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La Luna sobre el Pico Teide

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Esta foto (y otras cien) la tomé a media tarde en el pueblo Los Llanos de San José, en Tenerife, Islas Canarias.

La imagen del volcán es diferente a la habitual, cuando se contempla desde este caserío que se encuentra entre Icod y Santiago del Teide.

Ver este hermoso espectáculo fue, quizás, un regalo de los mismos dioses que me habían maltratado durante el resto del día.

Ya ven, no hay que rendirse.

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Compartir cultura: libros gratis

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LIBROS LIBRES para todos en Tenerife.

Coges el libro que más te gusta y te lo llevas gratis. Y, si eres una persona consecuente, dejas algún libro que tengas en tu casa. A mí me gustó una de las obras inquietantes del casi extraterrestre Giorgio Manganelli.

A ver si el ejemplo se multiplica por todas nuestras ciudades, pueblos, calles, plazas y caminos. Sin cultura escrita no vamos a ninguna parte que valga la pena. 

 

El Día de Canarias y “El discurso de Filadelfia”

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El pasado lunes, 30 de mayo, se celebró el Día de Canarias. En la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife se presentó mi novela “El discurso de Filadelfia”.

El presentador fue Antonio Javier Fernández Delgado, un profesor de Comercio y coautor del libro “Las brumas del Roque”, que dejó encantados a los asistentes, incluyéndome a mí. Independientemente de la mayor o menor calidad de mi novela, el presentador supo ganarse al auditorio con el tono coloquial con el que abordó diversos aspectos de la obra.

El acto tuvo lugar en horas de la mañana, pero hubo una buena asistencia de público que fue aumentando cuando los asistentes a la Feria escuchaban la presentación de Fernández Delgado.

Igual que ocurrió con la presentación del periodista Rafael Avero en Las Palmas de Gran Canaria, en este acto en Tenerife me resultaran muy emotivas las palabras de Antonio Javier.

Mi agradecimiento a ambos presentadores y a los asistentes, tanto en Tenerife como en Gran Canaria. Ya el libro está en manos de los lectores, ahora ellos tienen la palabra.

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INVITACIÓN A PRESENTACIÓN

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Tengo el placer de invitarles a la presentación de mi última novela, “El discurso de Filadelfia”, sobre el ilustre canario Antonio Ruiz de Padrón.

Esta presentación se realizará el Día de canarias. 30 de mayo a las 11:30 a.m. en el Parque García Sanabria De Santa Cruz de Tenerife

Será presentada por el profesor y escritor Antonio Javier Fernández Delgado, acompañado del autor. La entrada es gratuita y forma parte de los actor organizados por la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife.

QUIÉN ERA ANTONIO RUIZ DE PADRÓN

El personaje central de este libro es Antonio Ruiz de Padrón, el canario más conocido en el mundo durante gran parte del siglo XIX.

La razón principal de esa fama se debe a su discurso sobre la tolerancia, en Estados Unidos, y a su Dictamen en las Cortes de Cádiz, que logró la derogación de la Inquisición española.

QUÉ RELATA ESTA NOVELA

Mientras se redactaba la Constitución norteamericana en Filadelfia, el joven Ruiz de Padrón asistió a tertulias y trabó amistad con Benjamín Franklin y George Washington. En ese mismo período pronunció un discurso contra la Inquisición española que fue traducido al inglés y repartido en Estados Unidos, donde causó una enorme y grata impresión.

Ese apasionante período de su vida constituye el núcleo de esta novela histórica. La novela mira el mundo ilustrado americano desde la perspectiva de un isleño, desde el punto de vista del joven Ruiz de Padrón, el mismo que más tarde sería diputado en las Cortes de Cádiz, látigo contra la esclavitud en Cuba, testigo directo de las revoluciones europeas, principal artífice de la derogación de la Inquisición española,… La juventud del protagonista (28 años) ofrece una narración dinámica y divertida que al mismo tiempo nos va mostrando cómo se forjó una nueva nación americana, que partiendo de una revolución democrática logró redactar la primera constitución republicana del mundo y establecer un gobierno surgido del sufragio universal.

