Canarios de Nueva Orleans

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Esta pareja que fotografié en Saint Bernard Parish (cerca del río Misisipi), en el año 2005 –poco antes de llegar el huracán Katrina–, forma parte de los descendientes de la inmigración canaria a Luisiana en el siglo XVIII. Estos descendientes continúan hablando español con el mismo acento que sus antepasados. 
Conocidos como los Isleños (Islanders), los habitantes de los asentamientos canarios en Luisiana son los descendientes de algo más de dos mil canarios que fueron trasladados a esa región por Carlos III, entre 1778 y 1784. Allí se dedicaron a la agricultura y, aunque permanecieron en esas mismas tierras cuando los Estados Unidos las anexaron, una parte de ellos se aisló lo suficiente como para continuar hablando el mismo dialecto canario del siglo XVIII que llevaron sus antepasados.
Es decir, los canarios tienen en el Sur de los Estados Unidos una reserva lingüística de hace más de dos centurias y bastan algunas horas de avión para que uno se sienta transportado por la máquina del tiempo y sostenga una conversación con las mismas palabras que pronunciaban los abuelos de nuestros bisabuelos. Un tesoro inconmensurable que ahora mismo corre peligro inminente de desaparecer.
Cuando España abandonó Luisiana y Florida Occidental, a principios del siglo XIX, el contacto con los colonos canarios sólo se mantuvo desde la ciudad de Cienfuegos, en Cuba. Con posterioridad, estos vínculos también se perdieron y los descendientes de canarios llegaron a olvidar de dónde procedían sus ancestros. No obstante, continuaron hablando español y no quisieron comunicarse en inglés hasta el año…
Para saber más, sobre esta curiosa comunidad, ir a 
https://manuelmoramorales.com/05-canarias/luisiana-y-los-canarios/

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“Cool Cat Charlie”: un canario de Texas que regresa dos siglos después a ofrecernos sus blues

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Charlie Cruz es un descendiente de los canarios que emigraron a Texas, hace más de dos siglos, y se establecieron en la Misión de San Antonio, hoy convertida en gran ciudad.
Charlie Cruz, como tantos otros descendientes de emigrantes isleños, emprende en estos días el camino inverso: viene a Canarias. El objetivo de su viaje es ofrecer varios conciertos de música bajo el nombre de “Cool Cat Charlie”. Sea, pues, bienvenido ese Gato.
Charlie canta, toca la guitarra eléctrica y la Cigar Box Guitar.[1]

El isleño texano interpreta blues tradicional –con más ecos de B. B. King y John Mayall que del Texas Blues de Albert Collins, Freddie King o Janis Joplin–, un blues que te va atrapando y se hace contigo cuando menos lo esperas: suaves lamentos eléctricos de cuerdas abotonadas con crushings, guitarras sustentadas por la armónica que su compañero de grupo, Emilio King Be, hace gemir mientras la besa sin complejos.

La voz de Charlie Cruz, a veces rota y a veces íntegra, transmite esas agridulces sensaciones que los amantes del blues y de rhythm and blues tanto buscamos hasta en los garitos menos recomendables.

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Actuará en Las Palmas de Gran Canaria el próximo fin de semana (16 y 17 de mayo de 2014). El viernes 16 a las 21:00 en El Muellito y, a medianoche, en la Sala Nasdaq; y el sábado 17 a las 17:30 en La Guarida del Blues, en el Paseo de Las Canteras. Allí estaremos.

Los aficionados al blues no pierdan la ocasión de disfrutar en directo a nuestro pariente Charlie Cruz punteando su Cigar Box Guitar. El año pasado, en su gira europea, dejó una excelente impresión en Madrid, cuando actuó en Moe. El mérito de esta actuación en las islas es del baterista y presidente de la Sociedad Blues Canarias, Alberto Gulias, tan conocido en los ambientes musicales no sólo de su isla.

