Categoría: Humor

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Amoríos en el convento de las Claras

Tomé estas fotografías en el convento de Santa Clara, en Funchal, la capital de Madeira. Fui hasta allí para verificar cierta carta muy picante que deseaba incluir en una novela. Y esto fue lo que escribí a partir de la página 93, en boca del protagonista que hace la narración en primera persona y cita la picante carta del Marqués de San Andrés, perseguido por la Inquisición y, tal vez, el canario más divertido de todos los tiempos

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Foto de Manuel Mora Morales.

La heroína en su barril: la increíble historia de Annie Edson Taylor (Segunda parte)

Después de recorrer un kilómetro, a las cuatro y media de la tarde del día 24 de octubre de 1901, el barril se despeñó, con la señora y el gato en su interior, por el gran chorro de la catarata. Llegó entero a la base, los monstruosos chorros de agua no lograron deshacerlo y, cuando fue expulsado hacia aguas más tranquilas, una barca logró atraparlo.

En esta imagen, se aprecia con claridad el yunque adherido al fondo del barril, con el fin de proporcionarle estabilidad. Aunque el barril se inundó hasta la mitad, Annie y el gato salieron vivos del salto, sin otros daños que un par de pequeños rasguños, el consiguiente mareo y un miedo atroz. Ciertamente, el viaje en barril no debe de ser muy agradable, si nos atenemos a las declaraciones que Annie ofreció a los periodistas (Continúa leyendo…)

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Blog de Manuel Mora Morales

El falso documental «Operación Palace», de Jordi Évole, una parábola muy apta para demócratas

Lo de más es llevar al espectador a preguntarse cuántos reportajes falsos se ha tragado a lo largo de su vida y cuántas veces lo habrán manipulado desde una emisora, un periódico o un libro. Lo de más es saber que los grandes medios de comunicación cuentan con un poder gigantesco que les permite transformar lo blanco en negro, la corrupción en patriotismo, la buena voluntad política en conspiración contra el orden establecido, la injusticia en legalidad y el robo en necesidad perentoria para el funcionamiento de un país. Lo de más es abrir los ojos y promover el necesario debate en la base de la pirámide social, la que sustenta las justicias y las injusticias que padecemos.

Ratzinger cumple el sueño de García Márquez: asistir a su propio entierro

Gabriel García Márquez narró en un cuento cómo asistía a su propio entierro. Acompañaba don Gabriel a los acompañantes de su féretro, bebiendo, cantando y tocando guitarras, montados todos en una gran parranda. El bueno de Ratzinger no va a llevar guitarras, como García Márquez, pero, a falta de guitarras y guitarrones, un buen órgano le servirá de fondo musical para contemplar la cara de terror de su Sucesor cuando sea elegido.

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A propósito de Ratzinger

Estando bien de salud, con la mente clara y una iglesia bien embridada, ¿qué mosca le habrá picado al papa para tomar una decisión tan drástica? –pensé– ¿Lo hará por vanidad, para que le recuerden como una persona humilde y original? No, no creo que llegue a tales extremos. Ni siquiera para que le canonicen por su gesto de humildad suprema. No me cuadra. Es demasiado inteligente… Entonces se me ocurrió: ¿Y si fuera porque…? Aquí, justamente, pensé en el «Vigésimo segundo viaje», de Stanislaw Lem, un relato publicado en 1971, formando parte de la obra «Diarios de las estrellas». Lean lo siguiente y entenderán. ¡Léanlo!

Sobre cómo un par de mulas canarias tumbaron a dos sabios ingleses, en el siglo XVIII

Llegaron a Tenerife un domingo de octubre de 1792. Pegaron trece cañonazos para saludar a la población, pero nadie les respondió. De manera que desembarcaron y se informaron de que en Santa Cruz no había pólvora para cargar el cañón de los saludos. A juzgar por el diario, los ingleses no debían hablar muy bien el castellano ni enterarse de la mitad de lo que pasaba en la isla. Aunque, así y todo, lograron salir con vida de sus «grandes» aventuras en su ascensión al salvaje y peligroso Pico del Teide. En esta primera entrega, se incluye la anécdota de las mulas antibritánicas y, en el próximo, asistiremos a la visita que unas damas de la alta sociedad tinerfeñas hicieron a los ingleses en sus propios barcos y de lo que allí sucedió.

La Selección de Fútbol de Irlanda o El placer de morir cantando

Los últimos diez minutos del partido de la Selección Española de Fútbol contra Irlanda me recordaron esas películas en technicolor que mostraban a los cristianos cantando cuando iban a ser devorados por los leones. Los cánticos irlandeses en el estadio Gdansk Arena contenían un no sé qué de melodía fúnebre que indudablemente pone la piel de gallina a las hordas pelirrojas que siguen a la selección verdiblanca.
En fin, es perfectamente legítimo que cada cual tenga el derecho a divertirse como quiera, siempre que no moleste a sus vecinos. Si lo que te gusta es reír, ríe; sí prefieres llorar, llora; pero si, además, te encanta llorar cantando, deberías pensar seriamente en apoyar a la selección irlandesa: no te faltarán motivos para ser feliz.

La leyenda de la Ciudad del Conde de la Vega y Edgar Allan Poe

Una veces, las leyendas se alimentan de realidades y, otras, de sueños. La Ciudad del Conde tiene una base histórica y gran parte de lo que se cuenta en ella es verídico. Hace años, la incluí en un libro que recopila leyendas de las Islas Canarias, porque, además de parecerme interesante por sí misma, le encontré algo muy curioso: la visión del conde se asemejaba mucho a unos párrafos de cierta narración del escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849), titulada Un cuento de las Montañas Escabrosas. Como he colocado esos párrafos a continuación de la leyenda, sobra cualquier otro comentario.