Canarios de Nueva Orleans

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Esta pareja que fotografié en Saint Bernard Parish (cerca del río Misisipi), en el año 2005 –poco antes de llegar el huracán Katrina–, forma parte de los descendientes de la inmigración canaria a Luisiana en el siglo XVIII. Estos descendientes continúan hablando español con el mismo acento que sus antepasados. 
Conocidos como los Isleños (Islanders), los habitantes de los asentamientos canarios en Luisiana son los descendientes de algo más de dos mil canarios que fueron trasladados a esa región por Carlos III, entre 1778 y 1784. Allí se dedicaron a la agricultura y, aunque permanecieron en esas mismas tierras cuando los Estados Unidos las anexaron, una parte de ellos se aisló lo suficiente como para continuar hablando el mismo dialecto canario del siglo XVIII que llevaron sus antepasados.
Es decir, los canarios tienen en el Sur de los Estados Unidos una reserva lingüística de hace más de dos centurias y bastan algunas horas de avión para que uno se sienta transportado por la máquina del tiempo y sostenga una conversación con las mismas palabras que pronunciaban los abuelos de nuestros bisabuelos. Un tesoro inconmensurable que ahora mismo corre peligro inminente de desaparecer.
Cuando España abandonó Luisiana y Florida Occidental, a principios del siglo XIX, el contacto con los colonos canarios sólo se mantuvo desde la ciudad de Cienfuegos, en Cuba. Con posterioridad, estos vínculos también se perdieron y los descendientes de canarios llegaron a olvidar de dónde procedían sus ancestros. No obstante, continuaron hablando español y no quisieron comunicarse en inglés hasta el año…
Para saber más, sobre esta curiosa comunidad, ir a 
https://manuelmoramorales.com/05-canarias/luisiana-y-los-canarios/

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Las inundaciones sufridas por los isleños canarios en 1927 y una canción de Randy Newman

La canción de Charley Patton, High Water Everywhere (ver post anterior), no fue la única compuesta para llorar la gran inundación del Misisipi, en 1927, que tanto afectó a los isleños canarios de Luisiana. Años más tarde, Randy Newman (Los Ángeles, California, 1943) compuso su Louisiana 1927, una balada emotiva que volvió a los escenarios cuando se interpretó en un festival para recaudar fondos para las víctimas del huracán Katrina.

No es extraño que Randy Newman  –compositor de la banda sonora de las películas Ragtime, Toy Story, etc. con dos estatuillas Oscar en su haber, tres premios Grammy, etc.– haya escrito esta canción tan cargada de ironía. En primer lugar, porque sus canciones suelen ser irónicas. En segundo, porque vivió en Nueva Orleans durante su infancia y, aunque regresó a Los Ángeles, siguió pasando los veranos allí hasta 1954. Esto quiere decir que oyó contar de primera mano la inundación de 1927, lo cual le impactó, como él mismo ha reconocido.

A raíz de aquel concierto benéfico a que aludo más arriba, Louisiana 1927 adquirió una popularidad tremenda, pues se emitieron en todas las amisoras de radio y televisión las versiones de su propio autor y la de Aaron Neville. La canción fue compuesta en el año 1974 y responde a las expectativas que puede generar cualquier composición de Newman: meter el dedo en la llaga para contar de forma unos hechos deplorables.

Y nada más deplorable que la actuación felona de las autoridades de Nueva Orleans, espoleadas por los banqueros, volando los diques de contención e inundando las tierras de Plaquemines y San Bernardo Parish:  Poydras, Caernarvon, Violet, Delacroix Island,…

Por cierto, después del huracán Katrina, Randy Newman organizó un homenaje al cantante Fat Domino (Nueva Orleans, 1928), al cual sacaron de su casa durante la inundación después de que todos pensaran que había muerto. Ese homenaje consistió en un álbum conteniendo 30 canciones compuestas o interpretadas por diversos músicos (Los Lobos, MacCarney, etc.), en la que figuraba Blue Moday en la voz de Randy. Y lo de Fat Domino viene a cuento porque en las décadas de los cincuenta y principios de los sesenta, este cantante iba a los salones de baile de Delacroix Island y cantaba sus especialísimos rocks para que los isleños bailaran y, a partir de la media noche, de enzarzaran en peleas a puñetazo limpio por cualquier tontería: una décima mal cantada o una palabra en francés mal entendida a un visitante cayún.

Traducción al español de Luisiana 1927

Lo que ha pasado aquí es que el viento ha cambiado
Las nubes vinieron rodando desde el norte y empezó a llover
Llovió y llovió fuerte, realmente, durante mucho tiempo
Seis pies de agua en las calles de Evangeline

El río subió durante todo el día
El río subió durante toda la noche
Algunas personas se perdieron en la inundación
Algunas personas escaparon bien
El río ha llegado hasta Plaquemines a través de los diques rotos
Seis pies de agua en las calles de Evangeline

CORO
Luisiana, Luisiana,
nos quieren ahogar,
nos quieren ahogar.

Luisiana, Luisiana,
nos quieren ahogar,
nos quieren ahogar.

