ahora sólo estás pagando tu traición a papi». Era la misma voz con altibajos discordantes de la orgía sanguinaria, luego del 14 de junio, cuando perdió la razón y el Jefe tuvo que mandarlo a una clínica psiquiátrica de Bélgica.

Cuando ese último diálogo con Ramfis, ya no pudo verlo. Le habían quitado los esparadrapos, arrancándole de paso las cejas, y una voz ebria y regocijada le anunció: «Ahora vas a tener oscuridad, para que duermas rico». Sintió la aguja que perforaba sus párpados. No se movió mientras se los cosían. Le sorprendió que sellarle los ojos con hilos lo hiciera sufrir menos que los sacudones del Trono. Para entonces, había fracasado en sus dos intentos de matarse. El primero, lanzándose de cabeza con todas las fuerzas que le quedaban contra la pared del calabozo. Perdió el sentido y se ensangrentó los pelos, apenas. La segunda, estuvo cerca de conseguido. Encaramándose en las rejas –le habían quitado las esposas, preparándolo para una nueva sesión en El Trono– rompió la bombilla que iluminaba el calabozo. A cuatro patas, se tragó todos los vidrios, esperando que una hemorragia interna acabara con su vida. Pero el SIM tenía dos médicos en permanencia y una pequeña asistencia dotada de lo indispensable para impedir que los torturados murieran por mano propia. Lo llevaron a la enfermería, le hicieron tragar un líquido que le provocó vómitos, y le metieron una sonda para limpiarle las tripas. Lo salvaron, para que Ramfis y sus amigos pudieran seguir matándolo a poquitos.
Cuando lo castraron, el final estaba cerca. No le cortaron los testículos con un cuchillo, sino con una tijera, mientras estaba en el Trono oía risitas sobreexcitadas y comentarios obscenos, de unos sujetos que eran sólo voces y olores picantes, a axilas y tabaco barato. No les dio el gusto de gritar. Le acuñaron sus testículos en la boca, y [...].
(Mario Vargas Llosa, La Fiesta del Chivo, pp 424-425)

Los emigrantes canarios se encontraban entre la espada y la pared. Atrapados en la isla, perseguidos por los trujillistas que los acusaban de comunistas  y por los opositores que los marcaban como protegidos del dictador. Sin embargo, aún no se había tocado fondo: se acercaban tiempos aún más negros, tanto para ellos como para la República Dominicana.

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

Arautava, un exquisito vino nuevo canario

Una sorpresa muy agradable tuve ayer cuando probé el vino (cosecha 2012) producido por la Bodega El Penitente. Excelente: uno de esos vinos más rojos que Carlos Marx y con el sabor que debieron tener los besos de Marilyn, que siempre he soñado efervescentes. A algunos catadores, los vinos les saben a cerezas y a trufas, pero a mí siempre me han recordado cosas menos frutales y más pecaminosas. Ya saben que para gustos…
La marca del que les hablo es Aratauva y viene en botellas de medio litro (como la “media botellita” de los guachinches), lo cual es una buena medida para dos personas que desean beber con moderación. Claro que de media en media… pero no fue éste el caso.

El Penitente no es una de esas enorme bodegas con grandes tanques de acero inoxidable, sino una empresa familiar con sus barriquitas de roble, radicada en el valle de La Orotava, en el Norte de Tenerife, que comenzó surtiendo de vino el guachinche de don Casiano García, su primer dueño. Ahora, no hay guachinche; pero sobrevivió la bodega que regenta su hijo, don Américo.

El nombre de “El Penitente” tiene una explicación romántica:
“Cuenta la leyenda que algunas noches, mientras pescaban, los barqueros del Puerto de la Cruz solían avistar la luz solitaria de un farol indicando que un monje cumplía penitencia en su celda del viejo monasterio.”

La bodega produce dos marcas más de vino, pero, francamente, creo que Arautava es la mejor, sobre todo en su variedad de tinto clásico.
Hay que agradecer la diligencia en poner a la venta un vino nuevo que todavía sabe a lagar, que nos llena la boca y la cabeza de fantasías, que es digno de servirse en cualquier guachinche y en la mejor compañía.
La bodega El Penitente se encuentra cerca de la carretera que va desde La Orotava al Teide, en la carretera Camino de la Higa (comienza casi frente a la gasolinera que está pasando la iglesia de San Antonio).

Yo lo tomé en un restaurante, pero supongo que también lo venderán en supermercados y tiendas especializadas. Por si acaso no lo encuentra y necesita una botellita desesperadamente, le dejo el teléfono de la bodega: 922 309 024 / 922 331 646

QUINTA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Don Aureo Francisco, emigrante canario, residente en Constanza.

Uno nunca debe estar seguro de haber tocado fondo, porque cualquier fondo puede quebrarse y aparecer un nuevo abismo. Esto les sucedió a los emigrantes canarios en la República Dominicana. A todas sus calamidades, se añadió una para la que estos jóvenes políticamente imberbes no estaban preparados: las acusación de ser comunistas.
La isla estaba atestada de espías del gobierno, llamados calies, los cuales delataban a los emigrantes como comunistas cada vez que protestaban por algo o se quejaban por no haberse respetado sus contratos. A veces, no hacía falta rebelarse contra la situación, porque los propios españoles también los delataban como enemigos del régimen trujillista para quedarse con sus tierras.

Ya te digo, los camiones recogiendo gente, eso era todos los meses, recogiendo. Hubo una noche un caso que yo presencié. Llegan tres canarios, eran de las Palmas, no me acuerdo del nombre de ellos ya. Venían de la parcelita de trabajar, de noche. Y llegaron.
A la entrada del pueblo se encuentran con el camión parado y subiendo gente. Y siguen para allá que ellos vivían creo que en la cuarenta y seis. Eran sesenta casas que habían. En cada casa metieron seis. Según el contrato era una casa para cada uno y después nos metieron seis.
Y cuando llegaron y les dicen los compañeros, “vámonos”, y ellos: “uh, cómo vamos a irnos si tenemos la parcela sembrada y todo, cosas…”, “Vámonos de aquí que esto se pone peor. Vinimos juntos, vámonos juntos”.
Los tres cogieron sus pasaportes, cogieron sus maletas y llegaron al camión y le entregaron los pasaportes al jefe.
Que se iban.
Y les dijeron: “Pero si no son ustedes, ¿ustedes por qué se van?
“Sí, nos vamos, vinimos juntos y nos vamos juntos”.
Subieron al camión y se fueron. Eran tres de Las Palmas, no me acuerdo del nombre de ellos.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Estación de ferrocarril en Santiago de los Caballeros.

En enero de 1956, en el barco Auriga, llegaron otros 370 emigrantes españoles. En este mismo barco, devolvieron a España 300 emigrantes, entre los que había un buen número de canarios, acusados de comunistas. Fue el último viaje de esta emigración.
En ese mismo año, Trujillo adquirió por 35 millones de dólares los cinco ingenios de la West Indies Sugar. Después compró otro, en condiciones parecidas, usando también dineros públicos para su lucro personal. Ya controlaba el 80% de la producción industrial y empleaba en sus empresas privadas al 45% de la mano de obra del país.
El SIM (Servicio de Inteligencia Militar) secuestró y asesinó al escritor español Jesús de Galíndez, en Nueva York. Para encubrirlo se realizó una cadena de crímenes que escandalizó a la opinión mundial. A partir de aquí, los periódicos The New York Times y Washinston Post se encargarían de acorralar a Trujillo. El gobierno norteamericano no tuvo otra alternativa que comenzar a retirarle su apoyo.

Recuerdo que en la época de Trujillo se vivía lleno de temor. Yo recuerdo que cuando decían ahí viene la policía todos nos metíamos debajo de las camas, hasta los niños. Nos íbamos a los rincones de las casa y nos metíamos debajo de las camas. Inclusive mi papá, todo el mundo y mi abuelo y todo el mundo.
Nos escondíamos cuando oíamos «Ahí viene un policía». Y uno iba a esconderse con un temor tremendo todo el mundo. Vivía uno lleno de temor y como él dijera. Obligatoriamente.
Yo misma llegué a marchar en el sol y había que decir «Que viva Trujillo el Benefactor de la Patria» porque si uno no lo decía… Ya usted sabe, uno tenía problemas.
(Doña Altagracia, descendiente de emigrantes, Rep. Dominicana, 2003)

Un informe de la Secretaría General del Ministerio de Información y Turismo de España, realizado en 1956, aporta datos escalofriantes sobre la población gobernada por quien Francisco Franco había definido como “el gran amigo de las hispanidad”:

“[Hay] niñas de doce y catorce años en estado, niños que abusan del ron, padres y hermanos que viven juntos en la misma habitación, niñas y jóvenes fumando a todas horas; se desconocen el plato y la cuchara, hasta el extremo que el arroz, el plátano y la yuca, base de la alimentación de la gente del campo, son servidos en hojas, y se toman aquel cereal con los dedos. Las viviendas no reúnen las condiciones precisas para que pueda vivir el español. Por la noche se nota mucho frío en ellas, y por el día un gran calor. Les dan tan sólo 60 centavos por persona (25 pesetas) y con eso tienen que comer y vivir. La vida está cara, lo único barato es el café, el ron y el tabaco”.

