Fatoumata Diawara, la voz de Mali

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Cuba (Roberto Fonseca) y Mali (Fatoumata Diawara) unen sus voces para ofrecer jazz étnico de alta calidad.

Todo un lujo asistir a esta magnífica actuación en el Festival de Músicas Sagradas de Fez.

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Presentación de la novela “Nuestro Ruiz de Padrón: Canarias”

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Canarias es una novela sobre  Antonio Ruiz de Padrón, un canario que fue  principal artífice de la desaparición de la Inquisición española.
Antonio José Ruiz de Padrón nació en San Sebastián de La Gomera (Islas Canarias), en 1757, y murió en Villamartín de Valdeorras (Orense), en 1823. Su vida se convirtió en un apasionante viaje por diversos países, ideas y movimientos religiosos, políticos y sociales de los siglos dieciocho y diecinueve. Esta figura puede considerarse, junto a la del escritor Benito Pérez Galdós, como la más relevante de su archipiélago natal.
Ningún otro personaje canario ha sido tan conocido y reconocido fuera de las islas. Fundamentalmente, su fama se debe a su labor como Diputado, en las Cortes de Cádiz, para lograr la derogación del Voto de Santiago y la abolición de la Inquisición Española. Aun siendo sacerdote, logró ambos objetivos. El resto de su vida transcurrió de manera novelesca.
Canarias, se inicia con la llegada a Tenerife del joven Antonio José Ruiz y Armas –no adoptaría los apellidos Ruiz de Padrón hasta varios años más tarde–. A los quince años entró en la Orden de San Francisco e inició los estudios sacerdotales en la ciudad de La Laguna, capital de Canarias.
Su relación con los ilustrados tinerfeños y su entrada como socio destacado en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife determinaron un rumbo vital que le llevó a ser testigo presencial y, a veces, protagonista de los más relevantes movimientos históricos de su tiempo, en un increíble periplo por los Estados Unidos, Cuba y buena parte de Europa.

Los personajes que desfilan por la novela son de todo tipo y condición. Algunos juegan papeles muy secundarios, pero otros se agigantan y son parte esencial del relato histórico, por su cercanía a Ruiz de Padrón o por la trascendencia de su intervención en los procesos sociales, políticos e, incluso, artísticos que tuvieron lugar a finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve, o en los dos o tres siglos anteriores.

En resumen, “CANARIAS” es una novela histórica escrita con la intención de que fuera intensa, amena y, sobre todo, divertida. Junto a la historia principal, he recuperado decenas de semblanzas y anécdotas que espero cautiven al lector tanto como me cautivaron a mí cuando las conocí.
“CANARIAS”  contiene una parte importante de nuestra Historia. Una parte imprescindible que nadie debería desconocer, y no solamente los canarios, sino los españoles y latinoamericanos, cuyas sociedades se conformaron, en buena parte, a partir de las importantes acciones llevadas a cabo por el protagonista de esta obra.
Por otra parte, las Islas Canarias constituyen un enorme puchero que lleva siglos cocinándose en siete ollas sobre el mismo fuego. Lenguas, folklores, filosofías, oficios, libertades, represiones, razas, creencias, comportamientos sociales y culturales de todo tipo son algunos de los ingredientes. En consecuencia, de vez en cuando, parece saludable levantar las tapas de los calderos, mirar, probar cómo va el guiso, averiguar qué se ha estado cociendo…
Precisamente, esta es la propuesta de la novela “CANARIAS”, conducida por un personaje singular: Antonio Ruiz de Padrón. Su fantástica vida puede servirnos de crisol para entender no sólo zonas desconocidas de la historia, sino los mecanismos que la mueven.
Mirar a Canarias, a España y al mundo, metiéndonos en los zapatos de Ruiz de Padrón, propicia un examen de la realidad desde posiciones racionales, al tiempo que posibilita un análisis sereno sobre cuándo, por qué, cómo, desde dónde y hasta dónde ha evolucionado cada uno de los elementos que conforman nuestro contexto social. Me gustaría compartir este punto de vista con ustedes: esta es la razón principal de haber escrito Canarias.