DECENAS DE HISTORIA Y ANÉCDOTAS

Junto a la historia principal, se han sido recuperadas decenas de semblanzas y anécdotas. Los personajes que desfilan por la novela son de todo tipo y condición. Algunos juegan papeles muy secundarios, pero otros se agigantan y son parte esencial del relato histórico: el filósofo Benjamín Franklin, el general George Washington, el futuro arzobispo John Carroll, los presidentes Hamilton y Jefferson, el político y millonario Robert Morris, el comerciante Francisco Caballero Sarmiento, el parlamentario Gouverneur Morris, la señora conocida como Queen Morris, el músico y compositor Henri Capron, el embajador español Diego María de Gardoqui, etc.

ASÍ SE HIZO ESTE LIBRO

La novela contiene diversas capas narrativas y no siempre la voz del narrador pertenece al mismo personaje. Entre estas capas, se encuentra un relato paralelo que recorre la novela como un camino subterráneo, donde el autor revela la lucha que los escritores viven mientras escriben su obra. El lector puede acceder a las casualidades, reflexiones, dudas, frustraciones, momentos de euforia, descubrimientos, conversaciones, desánimos y sentimientos que lo asaltaron mientras construía la novela y, de esta manera, entender mejor la trayectoria vital del ilustre Antonio Ruiz de Padrón.

¿Podemos saber cómo hablaba el canario Antonio Ruiz de Padrón?

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Hacia 1939, esta Isleña canaria de San Bernardo (Luisiana) y sus hijos hablaban igual que sus antepasados llegados en la década de 1780.

Sí, se puede. En la década de 1780, Antonio Ruiz de Padrón arribó a la ciudad de Filadelfia, que por entonces era la capital de los Estados Unidos. En esa misma década, varios miles de canarios llegaron a Luisiana y se establecieron en los alrededores de la ciudad de Nueva Orleans, junto al río Misisipi.

Aunque la coincidencia cronológica de ambas arribadas pueda parecer casual, no lo es, porque en aquellos años la emigración de los canarios hacia América se había convertido en un flujo imparable, propiciado por la miseria isleña y la necesidad de colonos que necesitaba el reino de España para frenar las ansias territoriales de Francia y del Reino Unido. Es decir, los canarios se necesitaban como barrera protectora, aunque pacífica, contra cualquier intento de invasión silenciosa con colonos anglosajones o franceses como había sucedido en la isla de Santo Domingo.

Allí –entre pantanos insalubres, caimanes, nutrias, huracanes y piratas– se establecieron estos isleños. Cuando Luisiana pasó a ser un estado de los Estados Unidos, los canarios continuaron hablando el español que llevaron desde sus islas y se negaron a comunicarse en inglés. También rechazaron el francés que hablaban sus vecinos cayunes.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, constituían un núcleo poblacional que tenía pocas relaciones con el exterior, y aun con sus vecinos, y muy pocos hablaban otra lengua que no fuera el “canario” en que se habían expresado su antepasados. El gobierno estadounidense les impuso la obligación de aprender inglés en la escuela, pero en casa seguían comunicándose en el mismo español del siglo XVIII que usaban sus padres y sus abuelos.

A partir de 1945, este pueblo canario del sur de los Estados Unidos comenzó a mezclarse con la población cayún, de raza y habla francesa, y con la anglosajona. Paulatinamente, su lengua fue perdiéndose en las nuevas generaciones. En la actualidad, ya no son muchos los que hablan la hermosa lengua con acento canario que llegó a Luisiana en la misma década en que Antonio Ruiz de Padrón residió en Filadelfia.

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Isleños canarios en Delacroix Island (Luisiana), en la primera mitad del siglo XX. Hablaban español canario y su trabajo consistía en cazar ratas almizcleras en los canales del río Misisipi para vender sus pieles.

Si hoy usted va a Luisiana, a algunas de las poblaciones donde residen los Isleños o Islanders (San Bernardo, Delacroix Island, Violeta, etc.), todavía encontrará personas que hablan exactamente igual que lo hacía Ruiz de Padrón.

Lo triste es que poco se hace para conservar ese tesoro lingüístico. Casi cualquier país se emplearía a fondo para proteger y garantizar un futuro seguro a una riqueza semejante. Nosotros no, preferimos dedicar esos fondos a comprar películas del Oeste americano para ponerlas cada día en nuestra televisión autonómica para educar a nuestros hijos.

Aquí no tomamos medida alguna que evite la desaparición de una de las hablas más bellas que ha habido dentro del idioma español. Mientras en Radio Exterior de España se dedican decenas de programas anuales al español sefardí, en Canarias en los medios oficiales nadie mueve un dedo por el “ español canario” del siglo XVIII.