Antigua misión de San José, en las afueras de la ciudad de San Antonio.

Antigua misión de San José, en las afueras de la ciudad de San Antonio.

Respecto a la ascendencia canaria de Charlie, sus antepasados llegaron a San Antonio, a principios del siglo XVIII, cuando Texas era un territorio español y se temía una invasión francesa procedente de Luisiana. Embarcaron en Tenerife, el 27 de marzo de 1730 y llegaron a La Habana el día 10 de mayo. El 9 de julio zarparon de nuevo y llegaron a Veracruz (México) diez días más tarde.

Pero allí nadie quiso arriesgarse a conducirlos a Texas, porque les parecía imposible llegar con vida en un viaje tan arriesgado: altas montañas, desiertos, calor sin cuento, nieves, ataques comanches,…
Por fin, fueron obligados a emprender la marcha. En el primer ataque comanche sólo perdieron caballos y comida. En el segundo ataque muere un indígena.

Casi un año después de su salida de Canarias llegaron a la misión de San Antonio, el día 9 de marzo de 1731. Durante la larga travesía por tierra cargaron con sus piedras de molino, las cuales lograron conservar sanas y salvas, lo que les permitió comer gofio, sagrado vínculo con la tierra que jamás volverían a pisar: las Islas Canarias.
De inmediato procedieron a fundar la población. Las familias fundadoras fueron las siguientes:

• Juan Curbelo 30 (Lanzarote), casado con Gracia Perdomo y Umpierres 45 (Lanzarote), Hijos: José de 20 (Lanzarote), Juan Francisco de 9 (Lanzarote).
• Juan Rodríguez (Lanzarote) casado con María Rodríguez (Lanzarote) Hijos: Josefa de 9 Pedro de 7 Paula de 7 María de 4 y Manuel Fco de 2 años.
• Juan Leal Jr. 30 (Lanzarote), casado con María Gracia de Acosta 30 (Tenerife).
• Manuel 11 (Lanzarote), Miguel 9 (Fuerteventura), Domingo 6 (La Palma), María 5 (Fuerteventura), Pedro 1 (Habana, Cuba) .
• Antonio de los Santos 40 (Lanzarote), casado con Isabel Rodríguez 33 (Lanzarote). Hijos. Miguel de 16 (Lanzarote), Catalina de 11 (Lanzarote), María de 6 (La Palma), Josefa de 7 (Lanzarote).
• José Padrón 22(La Palma) casado con María Francisca Sanabria 20 (Lanzarote) .
• Manuel de Niz de 49 (Gran Canaria), casado con Sebastiana de la Peña de 44 (Gran Canaria).
• Juan Leal Goraz 55 años (Lanzarote), su esposa falleció en el trayecto. Hijos: Vicente 17 años (Lanzarote), Bernardo 12 años (Lanzarote).
• Salvador Rodríguez de 42 (Tenerife), casado con María Pérez Cabrera de 42, José de 17 Ana de 12 y Marcos de 7.
• Juan Cabrera de 39 (Lanzarote) casado con María Rodríguez hijos José de 17 Ana de 12 y Marcos de 7.
• Lucas Delgado de 30 (Lanzarote) casado con María Melián de 30 (Lanzarote). Hijos Francisco de 14 Leonor de 4 y Domingo de 1 año.
• Antonio Rodríguez de 28 (Gran Canaria), Josefa de Niz de 18 Gran Canaria).
• Familia: José Leal de 21 (Lanzarote), Ana Santos de 17 (Lanzarote).
• Juan Delgado de 18 (Lanzarote), Catalina Leal 10 (Lanzarote).
• Francisco de Arocha (La Palma), Juana Curbelo de 13 (Lanzarote).
• Vicente Álvarez casado con María Curbelo de 17.
• Dos solteros: Martín Lorenzo de Armas (Gomera), Ignacio Lorenzo de Armas (Gomera).