Naturalmente, este estado de cosas influyó directamente sobre la vida de los emigrantes canarios, los cuales fueron comprobando que las posibilidades de progreso en esta isla caribeña no eran demasiado grandes.

En el año cincuenta y cinco aquí un maestro rural no sabía ni el abecedario. Solamente le enseñaba a los muchachos a escribir “papá” y “mamá”. Es que no sabía.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Pues nos chismearon como comunistas y se nos fue complicando la vida. Nos fueron acechado y nos iban agarrando de noche. Ya nos tenían señalados.
De repente llegaba un camión que se llamaba catarey, un camión que cargaba la caña. Llegaba la policía y donde estaban señaladas, casa por casa, iban cogiendo y montando en el camión. Cuando recogían se iban, pero ya quedaban otros fichados y hay personas… una desgracia.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Trujillo optó por llevar inmigrantes japoneses. Transportó a la Republica Dominicana a 1.500 nipones que cultivaban tierras en la zona montañosa del centro. Muchos volvían a su país denunciando que vivían en auténticos campos de concentración, vigilados por soldados armados.

Para más desgracia, el médico que hay en Baoba que era español, se descubrió que era el calie (espía) del gobierno. Contra nosotros. Después, al matar a Trujillo el salió huyendo. ahí se descubrió todo. Entonces la cosa se fue complicando: panoramas y situaciones que eran duras.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

El año 1957 marcó el comienzo de Santo Domingo como lugar ideal para el exilio de los dictadores latinoamericanos. El primero en llegar fue el dictador colombiano general Rojas Pinilla. En marzo de este mismo año, embarcaron de vuelta a España 1.369 emigrantes y en mayo llegaron 588 húngaros que huíande la instauración del comunismo en su país. Fueron destinados a zonas salitrosas que terminaron por abandonar. Mientras tanto, las penalidades de los emigrantes canarios continuaban aumentando.

Había un gago palmero de Fuencaliente. Alto él, pero gago. Entonces, por mala suerte le tocó la tierra en la sabana y no pudo trabajarla. Entonces, de tiempo a tiempo llegaba un coronel con el encargado de colonia. Hicieron una reunión y pegó a preguntar por qué no trabajaban la tierra. Pero cuando llegó al gago, el pobre gago, imagínate la situación, situación crítica, se fue poniendo nervioso y cuando llegó el momento que le preguntó, empezó qué, qué, que, qu… y no podía responder y jaló por la mano y si no le garran la mano le da un buen trompón al coronel. Ahí lo cogieron y para La Victoria, la cárcel, un poco retirado detrás de la capital para dentro. Y lo llevaron. Y así siguieron casos.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Vieja foto de un grupo de jóvenes de Constanza.

En el año 1958, se exilió en Santo Domingo el dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. Y, a principios de 1959, llegó el dictador cubano Fulgencio Batista.
Poco después, Fidel Castro se comprometió en Caracas a apoyar a los exiliados dominicanos. Luego, facilitó el entrenamiento de guerrilleros dominicanos en Cuba. El gobierno venezolano de Rómulo Betancourt contribuyó con dinero, armas y aviones a la organización del Ejército de Liberación Dominicano.
Trujillo también fortaleció su ejército. Creó una Legión Extranjera con mercenarios europeos y norteamericanos. La familia Trujillo comenzaba a verle las orejas al lobo y envió mucho dinero a bancos del extranjero.
El día 14 de junio, una expedición de 54 hombres se dirigió a la República Dominicana. Cinco días después llegaron 144 hombres a Puerto Plata. Los hombres se repartieron en varios grupos, pero sólo uno, el de Constanza, tuvo éxito.
Los guerrilleros antitrujillista se refugiaronn en bosques o en pequeñas aldeas, pero Trujillo las bombardeaba y mataba a decenas de familias inocentes. Los invasores fracasaronn y fueron capturados, torturados y asesinados. Las torturas las dirigió un hijo del tirano, llamado Ramfis Trujillo. De cuantos llegaron en esta expedición contra Rafael Leónidas Trujillo, sólo sobrevivieron dos dominicanos y dos cubanos.
Pero la población estaba desesperada y no se resignaba a continuar bajo la opresión del dictador. También, en 1959, hubo una conspiración en la fuerza aérea que fue descubierta. Trujillo torturó y asesinó a cincuenta militares y técnicos. La represión se recrudecía. El país estaba aterrorizado.
En la clandestinidad algunos jóvenes trataron de organizarse. Se reunieron 297 muchachos, en una organización que denominaron Agrupación Política 14 de Junio. Doscientos cuarenta de ellos pertenecían a la pequeña burguesía.
En medio de estas convulsiones, los emigrantes canarios tratabann de sobrevivir a su manera, intentando no mezclarse en los problemas del país. Sin embargo, eso era imposible y se vieron arrastrados por la efervescencia social y el nerviosismo de los gobernantes.

Estuve en la colonia. En Baoba estuve hasta el 59. Después aquí estuve en la colonia. Me dieron una casa y me la quitaron cuando la huelga. Me quitaron la tierra y tuve que salir huyendo.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Después para más complicación, en el cincuenta y nueve, salta Fidel Castro. Ahí fuimos nosotros acusados de oír las noticias cubanas que se oían bien. Nosotros la oíamos porque los canarios estamos medio liados hacia los cubano: tenemos la música, el son, la rumba, el punto cubano. A muchos nos gustaba oír. Pues ahí se nos complicó el asunto: el mismo radio que Trujillo nos regaló, nos sirvió de puñal. Los alcaldes, los segundos alcaldes, que después se convirtieron en Guardia Rural. Cuando tú venías a ver y abrías la puerta, te los encontrabas detrás de la puerta escuchando. Después nos chismearon como comunistas y se nos fue complicando la vida. Nos fueron acechado y nos iban garrando de noche. Ya nos tenían señalados. De repente llegaba un camión que se llamaba catarey, un camión donde cargaban la caña. Llegaba la policía y donde estaban señaladas, casa por casa, iban cogiendo y montando en el camión. Cuando recogían se iban, pero ya quedaban otros fichados y hay personas… una desgracia.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Integrantes de la Agrupación Política 14 de Junio.

En enero de 1960, la policía descubrió la Agrupación Política 14 de Junio. Se apresó a sus miembros y se les torturó en la cárcel de “La Cuarenta”. Casi todos fueron asesinados. Otros murieron de hambre o enfermos. Las descripciones de las torturas llevadas a cabo en la cárceles trujillistas no son un plato fácil de digerir; sin embargo, he decidido incluir los siguientes párrafos, escrito por un médico que contempló aquellos crímenes, para que se comprenda la magnitud de lo sucedido en esa tierra hermana.

“La noche que yo llegué al centro de tortura, aquello parecía la obra de alguna alucinación dantesca. En todo el patio de la prisión y en sus diversas dependencias se torturaba del más diverso modo en medio de un frenesí bestial en el que aparecían entremezclados esbirros y hombres desnudos y esposados dando alaridos y revolcándose como gallinas decapitadas.
No es poco el impacto que produce en el ánimo más aplomado contemplar a un hombre indefenso y desnudo, vuelto una masa de carne lacerada y convertido en una especie de cebra bípeda con todo el cuerpo cubierto de surcos negros y sanguinolentos causados por pelas de más de doscientos azotes que se aplicaban con fuertes gruesos alambres y tubos de material plástico.
Los alaridos provocados por la aplicación de corriente eléctrica con su efecto quemante en todo el sistema nervioso tienen un carácter particularmente ondulante y desgarrador y la escena de un hombre, desnudo y amarrado a una poltrona recubierta de láminas de cobres, es en especial dramática.
La víctima se retorcía al recibir las descargas eléctricas y las contracciones de su cuerpo y los rictus del rostro que se sucedían entre aullidos de dolor producen una visión, realmente insoportable. Mientras tanto, el coro de torturadores, en medio de las pausas, vertía toda suerte de chistes y sarcasmos con respecto a las víctimas, en tanto practicaban la diversión de apagar cigarrillos, de manera continua, en los cuerpos de los maniatados en La Silla.
Cuando alguien perdía el conocimiento, como consecuencia de las pelas aplicadas en un cuadrilátero denominado El Coliseo, por dos o tres esbirros a la vez, sobre el cuerpo despellejado, sanguinolento y en carme viva del cautivo, era derramada una lata de agua de sal o se le sentaba en La Silla para reanimarlo con descargas eléctricas.
Por otra parte, un potente foco producía una luz enceguecedora, aun en el caso en que se cerraran los ojos. El Coliseo también era usado para hacer entrar en acción a dos perros amaestrados que eran azuzados contra el cautivo –siempre desnudo y esposado– que sufría un ataque intermitente con pausas de 30 segundos a un minuto, lapso en el cual se reanudaba el asediante interrogatorio para darle paso a una nueva acometida de los canes.
Los perros, como verdaderos seres humanos, obedecían de manera automática, tanto la orden de atacar como la de suspender el ataque. Aquello era un sistema de tortura física y psicológica: los perros, aún cuando suspendían por orden de esbirros el ataque, permanecían prácticamente encima de la víctima gruñendo y en espera de la nueva señal para acometer otra vez. La aplicación de los tubos eléctricos en las partes vitales era cosa común, pero lo más, terrible de todo aquel catálogo infernal no estuvo constituido, precisamente, por la cuota de tormento que cada quien recibía.
En fin de cuentas, llega un momento en que el dolor físico, intensificado gradualmente, lo sumerge a uno en una nebulosa, en una especie de duermevela en la que la mente llega a ponerse en blanco y sobreviene el desmayo y se produce una extraña insensibilidad. Todavía más insufrible que el propio castigo recibido es la contemplación o percepción auditiva del tormento que soportan los otros”.
(Doctor Rafael Valera Benítez. Complot Develado. Vol. l. Págs. 32-33.)