DATOS TÉCNICOS DE LA NOVELA
Título: Canarias
Autor: Manuel Mora Morales
Colección: Nuestro Ruiz de Padrón
Editor: Editorial Malvasía
Interior: 520 páginas en papel ahuesado
Cubierta: todo color
ISBN en papel: 978-84-938983-8-0
ISBN e-book: 978-84-938983-9-7
Encuadernado: tapa dura

ALGUNOS PERSONAJES DE LA OBRA

•    Antonio Ruiz de Padrón, diputado doceañista, artífice de la derogación de la Inquisición.
•    José de Viera y Clavijo, autor de la Historia de Canarias.
•    José Clavijo, autor de El Pensador, traductor, etc.
•    José Clavijo, autor de El Pensador, traductor, etc.
•    Johann Wolfgang von Goethe, autor que escribió la obra “Clavijo” sobre José Clavijo.
•    Domingo García Abreu, artífice del nombramiento como diputado de Ruiz de Padrón.
•    Ignacio Llarena, clérigo, tío del Fernando Llarena y amigo de Domingo García.
•    Fernando Llarena, diputado doceañista canario.
•    Amaro “Pargo” Rodríguez Felipe, pirata canario.
•    Alonso Fernández Benítez de Lugo, conquistador de Tenerife.
•    Lope Antonio de la Guerra, autor de unas famosas Memorias.
•    Fernando de la Guerra, ilustrado que fue presidente de la RSEAPT.
•    Benjamín Franklin, padre de la patria norteamericana y científico.
•    Tomás de Nava y Grimón, fundador de la Real Sociedad Económica de Tenerife.
•    José Blas Ruiz y Armas, hermano de Antonio Ruiz de Padrón.
•    Fernando de Molina y Quesada, ilustrado canario.
•    Cristóbal del Hoyo, el aventurero marqués de San Andrés.
•    Juana del Hoyo, famosa por sus tertulias.
•    Agustín de Bethencourt, ingeniero canario.
•    Marquesa de Pompadour, famosa madama parisién.
•    Domenico Caracciolo, abolió Inquisición en Sicilia.
•    Juan Martín El Empecinado, guerrillero español contra Napoleón Bonaparte.
•    Javier de Miranda, hermano de Francisco Miranda.
•    Francisco de Miranda, precursor y libertador de Venezuela.
•    Juan Rodríguez de la Oliva, pintor canario, famoso retratista de vivos y de cadáveres.
•    Varios obispos de Canarias que tuvieron destacadas intervenciones.
•    Juan de Iriarte, gramático procedente del Puerto de la Cruz con altos cargos en la Corte.
•    Tomás de Iriarte, fabulista, sobrino de Juan de Iriarte.
•    Pascual de Sossa, marino canario que indirectamente produjo una guerra con Marruecos.
•    James Cook, famoso marino inglés que hizo escala en Tenerife.
•    William Bligh, capitán que sufrió el motín del Bounty y llegó a Canarias junto a Cook.
•    Jacinto Mora, tío de Ruiz de Padrón que se destacó en La Habana.
•    Baltasar Ruiz, padre de Ruiz de Padrón, nacido en El Hierro y casado en La Gomera.
•    Miguel Álvarez de Abreu, obispo canario de Oaxaca.
•    Obispo Servera, famoso obispo con sede en Las Palmas.
•    Carlos III, rey de España que intentó renovar las estructuras económicas.
•    Fernando VII, nieto de Carlos III que traicionó a su país.
•    Manuel García Herreros, diputado desterrado a La Gomera, amigo de Ruiz de Padrón.
•    Juan Duns Escoto, teólogo irlandés conocido como Doctor Sutil.
•    Matías Rodríguez Carta, tratante de tabaco con gran poder económico.
•    Capitán General de Canarias Juan Mur.
•    Capitán General de Canarias Miguel Fernández de Heredia.
•    Capitán General de Canarias Eugenio Fernández, marqués de Tabalosos.
•    José Antonio Abreu Bertodano, canario, académico de la Lengua.
•    Matías de Gálvez, Gobernador de Nueva España que pasó muchos años en Tenerife.
•    Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, criado en Tenerife.
•    Tomás de Saviñón, ilustrado canario, regidor del Cabildo de Tenerife.
•    Manuel Pimienta y O., impulsor de la Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife.
•    Jean-Charles de la Borda, francés encargado de experimentos científicos en Canarias.
•    La Capitana, famosa prostituta canaria del siglo XVIII.
•    Antonio Domínguez Alfonso, famoso curandero canario en Madrid, protegido por el rey.
•    Diego Hernández Remiendos, padre del Médico de Monagas.
•    Andrés Médico de Monagas, curandero antepasado del marqués del Buen Suceso.
•    Andrés Amat, encargado por Galvez de la recluta de colonos canarios para Luisiana.
•    Pedro de Mesa Benítez de Lugo, autor una disparatada biografía sobre Santo Domingo.
•    Álvaro Pérez, autor que propone enseñar español a los indios con sólo doce hombres.
•    Pedro Álvarez, visitador del rey enviado a Canarias para controlar el pago de impuestos.
•    Bernardo de Iriarte, alto diplomático canario en la guerra contra Inglaterra en 1779.