Fuerte de El Álamo, en San Antonio.

Fuerte de El Álamo, en San Antonio.

Sembraron y roturaron los campos, cuyos frutos les permitieron sobrevivir. Se trazaron calles a la orilla del río, cerca de la misión de San Antonio, también conocida como El Álamo (existe una famosa película sobre un asalto de los mexicanos a este lugar) y el día primero de agosto de 1731 se habilitó el Cabildo o gobierno de la ciudad. El Cabildo estuvo gobernado sólo por canarios hasta la invasión de los ingleses, muchos años más tarde.

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NOTA

[1] La Cigar Box Guitar (“guitarra de caja de puros”) es un antiguo instrumento de cuerdas, fabricado con cajas de cigarros. Toma su nombre de las características de las cajas de cigarros fabricadas con una capa delgada de madera. No tiene dimensiones fijas. Por lo general, lleva tres o cuatro cuerdas y el afinado es similar al del banjo.

SEXTA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

El dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo, gastó millones de pesos en ampliar la policía. En cuatro meses, fueron encarceladas 4.000 personas y las torturas eran similares a la descripción que vimos en la anterior entrega. Más que nunca, el país había caído bajo el dominio del terror y los dominicanos eran perseguidos, torturados y asesinados lo mismo que los emigrantes haitianos. Sin embargo, la prepotencia del Generalísimo terminaría por acarrearle su propia ruina.

Cuando Trujillo retiró su apoyo incondicional a los obispos, la Iglesia Católica envió una carta pastoral  que se leyó en todas las iglesias reclamando el respeto a los derechos humanos. La firmaron los mismos obispos que habían apoyado incondicionalmente a Trujillo, al comprender que la situación se les ha ido de la mano. Incluso, la embajada de Estados Unidos ofreció asistencia a algunas familias importantes para salir del país. En Caracas, Rómulo Bethencourt y Fidel Castro decidieron apoyar a los opositores dominicanos.

Las denuncias de la prensa americana también comenzaron a dar su fruto. La Agencia de Inteligencia Americana (CIA) comenzó a desarrollar actividades destinadas a promover el asesinato de Trujillo. Paralelamente, el gobierno de los Estados Unidos invitó a Trujillo a asilarse Estados Unidos o Europa. Este rechazó la propuesta.

La reacción por parte del sátrapa no se hizo esperar. La prensa y la radio oficiales de la R. D.  atacaron a la Iglesia y a Estados Unidos. Los servicios secretos trujillistas organizaron un complot para asesinar a Rómulo Betancourt, Presidente de Venezuela, el cual se salvó milagrosamente del atentado en que murieron su chofer y un oficial, cuando su coche voló por los aires.

Rafael Trujillo, Fidel Castro y Rómulo Bethencourt. A principios de la década de 1960, estos tres descendientes de canarios manejaban los principales resortes del poder en el área del Caribe.

Curiosamente, los tres gobernantes más destacados en esos momentos, en el área del Caribe, eran hijos o nietos de emigrantes canarios: Fidel Castro Ruz, Rómulo Bethencourt y Rafael Leónidas Trujillo Molina. Naturalmente, los tres conocían su ascendencias, pero, seguramente, desconocían la de los otros dos.

Después la cosa se complicó cuando Trujillo intentó matar al Presidente de Venezuela. Creo yo que era Rómulo Bethencourt.
Nuestra situación era mala y todo aquel que tenía familia en Venezuela trataba de irse para ese país. ¡Más se complicaba! A dos compañeros míos los cogieron en la capital, los metieron en [la prisión de] La Victoria y al mes o a los dos meses los metieron en un barco y los llevaron para allá. Llegaron casi desnudos, llegaron a Barcelona.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

[…] Ya al año vine para la capital. Mucho mosquito. Vine para la capital a buscármelas aquí. Unos se quedaron otros fueron para Venezuela… Fueron muchos para Venezuela, otros fueron para España, regresaron.
(Don Ángel Velásquez, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Rafael Leónidas Trujillo, nieto de un sargento canario, se comportó toda su vida como un prepotente gallo de pelea, asesinando sin piedad a cualquiera que se opusiera a sus continuos abusos.

