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Fausto, imputado

“EL SEÑOR: Bien, lo dejo a tu disposición. Aparta a esa alma de su fuente originaria y, si puedes aferrarla por tu camino, llévala abajo, junto a ti. Pero te avergonzará reconocer que un hombre bueno, incluso extraviado en la oscuridad, es consciente del buen camino.
MEFISTÓFELES: ¡Muy bien!, no tardaremos mucho tiempo. No me da miedo la apuesta. Permíteme, si logro mi objetivo, sentirme henchido por mi triunfo. Para mi regocijo, él tendrá que morder el polvo, …”.(Goethe: Fausto)

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EL PRIMER PASO

Hace pocas semanas, un conocido me preguntó qué opinión me merecía su decisión de presentarse como concejal para un ayuntamiento. Sé perfectamente que en estos casos la pregunta es retórica y se formula a fin de anunciar con orgullo la buena nueva y para buscar un respaldo moral.

Honestamente, me disgusta dar consejos moralistas; mucho menos cuando nadie desea recibirlos. Sin embargo, tal vez por ese oscuro placer que produce sentirse agorero, le ofrecí mis consideraciones.

–Tu decisión me parece estupenda. Son necesarias personas con buenas intenciones para gestionar los ayuntamientos. Pero ten en cuenta que vas a corromperte. Estarás un par de años con buenas intenciones para los demás y, después, las buenas intenciones recaerán en tus bolsillos. Hay que ser de una pasta muy especial para no caer en la tentación ni llegar a pensar que uno es el único tonto del ayuntamiento que no se lucra con su cargo.

–Yo no me voy a corromper –me contestó–. Cuando termine mi mandato, volveré a mi trabajo de siempre.

–Claro –le dije–, estoy seguro de que lo harás bien.

UN ANTECEDENTE

Mientras tanto, pensaba en cuántas veces se había repetido la misma conversación en mi vida. Recordé, nítidamente, una de ellas: el joven recién licenciado en la universidad que me preguntaba si debía meterse en política, confiando en que mi ingenuidad le contestara que sí o que no, lejos de cualquier otra sospecha.

En realidad, le respondí lo mismo: te vas a corromper, así que mira si estás dispuesto a sacrificar tu honradez a cambio de unos pocos años de servicio leal a los ciudadanos. Vas a pagar ese precio.

Contestó: no tiene por qué ser así.

Sin embargo, así fue. Alcanzó altos puestos en las instituciones y, una día, años más tarde, fue destituido de manera fulminante. Tuvo suerte: hubo un pacto de silencio y no llegó a la calle ninguna información sobre el tipo de corrupción que lo había destruido.

LA CORRUPCIÓN Y EL PODER

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El poder y la corrupción no suelen estar aliados siempre, pero poco les falta. Las leyendas, los cuentos, los poemas, las novelas, el teatro y el cine se han encargado de recordarnos las formas y la presencia continua en nuestra sociedad de este pacto bochornoso. Un pacto que chapotea en los charcos de la pulsión de muerte formulada por Sigmund Freud: tan próxima a la destrucción social y tan alejada de la unidad y de la cohesión del Eros.

Por poco aguda que sea, una mirada a nuestra sociedad es suficiente para advertir que esta perversa alianza entre poder y corrupción es el peor enemigo de la humanidad.

FAUSTO: EL PACTO

“FAUSTO: ¿Hay también leyes en el infierno? Me alegro de saberlo; entonces, ¿se podrá pactar con vosotros, señores?
MEFISTÓFELES: Podrás disfrutar lo pactado sin que te sea escatimado nada. Pero explicar esto requiere su tiempo y a tal efecto nos veremos otro día.” (Goethe: Fausto)

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Si nos fijamos en la figura de Fausto, en cualquiera de las versiones artísticas que han surgido desde el siglo XV, podemos tener un excelente ejemplo de esta avenencia entre poder y corrupción.

Tomemos uno de los tantos relatos de “Fausto”. Por ejemplo, la excelente película de Friedrich Wilhelm Murnau, rodada en 1926, ya que tenemos la oportunidad de ver el film completo en YouTube. Lo mismo nos servirían las versiones de Jacob Bidermann, de Christopher Marlowe, de Gotthold Ephraim Lessing, de Johann Wolfgang von Goethe o de Thomas Mann, porque todas remiten a lo mismo. Y, por cierto, todas tienen fácil acceso en la actualidad.

Es cierto que en algunas de estas obras, como la de Goethe, las ansia de poder se corresponden con las de saber. Sin embargo, no hay que llevarse a engaño: hoy, más que nunca, somos conscientes de que los manejos ilícitos de la información –es decir, del conocimiento, del saber– constituyen la auténtica fuente del poder corrupto.

