Bradbury, la tía Rose y la gente entrometida

Quizás este relato no les cambie la vida, pero se les encogerá el estómago en unos párrafos, les brotará una sonrisa en otros y, en alguna parte de sus mentes, volverán a surgir colores y sentimientos que ya habían olvidado.

La Puntilla, un guachinche Superstar junto a la Playa de Las Canteras

Lo primero que uno debe probar es el pescado encebollado. Desde que usted lo prueba, queda encantado con el sitio y con la señora que lo atiende con una amabilidad exquisita. Modales canarios. Yo hasta he desayunado en La Puntilla pescado encebollado y me he dado cuenta de que el día se empieza de otra manera: con una sonrisa en la boca y otra en estómago. Hasta más ligero camina uno a pesar de la hartada.

La guachinchemanía, una moda en las Islas Canarias

La explicación de que la clientela de los guachinches sube porque son baratos y estamos inmersos en una crisis económica no es suficiente para explicar el fenómeno. Los más jóvenes se están sumando a esta moda, lo cual es extraño porque, en general, rechazan las diversiones de sus padres y se alejan de sus lugares de ocio, lo cual no es una novedad.

La Ley de los guachinches

No deja de gustarme el caminar de la perrita. Ahora, resulta que es el gobierno autónomo quien va a definirnos qué es un guachinche. Para esta gente –muchos de ellos ni siquiera han crecido en tierra canaria– un guachinche se reduce a un establecimiento que vende vino de la cosecha de sus dueños. Qué risa. Quién les habrá informado. Lo que sus señorías desean, créanme, es reducir los guachinches a folclore. El folclore comienza cuando la tradición fenece de manera natural y se mantiene de forma artificial, como un recuerdo, una gracieta o una curiosidad, pero no como una forma integrada en la vida cotidiana.

Un casal de guachinches

Pedimos asadura, fabada, más asadura, papas y un postre. ¡Madre mía! No sé si alguna vez en mi vida había comido un hígado de cochino tan rico como aquél. Repetimos, porque yo no podía admitir que se hubiera terminado tan pronto. Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas al espabilado de Jacob, pero si éste le habría ofrecido un plato de asadura de este guachinche, Esaú le habría dado a cambio su primogenitura, su libertad, su alma y hasta su cuerpo.

La visita de la tía Rose. Un relato a propósito de los entrometidos

Éste es un relato maravilloso, disfrútenlo y, si alguna vez tienen ocasión, lean el libro completo. Quizás no les cambie la vida, pero se les encogerá el estómago en unas páginas, les brotará una sonrisa en otras y, en alguna parte de sus mentes, volverán a surgir colores y sentimientos que ya habían olvidado.

Mesas íntimas

Hay quien se bebe el vino en misa; algunos se encierran en sus bodegas, a cal y canto, para degustarlo en secreto; otros van a restaurantes, con visas oro del gobierno, a soplarse las botellas de 300 euros y yo, de tarde en tarde, acudo a beber una cuartita en un guachinche, abrazado a la... Leer más →

La guerra de los guachinches

El fin de los guachinches no ha llegado, porque la gente está empezando a pasar hambre y, si los campesinos no los abren a plena luz del día, se abrirán solos de manera clandestina. Nuestros magos no saben luchar abiertamente, pero sí enrocarse. Han aguantado otros ataques, apoyados como ahora por la pléyade adulona que rodea el poder empresarial y político, y también sobrevivirán la presente batalla.

El guachinche La Vista, en La Gomera

En La Gomera, el potaje de berros se come en una mortera, que es un mortero grande de madera que no falta en ninguna cocina, por moderna que ésta sea. Me acordé de sacar una foto cuando ya le había echado el gofio al potajito de berros. Ustedes disculpen, pero la emoción me distrajo y... Leer más →

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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