Pedro Pedrito

En comparación con lo mucho que opina la prensa de otros futbolistas, sobre Pedro Rodríguez Ledesma, jugador del C.F. Barcelona, se escribe poco y lo poco que se escribe no parece salir de unos tópicos que también son pocos: humilde, trabajador y buen compañero. Se trata de elogios, pero, tal como yo lo veo, son calificativos que se quedan en la superficie, que se limitan a repetir, una vez y otra, lo que se dijo las primeras veces que saltó al césped barcelonista, que ni siquiera tratan de sintetizar las auténticas cualidades futbolísticas del jugador canario; únicamente, lo inmovilizan con la etiqueta de “obrero bonachón”.

Pedro Rodríguez, es decir, el fútbol de Pedro Rodríguez, no ha sido definido por completo. No se ha definido porque es el fútbol del futuro y los comentaristas deportivos actuales están con las cámaras y los micrófonos demasiado pegados al césped como para darse cuenta de que ya existe un jugador que lo practica.

No se trata de un “currante” del fútbol ni mucho menos, sino de un innovador que se mueve por los campos de una forma que nadie había visto hasta ahora. La innovadora concepción del fútbol por parte de Pedro es algo tan extraordinario como difícil de definir y, cuando un entrenador haya captado su genialidad, comenzará a generalizarse su manera de jugar, su sentimiento del fútbol; su feeling, como dicen los papafritas.

Por ahora, es titular del Barça y de la Selección Española por su eficacia (no por su “humildad”, su “curro” o “su buen corazón”). Es notorio que Guardiola, Del Bosque y Vilanova se percataron de la eficiencia de su labor y lo han utilizado como una pieza importante. Sin embargo, ninguno de los tres ha tomado las tácticas y estrategias de Pedro –que las tiene– como un modelo a seguir, porque hacerlo significaría deconstruir su propia idea de fútbol para armar los ataques de otra forma. Lo cual es normal. Dados los buenos resultados de los actuales planteamientos de estos entrenadores, se han limitado a utilizar los excelentes servicios de Pedro, sin entrar en más consideraciones. Sin arriesgar. Probablemente, todos hubiéramos hecho lo mismo.

Sin embargo, esto equivale a utilizar el diamante Cullinan para cortar cristales. Un día habrá alguien que estudie el “Fenómeno Pedrito” como una nueva manera de ser futbolista y “vea” que es posible moverse en el campo con la misma soltura que un ballet y con la misma eficacia que un jaque mate al rey.

Quizás, Messi ya lo intuye y por eso trata de no facilitar jamás las jugadas a Pedro, temeroso de que en un futuro próximo pueda robarle el protagonismo que hoy disfruta. Tal vez no sea así, pero los genios suelen tener buen olfato para detectarse entre ellos.

Por otro lado, la prudencia de Pedro, dentro y fuera del terreno de juego, no debe confundirse con la humildad. La humildad, incluso la obligada por la pobreza o por la violencia, es falsa. La prudencia es voluntaria y, casi siempre, digna de elogio. Seguramente, se le trata de currante y de humilde por su presencia física, más parecida a la de un peón de la construcción que a la de una superestrella cargada de millones de euros.

Si Pedro fuese alto y rubio, nadie diría que es un trabajador del fútbol ni un chico humilde. Dirían que es un crack, un creador de juego y que posee un magnífico carácter. No obstante, también se equivocarían. Pedro Pedrito es el hombre predestinado a cambiar los conceptos del fútbol, si no sufre algún percance que lo aleje de los campos demasiado pronto.

No lo olviden.

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