Es el mismo abandono sufre la figura del político más grande que ha salido de este archipiélago, Antonio Ruiz de Padrón. Su honradez y vasta cultura sería un mal ejemplo para nuestros hijos… Así nos va.

Novela histórica "El discurso de Filadelfia", de Manuel Mora Morales

Antonio Ruiz de Padrón, amigo de Franklin Y Washington durante su estancia en Filadelfia.

 

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Presentación de “El discurso de Filadelfia” en Las Palmas de GC

El próximo día 30 de abril, sábado, a las 16:25 horas, Rafael Avero, periodista de El País, presentará en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria la novela histórica El discurso de Filadelfia, de Manuel Mora Morales.

Para bien o para mal, soy el autor del libro y me veo en la obligación de contarles algo sobre él. No se asusten, porque mi timidez natural me impide extenderme demasiado. Seré breve.

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Después de mucho tiempo dedicado a escribirla, tengo el placer de presentarles esta novela en la que he puesto todos mis sentimientos, todas mis energías y todo mi esfuerzo.
El personaje central de la obra es Antonio Ruiz de Padrón, el canario más conocido en el mundo durante gran parte del siglo XIX.

CÓMO ESTÁ REDACTADA ESTA NOVELA

Quienes la han leído antes de publicarla, me dicen que es divertida, que en cada página encuentran alguna curiosidad o alguna anécdota que les ha hecho sonreír. Aunque no era mi intención escribir algo gracioso, no me desagrada arrancar algunas sonrisas al lector. Peor sería que se aburriera.
Puedo asegurar y aseguro que he procurado documentar esta novela de manera exhaustiva. Años viajando, buscando documentación, entrevistando a expertos, quemándome las pestañas en manuscritos enmarañados o mohosos, observando calles, caminos, casas, puertos,… por donde pasó el protagonista. Y también he utilizado algunas páginas para narrar esta investigación en primera persona, porque no es malo que el lector se ponga en el lugar del novelista, conozca las razones de sus puntos de vista e, incluso, se entere de algunas intimidades personales que nunca se habría atrevido a contar a nadie cara a cara.
Como ya le ha sucedido a varias personas con este libro, tal vez el lector sonría o en su cara se pinte cierto gesto de asombro o de incredulidad. Porque, a veces, la realidad va más allá que la ficción.

LA FAMA DE RUIZ DE PADRÓN: RAZONES
La razón principal de esa fama se debe a su discurso sobre la tolerancia, en Estados Unidos, y a su Dictamen en las Cortes de Cádiz, que logró la derogación de la Inquisición española.

Mientras se redactaba la Constitución norteamericana en Filadelfia, el joven Ruiz de Padrón asistió a tertulias y trabó amistad con Benjamín Franklin y George Washington. En ese mismo período pronunció un discurso contra la Inquisición española que fue traducido al inglés y repartido en Estados Unidos, donde causó una enorme y grata impresión.

TESTIGO DE LA PRIMERA CONSTITUCIÓN DEMOCRÁTICA
Ese apasionante período de su vida constituye el núcleo de esta novela histórica. Se trata de mirar el mundo ilustrado americano desde la perspectiva de un isleño, metiéndonos en los zapatos del joven Ruiz de Padrón, el mismo que más tarde sería diputado en las Cortes de Cádiz, látigo contra la esclavitud en Cuba, testigo directo de las revoluciones europeas, principal artífice de la derogación de la Inquisición española,… La juventud del protagonista ofrece una narración dinámica y divertida que al mismo tiempo nos va mostrando cómo se forjó una nueva nación americana, que partiendo de una revolución democrática logró redactar la primera constitución republicana del mundo y establecer un gobierno surgido del sufragio universal.

HISTORIAS PARALELAS, ANÉCDOTAS DIVERTIDAS,…
Junto a la historia principal, se han sido recuperadas decenas de semblanzas y anécdotas. Los personajes que desfilan por la novela son de todo tipo y condición. Algunos juegan papeles muy secundarios, pero otros se agigantan y son parte esencial del relato histórico: el filósofo Benjamín Franklin, el general George Washington, el futuro arzobispo John Carroll, los presidentes Hamilton y Jefferson, el político y millonario Robert Morris, el comerciante Francisco Caballero Sarmiento, el parlamentario Gouverneur Morris, la señora conocida como Queen Morris, el músico y compositor Henri Capron, el embajador español Diego María de Gardoqui, etc.