Agradecimiento a una mota de polvo

A mediados del mes pasado, asistí a un concierto en el que intervenía la violinista alemana Arabella Steinbacher, con la OST, dirigida por Rossen Milanov. A decir verdad, empecé a decepcionarme desde los primeros compases y, al finalizar el movimiento inicial, ya estaba pensando en cómo escabullirme antes del descanso para salvar lo que me restaba de noche. Sin embargo, sucedió algo inesperado.

Cuando estaba en el segundo movimiento, la Steinbacher salió del escenario, porque se le había introducido una mota de polvo en el ojo. La muchacha se encontraba incómoda y marchó a su camerino para tratar de solucionar este percance inoportuno.

Regresó a los pocos minutos. El público la acogió con un caluroso aplauso. Entonces se produjo la metamorfosis. La violinista, bien fuese por ofrecer una compensación por su breve ausencia o bien por agradecer la gentileza de la audiencia, cambió su vergonzoso pasotismo anterior por una interpretación tan virtuosa como apasionada. Fueron quince minutos en que me encontré sumido en un éxtasis completo. Mientras sentía cómo se me erizaba el cabello, tomaba clara conciencia del poder de la música y de lo felices que podemos ser los seres humanos en algunas ocasiones, si alguien se propone que lo seamos.

A pesar de contar con partituras de Kodály, Prokofief y Bartók, no vale la pena comentar nada más sobre el resto de un concierto que transcurrió de manera tediosa; excepto ese paréntesis fantástico, desencadenado por una mota de polvo que volaba por el escenario, preguntándose quizás por el sentido de su propia existencia. A ella quiero expresarle toda mi gratitud. Bendita sea.

 

CADA SEGUNDO. A propósito de Lisboa

A veces, pasamos sobre el tiempo como si fuese viña vendimiada, dejándonos atrás las joyas que nos ofrece cada segundo, sin percibir siquiera su presencia. Aramos el día, como si arásemos agua. Pasamos cinco, ocho o diez horas en nuestro puesto de trabajo creyendo que poco puede ofrecernos la vida en ese intervalo. Camino de casa no se nos ocurre comprobar si en la radio están poniendo una nueva joya musical o si en el árbol de la acera se ha posado un pájaro que nunca habíamos visto, y jamás  paramos cuatro minutos para buscar algo inesperado en las nubes, en la hierba o en el asfalto. El resto del día transcurre con la misma monotonía y ya pueden aparecer dos lunas en el cielo que la noche está reservada para ver el televisor.

Igual nos sucede cuando salimos de paseo o visitamos alguna ciudad donde encontramos músicos callejeros. Poca gente decide parar, menos aún escucharlos con atención y raro es quien entabla conversación con ellos. La mayoría les da un tratamiento de mendigos. Los ignora como si fuesen objetos molestos o les tira una moneda de diez céntimos sin oírlos siquiera.