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

CUARTA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Grabado antiguo de una bahía en la isla de Santo Domingo, primeramente llamada La Española.

Pronto, los emigrantes canarios supieron que no habría una casa para cada uno. Sino una casa para seis. Una casa sin agua ni electricidad. Y los aperos se reducían a una azada y un machete. El contrato que les había formalizado Trujillo se convirtió en papel mojado y los pobres muchachos no tenían dónde reclamar ni quien les ayudara a hacerlo.

A nosotros lo que nos dieron fue un contrato. Entonces el contrato decía que nos daban una casa, nos daban de cincuenta a cien tareas de tierras, nos daban aperos de labranza, semillas para la tierra, para sembrar, y una pensión hasta que ya pudiera sostenerse uno por sus propios medios.
Y cuando llegamos nos daban cincuenta centavos. Nos daban cincuenta centavos diarios que eran quince pesos al mes. El que se lo comía y se lo bebía antes de la quincena, ya tenía que estar buscando por otro lado cómo mantenerse.
Y así estuvimos como dos años, porque cuando nosotros llegamos a Baoba todo eso era montería.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Pulpería allí es igual que aquí una venta. Me dio un salón al lado de la pulpería para hacer el horno.
Yo no tenía maní. Yo les hacía el pan y les cobraba el viaje del maní. Y gente que conseguíamos. Gente que se daba machetazos y que traíamos para el hospital.
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)

La mayor parte de los emigrantes que se quedaron en Puerto Rico –sin embarcar hacia Venezuela o volver a sus islas natales– trató de abrirse paso en el único sectar que conocía, el agrícola.

Las tierras las tenía Trujillo. De ganado, digamos de ganado salvaje. Eran búfalos. Tenían que sacarlos con dos muleros: uno alante y el otro atrás. Tenían que sacar al ganado para meter a los españoles.
Las tierras, la mayoría eran lo que llaman sabana. Y en la sabana, naturalmente, no se dan los frutos. Ahí empezó el problema: las tierras no estaban preparadas. Estaban empezando con bulldozers a prepararlas y después empezaron a sortearlas. A mí, por desgracia, no me tocó ninguna.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Cuando veíamos que abusaban de una persona, aunque no fuera española, aunque fuera dominicana, y abusaban de ella, uno cuando venía ver explotaba, porque no podía aguantar. Explotaba y le decía abusador, le decía cualquier cosa. Entonces ya por eso uno era comunista.
Y ahí los recogían y los llevaban. Cuando salía un barco en dirección a España, los recogían y los dejaban una semana o dos presos y en el barco para allá. O sea, que la emigración fue un desastre por eso mismo.
Nosotros pasamos muchos trabajos, muchos, muchos, muchos. Pero fue por eso.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Constanza, población asentada en una zona interior de la isla. Aquí terminaron asentándose varios emigrantes canarios de la emigración de 1955.

Los canarios comprendieron la imposibilidad de salir de la colonia, sin permiso expreso. También supieron que aún teniendo el pasaje de vuelta pagado no era tan fácil volver al archipiélago. Eso sí, como muestra de generosidad, Trujillo les ofrecía 150 dólares si se casaban con una dominicana.

Llegamos aquí, trayendo un contrato donde nos tenían que entregar una casa amueblada. Entonces, la casa no estaba amueblada. Nos la dieron para seis gentes.
[Según] el contrato tenían que darnos de cincuenta a quinientas tareas. Yo como a los dos años me dieron cincuenta tareas, pero hubo una parte que un río llamado Baquí la inundó y hubo que salir huyendo de Baoba. Los otros canarios quedaron allá, pero yo tuve que salir corriendo, sin una perra en el bolsillo.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Nosotros estábamos ahí, en esa época, como si fuera un campo de concentración. Para salir de la colonia había que pedir un permiso: usted decir a dónde iba y a qué iba.
Aquí todo era el Jefe. Si usted hablaba mal del Jefe, se jodió. Porque para aquí, Trujillo era un dios.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Nos destinaron a Baoba del Piñal. Yo estuve cinco años ahí. A los cinco años ya estaba mal.
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Había una finca de Trujillo ahí. En esa finca, según la gente, tu entrabas y hallabas ñame, batata que le decimos allá, boniato, guineo, plátano… Hallabas de toda clase de comida ahí porque esa finca la desalojó Trujillo para soltar ganado ahí. Según a nosotros nos contaban la historia… porque eso era hablando en un sitio donde se pudiera hablar todo, porque nadie se confiaba aquí de Trujillo, nadie podía hablar de eso.
Entonces ese señor, que nosotros cogimos confianza con él, era Moscaño. Tenía como dos o tres hijos y la esposa. Y fue la primera casa que nosotros comenzamos a visitar. Entonces comenzamos a hablar.
Al otro día ya cogimos amistad y comenzamos a preguntar, a comentar y a indagar. Entonces fue cuando nosotros comenzamos a hablar de Trujillo.
–Pero ven acá, si este hombre… si es el Presidente de aquí, y si había tanta miseria, ¿a qué nos trajo a nosotros aquí? Porque lo que nos está dando a nosotros se lo diera a los de aquí. ¿Para qué nos trajo?
El hombre estaba como asustado. Recuerdo que nos convidó a comer carne a un alto que había y ahí comenzamos a hablar. Y me dijo:
–Mire, España, yo le voy a decir una cosa: usted no sabe cómo es que aquí camina. Aquí no se puede hablar mal del Jefe.
–¿De qué Jefe usted me está diciendo?
–Del Presidente, de Trujillo, que Trujillo es el Jefe. De Trujillo no se puede hablar mal por esto, esto y esto. Al que habla mal de Trujillo aquí lo ahorcan, lo fusilan.
–¿Y eso?
Y ahí comenzamos a hablar. Nos cogimos mucha confianza. Todavía él murió y éramos amigos. Y ese día él comenzó:
–Mire toda esa finca. Eso eran propiedades de gentes y les dieron cuarenta y ocho horas para salir. Y hubieron gentes que solamente pudieron coger los hijos y lo que tenían y salir huyendo. Porque al que no salía lo ahorcaban allá dentro.
A Trujillo de decían Chapista. El Trujillo Chapista. Y al hijo le decían el Pato. No sé por qué.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Y te voy a decir lo siguiente que tú no vas a creer. Para escribir las cartas no había que poner sello. ¿Y cómo llegaban sin sello? Yo no sabía escribir, pero había un muchacho que me las escribía (y yo lo vi a él. Después el fue para Venezuela y yo no supe más de él). Y había que poner Rafael Leónidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva. Nunca se me olvidó y yo no lo escribí, pero me extrañaba y le preguntaba a él siempre y lo fui grabando y lo grabé. Pues eso se ponía en las cartas y llegaban.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Unos pocos emigrantes optaron por marchar a Santo Domingo, la capital de la República, que en tiempos de la dictadura se llamó Ciudad Trujillo.

Solamente una persona, entre todas las entrevistadas me ha hablado bien de esta emigración canaria a la República Dominicana. Me ha parecido importante dejar constancia todos los puntos de vista de los emigrantes.

Llegamos allí, a Santo Domingo, nos atendieron muy bien. Nos llevaron a donde íbamos a trabajar, a la zona esa de agricultura. Nos daban dinero, nos daban comida, allá nos daban después leche todos los días. Nos atendieron la verdad que estupendamente bien, la comida. Después ya más tarde nos ayudó un poco la embajada española…
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

TERCERA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

El barco España fue auxiliado por los puertorriqueños en el Canal de la Mona, un brazo de mar que separa Puerto Rico de la República Dominicana.