LA PELÍCULA DE MURNAU

El argumento del film “Fausto”, dirigido por el alemán F. W. Murnau, es el siguiente:

  1. Durante una epidemia de peste provocada por el Diablo, Fausto trata de ayudar a los ciudadanos.
  2. No puede evitar que muchos mueran. Se desespera.
  3. Acepta una oferta del Diablo para obtener poder durante 24 horas con el fin de curar a la población. A cambio, debe reconocer la majestad del demonio, es decir, corromperse.
  4. Cuando finaliza el plazo, el apego al poder es más fuerte que la bonhomía de Fausto. De manera que pacta con Diablo un contrato indefinido que le confiera juventud y poder.
  5. El final: Fausto cae en desgracia. Todo parece perdido. Sin embargo, el amor lo libra del Diablo.

FICCIÓN, POLÍTICA, CORRUPCIÓN Y PODER

No es casual que el desarrollo de “Fausto” sea similar a la trayectoria que recorren muchos políticos:

  1. Deseos sinceros de ayudar a los ciudadanos.
  2. Contacto con el poder y sus alrededores.
  3. Apego al poder y a sus prebendas.
  4. Utilización de cualquier vía –casi siempre corrupta– para aferrarse al poder, al lujo, a la riqueza,…
  5. Posibilidad de salvación. Sin embargo, rara vez reconocen su corrupción ni aun cuando son condenados duramente por la sociedad.

La mitología de los pueblos primitivos ha representado el Mal como un ser poderoso con pensamientos corrompidos. Estos iconos de la maldad son los arquetipos que han utilizado las sociedades para identificar y repeler a quienes perjudican al grupo social, si bien ciertos mecanismos del poder han desgastado, durante milenios, la acción social hasta apoderarse de ella para sus propósitos torticeros.

“Fausto” es otro arquetipo poderoso cuyo desarrollo en la literatura constituye una metáfora de las pulsiones humanas del amor y de la muerte, del Eros y el Thanatos del pensamiento freudiano.

Un modelo que se asemeja demasiado a los pactos de nuestros dirigentes políticos con algunos empresarios y financieros de baja calaña que les ofrecen prebendas a cambio de entregarles el espíritu de los ciudadanos, es decir, el dinero que cura el cáncer, el dinero que remedia el desamparo de los parados, de los ancianos, de los más débiles.

¿SIN ESPERANZA?

“FAUSTO: ¿Qué soy, entonces, si no me es posible alcanzar la corona de lo humano, a la que todos los sentidos tienden?
MEFISTÓFELES: Eres, al fin y al cabo, lo que eres. Aunque te pongas una peluca con miles de rizos, aunque te pongas tacones de un codo de altura, seguirás siendo lo que eres.” (Goethe: Fausto)

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Como le sucede a Fausto, nuestros corruptos no logran engañarnos durante mucho tiempo. Se les van cayendo las caretas por la propia acción de sus ambiciones desmedidas. Finalmente, les contemplamos sus feas narizotas sin maquillaje y sus calvas brillando camino de los juzgados.

En los juzgados, vuelven a componerse sus pelucas y su maquillajes, porque también Mefistófeles ha pasado por los tribunales, haciendo más amigos que enemigos. De esta manera, la corrupción vuelve a iniciar su ciclo, en lugar de consumirse en las prisiones.

Muchos esperamos el triunfo de Eros, el de la auténtica justicia que no se legisla ni se imparte en este reino de tristes herencias, el que termine con las prebendas que los políticos reciben a cambio de vender nuestra alma al mejor postor. La última estrofa del “Fausto”, de Goethe, cierra esta líneas con un broche tan triste y esperanzado como ellas mismas.

CHORUS MYSTICUS
Todo lo que ha ocurrido
es sólo una parábola.
Lo que es inalcanzable
se convierte en suceso.
Lo que es indescriptible
se ha realizado aquí.
Lo eterno-femenino
nos permite avanzar.

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Blog de Manuel Mora Morales

Cupido y la Venus de la Leche

He dedicado unos cuantos artículos de este blog a comentar pinturas religiosas sobre la Virgen de la Leche, especialmente aquella imágenes en que aparece San Bernardo recibiendo chorros lácteos procedentes de los pechos de la Virgen cristiana. A esos escritos me remito, con el correspondiente vínculo, a de fin de no repetirme.

Junto a ellos, incluí algunas pinturas con el mismo tema, referido a los dioses clásicos, como un cuadro de Tintoretto (1580), localizado en la National Gallery de Londres, en el que también aparece Hércules alimentándose con la leche de la esposa de su Padre Zeus. También incluí otro óleo, El nacimiento de la Vía Láctea, de Rubens (1637), conservado en el Museo del Prado en que Zeus, el Dios Padre del Olimpo, contempla a Hera lanzando un chorro de leche que no llega a la boca de su hijo Hércules, sino al cielo.

