La traducción de obras literarias. Quinta Parte: El traductor frente al editor

La traducción –ya lo sabemos– es una tarea imposible, pero hay que intentarla.
Miguel Sáenz

Es importante la relación del traductor con el cliente, en este caso el editor, puesto que en muchas ocasiones este da instrucciones concretas sobre algunos aspectos de la traducción que deben tenerse en cuenta, como primar el sentido del texto sobre la literalidad del mismo o viceversa. Los desencuentros de los traductores con los editores son frecuentes, porque los puntos de vista no suelen coincidir; así lo cuenta la traductora de origen magrebí Mailka Embarek:

«¡Desafortunadamente mi trabajo laborioso de restitución natural de los términos expulsados no contó con la complicidad del editor! Cuando me llegaron los tres o cuatro ejemplares estipulados por el contrato, me llevé una decepción muy grande al comprobar que los arabismos amorosamente buscados y mimados habían sido marcados para siempre –pues es remotí-sima la posibilidad de una reedición– con un asterisco. Se había consegui-do el objetivo opuesto al buscado. ¡El editor obviamente no pensaba en el lector inteligente de Italo Calvino!
A partir de entonces, mis traducciones cuentan con un documento aparte, cuajado de notas al corrector, explicándole mi estrategia, mis obsesiones, mi amor mestizo por esas palabras… ¡Generalmente consigo atraérmelo hacia mi terreno con mis argucias de mujer!
Moraleja para los principiantes: ¡ganaos la confianza del encargado de revisar vuestra traducción!»[1]

Los servicios de traducción para editoriales no terminan en las obras. Es nece-sario contratar, ocasionalmente, a un intérprete para ponerse en contacto con escritores o distribuidores extranjeros. También se hace ineludible su presencia en las presentaciones de libros, realizadas por autores foráneos que no hablan el idioma del país, así como en las conferencias y en las ferias internacionales, donde es preciso charlar con personas de diversas nacionalidades. Los precios de estos intérpretes suelen ser muy elevados, pues su trabajo es estresante –sobre todo cuando utilizan la técnica denominada whispering [2]– y necesita una gran profesionalidad.

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NOTAS

1. Embarek, Malika: El retorno de las palabras exiliadas. En 139.Morillas, Esther y Arias, Juan Carlos: El papel del traductor. Ediciones Colegio de España, 1997. ISBN: 84-86408-65-2.
2. El whispering consiste en que cada intérprete traduce en voz baja, de manera simultánea, lo que su correspondiente interlocutor va diciendo en una reunión. La cualificación del intérprete ha de ser muy alta, así como su capacidad para traducir veloz y fielmente, en medio de los susurros del resto de sus compañeros de trabajo.

(Continúa en otra entrada de este mismo blog)