VER ARTÍCULOS ANTERIORES:

Primera parte

Segunda parte

Tan pronto zarpó el vapor España del puerto de Santa Cruz de Tenerife, con rumbo a la República Domincana, apareciern ciertos signos desesperan­zadores que desmentían todo cuanto las autoridades españolas habían prometido a los jóvenes emigrantes.

Unos días más tarde, en plena navegación, las calderas de vapor del barco España reventaron. El barco se llenó de agua y los pasajeros estuvieron tres días sin poder beber ni comer otra cosa que lo poco que llevaban. Los jóvenes se desmayaban debido a la gran deshidratación que padecían. La inclinación del barco era cada vez más pronunciada y todo anunciaba que pronto se produciría el hundimiento.

El capitán logró conducir el barco –muy escorado y con los equipos de radio dañados– hasta el trozo de mar que separa las islas de Puerto Rico y Santo Domingo.

“En el Canal de la Mona, que eso está entre aquí y Puerto Rico, estuvimos nosotros, no me recuerdo bien, pero yo creo que fueron como 24 ó 48 horas. Fondeado ahí porque ya no caminaba. Veíamos las luces de Puerto Rico. Eso es donde le dicen por aquí el Canal de la Mona.
Y ahí luego mandaron una avioneta de Puerto Rico, de esas de reconocimiento. Y ellos comenzaron a hacerles señas, y ahí la avioneta se fue a Puerto Rico. ¡Porque no había ni comunicación! Estábamos sin comunicación, sin nada. Cuando llegamos aquí, al otro día es que llegaron de Santo Domingo con un remolcador, dos fragatas de guerra, con otra fragata de agua también, de Puerto Rico mandaron dos fragatas de agua, y eso era una cosa. Eso era un desastre, muriéndose de la sed.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Don Aureo Francisco, emigrante en el vapor España, en su casa de Constanza (República Dominicana).

“Porque nosotros llegamos de milagro de Dios, porque el barco se rompió. Y en Puerto Rico nos quedamos ahí, a la desbandada. Y yo me acuerdo que cuando llegaron los americanos con la fragata con agua y eso, yo regalaba una botella de coñac por un vaso de agua. En España creían que el barco se había perdido porque no tenían noticias de nada.”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

El 4 de junio, catorce días después de haber zarpado el vapor España, la noticia apareció en Canarias con el periódico La Tarde, donde pudo leerse una nota muy confusa, en la que no se informaba de la gravedad del suceso. Ninguna otra referencia aparecería en los periódicos del archipiélago.

“EL BUQUE DOMINICANO “ESPAÑA” SIGUE SU RUTA HACIA CIUDAD TRUJILLO
AYER PIDIÓ SOCORRO POR HABÉRSELE AGOTADO EL AGUA DULCE DE LAS CALDERAS
San Juan de Puerto Rico.– La gabarra de la marina portorriqueña “TW 485” ha salido de este puerto para auxiliar al buque de la República Dominicana “España”, de 17.000 toneladas, que esta madrugada se encontraba en difícil situación. Al parecer, el “España” ha perdido toda el agua dulce de sus calderas y se encuentra anclado a dos millas de las isla completamente anegado. El buque salió de España el pasado día 15, con rumbo a Ciudad Trujillo, llevando 930 personas a bordo (Efe).

SIGUIÓ VIAJE SIN NOVEDAD
San Juan de Puerto Rico, 1.– Ha seguido la marcha por sus propios medios con dirección a Ciudad Trujillo, el buque España, que ayer tuvo que ser socorrido por varias embarcaciones que salieron del Puerto de San Juan, en vista de sus llamadas de socorro.– (Efe)”
(Periódico La Tarde, pág. 1, Santa Cruz de Tenerife, 4 de junio de 1955)

“Estuvimos al morirnos por el viaje, porque el barco se dañó, se dañó ahí frente a Puerto Rico y estaba el barco casi al volcarse estuvo el barco.
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Algunos de los emigrantes que subieron a bordo del vapor “España”, con destino a la Repíublica Dominicana.

“Fue el primer avión de reconocimiento. Después Trujillo mandó una fragata. Se creía que había una epidemia porque el barco estaba averiado y llegamos aquí a Santo Domingo. De aquí nos pasaron a otra fragata. Estaba averiada. Nos pasaron a otra. Entonces llegamos a Nagua. Eso está a doscientos y pico kilómetros de aquí.”
(Don Ángel Velásquez, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“De ahí nos trajeron, nos llevaron remolcados a Santo Domingo, a la capital. Y ahí nos llevaron a la misa de la catedral.
 La mañana del 4 de junio, el vapor España llega a Ciudad Trujillo, es decir, a la ciudad de Santo Domingo.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Allí decía un letrero antes de coger el barco para ir a donde fuimos nosotros. Había un letrero que decía: «El pez muere por la boca.”
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)

“En Santo Domingo lo que había era la (calle) el Conde, la Duarte, la Mella, sabes,… Santo Domingo era un puñito. La capital era casi la zona colonial, era un chingue de tierra.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
A cada emigrante sólo se le ofrece un vaso de leche y, después de la misa, son embarcados en la fragata 103 con rumbo al noroeste de la isla.
Y de ahí nos llevaron en tres fragatas de guerra a los canarios, los burgaleses y los gallegos a Baoba. Me recuerdo yo que la fragata que nos tocó a nosotros era la 102 o 103. Y nos llevaron y nos desembarcaron en Sánchez, que es un sitio que está antes de llegar a Samaná.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Al fin, por la mañana, llegamos a Sánchez. Un muelle de madera flotante. Y ahí fue una impresión bastante desagradable. Me acuerdo siempre que vi al alcalde, el llamado alcalde, descalzo. Una impresión bastante mala. Pero ahí fuimos aprendiendo. De ahí nos fuimos a la ciudad.
En la ciudad nos pagaron a 60 centavos diarios que salían al mes unos dieciocho pesos. Era de noche. Y de ahí fuimos a la colonia, la llamada colonia: Baoba del Piñal. Se decidía en varias colonias: estaba Baoba del Piñal, Cayita, en Bayita cayeron los valencianos, en San Rafael cayeron los burgaleses y en Santa María caímos palmeros y gallegos. Los de Tenerife cayeron en Vistadila, eran muchos y ahí cayeron. Y ahí empieza la historia. Bastante amarga y muy larga. Que no se puede contar porque es muy larga…”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Y de Sánchez nos metieron en guaguas y camiones y nos trajeron a Baoba del Piñal. Ahí llegamos de noche. Y de noche nos metieron a las colonias, donde estaban las casas.
Y cuando llegamos, la impresión que nos dio cuando veníamos de Samaná, que se rompió el vehículo donde nosotros veníamos y caminamos como un kilómetro a pie, y vimos eso por los lados. Muchachitos así, descalzos, desnudos, desnudos completamente, sin un trapo arriba. Tú veías eso y decías, ven acá, pero aquí hay gente salvaje todavía o eso porque eso era montería, cocos, cafetales, cacahuales… eso es lo que había, más no. Al otro día ya cogimos amistad y comenzamos a preguntar, a comentar y a indagar.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

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Segunda parte. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Vapor España, una chatarra flotante, donde 300 jóvenes canarios embarcaron con destino a la República Dominicana, en 1955.

(VER ARTÍCULO ANTERIOR: Primera parte)

Tan pronto zarpa el buque España del puerto de Santa Cruz de Tenerife, con rumbo a la República Domincana, aparecen ciertos signos desesperan­zadores que desmienten todo cuanto las autoridades españolas habían prometido a los jóvenes emigrantes.

“La comida que nos dieron eran plátanos hervidos, plátanos sancochados y había que bajar abajo a la cocina. Hacia un calor…”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Sin embargo, la juventud de los emigrantes y la pobre vida a que están acostumbrados en su propia tierra impiden que tomen conciencia de lo que puede sobrevenirles en su aventura americana.

“Por qué a mí viniendo un niñito aquí, porque yo no trabajé en España. ¿Y si salí un niño? Porque usted no se dio cuenta, pero le habrán contado. Pero le habrán contado que cuando nosotros salimos la cosa no estaba fácil. Cuando yo salí de España ganábamos ochocientas pesetas, que usted no se podía poner ni una alpargatas.
La vida era con hambre. Mensual ganaba yo ochocientas pesetas en una finca. Diversiones… De 19 años de aquel entonces tenía pocas diversiones: ir al fútbol, ir a ver una película, y dormir.”
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Los pasajeros del vapor España, en aquel mes de mayo de 1955, no tienen apariencia de navegar hacia la desgracia y el jolgorio juvenil preside las primeras jornadas de la travesía.

“Veníamos luchando, otros cantando.”
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Don Antonio Hernández, emigrante canario, vecino de Constanza (Rep. Dominicana).