Contaba con más imágenes y textos para continuar la serie, pero me pareció que se volvería cansina si la alargaba. Sin embargo, existe un cuadro que se me quedó fuera y debí haberlo incluido. Hoy trato de remediarlo, en este artículo.

“Venus, Marte y Cupido”, de Rubens.

Me refiero a este óleo de Rubens, titulado Venus, Marte y Cupido, pintado en 
 primera mitad de la década de 1630. Como se aprecia, la diosa del amor alimenta a su hijito Cupido lanzando a su boca un chorro de leche. Marte, amante clandestino de Venus y padre putativo de Cupido, observa el banquete de su hijo.

Varios críticos hacen referencia al escudo de Marte (abajo, a la derecha), donde aparece una figura tenebrosa, que quizás represente la entrada del infierno sobre el que pende Cupido.

A la izquierda de la imagen, puede verse a Juan Crisóstomo, que llegó a ejercer como Patriarca de Antioquía y escribió varios libros que destilan el más feroz antisemitismo.

Otros entendidos identifican la figura de Venus con la madre que aparece en un grabado a buril sobre papel, perteneciente a Alberto Durero, titulado La penitencia de San Juan Crisóstomo. Observe la posición de los pies de la mujer y la posición de la mano y los dedos sobre su pecho.

“Paz y Guerra”, óleo de Rubens.

Es imprescindible la comparación con otra obra de Rubens, titulada Paz y Guerra, de la misma época. Sin embargo, en éste, Rubens no representa a Venus. sino a Minerva, diosa de la sabiduría, mientras el dios de la guerra, Marte, es expulsado de su presencia, acompañado del Horror. Uno de los “amorcillos” bebe la leche de la diosa.

Lo que a mí me llama la atención, en el cuadro Venus, Marte y Cupido, es que no conozco otra imagen en que el chorro de leche de la madre llegue a la boca del hijo. En el resto de pinturas y dibujos, aunque esté presente el hijo, el chorro de leche va dirigido hacia otro objetivo: la boca de San Bernardo, su frente, el firmamento, un amorcillo, las almas del purgatorio,…

¿Existe alguna razón religiosa, teológica, eclesiástica o, incluso, psicoanalítica para que los pintores no lleven los marianos chorros de leche a la boca de su hijo-dios? Lo ignoro, pero sería interesante conocer una explicación convincente para un tema tan ampliamente tratado en la pintura religiosa durante tantos siglos.

Erotismo vegetal

Platanera.

¿Sienten las plantas el apremio de la reproducción de su especie de una forma similar a la de los sres humanos y el resto de los animales? ¿Encuentran placer los vegetales al reproducirse? ¿Se enamoran? ¿Les alcanzan conceptos tales como la fidelidad, el rechazo, los celos o el hastío respecto a una pareja?

Platanera.

Sobre la sexualidad de las plantas se ha vertido mucha tinta y se han realizado diversas teorías y clasificaciones, desde Darwin a Linneo; pero, siempre, insistiendo en las mismas dos premisas: cómo se realiza la polinización o su equivalente y qué hace la planta para atraer al agente polinizador, como podría ser un insecto.

Platanera.

Sin embargo –al menos que yo sepa– jamás la comunidad científica se ha interesado por averiguar qué es lo que mueve a un vegetal a reproducirse.

Si los animales necesitan un premio, como el goce sexual, con el fin de estar estimulados para reproducirse, ¿no parece imposible que las plantas se reproduzcan sin ningún estímulo erótico?

Platanera.

Si se pudiera hablar de algún tipo de sensación placentera en la planta que es polinizada, no sería descabellado pensar que la cercanía de individuos del sexo opuesto también habría de causarle algún cambio metabólico, produciendo algún equivalente a la serotonina.

Platanera.

Es posible que nada de esto suceda y que los vegetales se comporten como robots inmóviles, diseñados para multiplicarse y servir de alimento a seres superiores. Pero, a mi entender, esto es más difícil de creer en un universo donde nada se mueve sin impulsos egoístas. Incluyendo la rotación de los astros y la aparición de los agujeros negros.

Platanera.

Nos falta entender demasiadas cosas, por mucho que creamos saber cómo funciona el mundo que nos rodea. Nuestra sociedad, y nuestros científicos con ella, está convencida de que tiene la verdad del universo al alcance de sus manos, cuando ni aun sabe cómo son esas manos. Adoramos a los científicos como si fueran capaces de explicarnos el universo, lo mismo que nuestros antepasados adoraban a los sabios de la Antigüedad que afirmaban solemnemente la inmutabilidad del Cosmos sin saber explicar siquiera por qué vemos el cielo de color azul.