El presidente Coolidge bajó en un tren
Con un pequeño hombre gordo con un cuaderno de notas en su mano
El Presidente dice: “Pequeño hombre gordo, ¿no es una vergüenza
lo que el río ha hecho a estas pobres tierras de mierda?”

CORO
Luisiana, Luisiana,
nos quieren ahogar,
nos quieren ahogar.

Luisiana, Luisiana,
nos quieren ahogar,
nos quieren ahogar.

Letra original, en inglés, de Louisiana 1927:

What has happened down here is the wind have changed
Clouds roll in from the north and it started to rain
Rained real hard and rained for a real long time
Six feet of water in the streets of Evangeline

The river rose all day
The river rose all night
Some people got lost in the flood
Some people got away alright
The river have busted through cleard down to Plaquemines
Six feet of water in the streets of Evangeline

CHORUS
Louisiana, Louisiana
They’re tyrin’ to wash us away
They’re tryin’ to wash us away
Louisiana, Louisiana
They’re tryin’ to wash us away
They’re tryin’ to wash us away

President Coolidge came down in a railroad train
With a little fat man with a note-pad in his hand
The President say, ‘Little fat man isn’t it a shame
what the river has done to this poor crackers land.

Canarios de Luisiana: sobre cuando José Alfonso se vistió de mujer y asistió a un baile en Delacroix Island

José Alfonso, con su peculiar sentido del humor, cuenta qué sucedio la noche de carnaval en que se vistió de mujer y asistió a un baile en Delacroix Island, Luisiana.
Este documento audiovisual sube por vez primera a Internet. Se trata de un testimonio etnográfico y lingüístico de primer orden.

Canarios de Luisiana: un viejo vídeo conmovedor

Frank Fernández era un Isleño canario de Luisiana. Trabajó largos años como maestro, en San Bernardo, y fue nombrado Historiador Emérito, cargo que desempeñó dignamente hasta su muerte.

Su principal labor consistió en devolverle la identidad a sus conciudadano que aún hablaban el español de sus antepasados canarios, pero muchas familias habían olvidado su procedencia. Incluso, muchos creían que los llamaban Isleños (Islanders) porque vivían en un pueblo pescador denominado Delacroix Island.

Frank recopiló historias, transcribió las décimas que seguían cantando los pescadores y entrevistó a cuanta gente pudo. Con una humilde cámara VHS, se sentaba con los Isleños y les hacía hablar de sus recuerdos, de sus inquietudes, de sus tradiciones, de sus supersticiones,… La labor etnográfica llevada a cabo por Frank Fernández en su comunidad es impagable.

Afortunadamente, llegué a San Bernardo poco antes del huracán Katrina y pude obtener algunas copias de los mencionados vídeos que custodiaba una institución. Luego, vino la inundación y todo se perdió en aquellas tierras siempre amenazadas por las aguas y el viento.

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IRVÁN PÉREZ

Después del paso de Katrina, que como si se tratara de un cometa letal dejó tras de sí un largo rastro de muerte, uno de los desparecidos se llamaba Irván (Irving) Pérez. Era una persona mayor, amable, dotado de una magnífica memoria y de gran sensibilidad que le convertía tanto en un excelente artesano y como en un cantador de décimas isleñas. Lo conocí y lo entrevisté, tanto en su casa como en otros lugares.

EL VÍDEO

En el vídeo que hoy les ofrezco no aparezco yo como entrevistador, sino Frank Fernández junto a Irván Pérez y a otros dos Isleños, un pescador llamado José Alfonso y un primo de Irván, conocido por “Junior”.

Este documento audiovisual –cuyas imágenes no son excelentes y, a veces, se notan desincronizadas con el sonido– sube por vez primera a Internet. Se trata de un testimonio etnográfico y lingüístico de primer orden. He creído que no tengo el derecho a no darlo a conocer porque, al fin y al cabo, es un patrimonio de la humanidad que debe ser compartido. Juzguen ustedes mismos.

EL CONTENIDO DEL VÍDEO

Tras las presentaciones de los tres entrevistados, cada uno se ubica respecto a la comunidad isleña en San Bernardo. Entendiendo el territorio de San Bernando como el Parish, es decir, la parroquia o término municipal, con sus diferentes barrios y caseríos: Chalmette, Delacroix Island, Violet, Yscloskey, Regio, etc.

Después, se habla de la escuela. ¿A dónde quería ir a parar Frank con estas preguntas? En primer lugar, a dejar constancia de que la mayoría de los Isleños no hablaban inglés. Después, recordar que, siguiendo un plan federal, se obligó a todos los niños a aprender el inglés en la escuela, prohibiéndose hablar español en la misma. Era una política que trataba de homogeneizar la cultura estadounidense por las bravas y que causó más problemas que integración.