La largas horas de la travesía también son utilizadas para trabar conocimiento con los emigrantes peninsulares, pero, sobre todo, con los que provienen del resto de las Islas Canarias.

“De la Gomera venía el señor ese que te digo que después se me perdió a los meses y no pude saber más de él. Era un muchacho joven, pero muy inteligente. Y él nos decía que se iba a tirar a hoteles en el medio americano. Sabía hablar su inglés. No sabía mucho de agricultura. Salió, se quedó en Santo Domingo y nosotros nos quedamos en el maldito campo.”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003).

El miércoles, 25 de mayo de 1955, mientras el barco España estaba en altamar, aparece en el periódico tinerfeño La Tarde el artículo siguiente.

 

“Veinticinco años de la ‘era de Trujillo’

    El gobernante que supo abrir para su patria los senderos de la paz, de la libertad y de la prosperidad

El efusivo abrazo en que se funden los dos sátrapas, Trujillo y Franco, nos ofrece una imagen histórica de su mutuo aprecio.

El efusivo abrazo en que se funden los dos sátrapas, Trujillo y Franco, nos ofrece una imagen histórica de su mutuo aprecio.

    MADRID.-(Servicio especial de Argos).- La figura del Generalísimo Trujillo es sobradamente conocida de todos los españoles. Una personalidad insigne de Hispano-América en que parecen conden- Las mejoras de las comunica- [sic] representativas de nuestra raza.

Vuelve a estar de actualidad en estos días este eximio estadista que supo conquistar el corazón de todos los españoles durante su histórico viaje a la Madre Patria, precisamente porque en él adivinaba el pueblo español aquellas cualidades más hondamente arraigadas en nuestra idiosincrasia: sinceridad, nobleza de sentimientos, amor a la libertad y lealtad a unas ideas que son indeclinables porque constituyen la esencia de la llamada civilización occidental de cuyos valores la Hispanidad constituye la más pura reserva, conforme intuyó Keyserling.

    Es estos días se cumple el XXV aniversario de la “Era de Trujillo”. Quizás a algunos lectores poco enterados de la transformación política y económica realizada en su país por este insigne estadista dicha denominación le parecerá hiperbólica.

Más [sic] para justipreciar la obra realizada por Trujillo será preciso conocer la situación de su país cuando advino al Poder, y establecer una comparación con la actual en que la República Dominicana ha alcanzado un grado de progreso económico social y estabilidad política que ciertamente sin la égida de Trujillo hubiera sido imposible.

No es, por tanto, desorbitado hablar de “Era Trujillo”. Los dominicanos bien lo saben. Más que una etapa de Gobierno o una época de Poder transitoria, Trujillo inauguró una verdadera era política para su Patria a la que trazó un derrotero de progreso, supo imponer la paz sobre la tempestad de las pasiones políticas e instaurar un orden sobre el torbellino caótico que la mantenían en un estado de inquietud y de zozobra casi permanentes.

    Imposible es condensar con detalle dentro de los límites de un artículo periodístico la ingente obra política realizada por el Generalísimo Trujillo.

Su autoridad y su prestigio como gran patriota se orienta, en primer término al aquietamiento de las aguas encrespadas por las pasiones políticas y, cuando ha logrado este primer objetivo “sine qua non” para toda obra de reconstrucción y de progreso, emprende una profunda transformación agraria y sanitaria que ha hecho de su país uno de los más progresivos en estos aspectos.

El encuentro de Trujillo con Franco se produce en Madrid, poco antes de la visita del dominicano al Papa Pío XII, el cual bendeciría y justificaría ante el mundo al hombre que asesinó a casi veinte mil haitiano en un solo día.

Como todo caudillo que aspire a perdurar, el Generalísimo Trujillo se dá cuenta de que vivimos bajo el imperativo de lo social. Y así realiza una labor resuelta a favor de los obreros. Es una política no demagógica, sino de signo cristiano. Prefiere que el obrero lleve una vida más digna abriéndole el acceso a la propiedad de la tierra y de la vivienda. La obra benéfico-asistencial de Trujillo puede servir de modelo: hospitales, dispensarios, asilos, reformatorios, etc.

Al lado de la política social debe destacarse también, como un paradigma de todo buen gobernante, su preocupación por la Enseñanza y la Cultura, mediante una protección decidida por medio de becas a los estudiantes, ayuda a la Universidad y a todo lo que represente un estímulo para las nobles y elevadas actividades del espíritu.

Pero al mismo tiempo no descuida los problemas de orden material. El Ejército de la Republica Dominicana es uno de los más eficientes y disciplinados entre los países hispano-americanos y no en vano tiene como Jefe supremo a un glorioso militar que conoce a fondo todos los problemas de organización castrense.

Las mejoras de las comunicaciones, el crédito agrícola, la urbanización y el embellecimiento de las ciudades son también florones esplendentes de la magnífica obra de este gran estadista.

    Los españoles no pueden olvidar su más acendrada virtud: el hondo, el entrañable, el sincerísimo españolismo de Trujillo. De ello ha dado pruebas en muchas ocasiones. Si es cierto que a los amigos se les conoce en los trances amargos no cabe duda que el Generalísimo es uno de los más leales y sinceros amigos de España.
La compenetración entre la Madre Patria y la República Dominicana –a la que bien podemos considerar como una de sus hijas predilectas– ha sido perfecta durante estos últimos años.
A ello han contribuido mucho las inspiraciones del generalísimo Trujillo certeramente cristalizadas en una cordial y fecunda labor diplomática realizada por su representación en España.
Actualmente preside la misión diplomática dominicana en nuestro país el Embajador don Rafael F. Bonell, rector de la Universidad de Santo Domingo, uno de los prestigiosos intelectuales más justamente consolidados en Hispano-América y que ha colaborado activamente –ha sido Ministro en varias ocasiones– en la extraordinaria obra política del Generalísimo Trujillo.
Próximamente se celebrará en Santo Domingo un magno certamen internacional que tiene un bello y expresivo lema: “Feria de la paz y confraternidad del mundo libre”.
A esta Feria tan bellamente titulada ha de concurrir España, que cuenta con terrenos cedidos expresamente en propiedad por la República Dominicana.
Tal es a grandes rasgos, el significado de esta conmemoración que tan jubilosamente celebra esta hija predilecta de la gran familia de la Hispanidad. Veinticinco años de la “Era de Trujillo”, un gobernante que supo abrir para su Patria el sendero de la paz, de la libertad y de la prosperidad, el Generalísimo Trujillo.
Valentín Bleya”

Todo parecía ir viento en popa. Nadie parecía barruntar desgracia alguna. No obstante, ese regocijo va a durar poco tiempo más. Sin previo aviso, una de las herrumbrosas calderas de vapor se rompe. La situación adquiere tintes de dramatismo. Sus protagonistas lo cuentan así:

“Explotaron las calderas. El barco se fue a un lado. Nos mandaba la tripulación a todo el mundo para el otro.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“El barco España se dañó, ¿sabe? Y estaba… nos tiraban para esta borda y después nos decían ¡para la otra! El barco… Los tiburones abajo, locos por comernos. Eso es una historia… ¡Si se hubiera escrito la historia de nosotros!”
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Ahí murieron dos marinos, que sepamos nosotros, porque tuvieron que caerle a tiros a las calderas. Las calderas iban a explotar con todos.
Cuando van a reventar las otras calderas, el capitán ordena disparar contra ellas para liberarlas de la presión del vapor y evitar un naufragio seguro.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

    “Entonces se dañó la comida porque explotaron unas caldera, se dañó la comida, se dañó el agua. El agua era salada, usted veía a la gente deshidratada, caminando y de buenas a primeras, bum, y se desplomaba la gente en el suelo.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“El barco se llenó todo por dentro de agua, ahí no se sabía si era inodoro o era agua del mar o qué. Ya no había agua dulce. Estuvimos como tres días sin agua. Se acabó todo.”
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Ese barco tuvo un accidente. Por poco se hunde el barco porque ni la Lloyd de Londres quiso asegurarlo. Fue un barco que compró Trujillo. No compró lo mejor. Por eso ocurrió ese accidente y fue a parar a una de las islas del Caribe. Conozco eso porque, ante la reclamación del Gobierno Español, Trujillo usó como chivo expiatorio al capitán del barco y al jefe de máquinas.”
(Don Abelardo Vicioso González, ex fiscal militar)

Después de perder toda la comida y el agua, los pasajeros dependen únicamente de sus propios recursos.