LAS VOCES DE LA NOVELA
La novela contiene diversas capas narrativas y no siempre la voz del narrador pertenece al mismo personaje. Entre estas capas, se encuentra un relato paralelo que recorre la novela como un camino subterráneo, donde el autor revela la lucha que los escritores viven mientras escriben su obra.

El lector puede acceder a las casualidades, reflexiones, dudas, frustraciones, momentos de euforia, descubrimientos, conversaciones, desánimos y sentimientos que lo asaltaron mientras construía la novela y, de esta manera, entender mejor la trayectoria vital del ilustre Antonio Ruiz de Padrón.


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DATOS TÉCNICOS DE LA OBRA
Edición: primera, tanto en papel como en e-book
Título: “El discurso de Filadelfia”.
Autor: Manuel Mora Morales
Colección: Nuestro Ruiz de Padrón
Editor: Editorial Malvasía
Interior: 530 páginas

Formato: 15,5 x 23,5 cm
Encuadernación: una edición de bolsillo y otra en tapa dura
ISBN en papel: 978-84-938983-4-2
ISBN e-book: 978-84-945260-2-2

El Caballero de Santiago que nació en Chipude

Ministerio de Cultura. España

He nombrado a José García de Llarena Carrasco en las tres novelas sobre Antonio Ruiz de Padrón que he publicado en los últimos años (La isla transparente, Canarias, El discurso de Filadelfia). Y no sólo porque me pareciera un personaje interesante. José García nació en 1749 en Chipude (La Gomera, Islas Canarias), vivió casi toda su vida en La Orotava (Tenerife), donde fue un hombre con gran influencia, y obtuvo el título de Caballero profeso de la Orden de Santiago, uno de los  más codiciados por la aristocracia canaria: sólo unos pocos miembros pertenecía a esta Orden. En los siglos XVII y XVIII,  era un alto honor contarse entre sus miembros y quienes, como Francisco de Quevedo y otros personajes encumbrados, eran admitidos en su seno, se mostraban muy ufanos de haberlo conseguido.

En una visita al Archivo Histórico Nacional, encontré unos documentos sobre el chipudano José García de Llarena que llamaron mi atención lo suficiente para profundizar  en su biografía, la cual me proporcionó abundantes datos para la redacción de la novela histórica La isla transparente. Pero comencemos por el principio.

LA ORDEN MILITAR DE SANTIAGO

La Orden militar de Santiago fue fundada en el año 1170 por trece crápulas residentes en Cáceres, los cuales formaban una camarilla de nobles degenerados. Entre ellos estaban Pedro Fernández de Fuentencalada, Pedro Arias, Rodrigo Álvarez de Sarriá, Rodrigo Suárez, Pedro Muñiz, Fernando Odoarez, etc. Todos eran condes, duques, marqueses,… a los que unía un fuerte vínculo, el de la degeneración.

No se sabe si fue por los lazos del demonio o a consecuencia de alguna resaca, estos señores se arrepintieron de la vida licenciosa que llevaban y decidieron fundar un grupo que defendiera a los peregrinos que recorrían el camino de Santiago y las fronteras de Extremadura. Cinco años más tarde, el rey Alfonso VIII elevó el grupo a la categoría de Orden religiosa. Así, la Orden de los Caballeros de Santiago quedó constituida como una “milicia de Cristo” en la que, como ya se sabe, la espada era la cruz y la cruz era la espada.

Dado que sus componentes se podían casar, pronto tuvo numerosos miembros y, en poco tiempo, las riquezas de esta orden eran inmensas. Si bien durante siglos fue una Orden independiente, Fernando el Católico consiguió convertirse en su administrador. A partir de este momento, los reyes españoles estarían a la cabeza de los Caballeros de Santiago.

LOS ANTEPASADOS

Cuando José nació, su padre, Juan García Medina de Salazar (1716), había cumplido los 33 años y vivía con su esposa, Francisca de Llarena Carrasco, en la aldea de Chipude, situada en la gran meseta que forman los altos de La Gomera, al borde del bosque de laurisilva que hoy se conoce como Parque Nacional de Garajonay.

A los 8 años de edad, el día 2 de marzo de 1757 asistió en el convento de Santo Domingo, en Hermigua, al entierro de su abuelo materno, Alonso Carrasco. El hecho de que su madre llevase el “Carrasco” como segundo apellido no era extraño en esa época, en la que había frecuentes cambios para destacar la genealógica línea más prestigiosa o conocida.

