Etiqueta: escuela

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La didáctica de la Ética y la ética de la Didáctica: la manipulación como ejemplo

La recomendación de aquel profesor era que los alumnos tuvieran sensación de libertad en la clase. Pero no de una libertad cabal, sino de una falsa libertad, canalizada a través de una serie de actividades-trampa preparadas por cada profesor. Siguió hablando de otras opciones parecidas, cuyo común denominador era el engaño al alumnado para que hiciera sus elecciones y sus propuestas con la sensación de una libertad que, evidentemente, no existía. Uno de sus ejemplos era…

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Blog de Manuel Mora Morales

¿Los medios electrónicos amodorran a los niños?

Me pregunto si en las aulas se estará teniendo en cuenta lo que me permito denominar el «Síndrome de la Modorra», como respuesta espontánea de los alumnos a la utilización indiscriminada de las multimedias. Hablo del uso «didáctico» y «normalizado» de pizarras digitales, proyectores de vídeo y ordenadores, sin observar diariamente las reacciones del alumnado para motivarlo a rebelarse frente al amodorramiento físico e intelectual que se puede producir con suma facilidad.

El caso de Zog I de Albania y la reproducción de los reyes por generación espontánea

La monarquía es un sistema elástico, aunque no lo parezca a primera vista. Casi igual que la iglesia o el ejército ha ido adaptándose a los nuevos tiempos y a las nuevas ideologías políticas, sociales y científicas. Su sobrevivencia ha dependido en gran parte de esa elasticidad, no sólo de la ignorancia de los pueblos. La realeza solamente ha quedado excluida por completo de los sistemas nazis y comunistas, en los que, sin embargo, la iglesia ha hallado resquicios para sobrevivir y el ejército se ha encontrado como en su propia casa, porque –en el fondo y, sobre todo, en la forma– ¿qué han sido el comunismo soviético y el nazismo alemán sino campamentos militares ampliados a todas las esferas de la sociedad?

En hipopótamo a la escuela

Llama la atención la facilidad con que la autora va abriendo, capa tras capa, el alma de dos niñas que están entrando en la adolescencia. Su ritos infantiles con la oscuridad y los miedos, sus apegos, sus tristezas, sus felicidades, sus generosidades y una lista de pulsiones emocionales, tan compleja como el teclado de un piano, desvelando, tecla a tecla, las sensibles y, a veces, tensas cuerdas de la psique preadolescente.

Difícilmente, una escritora con estas características se hubiera abierto paso franco hacia la fama en una cultura diferente de la japonesa. Por fortuna, como también sucedió con Kenzaburo Oe –de quien Ogawa parece haber heredado su sentido del humor–, la sensibilidad de los lectores y críticos nipones la ha salvado del ostracismo al que culturas más agresivas y consumistas la habrían condenado de antemano.