Sobre la existencia de una pulsión sexual, Sigmund Freud llegó a afirmar que “nadie ha podido demostrar aún la existencia de un instinto general de superevolución en el mundo animal y vegetal, a pesar de que tal dirección evolutiva parece indiscutible”.  Esperemos que algún día se demuestre o se descarte científicamente.

Platanera.

La filosofía nietzcheniana habla de una pulsión de perfeccionamiento en la naturaleza que se asemejaría mucho a un impulso sexual evolutivo en todos los seres vivos. Naturalmente, éste es un camino peligroso de transitar para quienes desean justificar filosóficamente que su raza es más perfecta que el resto. Cuarenta millones de muertos en una guerra han sido el resultado.

Bouganvilla.

El psicoanálisis freudiano asegura que son los instintos quienes tienden a asegurar la vida de los seres vivos: si la reproducción fallida de dos células termina con la muerte de ambas, es necesaria una fuerza que las impulse hacia una unión productiva. ¿En las plantas también? Todo parece indicar que sí, porque ¿no participan de la misma ley general de procreación o extinción que parece sustentar cualquier tipo de vida?

Drago canario.

Si es cierto que las pulsiones sexuales de los seres vivos desembocan, necesariamente, en el Eros, no hay razón para que este erotismo universal se encuentre ausente de las plantas.

Platanera.

No puedo concebir el erotismo sin que intervengan los sentidos, aunque esos sentidos sean diferentes de los humanos. Hay que percibir sensaciones agradables provenientes del exterior –o del interior, en el caso de las plantas hermafroditas– para que la necesidad de reproducción se produzca. Incluso en los vegetales el erotismo debe manifestarse para asegurar su supervivencia.

Las extrañas y “escandalosas” imágenes de la Virgen de la Leche (Tercera parte)

Cuadro de Pedro Machuca, titulado “Las ánimas del purgatorio”. El Niño Jesús y su Madre aprietan los pechos para purificar con su gracia a quienes se hallan purgando con fuego sus pecados.

La evolución de las Iglesias cristianas es discontinua, y este fenómeno ocurre tanto en la católica como en las ortodoxas y protestantes. Los avances y retrocesos en el respeto hacia las feligrerías tienen sus altibajos y no se desarrollan en orden cronológico. La evolución de la praxis de la Moral oficial dentro de las iglesias cristianas ha tomado caminos parecidos: lo que hoy no es escandaloso, mañana puede serlo y, pasado mañana, se admite como natural. Por ello, han aparecido tantas obras de arte que hoy nos sorprenden y han desaparecido otras.

A nadie se le escapa que si no hubieran existido desde hace siglos los cuadros de San Bernardo y la Virgen de la Leche, en la actualidad sería imposible que alguien los creara por encargo eclesiástico y se exhibiera en una iglesia.

Hace pocos meses, un escultor llamado Ricardo Flecha realizó este “Cristo en brazos de la muerte” para la catedral de Medina del Campo. Pues bien, fue imposible sacarlo en procesión, durante la Semana Santa, sin antes colocarle un lienzo sobre sus órganos sexuales.

Esta estatua de la Diosa de la Abundancia fue esculpida hace cuatro siglos y colocada en un edificio de Bristol (Reino Unido). En el siglo XVII, como le parecía impúdica, el pastor metodista John Wesley ordenó que le cubriesen los pechos. Hace poco tiempo, los encargados de restaurar el edificio se dieron cuenta de que había algo raro en la estatua y la examinaron con mayor atención. Finalmente, decidieron devolverla a su estado original.

Otro ejemplo es esta fotografía de José Antonio Montoya que representa con figurantes el mismo tema de los cuadros en que San Bernardo de Claraval bebe la leche de un pecho de la Virgen. El Presidente de la Comunidad Autónoma de Extremadura tuvo que pedir perdón públicamente a la Iglesia por publicar un libro con ésta y otras fotos parecidas.

Quizás, los dos posts anteriores dan la impresión de que existen pocas representaciones gráficas y textos sobre el fenómeno lácteo de San Bernardo. Nada más lejos de la realidad. Estos cuadros y tallas están por todas partes, porque durante siglos se produjeron de manera abundante. Los textos también. Un repaso por los libros publicados en los monasterios –sobre todo los dependientes del Císter– nos coloca frente a autores que llenan muchísimas páginas hablando del tema que nos ocupa.

Aparición de la Virgen a san Bernardo“, de  Juan Correa de Vivar, realizado en el s. XVI. Museo del Prado.

Un texto antiguo en un libro religioso que habla sobre San Bernardo y la Virgen.

“La visión de San Bernardo” es un anónimo realizado en el .s XIII y se halla en el Museo Diocesano de Palma de Mallorca.

La pintura es de Jean Bellegambe, realizada en 1633. Se encuentra en la Universidad de Lieja. Llama la atención que el chorro de leche no salga en línea recta, sino que describa un arco imposible entre el pecho de la Virgen y la boca del monje.