La Asamblea redactó una nueva Constitución dominicana. En ella se decía que el Presidente y el Vicepresidente no pueden ser perseguidos ni encarcelados por ningún delito. Trujillo nombró presidente a Joaquín Balaguer, el cual justificó los años de tiranía en su discurso de toma de posesión.

Sin embargo, sin hacer caso de los cantos de cisne de Balaguer, la Organización de Estados Americanos condenó a Trujillo y se rompieron todas las relaciones diplomáticas y comerciales con el resto de los países americanos. Aprovechando la marea, el gobierno de los Estados Unidos deseaba que también se condenara a Fidel Castro, pero no lo consiguió.

Trujillo trató de remendar la situación e invitó a la oposición a volver al ruedo político. Regresaron sólo dos partidos. Sin embargo, es difícil perder las malas costumbres: a las pocas semanas, fueron represaliados y hubieron de volver a la clandestinidad. Entonces, arreció la represión y los asesinatos: así murieron las hermanas Mirabal, lo cual indignó al pueblo. Creció la tormenta. Las torturas no cesaron, como muestra la siguiente cita extraída de una novela de Vargas Llosa –La fiesta del Chivo– que realiza un magnífico retrato de aquellos siniestros días:

La famosa actriz dominicana María Montez, hija de un canario de Garafía, fue uno de los símbolos utilizados por la dictadura para presentar al mundo la cara amable del régimen. De hecho, mantuvo presuntos amores secretos con Virgilio Montalvo Rodríguez, uno de los mandamases de Rafael Leónidas Trujillo. Sería el propio Trujillo quien le entregara a la actriz la condecoración de la “Orden de Trujillo” en noviembre de 1943.

Ramfis [hijo de Trujillo] movió la cabeza y Pupo se sintió lanzado con fuerza ciclónica hacia adelante. El sacudón pareció machacarle todos los nervios, del cerebro a los pies. Correas y anillos le cercenaban los músculos, veía bolas de fuego, agujas filudas le hurgaban los poros. Resistió sin gritar, sólo rugiendo. Aunque, a cada descarga –se sucedían con intervalos en que le echaban baldazos de agua para reanimarlo– perdía el conocimiento y quedaba ciego, volvía luego a la conciencia. Entonces, sus narices se llenaban de ese perfume de sirvientas. Trataba de guardar cierta compostura, de no humillarse pidiendo compasión. En la pesadilla de la que nunca saldría, de dos cosas estuvo seguro: entre sus torturadores jamás apareció Johnny Abbes García, y, en algún momento, alguien que podía ser Pechito León Estévez, o el general Tuntin Sánchez, le hizo saber que Bibín había tenido mejores reflejos que él, pues alcanzó a dispararse un balazo en la boca cuando el SIM lo fue a buscar a su casa de la Arzobispo Nouel con la José Reyes. Pupo se preguntó muchas veces si sus hijos Álvaro y José René, a quienes jamás habló de la conspiración, habrían alcanzado a matarse.
Entre sesión y sesión de silla eléctrica, lo arrastraban, desnudo, a un calabozo húmedo, donde baldazos de agua pestilente lo hacían reaccionar. Para impedirle dormir le sujetaron los párpados a las cejas con esparadrapo. Cuando, pese a tener los ojos abiertos, entraba en semiinconsciencia, lo despertaban golpeándolo con bates de béisbol. Varias veces le embutieron en la boca sustancias incomestibles; alguna vez detectó excremento y vomitó. Luego, en ese rápido descenso a la inhumanidad, pudo ya retener en el estómago lo que le daban. En las primeras sesiones de electricidad, Ramfis lo interrogaba. Repetía muchas veces la misma pregunta, a ver si se contradecía. «¿Está implicado el Presidente Balaguer?».) Respondía haciendo esfuerzos inauditos para que la lengua le obedeciera. Hasta que oyó risas, y, luego, la voz incolora y algo femenina de Ramfis: «Cállate, Pupo. No tienes nada que contarme. Ya lo sé todo. Ahora sólo estás pagando tu traición a papi». Era la misma voz con altibajos discordantes de la orgía sanguinaria, luego del 14 de junio, cuando perdió la razón y el Jefe tuvo que mandarlo a una clínica psiquiátrica de Bélgica.