Conocido es el caso de Joshua Bell, aquel famoso violinista de Washington, que hace tres años se puso a tocar, con su Stradivarius de 3 millones de dólares, un concierto de Bach en el metro y no recogió más de un par de dólares sin que recibiese otra felicitación que la de una mujer que lo había escuchado en la Congress Library. Por la noche, ofreció el mismo concierto en un auditorio abarrotado por un público que había pagado las entradas a precios exorbitantes. Le aplaudieron a rabiar muchas de las personas que por la mañana lo habían mirado con desprecio. ¿No será esto lo que se llama falta de ignorancia?

Me gustan los músicos de la calle. No puedo resistirme a escucharlos, a fotografiarlos o filmarlos, cuando llevo una cámara. Los considero uno de los tesoros que me depara la vida a cambio de muy poca cosa: tomar conciencia de que existen y pueden ser fantásticos. No podría decir ahora cuántas fotos u horas de filmación tengo guardadas sobre personas que interpretan su música en la calle, pero son muchas. Algunos de esos minutos están ocupados por el vídeo que he insertado en esta página.

Se trata de Toni Banza y un amigo, dos fadistas que conocí hace varios años en la Lisboa nocturna y a quienes he filmado más de una vez, siempre con el proyecto de realizar con ellos una tournée por Portugal, tomando el camino del Norte. Ahí están; en la calle, con el frío y la humedad del invierno lisboeta, ofreciendo, a quien desee escucharles, dos excelentes voces cargadas de sentimiento y tradición. No son mendigos, sino artistas muy dignos.

Yo soy un pobre aprendiz en el cultivo del tiempo. Muchas veces, como Bolívar, tengo la sensación de que los surcos se cierran demasiado rápido. Se me escapan no sólo segundos, sino horas completas sin que les arrebate alguna prenda o logre encontrarles el corazón. Ahora bien, cada vez consigo saborear más los frutos que busco en los intersticios del día: una palabra, una sonrisa, una melodía, un sabor nuevo, una caricia, una magdalena nostálgica, una brisa o un estremecimiento. Y, por qué no, una tristeza.

Demostración en vivo sobre cómo cantar y comer chicle al mismo tiempo

 

Eso de comer chicle cantando sobre un escenario y en un superconcierto (osea) les parecerá raro, pero les aseguro que es cierto.  Les invito a ver un vídeo de The Beach Boys que me encontré en YouTube mientras andaba curioseando en sus actuaciones anteriores. Pertenece a un concierto ofrecido en marzo de 1964. El título de la canción, Fun fun fun (1964), ya anuncia la grandiosidad que nos encontraremos. No obstante, el interés de la grabación no radica en la música, en la letra ni en las voces, sino en algo más sorprendente: el vocalista, Mike Love, come chicle mientras canta.

El vocalista y su chicle en el minuto 1:17

El vocalista y su chicle en el minuto 1:17

Al principio, pensé que se trataba de una desincronización entre video y audio, pero al mirar con más detenimiento me percaté de que cuando terminaba cada intervención el cantante masticaba y masticaba y masticaba… Hasta que caí en la cuenta de aquel tipo estaba comiendo chicle mientras cantaba como si fuera la cosa más natural del mundo.

Al final, el cantante se lleva la mano a la boca, disimuladamente, y escupe el chicle en ella. Lo que hizo después con el bendito chicle pertenece al secreto del sumario.

 

Dejo aquí la letra de esta  inefable canción y el vídeo de esa actuación en que a golpe de chicle se cuenta cómo una niñata cogió el coche de su padre para ir a estudiar a la biblioteca, pero por el camino cambió de idea: decidió ir a una hamburguesería y hacer un par de carreras enloquecidas con el Ford de papi. (Cuando el texto habla de un T-bird se refiere a un modelo de coche Ford denominado Thunderbird).