Alette, la madre de San Bernardo estaba obsesionada con la idea de que sus seis hijos no probaran más leche que la suya. ¿Influyó esta circunstancia en las visiones futuras del monje? ¿Es aventurado hablar de un posterior comportamiento edípico en Bernardo? Transcribo algunas líneas:

“Dar leche María a Bernardo, fue para comunicarle sus costumbres, y virtudes, y para que se le pareciese en ellas. Prueba este pensamiento el Abad Gulielmo, sin disentir de la infancia del mismo Bernardo en el lib. I de su vida cap. I.

Era Aleta madre del Santo, Señora (como hemos dicho) nobilísima, y riquísima; parió seis hijos, y una hija, y trayéndola (como es ordinario a personas semejantes) diversas amas, para que los criasen, no se los dio; porque ella misma los quiso criar, y alimentar con su propia leche.”

Otra con San Bernardo de Claraval, debida a los pinceles de Juan de las Roelas. Sevilla

El enfervorecido autor de esta página destila una gran sensualidad que desde el ámbito religioso, y también del literario, se ha venido denominando misticismo. El texto no tiene desperdicio, aunque sólo transcribo el título:

“De los favores de Jesús y María fue acariciado San Bernardo.

Punto I. Por la leche que la Virgen dio a Bernardo, si la Fe no nos detuviera, pudiéramos presumir que era hijo natural de la señora, y aun con más propiedad que si dijera que le había parido; pero a la verdad, diole la leche, para que se le pegasen, y pareciese, en costumbres.”

Talla policromada del siglo XVI. Rioja.

Cuadro de Juan Carreño, pintado a mediados del siglo XVII. Se encuentra en Pastrana.

Otro texto monacal. El autor considera que el vino litúrgico lleva en su cuerpo la sustancia de la leche mariana. Para demostrarlo, trae a colación los cánticos del rey Salomón:

“¿Es mucho causar admiración porque dijo el sapientísimo Rey: Los pechos de la sierva María te embriagué, siendo así que en los pechos no hay vino que pueda embriagar, sino agradabilísima leche?”

De autor desconocido, esta lactación pudo ser pintada en la primera mitad del siglo XVI. El cuadro se encuentra en el recién restaurado Ghent Museum voor Schone Kunsten (Gantes, Bélgica).

Otra lactación, cuyo autor desconozco.

Pere Lembrí retrata el chorro de leche que entra en la boca de San Bernardo de Claraval, mientras dos ángeles  hacen sonar sus flautas. San Benito levanta los ojos de su libro para contemplar el milagro. Está este lienzo en el Museo del Prado.

Esta pintura con San Bernardo bebiendo leche se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza.

Grabado de Claude Mellan, impreso en la Tipografía Real de París, en  1650, como se puede leer en el pie de la estampa.

 

Las extrañas y “escandalosas” imágenes de la Virgen de la Leche (Segunda parte)

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Lactancia de San Bernardo. Anónimo de 1680. Perú.

Mañana, lunes, 20 de agosto, es día de San Bernardo, quien, a decir de fray Bernabé de Montalvo, es el Abogado de los Pechos Femeninos. Una casualidad como otra cualquiera, pero que viene a recordar a  los católicos que hubo un santo que, según sus propias palabras, bebió leche de los pechos de la madre de Dios. No había cámaras fotográficas ni de vídeo que pudieran dejar constancia fidedigna de algo tan extraordinario. Nos hemos de conformar con su testimonio y creerlo, ponerlo en duda o desecharlo como una mentira o una alucinación del santo.

Texto de fray Bernabé de Montalvo, cronista español de la Orden del Císter.

Naturalmente, aunque no creamos una palabra del supuesto milagro, no tenemos por qué suponer que Bernardo es necesariamente un mentiroso. Bien pudo decir su verdad al contar lo que creyó vivir, aunque, en realidad, no sucediera.

    “La loba amamantando a Rómulo y Remo”, de Alessandro Algardi (s. XVII).

El mito latino de la loba dando su leche al fundador de Roma y a su hermano no es ajeno a nuestras tradiciones religiosas. El papel maternal para criar a los héroes se limita a proporcionarles alimentos, pero suele estar desligado de su procreación. ¡Es muy difícil otorgar a alguien la categoría de dios o de superhombre teniendo  a sus padres como vecinos!

Este vaso ampuliano (360 a.d.C.) está decorado con una imagen de la diosa Hera amamantando a un crecidito Hércules.

A la izquierda aparece Afrodita, a quien Hera se la tenía jurada desde que tuvo aquel asuntillo con Paris. En realidad, Hera también odiaba a Hércules, pero fue engañada por su marido Zeus para que lo amamantara.