Cuando ese último diálogo con Ramfis, ya no pudo verlo. Le habían quitado los esparadrapos, arrancándole de paso las cejas, y una voz ebria y regocijada le anunció: «Ahora vas a tener oscuridad, para que duermas rico». Sintió la aguja que perforaba sus párpados. No se movió mientras se los cosían. Le sorprendió que sellarle los ojos con hilos lo hiciera sufrir menos que los sacudones del Trono. Para entonces, había fracasado en sus dos intentos de matarse. El primero, lanzándose de cabeza con todas las fuerzas que le quedaban contra la pared del calabozo. Perdió el sentido y se ensangrentó los pelos, apenas. La segunda, estuvo cerca de conseguido. Encaramándose en las rejas –le habían quitado las esposas, preparándolo para una nueva sesión en El Trono– rompió la bombilla que iluminaba el calabozo. A cuatro patas, se tragó todos los vidrios, esperando que una hemorragia interna acabara con su vida. Pero el SIM tenía dos médicos en permanencia y una pequeña asistencia dotada de lo indispensable para impedir que los torturados murieran por mano propia. Lo llevaron a la enfermería, le hicieron tragar un líquido que le provocó vómitos, y le metieron una sonda para limpiarle las tripas. Lo salvaron, para que Ramfis y sus amigos pudieran seguir matándolo a poquitos.
Cuando lo castraron, el final estaba cerca. No le cortaron los testículos con un cuchillo, sino con una tijera, mientras estaba en el Trono oía risitas sobreexcitadas y comentarios obscenos, de unos sujetos que eran sólo voces y olores picantes, a axilas y tabaco barato. No les dio el gusto de gritar. Le acuñaron sus testículos en la boca, y […].
(Mario Vargas Llosa, La Fiesta del Chivo, pp 424-425)

Los emigrantes canarios se encontraban entre la espada y la pared. Atrapados en la isla, perseguidos por los trujillistas que los acusaban de comunistas  y por los opositores que los marcaban como protegidos del dictador. Sin embargo, aún no se había tocado fondo: se acercaban tiempos aún más negros, tanto para ellos como para la República Dominicana.

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

QUINTA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Don Aureo Francisco, emigrante canario, residente en Constanza.

Uno nunca debe estar seguro de haber tocado fondo, porque cualquier fondo puede quebrarse y aparecer un nuevo abismo. Esto les sucedió a los emigrantes canarios en la República Dominicana. A todas sus calamidades, se añadió una para la que estos jóvenes políticamente imberbes no estaban preparados: las acusación de ser comunistas.
La isla estaba atestada de espías del gobierno, llamados calies, los cuales delataban a los emigrantes como comunistas cada vez que protestaban por algo o se quejaban por no haberse respetado sus contratos. A veces, no hacía falta rebelarse contra la situación, porque los propios españoles también los delataban como enemigos del régimen trujillista para quedarse con sus tierras.

