Qué desolación, qué desolación terrible han dejado los fuegos de La Gomera en sus bosques; desolación comparable sólo con el abatimiento y la impotencia que ahora fermenta en los corazones de sus hijos. No existen bálsamos para quienes tanto amamos los bosques de este archipiélago, nada puede ya consolarnos de cada árbol perdido.
El verídico y gracioso caso de un escritor canario en la Corte española
El libro serio que tuvo a media España riendo durante casi un siglo.