FUN FUN FUN

Well, she got her daddy’s car
And she cruised through the hamburger stand, now
Seems she forgot all about the library
Like she told her old man, now
And with the radio blastin’ goes
Cruisin’ just as fast as she can, now

Estribillo
And she’ll have fun, fun, fun
‘Til her daddy takes the T-bird away
(Fun, fun, fun, ‘til her daddy takes the T-bird away)

Well, the girls can’t stand her
‘Cause she walks, looks, and drives like an ace, now
(You walk like an ace, now, you walk like an ace)
She makes the Indy 500 look like
The Roman chariot race, now
(You look like an ace, now, you look like an ace)
A lot of guys try to catch her
But she leads ‘em on a wild goose chase, now
(You drive like an ace, now, you drive like an ace)

Estribillo

Well, you knew all along
That your dad was gettin’ wise to you, now
(You shouldn’t-a lied, now, you shouldn’t-a lied)
And since he took your set of keys
You been thinkin’ that your fun is all through now
(You shouldn’t-a lied, now, you shouldn’t-a lied)
But you can come along with me
‘Cause we got a lot of things to do now
(You shouldn’t-a lied, now, you shouldn’t-a lied)

Estribillo 2
And we’ll have fun, fun, fun
Now that Daddy took the T-bird away
(Fun, fun, fun, now that Daddy took the T-bird away)

Coda:
Fun, fun, fun now that Daddy took the T-bird away
Fun, fun, now that Daddy took the T-bird away.

Ford Thunderbird, mod. 1963

Ford Thunderbird, mod. 1963

LA ESPLÉNDIDA FIESTA DEL CHARCO, APOTEOSIS DE TRADICIÓN CANARIA

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Pulse para ver dos vídeos sobre la fiesta:

VÍDEO 1 Marcha hasta el muelle de La Aldea

VÍDEO 2 Baño y captura de peces en el Charco

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Gran Canaria. La Aldea de San Nicolás de Tolentino. A las doce de la mañana del día 11 de septiembre, justo cuando empieza a chisporrotear el primer compás de la Banda de Agaete, un grupo alegre y pintoresco de personas comienza el recorrido de un par de kilómetros, en dirección al mar.

He llegado hasta aquí después de intentarlo durante muchos años y de haber suspendido el viaje por una razón o por otra. Intuía que esta celebración podría ser interesante, pero nunca pude imaginar que fuese tan espléndida como voy a comprobar en las horas siguientes. Me acompaña Olivia Quintero. Llevamos dos cámaras profesionales: una de vídeo y otra de fotos. Como en otras ocasiones, las intercambiamos para captar las imágenes desde nuestros particulares puntos de vista.

No es difícil apreciar que la Banda de Agaete está en su salsa. La compone una decena de músicos, vestidos como capitanes de la marina mercante, con saxos, trombones, trompetas, una caja, unos platillos y un bombo que lleva pintado el Dedo de Dios antes de partirse. Junto a las canciones de Los Beatles, como el “Submarino amarillo” o el “O-bla-di-o-bla-da”, suena el himno nacionalista canario “Me gusta la Bandera” del brazo de “La Raspa” y de las poco edificantes canciones “Monsieur Caníbal” y “La Madelein”, joya preciada de la Legión Extranjera francesa en Argelia.

Los asistentes llevan en alto botellas del excelente ron de La Aldea, ramas verdes como en los ritos guanches y canastos para guardar el pescado que más tarde se recogerá en El Charco.

Este acto (y el de la entrada al Charco, por la tarde) se efectúa para recordar una vieja forma de pesca, llamada “embarbascado”, que usaban los guanches y fue practicada en la isla hasta la década de 1950. Consistía en verter en el agua el látex blanco o la savia de dos plantas autóctonas, las tabaibas y los cardones (parecidos a grandes cactus). Con esta “leche” adormilaban los peces y los capturaban con redes de junco o con las manos.

