La fuente y la gata: puntos de vista

 No sabría decir si era yo quien cotilleaba de forma exagerada en la vida de esta gata o si era ella la que sentía demasiada curiosidad al verme allí, plantado, mirándola fijamente con un artefacto en las manos.

A mí no me gusta ejercer de paparazzi, ni siquiera con los gatos, pero ustedes comprenderán mi interés si se preguntan conmigo: ¿Quién puso esa manguerita en la fuente? ¿Podría beber la gata por esa manguera? ¿Estaría la manguera allí, precisamente, por lo contrario, es decir, con la finalidad de obtener el agua sin que la gata pudiera contaminarla? En ese caso, ¿por qué la manguerita se veía tan sucia? ¿Si el agua sale siempre por la manguera, por qué hay agua en la pila superior? ¿Y por qué está tan seco el estanque inferior? Entonces, ¿la manguera sólo es un adorno en la fuente? ¿O bien su colocación ha sido obra de algún niño que la introdujo allí por casualidad o por juego?

Ya ven que hay demasiadas incógnitas para no detenerse un rato a resolver el misterio. Es cierto que no logré llegar a ninguna conclusión, entre otras cosas, porque no pude sacar una sola palabra a la gata, que era tan gallega como la fuente.

Alguien pensará “vaya forma de perder el tiempo de manera tonta, mirando e interrogando a una gata y una fuente”. Sin embargo, yo pensaría justo lo contrario de alguien que pasara junto a la fuente y a la gata sin detenerse: “vaya una manera tonta de ir por la vida, sin fijarse en los detalles que nos salen en cada vuelta del camino”. Puntos de vista.

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