El dibujo representa los momentos anteriores al instante en que Hera se da cuenta de quién es el niño está mamando en su pecho. Luego, aparta de un manotazo al niño intruso y su leche se derrama en el cielo, dando lugar a la Vía Láctea.

Cuadro de Tintoretto (1580), localizado en la  National Gallery de Londres, en el que también aparece Hércules o Herakles alimentándose con la leche de la esposa de su Padre Zeus.

Ya hemos visto que las representaciones de la Virgen con sus pechos al descubierto y ofreciendo leche a su hijo o a otras personas no es privativo del arte cristiano. En Egipto, Grecia y Roma existieron imágenes similares en las que se inspiraron los pintores europeos medievales y los de siglos posteriores. La creación del mito de la Vía Láctea y sus representaciones tampoco se hallan lejos.

Óleo “El nacimiento de la Vía Láctea” de Rubens  (1637), consevado en el Museo del Prado. Detrás, Zeus, el Dios Padre del Olimpo, contempla a Hércules y a Hera.

“Visión de San Bernardo”, según Joos Van Cleve. La Virgen enseña su pecho derecho a San Bernardo, sin una razón aparente, porque es evidente que el Niño ni está mamando ni parece abrigar intenciones de hacerlo. Tampoco es seguro que las manos del santo se hallen en disposición de aplaudir.

La sexualidad es tan terca como la verdad y un día u otro, de una u otra forma, termina por evidenciarse. Los disfraces que adopta lo sexual para manifestarse cuando está reprimido son tan abundantes como las acciones personales. Desde hace tienpo, se sabe que los sueños, las fantasías, las producciones artísticas, etc. nos muestran lo sexual sublimado. Que cuanto más reprimimos los deseos con mayor fuerza se evidencian.

La sensualidad fue duramente reprimida por los dirigentes de la cristiandad, empeñados en tratar los cuerpos humanos como recipientes llenos de pecado a los que debe mantenerse ocultos y maltratar cuanto se pueda.  A pesar de ello, se buscó la forma de mostrar cuerpos seductores en imágenes “decorosas” como esta sensual  “Virgen de Melun”, de Jean Fouquet (s. XV), a la que también se conoce como La Virgen enfadada.

“La Duquesa fea”,  pintada por  Quentin Matsys a principios del siglo XVI.

Sin sumergirnos en las escabrosidades a que nos llevaría, necesariamente, un psicoanálisis detenido de la vida de San Bernardo, no se puede omitir que la relación con su madre biológica –miembro de la nobleza francesa– fue más intensa de lo normal y que, cuando ella muere, el santo continúa hablando con su fantasma.

Su difunta madre se le aparece, de tanto en tanto, y mantiene con ella una comunicación fluida, según sus propias confesiones. Si a esto se unen sus visiones de pechos celestiales que le regalan su leche, cualquier psicoanalista pensaría de inmediato en un complejo de Edipo como una catedral. O, en su caso, como un monasterio.

Pero aquí dejo el espinoso tema hasta un próximo post, en el que prometo mostrar imágenes tanto o más divertidas que en las dos primeras entregas de lo que va camino de convertirse en un culebrón lácteo. Por cierto, y hablando de lácteos, ¿no han probado el Dulce de Leche San Bernardo?

Producido en Argentina, los fabricantes de este Dulce de Leche no pudieron haber elegido una marca más apropiada para el postre favorito de sus paisanos. Únicamente, les faltó agregar en la etiqueta alguno de los numerosos cuadros que muestran al santo recibiendo la dulce leche en su boca.

Las extrañas y “escandalosas” imágenes de la Virgen de la Leche (Primera parte)

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Anteayer, jueves, día 16 de agosto de 2012, volvió, casi sigilosamente, a la catedral de Gerona, el cuadro Lactatio de san Bernardo de Claraval, tras ser restaurado en el Centro de Restauración de Bienes Muebles de Cataluña. Se ha logrado devolver la adherencia a la capa de pintura, perdida por haber doblado en algún momento este lienzo del siglo XVIII que representa a la Virgen lanzando desde sus pechos un chorro de leche a San Bernardo.

Enterado del traslado del cuadro, me vino el recuerdo de mi primer encuentro serio con la Virgen de la Leche.

La primera vez que me interesé por la Virgen de la Leche fue en San Agustín, una ciudad de Florida (Estados Unidos), fundada por Juan Ponce de León, donde se asentaron muchos canarios que dejaron su huella en tumbas, casas y haciendas. Ponce llegó hasta allí buscando la Fuente de la Juventud o, al menos, era lo que  decía para que le siguieran.

Hoy, muchos turistas visitan esa fuente que se encuentra al lado de la vieja ermita de la Virgen de la Leche. Una capilla rodeada por las tumbas de los primeros pobladores canarios y españoles y no muy alejada de la impresionante Fortaleza de San Marcos.