Nuestra alegre comitiva, con su marcha sensual y trepidante, va carretera adelante. Muchos visten camisetas amarillas con la frase “De aquí pa’l Charco”, mientras otros aprovechan para exhibir alguna frase para reivindicar algo para su pueblo. Aquí no hay edad: desde bebés hasta bisabuelos saltan y brincan con una sonrisa que no pude explicarme hasta que vi lo que sucedió en El Charco (en La Aldea dicen “la charca”) por la tarde.

Así, entre chorros de ron en la boca y de sudor en la espalda, la chispeante comitiva llega al muelle. Allí la Banda de Agaete sube a una tarima y vuelve a interpretar su jubiloso popurrí. La gente se sitúa donde puede y levanta las manos y salta enloquecida y grita sin perder la sonrisa por los pisotones o por el inclemente sol. Algunos dan media vuelta y se tiran al mar sin quitarse la ropa.

Cientos de participantes continúan bailando durante mucho tiempo, arrebatados por la música.

Frente al muelle está un bosquecillo de tarajales, con barbacoas y mesas. Allí no hay bullicio. La gente duerme sobre una manta en el suelo, canta canciones mexicanas, juega a las cartas, abanica las brasas que asan la carne de cochino y se echa su “fisco ron” cuando piensa que nadie mira.

Junto este bosquecillo, existe una charca, grande y rectangular como un campo de fútbol. Está pegada al mar y su agua sube y baja con la marea. Es el famoso Charco de La Aldea, que puede localizarse en el mapa de google. Hacia las cuatro de la tarde, los alrededores del Charco comienzan a llenarse de gente.

Los habitantes de la aldea, acompañados de muchos forasteros, van a celebrar un rito anual que consiste en introducirse en el Charco todos juntos y vestidos (algunos eligen trajes de chaqueta y las mujeres prefieren trajes antiguos de campesinas) para capturar el mayor número posible de peces, igual que lo hacían sus antepasados.

Los participantes en esta fiesta los aprisionan con las manos, los sombreros, los cestos, y las pandorgas. En el borde de la charca, marcado por una raya blanca, hay diez mil personas dispuestas a apresar al menos una lisa (es el pescado que abunda allí) y, si fuera posible, ganar el trofeo a la mejor pesca.

A las cinco menos cinco, aparece el alcalde delante de la Banda de Agaete. A su alrededor, viene un gentío saltando con los cestos en alto. La policía protege a la banda de los empujones para que los músicos puedan, al menos, estirar el brazo del trombón. Faltan escasos segundos para las cinco en punto, cuando la Banda se detiene a tres metros de la raya blanca. Todo el que la traspase es candidato a bañarse con ropa.

El alcalde le da fuego al cohete que revienta tímidamente. A esta señal, diez mil personas parecen enloquecer. Todos aúllan y corren hacia el Charco. El agua parece hervir, porque todos le dan manotazos y la hacen subir lo más alto posible. El espectáculo es insólito y la charca parece una olla de presión.

La Banda de Agaete sigue impolutamente blanca en sus uniformes e interpreta una pieza que desconozco, pero muy acorde con lo que sucede dentro del Charco. El agua, antes de un azul celeste, se va tornando negra.

Sobre el charco se sitúa un helicóptero naranja y su ruido infernal de cafetera asmática logra apagar el griterío de peces y personas. Un caballero con la ropa seca nos pregunta si deseamos filmar al señor alcalde. Cómo no. El corregidor de La Aldea viene, sonríe amablemente a la cámara y, en medio de aquella algarabía inmensa, espera que yo le pregunte algo. Yo también lo miro y no se me ocurre qué preguntarle a aquel buen hombre de pelo entrecano y medio enchumbado.

Detrás de él llegan otros, para que los fotografíe con sus pescaditos. Miren por dónde, el más grande lo pescó Mélanie Rodríguez y pesó un kilo; pero entre Marilola y sus amigas atraparon 35 lisas, lo cual es casi media. Juan Manuel García apresó una anguila que medía más de medio metro. Así que también obtuvo premio. Yo tuve que conformarme con un rico trozo de tarta de mango y coco, inventada por un alemán de La Aldea, y un kilo de café del país que le compré por 30 euros a Carmela, cerca de Los Berrazales, en el Barranco.