A partir de estas preguntas y respuestas, muchas veces llenas de la gracia natural de José Alfonso, nos enteramos de otras cosas. Por ejemplo, que no se otorgaban certificados matrimoniales a quien no supiera inglés. Es decir: si quieres casarte, aprende inglés primero, Y que de todos los chicos que vivían de Delacroix Island ¡solamente se había casado uno! Algo que no era tan extraordinario, pues el matrimonio no era una de las costumbres más arraigadas en la comunidad. Por eso José tuvo que buscar pareja como pudo.

Las alusiones a la “trapería” (castellanización de “trapper”, cazador de pieles o trampero) se refieren a la caza de ratas almizcleras. A esta actividad se dedicaban muchos Isleños que pasaban muchos días fuera de su casa, instalados en una miserable choza, rodeada de pantanos, mosquitos y caimanes.

ESTA ENTREVISTA CONTINÚA EN OTRO VÍDEO

Al final, se hace alusión a una fiesta de carnaval en la que José Alfonso se vistió de mujer. Resultó un suceso muy gracioso que, por otra parte, recuerda las costumbres carnavaleras llevadas por sus antepasados canarios. Lo veremos en un próximo vídeo, contado por su protagonista.

Leroy Alfonso, Isleño canario del Misisipi, narra cómo sobrevivió al huracán Katrina

En esta segunda entrega de mis entrevistas con Isleños de Luisiana, se aborda el tema de la angustia sobrevenida durante el huracán Katrina y las consecuencias inmediatas.

Esta filmación tuvo lugar en San Bernardo Parish, junto al destruido Museo de Los Isleños (en un próximo vídeo veremos en qué estado quedó tras la inundación) .

El entrevistado es Leroy Alfonso, Isleño de Luisiana, que ha formado familia con una señora perteneciente a la nación Houma, pueblo aborigen americano que estaba asentado en estas tierras antes de la llegada de los colonos y del que sólo quedan siete mil sobrevivientes. En otro vídeo, conoceremos de su propia boca algunos detalles al respecto.

Conversaciones con los Isleños canarios de Luisiana. Primer vídeo

Los Isleños o Islanders de Luisiana son los descendientes de cuatro mil canarios que llegaron a esas tierras americanas entre 1778 y 1784. Todavía conservan el habla canaria del siglo XVIII, a pesar de vivir rodeados de comunidades inglesas y francesas. (Para saber más, siga este vínculo)

Estuve en el territorio canario de Luisiana poco antes de huracán Katrina. Hice entrevistas a isleños que luego no resistieron el paso del temporal. Gente que formaba parte del fabuloso tesoro que las Islas Canarias tienen repartido por el mundo, mientras el pueblo canario permite que desaparezca, sin mover un dedo por salvarlo.

La entrevista que hoy presento la realicé poco después del huracán y de la inundación que afectó mortalmente a Nueva Orleans y a los territorios vecinos, donde se hallan los Isleños desde hace más de doscientos años. El día que llegué, estos Isleños enterraban a una señora que se disparó en el estómago con una escopeta.

No era la primera persona que elegía la desaparición física frente a la indignidad con que las instituciones trataban a los supervivientes de la catástrofe. También se habían suicidado otros vecinos unas semanas antes, como el bueno de Charlito Robin que se colgó de una cuerda y lo encontraron balanceándose sobre un círculo hecho con los barquitos de artesanía que me había mostrado con tanto orgullo. Algo de Tanausú quedaba en ellos: arrojar la propia muerte a la cara del que te humilla o te encadena, como forma de protesta existencialista. ¡Qué tristeza!

Ojalá lo hubiera encontrado todo patas arriba, cuando entré en San Bernardo. Pero allí quedaba poco para desordenar, excepto barro seco mezclado con el petróleo derramado de las refinerías y miles de familias viviendo amontonadas en pequeñas caravanas. Más de diez personas durmiendo donde habían dos o tres literas. A los cientos de isleños que encontraron refugio en un barco, anclado en el río Misisipi, los habían echado a la calle con lo puesto para que se buscaran la vida. La mayoría era gente humilde y trabajadora, con los recursos justos para vivir al día. Comían gracias a las sectas religiosas que les preparaban un rancho diario, con la esperanza de captarlos como fieles. El panorama era desolador.

En medio de ese caos, hice la entrevista que aparece en este vídeo y las demás que iré mostrando en próximos días. Algunos planos ya aparecieron en mi película Los canarios del Misisipi, pero nunca se habían visto las secuencias completas. Espero que les resulten de algún interés, considerando tanto lo que dicen los entrevistados como su manera de decirlo, con ese encantador acento antiguo.

Los entrevistados son Lloyd Sevigne (Wimpy), Leroy Alfonso y Calvin Melerin, el cual murió unos meses después de este interview y al que todavía echo de menos, por su bondad y por sus conocimientos sobre la comunidad isleña de Luisiana.

Hoy los Isleños de Luisiana están celebrando su fiesta anual de la identidad canaria. Comerán las gambas que ellos llaman camarones, comerán las ostras que llaman ostiones y comerán el rico puchero que llaman Caldo Isleño.  Ojalá estuviera vivo Calvito Melerin para servir el Caldo desde detrás de la barra del ventorrillo, ataviado con su mandil canario, que lucía con tanto orgullo.