“Habíamos algunos que estábamos mejores, porque tú sabes que siempre las mamás de nosotros, mayormente las españolas, cuando uno le llenan las maletas de comidas, de quesos y bebidas. Y entonces eso nos favoreció. Y cuando escaseó todo eso, nosotros teníamos comida
[...] Uno le daba al otro, de lo que no tenía, bueno y ahí nos mantuvimos.
[...] Venía el mismo Bernabé, uno que lo llaman Bernabé que es de Tijarafe. Otro que lo llaman Feliciano que creo que no haya muerto porque ese se fue pronto de aquí y luego de España se fue a Venezuela. Y cuando yo fui a España, hacía pocos días que había salido para Venezuela otra vez. No lo pude ver. Estaban Bernabé, Feliciano, otro que le dicen Abel que vive todavía en Los Llanos de Aridane. Ese es más chiquito, ese tenía como 17 años. Es el más joven que venía. Y yo. Veníamos nosotros cuatro y dos de Tenerife. Me recuerdo uno que era boxeador, bajitico y un hermano que tenía también. Éramos seis que veníamos en el camarote. Un camarote de esos de tres y tres en cada lado.
Y bueno, y ahí las pasamos, porque imagínese.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la Repoública Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

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La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Abuela y nieta, descendientes de canarios.

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Uno de los episodios más conmovedores y desconocidos de la historia de la emigración canaria es el referido al último viaje del barco España, un vapor comprado por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo en Irlanda, a mediados de la década de 1950. Un barco desvencijado que destinó a trasladar emigrantes españoles a la República Dominicana.
Estamos en el año 1955. Es el mes de mayo. El día 19 es domingo y una pequeña multitud llegada desde muchos rincones del archipiélago llena el puerto de Santa Cruz de Tenerife desde las seis de la mañana. Cien emigrantes suben a bordo del barco «Franca C» que pronto parte con destino a La Guaira.

Don Arturo Alfonso (fallecido en 2010), emigrante retornado y fundador de la panadería Los Compadres, en Tenerife.

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Sin embargo, el gentío no se disuelve. Algunos grupos rasguean timples y guitarras, formando animadas parrandas, mientras otros abren maletas de madera y sacan gofio que amasan en sus zurrones. El sol es de justicia cuando en muelle Sur atraca un vapor llamado España.
La gente se acerca al barco, sin dejar de tocar y cantar. En cubierta hay muchos jóvenes. Al principio saludan con sus manos y, poco después, sacan gaitas y comienzan a tocarlas para unirse a la música de los canarios. Se trata de un grupo de gallegos que junto a valencianos, asturianos y castellanos se dirigen a trabajar como agricultores en la República Dominicana. Trescientos emigrantes canarios los han esperado para emigrar hacia el mismo destino. Luego, los emigrantes peninsulares bajaron del barco y se lanzaron a conocer Santa Cruz. Es día de fiesta y la Calle del Castillo está desierta. Pronto la llenan los agricultores emigrantes que cantan, gritan y bailan, en grupos.
Aunque la salida estaba prevista para las doce del mediodía del día 20 de mayo de 1955, sólo a las 23.00 horas, el barco España comenzó a realizar las maniobras de desatraque en Santa Cruz de Tenerife. Ya en el muelle no se oían las gaitas, los timples ni las canciones, únicamente pañuelos, palpitantes como lágrimas, despedían a los familiares. A bordo, trescientos canarios partían como emigrantes con destino a la Republica Dominicana.

Don Antonio Gombla, emigrante canario, vecino de Constanza (Rep. Dominicana).

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El barco abandonó lentamente la bahía, transportando 732 pasajeros procedentes de Castilla, Asturias, Galicia, Valencia (200) y Canarias (300 – 95 de La Palma – 61 de Gran Canaria – 1 de La Gomera – [175 de Tenerife, 50 de Gran Canaria – 75 de La Palma ]). Eran campesinos, excepto 25 maestros y un sacerdote. Según la prensa canaria, todos tenían una edad comprendida entre veinticinco y treinta años, pero eso no pasaba de ser otra de las innumerables mentiras que llenaban los periódicos de la época. En realidad, casi todos eran adolescentes menores de veinte años. Como afirma don Felipe Martín, uno de los que se embarcaron ese día:
“Yo vine a la edad de 19 años. Salí de mi casa faltándome diez días. Cumplí los diecinueve años en Tenerife.”
Según don Antonio Acosta:
“Vinimos de diecinueve años en el último viaje que dio el barco España. Fue la última emigración que vino. [...] Veníamos todos solteros. Venían tres mujeres que se habían casado con tres de la tripulación; no sé si había una valenciana y las otras dos no me recuerdo de qué sitio de España eran.”
Una de aquellas mujeres era una popular camarera que trabajaba en un cafetería de las inmediaciones de la Plaza de España, en Santa Cruz de Tenerife.

El buque pertenecía a la marina dominicana, iba tripulado por militares y, según la prensa de la época, desplazaba 3.000 toneladas, tenía 425 metros de eslora y 57 de manga. Los medios de comunicación tinerfeños habían colmado de elogios lo que no era sino un montón de chatarra, con el nombre de “Camberra”, comprada en Escocia, por Leónidas Trujillo, dictador y tirano de la República Dominicana.

Portada del periódico El Dia (Santa Cruz de Tenerife), en la que se da cuenta de la visita del Generalísimo Trujillo a su compadre el Generalísimo Franco. En esta visita, ambos llegaron a un acuerdo para “blanquear” la República Dominicana con algunos miles de emigrantes españoles.

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Según el escritor Juan Carlos Díaz Lorenzo:

“[Era] un barco curiosísimo. Había sido un barco de construcción británica que había navegado con el nombre de Canberra en las líneas de Australia y que vino a Europa para hacer precisamente su última etapa como barco de la emigración española a la República Dominicana.
Tenemos que considerar como elementos importantes la coincidencia de regímenes dictatoriales, en aquella época, que permiten el traslado de emigrantes para el desarrollo agrícola de vastas y despobladas zonas de la República Dominicana. Y necesitaban un barco. Ese barco fue, insisto, el trasatlántico España.”

Trujillo había comprado el viejo vapor para vendérselo a la propia marina de guerra dominicana por una cantidad de dinero desorbitada. Este personaje, que se hacía llamar Generalísimo, había visitado España unos meses antes, invitado por el también Generalísimo Francisco Franco. El país lo conoció a través de los documentales del NODO, que se proyectaban en los cines obligatoriamente antes de cada película.
Ambos dictadores llegan a un acuerdo para enviar jóvenes españoles a trabajar en la agricultura y, de paso, blanquear la población dominicana, apareándose con sus mujeres.
La política de «blanquear» la raza no es nueva. Ya ha tenido lugar en Cuba, en el siglo XIX, y, antes aún, en la propia isla de Santo Domingo.
Según Abelardo Vicioso González, un escritor dominicano descendiente de canarios y ex fiscal militar de Trujillo:

Sello con la imagen de Rafael Leónidas Trujillo Molina.

“Él seguía la política que habían seguido otros gobiernos tradicionalmente aquí: mejorar la raza. De mejorar la raza… Traer blancos españoles trabajadores.”

Esto lo confirma el emigrante canario Ángel Velásquez, con esposa e hijos dominicanos, quien recuerda con ironía:

“Trujillo nos daba la tierra sembrada y todo. Éramos dioses los españolitos. Para que se casaran con las dominicanas y salieran muchachos más guapos. Eran feas, todas morenas, pues se casaban con las morenas y salían más guapos los muchachos.”

El Jefe, como conocían los dominicanos a Trujillo, había cambiado el nombre de Santo Domingo, la capital de su país, por el de Ciudad Trujillo. Hacia allí se dirigía el España, que debía tardar unos diez días, a una velocidad de quince nudos.
El capitán era Juan Beotegui Zamora, quien ordenó en Santa Cruz que se diera caza a cuantos polizones estuvieran a bordo. Así encontraron a un joven valenciano que se había escondido dentro de un barril y estaba cubierto de viruta. Fue de inmediato desembarcado y entregado a las autoridades. Lo mismo ocurrió con dos muchachos de Arafo que descansaban tranquilamente en el salón principal.
Los palmeros llegaron acompañados del cónsul dominicano en la isla, don Geo M. Conde de Lagen, y con los grancanarios iba don Domingo Hernández del Toro, con el mismo cargo en Las Palmas. El cónsul en Tenerife era por entonces, don Manuel Sánchez Laso. Antes de partir el barco, pronunció un encendido discurso de fraternidad hispanodominicana el representante personal del Generalísimo Trujillo, Manuel Fernández Cámara. Poco después de las once de la noche, el barco suelta amarras.

Don Felipe Martín, emigrante canario, vecino de Constanza (Rep. Dominicana).

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Los periódicos han dicho que el España es un vapor de lujo y los muchachos no tienen razones para dudarlo… hasta que suben a bordo. En palabras de uno de aquellos emigrantes, don Antonio Acosta Hernández:
“Veníamos seis en el camarote. Y los seis nos compartíamos lo que llevaba cada uno. Uno le daba al otro, de lo que no tenía, bueno y ahí nos mantuvimos.”
Los emigrantes canarios son campesinos que no han podido reunir el dinero necesario para embarcarse hacia otros países, como Venezuela, Argentina o Uruguay. Por esta razón aceptan partir hacia un destino incierto.