Cuando cumplió los 12 años, José marchó a La Orotava y vivió con sus tías maternas, que se ocuparon de proporcionarle una educación que en La Gomera no podía recibir, debido al aislamiento secular que padecía la isla.

Su abuelo paterno era Bernabé García y Alonso (hijo del regidor Domingo García y de María Clemente, ambos de Arure), nacido en Chipude en 1672 y bautizado por el cura Miguel Toxva de Acevedo. Se casó con Elena de Salazar (hija de Alexo Rodríguez y de María de Salazar).

LA SOLICITUD

En 1780, a los 31 años de edad, José García de Llarena Carrasco vivía en La Orotava, era Teniente Capitán de Granaderos de las Milicias de Tenerife y se decidió a solicitar el título de Caballero de Santiago, aprovechando que tenía algún pariente viviendo en Madrid.

Como se declara en la solicitud del título de Caballero de Santiago, todos sus abuelos estaban “reputados como caballeros, hijosdalgos notorios de sangre, cristianos viejos, sin tocarles mezcla de judíos, moros o conversos de ningún grado.”

Se casó con la VIII Señora de Alegranza, conocida como María Benítez, pero anotada en su partida de nacimiento como María Rafaela Magdalena de la Caridad Benítez de las Cuevas Ponte Lugo Arias de Saavedra Alzola y Angulo.

Su hijo, Marcos Antonio Miguel García y Urtus-Áustegui, nació el 14 Mar 1790 en La Orotava y murió 16 abril de 1866, en la misma población. Se casó el 26 de abril de 1813 con Úrsula María de Gracia Manuela Francisca de Urtus-Áustegui, la cual murió durante el parto de su primer hijo en 1815.

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El legajo finaliza con esta fe que valida el sacerdote y notario José Blas Ruiz y Armas, hermano de Antonio Ruiz de Padrón, que en ese año residía en América.

LA ENCUESTA

Para poner en marcha la solicitud se exigían muchos requisitos, entre ellos un detallado informe de su vida y de la vida de sus antepasados, con la declaración de numerosos testigos que hicieron alusiones a muchos datos etnográficos de gran interés. Uno de esos testigos fue un pariente de Antonio Ruiz de Padrón, llamado fray Antonio Cubas, R.P. Predicador General del orden de San Francisco y Comisario del Santo Tribunal, que contaba con 65 años de edad cuando se hizo la encuesta. Los autores del Auto de información son José de Armiaga y el prior fray Domingo de Fuentes.

Copio algunos párrafos que revelan de manera clara las exigencias de “limpieza de sangre”  no sólo para los Caballeros de Santiago, sino para lo frailes, los miembros del Santo Oficio y, prácticamente, cualquiera que aspirara a una profesión o cargo de cierta relevancia. También se pone de relieve la mala consideración que se tenía de los mercaderes, cambiadores y gentes que hayan ejercido un oficio vil, bajo o mecánico.

El informe se concluyó el día 9 de septiembre del año 1789 y en la última página figura el nombre de José Blas Ruiz y Armas, hermano de Antonio Ruiz de Padrón (que se había cambiado el segundo apellido).

Se lee en el documento 6 (página 55 del legajo):

“Que es igualmente notorio que doña Elena de Salazar y Dª Teresa de Salazar, abuelas paterna y materna del Pretendiente y todos sus antecesores y parientes están y estuvieron tenidos y reputados por limpios cristianos viejos, sin mezcla alguna, y por ilustres, y como tales tales han sido tratados, y distinguidos generalmente. Que estas abuelas tomaron el apellido Salazar de sus madres, siguiendo la ya citada costumbre, pues el padre de la primera se nombraba don Alexo Rodríguez y el de la segunda D. Enrique Morales, quiso también variar su apellido, tomado de su madre que era el de Mora y registra con unos instrumentos correspondientes al citado don Enrique Morales, poniéndose así en unos y en otros Mora, que es motivo que ha tenido el declarante para imponerse en esto, como que Dn Alexo Rodríguez fue Capitán y Dn Enrique Regidor y Alférez Mayor.