Recuerdo que se me ocurrió entonces la idea de que la leche de la Virgen María era considerada un elixir que proporcionaba la eterna juventud tanto como el agua de la propia Fuente de la Juventud. Más preocupado por los asuntos que me llevaron a esa ciudad que por mitos alquimistas, pronto aparté aquellas especulaciones de mi cabeza. Sin embargo, bastantes años más tarde, creo que no iba yo demasiado descaminado, a la vista de los documentos e imágenes que han ido cayendo en mis manos: la cercanía de la Fuente de la Juventud y de la Virgen de la Leche no es meramente casual, sino que responde a  la voluntad de reunir dos mitos similares o, posiblemente, de enfrentarlos. Quizás este post y el siguiente les haga compartir mi idea.

Más tarde descubrí que no sólo en San Agustín existía una Virgen de la Leche, sino que su culto estaba extendido por medio mundo. La imagen, en esencia, consiste en la Virgen María dando el pecho a su hijo Jesús o, al menos, mostrándoselo.

He recopilado e insertado en este post varias citas y algunas de esas extrañas imágenes de la Virgen de la Leche.

Después de mi visita a San Agustín, comencé a fijarme en los iconos que representaban la Virgen de la Leche y en otros similares. Tuve noticias sobre  un cuadro se encontraba en el convento de Santo Domingo, en La Laguna (Tenerife), al leer el siguiente texto:

“Cuando fui a visitar el convento de los dominicos me paré un instante delante de una pintura bastante curiosa situada en el claustro: Santo Domingo situado a los pies de María recibía en su boca la leche que la Virgen hacía manar de su seno descubierto.”

Se debía al francés André-Pierre Ledru quien lo había incluido  en un libro publicado en el siglo XVIII. Yo supongo que este cuadro no representaba a Santo Domingo, sino a San Bernardo. Debió de ser  similar al que aparece sobre estas líneas, debido a los pinceles de Alonso Cano y que se conserva en el Museo del Prado con el título Premio lácteo a san Bernardo. Otros autores, como Sabino Berthelot, cónsul francés en Tenerife, citarían el mismo cuadro de Tenerife en el siglo XIX:

Los dominicos tienen su residencia en la Villa de Abajo. Entre las pinturas de escaso valor que decoran la iglesia, hay una cuyo tema me ha llamado la atención: Santo Domingo, postrado de rodillas, recibe en la boca la leche que mana del pecho de la Virgen.

Como yo viví algunos años en dicho convento, debería haberlo visto si se conservaba. Sin embargo, no guardo memoria de él. Es posible que fueran los propios clérigos quienes lo escondieran o lo destruyeran por considerarlo irreverente. ¡Quién sabe!

Otro cuadro similar, con la misma temática. La Virgen envía un chorro de leche a la frente de San Bernardo mientras un león del tamaño de un caniche apoya sus pies en el mismo reclinatorio donde se arrodilla el santo, quizás dando a entender que el libro está abierto por el Evangelio de San Marcos. Otro fraile contempla todo como si fuera lo más natural del mundo. El cuadro se llama La milagrosa lactancia de San Bernardo de pintor flamenco desconocido. Sólo se sabe que fue realizado hacia 1480.

Ramón Mújica cuenta cómo Santa Rosa de Lima mantuvo una relación especial con uno de estos cuadros.

“En el oratorio de Gonzalo de la Maza había un retrato de la Virgen de la Leche que Francisco Stastny ha atribuido a Mateo Pérez de Alesio, de la cual se hicieron muchas copias. Cuando la Santa la veía pensaba que estaba viva y no pintada “por las muchas mercedes, consuelos y regalos que de allí había recibido”. La Virgen con el Niño dormido en sus brazos le disparaba “a su pecho penetrantes saetas de fuego, que la pasaban el alma” y […]”

Leonardo Hansen escribió, en 1929,  que otro día la santa vio cómo la Virgen se agrandaba y trataba de salirse del cuadro para charlar con ella y una amiga. Fray Vicente de Zea aseguró a principios del XIX que al escuchar el Niño las alabanzas hacia su madre, soltó el pecho materno y volvió el rostro hacia Rosa.

Otro San Bernardo recibiendo leche de la Virgen María. Esta vez se trata de un grabado en un libro. Sobre el santo aparece una frase que debe tenerse en cuenta para entender la siguiente leyenda que estuvo muy en boga.

Según se cuenta, San Bernardo estaba rezando a una estatua de la Virgen la oración Ave Maris Stella y, al llegar va la cuarta estrofa, pronunció en latín la frase Monstra te esse matrem (Muestra que eres madre). Al punto, la estatua descubrió un pecho y lo apretó hasta que un chorro de  leche llegó a la boca de San Bernardo. Así –continúa la leyenda–, el santo pudo humedecer sus labios secos de tanto rezar.