“¿Usted recuerda que antes no había emigración para fuera, que salían de noche, en Canarias, que salían así? Ahí no quedó casi un muchacho de las islas. Yo intenté tres veces salir de ahí y no pude. En la noche. Entonces salió esto para Santo Domingo, que le pagaban a uno todo y digo pues vámonos para allá, coño. Y vine aquí.”
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Cuando nosotros íbamos a la policía a sacar los certificados de Buena Conducta, nos ponían muchos impedimentos. En La Palma había un [cónsul dominicano], en Tenerife había otro, en cada sitio había…
La misma policía no te decían nada delante de ellos, pero te llamaban:
–Mire, ustedes no saben para dónde van, dejen eso, no se vaya a ir… que por aquí, que por allí…
Yo me iba a salir de España desde los catorce años. El papá mío estaba en Venezuela, estuvo como cuatro o cinco años en Venezuela. Luego fue allá. Yo estaba preparando papeles. Tenía hasta el pasaporte y todo preparado para irme, pero me faltaba un contrato de trabajo porque era menor de edad y una gente que me protegiera allá.
En ese mes, él se fue, porque tuvo una enfermedad. Se vio enfermo de la cabeza y lo mandaron para allí. Y él me decía a mí: si tu hubieras llegado allá, yo no habría venido aquí. Digo bueno, pero no fue culpa mía, bueno.
Entonces cuando yo le dije a él que venía para Santo Domingo, dice:
–Mira, no te vayas a Santo Domingo, si tu quieres vete a Venezuela o a otro sitio que yo estuve en Santo Domingo como ocho horas o seis horas y no me gustó.
Tenía razón porque en Santo Domingo lo que había era la (calle) el Conde, la Duarte, la Mella, sabes,… Santo Domingo era un puñito. La capital era casi la zona colonial, era un chingue de tierra. Yo estoy hablando de esa época que no había más de un millón y medio o dos millones de habitantes.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la Repoública Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

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El Parlamento de Canarias tiene 33 “me gusta” en facebook… ¡Madre mía!

Mire atentamente estas dos imágenes. Pertenecen a la página de Facebook del Parlamento de Canarias. La  imagen superior ha sido extractada hoy, día 24 de octubre de 2012, y la inferior indica el día que este Parlamento se unió a Facebook. Es decir, hace casi dos años.

Después de estos dos años en facebook, sólo han visitado esa página 427 personas y únicamente le gusta a 33 visitantes. Es decir, menos que el número de parlamentarios canarios.

Después de ver esto, poco hay que comentar respecto a a la popularidad del Parlamento de Canarias. A pesar de que cada día publica noticias, a nadie le interesa. ¿Por qué?

No sé si esta pregunta es buena, pero la respuesta sí: porque los canarios no se sienten representados por él, por un Parlamento que no es capaz ni de aceptar a discusión cualquier propuesta popular avalada por miles de firmas.

La democracia no sobra en Canarias; sin embargo, parece que su Parlamento no interesa a nadie, excepto a los que van allí a decir dislates y a cobrar por decirlos, sin que a nadie más le interesen.

Apunten el dato: 33 “Me gusta”.

¡Madre mía!

Lista de nombres guanches. Segunda parte

ESTRELLAS-ME-GUSTA

Viene de la Primera parte

Cathaysa

Isla de procedencia: Tenerife

Género: Femenino

Referencias: V. Cortés.

Datos personales: En el año 1494 fue vendida como esclava en la ciudad de Valencia, sin que se conozcan otros datos. Valga como curiosidad que el cantante canario Pedro Guerra tiene grabada una bella canción con el nombre de «Cathaysa».

Chavender

Isla de procedencia: Gran Canaria

Género: Masculino

Referencias: J. Abreu y Galindo, G. Chil y Naranjo, S. Berthelot, A. Millares Torres, A. Alvarez Rixo

Datos personales: Era un faycán o sacerdote de Gáldar.

Chimboyo

Isla de procedencia: La Gomera

Género: Masculino

Referencias: Archivo vaticano, Registratura vaticana

Datos personales: Aparece en un manuscrito como un nombre perteneciente a un hombre de La Gomera. Esta es la frase: «Petro Chimboyo duci in Insula Gomere commoranti».

Chincanayro

Isla de procedencia: Tenerife

Género: Masculino

Referencias: J. de Bethencourt, J. Viera y Clavijo, S. Berthelot, Bory de Saint Vincent, G. Chil y Naranjo, A. Millares Torres

Datos personales: Era el sexto hijo de Tinerfe el Grande. Se rebeló contra sus hermanos y fundó el reino de Icod. Su hijo Belicar (o Pellicar) le sucedió. En la población de Icod de los Vinos se constituyó un grupo folklórico con el nombre de Los Chincanayros. Existen algunos discos grabados por dicha agrupación.

Dácil

Isla de procedencia: Tenerife

Género: Femenino

Referencias: A. de Viana, J. Núñez de la Peña, J. Viera y Clavijo, G. Chil y Naranjo, A. Millares Torres, J. Bethencourt Alfonso, S. Berthelot

Datos personales: Princesa, hija del mencey Bencomo y hermana de Bentor. Se casó con Adxoña, mencey de Abona, y tuvo una hija llamada Catalina Bencomo, continuando con mucha descendencia. Su nombre después de bautizada fue Mencía Bencomo.

Sobre ella se cuenta lo siguiente:

«La princesa Dácil o Dácila, la más querida de Bencomo, era pretendida con locura por Duriman el Montañés: pero con la llegada de los españoles, el capitán Gonzalo del Castillo se enamoró de ella y tuvo ocasión de hablarla a solas. Súpolo el celoso cuanto desesperado Duriman y pidió se constituyera el Concejo en demanda de justicia, que fue presidido por el rey Bencomo y el gran sacerdote.

-Habla lo que quieras, dijo el rey a Duriman.

-Yo pregunto, ¿qué pena tiene por la ley la mujer que a solas habla con un hombre?

-Ser emparedada, contestó el soberano.

-Pues esa pena merece tu hija por haber hablado a solas y con un hombre que es, además, enemigo de la patria.

Y Bencomo, que jamás torció la ley, emparedó a su hija; y si luego fue puesta en libertad, debióse a que se justificó que tuvo lugar la conversación con testigos de vista.»

Doramas

Isla de procedencia: Gran Canaria

Género: Masculino

Referencias: J. Abreu Galindo, T. Marín y Cubas, S. Berthelot, J. Viera y Clavijo, P. Castillo, P. Escudero, L. Torriani, F. de Ulloa, Bory de Saint Vincent.

Datos personales: Era un noble de Gáldar cuyo nombre significa «narices anchas». Al mando de sus hombres hizo frente a las tropas de Pedro de Vera (conquistador de Gran Canaria), pero, queriendo evitar un derramamiento de sangre, desafió a un combate cuerpo a cuerpo al más fuerte de sus enemigos. Salió un hidalgo llamado Juan Hoces y lo mató. Entonces, enfurecido, Pedro de Vera cabalgó hasta Doramas y lo atravesó con una lanza. A continuación hubo una espantosa matanza.

En el municipio de Moya (Gran Canaria) hay un Espacio Natural Protegido denominado Montaña de Doramas, derivado del topónimo del lugar. Hasta el siglo pasado existió también en el Norte de Gran Canaria el magnífico bosque de Doramas, ya destruído.

Echedey

Isla de procedencia: La Palma

Género: Masculino

Referencias: G. Chil y Naranjo, J. Abreu y Galindo, S. Berthelot, J. Viera y Clavijo, A. Millares Torres

Datos personales: Fue el rey del bando de Tihuya, término del Suroeste de La Palma.

Egonayga

Isla de procedencia: Gran Canaria

Género: Masculino

Referencias: L. Torriani, T. Marín y Cubas, G. Chil y Naranjo, A. Millares Torres, J. Abreu Galindo

Datos personales: Era hijo de Artemy. Una vez muerto su padre, con su hermano Bentagoihe dividió las isla en dos guanartematos, siendo Gáldar el que correspondió a Egonaiga y Telde a su hermano. Tuvo a sus órdenes 4.000 hombres de pelea, frente a los 14.000 de su hermano.

Eiunche

Isla de procedencia: La Gomera

Género: Masculino

Referencias: L. Torriani

Datos personales: Era un adivino que pronosticaba que, después de su muerte, a la isla vendrían hombres nuevos que adoraban a un dios velludo que sería enemigo de los gomeros.

Fayna

Isla de procedencia: Lanzarote

Género: Femenino

Referencias: J. Abreu Galindo, G. Glas, S. Berthelot

Datos personales: Era la mujer de Zonzamas, rey de Lanzarote. Tuvo una hija, llamada Ico, con el español Ruíz de Avendaño, quien había sido acogido como huésped en la casa real.