Que no ha llegado a su noticia que el es precedente ni sus padres, ni Abuelos paternos o maternos hayan sido Mercaderes, Cambiadores ni ejercido oficio vil, baxo o mecánico, y que antes bien sabe que el otro pretendiente y sus parientes por todas líneas están y estuvieron con empleos, y cargos distinguidos, manteniéndose de sus Haciendas y Mayorazgos, y con arbitrios, que no se oponen a su nobleza.

Que le consta la buena fama del Pretendiente como la Distinción y aprecio con que es mirado en la Villa de La Orotava, y la todos sus ascendientes, sin haver ohido ni entendido cosa en contrario.

Que no ha llegado a mí noticia que el Pretendiente ni sus padres y Abuelos paternos y maternos, ni alguno de estas familias haya sido corregido, procesado ni amonestado por el Sto. Tribunal de Ynquisición, ni por Juez aclesiástico, o regular en cosa que desdore su fama, y que cuanto lleva dicho es la verdad por el juramento que tiene prestado baxo el qual abono por seguro, de toda la verdad, crédito y noticias a Dn Pedro Casañas a fr. Antonio Cubas y a Dn Cristóbal Padrón y haviendole leído su dicho se ratificó en él, y lo firmó y firmamos.”

(Aparecen las firmas de Joseph de Armiagas, Fr, Domingo de Fuentes (prior) y de Felipe Delacroix que actúan como testigos de la declaración de don Pedro Casañas, natural de Adeje y vecino de La Orotava).

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He nombrado a José García de Llarena Carrasco en las tres novelas sobre Antonio Ruiz de Padrón que he publicado en los últimos años. Y no sólo porque me pareciera un personaje interesante…

En el documento 17 prosigue:

“Y que aunqe sus primeros apellidos eran Llarena Carrasco usava muchas veces en instrumentos, que ha visto, del apellido Peña que era el segundo de su Abuela paterna, siguiendo la práctica o abuso de usar de los apellidos de Abuelas, tíos o parientes:

Que aunque no hace memoria de haver conocido a los Abuelos paternos está bien asegurado de que fueron el Capitán y Governador Militar Dn. Bernabé García de Medina y Dª Elena de Salazar, como de que eran vecinos de otro lugar de Chipude y naturales, el primero de otro lugar y la segunda del Valle de Hermigua.

Que conoció a los Abuelos Maternos del otro pretendiente que lo fue Dn Antonio de Llarena Carrasco, natural de El Realejo partido de La Orotava en la Isla de Tenerife y Dª Teresa de Salazar natural del Valle de Hermigua en esta Gomera, y estuvieron avecindados en este Valle hasta que murieron, habiendo venido este Dn Alfonso de la Isla de Tenerife a casarse con la citada Dª Teresa por ser una y otro de las familias más esclarecidas en estas Islas.

Y que eran tales padres, hijos y Abuelos como llevo dicho, es público y notorio, sin cosa en contrario, pero mayor comprobación se remita a las partidas que se hallarán en las parroquias de Chipude y Hermigua, y a los testamentos que también estaban en ellas, o en el oficio de vecinos de esta Villa, si no se han extraviado algunos instrumentos como generalmente ha sucedido por las repetidas invasiones que ha havido en esta Ysla, en las que se extraviaron muchos papeles.”

EPÍLOGO

Murió José García de Llarena en 1793, a los 44 años de edad, en la Villa de La Orotava. Su viuda lo abrevivió hasta 1817 en que falleció a los 64 años.

El matrimonio tuvo tres hijos:

– José Rafael Blas Miguel Bartolomé García Benítez de Ponte y Cuevas Lugo y Arias de Saavedra (1789-?), el cual murió a edad temprana.

-Miguel Rafael Florentín García Benítez de las Cuevas, IX Señor de Alegranza (1790-?) se casó el 26 de abril de 1813 con Úrsula María de Gracia Manuela Francisca de Urtus-Áustegui ( -1815).

-María del Rosario Rafaela Ramona Juliana García Benítez de las Cuevas (1793 – 1832), que murió soltera.

Entre sus nietos, estaba el X Señor de Alegranza, José Bernabé Miguel Rafael García Benítez de las Cuevas Ponte Alzola y Angulo Arias de Saavedra (1812-?).

Como he dicho antes, el mayor interés de este legajo es la cantidad de información colateral sobre la vida cotidiana en la isla de La Gomera. Se alargaría mucho este artículo si incluyera esos sabrosos datos que el lector interesado puede encontrar en la novela La isla transparente.