La cuarta estrofa de Ave Maris Stella es:

Monstra te esse matrem:
sumat per te preces,
Qui pro nobis natus tulit esse tuus.
Muestra que eres madre:
reciba nuestras súplicas 
por medio de ti,
Aquél que, naciendo por nosotros,
aceptó ser tu hijo.

En Canarias, he visto recogida esa leyenda con un añadido: San Bernardo es quien aprieta el pecho a la Virgen para que Santo Domingo beba.

En el Museo del Prado también está guardado este cuadro de Murillo, datado en 1655, representando a San Bernardo y la Virgen. La leche llega a la boca del santo que no demuestra mucho placer al probarla.

Como se podrán imaginar, es grande la tentación de realizar un estudio psicoanalítico, tanto del santo y del cuadro como del pintor. No puedo imaginar que no lo llevase a cabo el propio Sigmund Freud si hubiera conocido estos lienzos.

Un texto de autora española roza el tema sin entrar en él de lleno. Se trata de una novela que no ha visto el papel aún y  versa  sobre una monja alemana del siglo XII llamada Hildegard que era sospechosa de brujería:

“La Virgen amamanta al santo por su defensa mariana. Un humilde monje arrodillado a los pies de la Virgen. El monje era san Bernardo; la Virgen había abierto su túnica para él y de uno de sus pechos manaba leche. Una leche que llegaba a la boca de Bernardo. El santo estaba en expectante espera. En un arrobador éxtasis, san Bernardo, que había intercedido –después de muchas súplicas a la abadesa– para que se permitiera la difusión de sus escritos, soñaba que mamaba de los pechos de la Virgen. Lo soñaba con tanta fuerza que los artistas lo pintaron así cuando él murió. Hoy hubiese sido un escándalo. En un libro piadoso se contaba que guardó ayuno durante muchos días y que, para que no muriera de inanición, la propia Virgen le dio de mamar de su pecho. El chorro de leche era el premio a su ascetismo.
Las vírgenes, pensó Samuel, soñaban que su pecho se llenaba de leche si no han dejado de ser virgen. Soñaban con dar de mamar al hombre, porque toda mujer lleva dentro una madre y una amante.
El erotismo, la sensualidad y una sexualidad no consumada hacían que la Iglesia creciera de forma insana. Alfonso X el Sabio en sus Cantigas también pintó la resurrección de un monje cisterciense gracias a la leche de la Virgen. La Iglesia quería la leche virginal.”

En una iglesia de Játiva se encuentra una pintura de Borbató que incide en la misma escena de la Virgen y San Bernardo, pero esta vez con mucha compañía. En el lado izquierdo, San Antonio parece aguardar su turno.

Los cuadros representando a la Virgen de la Leche son más abundantes de lo que generalmente se cree. Algunos, como éste pintado por Robert Campin, en 1425, y depositado en la National Gallery de Londres, son auténticas maravillas.

Otros nos revelan  el arte costumbrista de un país en todo su esplendor, como esta Virgen de la Leche o Mamacha de la Leche que se halla en Cusco, Perú, y casi no descubre el pezón. Quizás, por esta razón, el Niño está más interesado en el pintor que en la comida.

Pocos son los pintores religiosos que no nos ofrecen su visión particular de la Virgen de la Leche y no es raro encontrar verdaderas delicatessen como esta pintura de Boticelli.

Naturalmente, existen antecedentes al tema de las diosas amamantadoras en la cultura egipcia, como la divina Ast que aparece alimentando a su hijo Horus.

Otra estatua de la diosa egipcia Ast amamantando a Horus, su hijo. Ast era hermana y esposa del dios Osiris.

Ast representaba el ideal de madre para los egipcios.

Después, la diosa Ast pasaría a Roma bajo el nombre de Isis, representando la fuerza fecundadora de la naturaleza. En algunas imágenes también se encuentra dando leche a un niño.

Pintura romana de Isis, tal vez fuente de inspiración para similares representaciones cristianas.

Capilla de la Virgen de la Leche, San Agustín (Florida, EEUU), rodeada de tumbas y situada a pocos pasos de la Fuente de la Juventud.

Imagen de la Virgen de la Leche, en la mencionada capilla de San Agustín (Florida, EEUU).

Fuente de la Juventud, en San Agustín (Florida, EEUU).

Agua embotellada de la Fuente de la Juventud, en San Agustín (Florida, EEUU).

Virgen de la Leche, patrona de la ciudad portuguesa de Braga

Virgen de la Leche, pintada en el siglo XV por Pedro Berruguete. Se puede observar cómo el chorro de leche no llega a la boca del Niño, sino continúa continúa hacia la zona izquierda de la imagen.