Gara

Isla de procedencia: La Gomera

Género: Femenino

Referencias: J. Abreu Galindo, M. Mora Morales, T. Marín y Cubas, G. Chil y Naranjo.

Datos personales: Es el nombre de una joven legendaria que tuvo un romance con un tinerfeño llamado Jonay. Como la familia de ella se oponía a esta relación, la pareja huyó al monte más alto de la isla y se suicidó, clavando en sus pechos una estaca con las dos puntas afiladas, mientras ambos se abrazaban. Este monte se conoce actualmente con el nombre de Garajonay.

Gaumet

Isla de procedencia: La Gomera

Género: Masculino

Referencias: G. Chil y Naranjo, A. Millares Torres, P. Castillo.

Datos personales: Era rey de La Gomera y, cuando fue bautizado, recibió el nombre de Sebastián.

Geronte

Isla de procedencia: Gran Canaria

Género: Masculino

Referencias: Brito Salazar, S. Berthelot, Archivo de Gáldar, D. Darias y Padrón

Datos personales: Hijo de Thagoter Semidan.

Guacimara

Isla de procedencia: Tenerife

Género: Femenino

Referencias: S. Berthelot, G. Chil y Naranjo, A. Millares Torres, J. Viera y Clavijo

Datos personales: Princesa de Anaga, hija de Beneharo II, se casó con Ruymán. Recomendamos la lectura del libro «Los Guanches o la Destrucción de las Monarquías de Tenerife» de Manuel de Ossuna y Saviñón a quienes deseen conocer una romántica descripción de la vida de esta mujer.

Guajara

Isla de procedencia: Tenerife

Género: Femenino

Referencias: A. de Viana, D. Quezada y Chávez, A. Alvarez Rixo, G. Chil y Naranjo, A. Millares Torres

Datos personales: Hay dos mujeres tinerfeñas que llevaron este bello nombre: una reina, que forma parte de la leyenda, y una princesa, hija del mencey Beneharo II de Anaga. Esta última se casó con Tinguaro (hermano del mencey Bencomo), teniendo como fruto de la unión a tres hijas y un hijo.

Guanareme

Isla de procedencia: Lanzarote

Género: Masculino

Referencias:

Datos personales: Dice Espinoza que era hijo de Zonzamas y rey de la isla de Lanzarote que contrajo matrimonio con su hermana Ico.

Por su parte, Galindo nos cuenta la historia de un Guanareme anterior, al cual sitúa en el año 1385, precisamente cuando una expedición de vizcaínos y sevillanos parte desde Cádiz hacia Canarias. Cuando esta gente arriba a Lanzarote, Guanareme es hecho prisionero, junto a su mujer Tinguefaya y a ciento setenta isleños, y, posteriormente, vendidos como esclavos.

Guayasen

Isla de procedencia: Gran Canaria

Género: Masculino

Referencias: D. Wölfel, Brito Salazar, S. Berthelot, P. Castillo, G. Chil y Naranjo, D. Darias y Padrón.

Datos personales: Por su buen corazón le llamaban «El Bueno», hijo de Thagoter Semidán, hermano de Soront Semidan, padre de Dñ. Catalina Semidán que era la esposa de Fernán Pérez de Guzmán. Era natural de Gáldar.

CONTINÚA…

ESTRELLAS-ME-GUSTA

La araña, en el centro de la red

Telaraña fotografiada en el Macizo de Anaga.

Tenemos que ser muy ingenuos para creer que vamos a seguir utilizando Internet, de forma indefinida, para denunciar los privilegios de los dueños del mundo. Si ellos poseen los grandes medios de prensa, radio y televisión, ¿cómo van a dejar en nuestras manos el más poderoso de todos, Internet?

La araña teje su tela brillante y atractiva, capaz de atraer a los ingenuos insectos con que se alimentará cuando llegue el momento adecuado. La araña está en el centro de la red, pero sus víctimas creen que la araña no existe, están convencidos que la telaraña ha sido colocada en su camino para procurar su felicidad a cambio de nada.

La guerra de los guachinches

No voy a gastar ni un párrafo en contestar a los plumillas que claman contra los guachinches. Son personas a las que les entra dolor de cabeza cuando beben medio vaso de vino del país, leen media página de un libro o dicen una verdad completa. No vale la pena gastar energía en ellos, sino, tal vez, sentir lástima por vidas tan mediocres y poco aprovechadas. De cualquier manera, sobra decir que cuando aprietan las crisis económicas, sale a la superficie lo peor de cada casa. El único caso que conozco en que se haya votado a un presidente de auténtica valía, cuando el país atravesaba una dura crisis financiera, es el del estadounidense Franklin D. Roosevelt, un hombre que lo dio todo por su país –lo cual equivale a decir por las clases modestas de su país– y que logró recuperar la economía, recuperando las manos y los hombros que realmente la sustentaban. No los bancos.

Trato de hacer memoria sobre otro caso similar, pero no me viene ninguno a la cabeza. Si hablamos de Cuba, la crisis no sólo ha corrompido el sistema político hasta los mismos huesos, sino que los individuos (desde luego, con muchas excepciones) han perdido lo mejor de ellos mismos: su dignidad, su palabra, su idealismo social,… Lo mismo cabe decir de la miriada de repúblicas de la fenecida Unión Soviética.

Aquí, las cosas no se han puesto aún tan severas, pero los movimientos sociales e individuales siguen idéntico camino. El perro grande muerde al mediano para comerse su carne. El perro mediano muerde al pequeño para comerse su hueso. El perro pequeño muerde al perro pequeño para matar el hambre y la rabia por tener hambre. Traducido al canario: la gran superficie trata de borrar al mediano comercio y éste, desamparado, arremete contra el pequeño negocio.

Entre los pequeños, están los guachinches. Los más pequeños entre los pequeños. Asistiremos al triste espectáculo de verlos devorarse entre ellos. Tan seguro como que sale sol.

Las guerras las pierden los grandes señores, pero mueren los pequeños ciudadanos. Incluso, cuando las ganan. Que nadie espere, a la larga, que venzan los guachinches, como en el Himno a la Lucha Canaria, de Los Sabandeños :

El grande perdió,
el chico ganó...

Nada de eso. ¿Quién los va a defender? En estas islas el pueblo no defiende nada. Es un pueblo pusilánime que no sale a la calle por mucho que lo humillen y lo esquilmen. Reconozcámoslo. Reconozcámonos. En cuanto a los políticos… No conozco un solo político canario con cargo institucional que tenga la inteligencia, ni siquiera la intención, de Franklin D. Roosevelt. Mucho me temo que de ahí no venga ninguna solución para los negocios más tradicionales del archipiélago. Lucharán para preservar las subvenciones de los viajes en clase bussines, pero no darán un solo paso para conservar nuestra identidad más auténtica, la que todavía no es memoria ni folklore, porque continúa viva.

Cuando no quede un solo guachinche, se les rendirá homenaje a los guachinches en el parlamento canario y se les declarará Bien de Interés Cultural. Incluso, se buscará a un viejo dueño de guachinche para imponerle la Medalla de Oro de Canarias y a un poeta, sobrino del Consejero de Cultura, para publicarle una Oda al guachinche perdido.

No es ley de vida, pero es la ley de nuestros descerebrados representantes: nada se convierte en folklore protegido hasta que no muera como medio económico de subsistencia.

No. Los políticos no frenarán a los medianos comerciante de la hostelería que arremetan contra los guachinches. Tienen que dejarlos desfogarse, porque sería demasiado peligroso contenerlos. Podrían volverse contra los Macdonals. Incluso, sería posible que fueran apoyados por otros comerciantes que irían contra las grandes superficies. No, eso no lo pueden permitir, desde luego. Sería morder la mano que los alimenta.

No obstante, el fin de los guachinches no ha llegado, porque la gente está empezando a pasar hambre y, si los campesinos no los abren a plena luz del día, se abrirán solos de manera clandestina. Nuestros magos no saben luchar abiertamente, pero sí enrocarse. Han aguantado otros ataques, apoyados como ahora por la pléyade adulona que rodea el poder empresarial y político, y también sobrevivirán a la presente batalla.

Sin embargo, en la larga guerra de predominio cultural, ésta será otra herida en la piel enferma de la identidad canaria, de la que no forman partes las instituciones públicas ni las entidades culturales, sino las personas, los objetos y los medios de supervivencia que conservan nuestra tradición secular.

Entre ellos, los guachinches.

La Gomera, dueña del Teide

La carretera que parte desde San Sebastián de La Gomera, rumbo a Playa de Santiago y al Parque Garajonay, constituye un mirador capaz de conmover al viajero menos sensible. Sobre las casas de la Villa capital se eleva no sólo el majestuoso Pico del Teide, sino toda la isla de Tenerife.