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Bajo la sombra de Leviatán: Paul Auster y el 23F

Los salvadores de la patria, del orden y de la raza son el Leviatán [1], el monstruo que merodea a nuestro alrededor siempre dispuesto a devorar nuestras libertades y a sumirnos en la oscuridad del orden frente a la luz del libre albedrío. Sin embargo, nosotros mismos somos quienes convocamos al monstruo. Al menor indicio de movimiento social, cuando confundimos la transformación con el caos, clamamos a gritos por un líder que contenga la vida dentro de los límites que conocemos, que no la deje expandir ni un metro más allá de las fronteras de nuestra miopía.

Pessoa, Mailer y Oswald, en el río (1)

Ahí tenemos a un muchacho idealista o desequilibrado (¿dónde está la frontera entre ambos calificativos, al que también podríamos agregar el de conservador?) que se aleja de la orilla y corre hacia el corazón del huracán. En el exterior todo es normal, excepto que la KGB tiene alquilado el piso de arriba y graba sus conversaciones y fotografía sus movimientos. Pero durante mucho tiempo eso es irrelevante para Oswald, puesto que lo desconoce. La verdadera aventura se libra en su interior.

CANARIAS Y MADEIRA, PARTE METEORO ILÓGICO

Con radar y sin radar se sabía que llegaba una soberana tormenta. ¿Hubiese cambiado algo saber que descargaría una hora antes o una hora después? ¿O iban a correr con el radar-paraguas detrás del ojo de la tormenta para que nos fuéramos cobijando en él?
Nuestros políticos archipieilógicos –canarios y madeirenses– dicen demasiadas sandeces y, probablemente, piensan que los ciudadanos las tomamos como santas y sabias verdades. Pero si hay algún idiota en estas historias de tormentas y faltas de previsión no es precisamente el ciudadano común. El mismo que no va a permitir que se construyan más centrales eléctricas sabiendo que estas islas no las necesitan.

Los políticos, ¿servidores o amos?

Es evidente que los políticos no son servidores públicos. Si usted no está de acuerdo, dígame: ¿Quién trata a sus servidores de Ilustrísima o de Excelentísima? Nadie ha hecho eso nunca. A los servidores, como mucho, se les llama de usted. Son los servidores los que han de llamar Excelencia a sus amos. Los que tienen que guardar silencio ante ellos y solicitarles audiencia si quieren un poco de su tiempo. El dueño del tiempo es el auténtico amo, no el servidor.