Ya te digo, los camiones recogiendo gente, eso era todos los meses, recogiendo. Hubo una noche un caso que yo presencié. Llegan tres canarios, eran de las Palmas, no me acuerdo del nombre de ellos ya. Venían de la parcelita de trabajar, de noche. Y llegaron.
A la entrada del pueblo se encuentran con el camión parado y subiendo gente. Y siguen para allá que ellos vivían creo que en la cuarenta y seis. Eran sesenta casas que habían. En cada casa metieron seis. Según el contrato era una casa para cada uno y después nos metieron seis.
Y cuando llegaron y les dicen los compañeros, “vámonos”, y ellos: “uh, cómo vamos a irnos si tenemos la parcela sembrada y todo, cosas…”, “Vámonos de aquí que esto se pone peor. Vinimos juntos, vámonos juntos”.
Los tres cogieron sus pasaportes, cogieron sus maletas y llegaron al camión y le entregaron los pasaportes al jefe.
Que se iban.
Y les dijeron: “Pero si no son ustedes, ¿ustedes por qué se van?
“Sí, nos vamos, vinimos juntos y nos vamos juntos”.
Subieron al camión y se fueron. Eran tres de Las Palmas, no me acuerdo del nombre de ellos.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Estación de ferrocarril en Santiago de los Caballeros.

En enero de 1956, en el barco Auriga, llegaron otros 370 emigrantes españoles. En este mismo barco, devolvieron a España 300 emigrantes, entre los que había un buen número de canarios, acusados de comunistas. Fue el último viaje de esta emigración.
En ese mismo año, Trujillo adquirió por 35 millones de dólares los cinco ingenios de la West Indies Sugar. Después compró otro, en condiciones parecidas, usando también dineros públicos para su lucro personal. Ya controlaba el 80% de la producción industrial y empleaba en sus empresas privadas al 45% de la mano de obra del país.
El SIM (Servicio de Inteligencia Militar) secuestró y asesinó al escritor español Jesús de Galíndez, en Nueva York. Para encubrirlo se realizó una cadena de crímenes que escandalizó a la opinión mundial. A partir de aquí, los periódicos The New York Times y Washinston Post se encargarían de acorralar a Trujillo. El gobierno norteamericano no tuvo otra alternativa que comenzar a retirarle su apoyo.

Recuerdo que en la época de Trujillo se vivía lleno de temor. Yo recuerdo que cuando decían ahí viene la policía todos nos metíamos debajo de las camas, hasta los niños. Nos íbamos a los rincones de las casa y nos metíamos debajo de las camas. Inclusive mi papá, todo el mundo y mi abuelo y todo el mundo.
Nos escondíamos cuando oíamos «Ahí viene un policía». Y uno iba a esconderse con un temor tremendo todo el mundo. Vivía uno lleno de temor y como él dijera. Obligatoriamente.
Yo misma llegué a marchar en el sol y había que decir «Que viva Trujillo el Benefactor de la Patria» porque si uno no lo decía… Ya usted sabe, uno tenía problemas.
(Doña Altagracia, descendiente de emigrantes, Rep. Dominicana, 2003)

Un informe de la Secretaría General del Ministerio de Información y Turismo de España, realizado en 1956, aporta datos escalofriantes sobre la población gobernada por quien Francisco Franco había definido como “el gran amigo de las hispanidad”:

“[Hay] niñas de doce y catorce años en estado, niños que abusan del ron, padres y hermanos que viven juntos en la misma habitación, niñas y jóvenes fumando a todas horas; se desconocen el plato y la cuchara, hasta el extremo que el arroz, el plátano y la yuca, base de la alimentación de la gente del campo, son servidos en hojas, y se toman aquel cereal con los dedos. Las viviendas no reúnen las condiciones precisas para que pueda vivir el español. Por la noche se nota mucho frío en ellas, y por el día un gran calor. Les dan tan sólo 60 centavos por persona (25 pesetas) y con eso tienen que comer y vivir. La vida está cara, lo único barato es el café, el ron y el tabaco”.

Naturalmente, este estado de cosas influyó directamente sobre la vida de los emigrantes canarios, los cuales fueron comprobando que las posibilidades de progreso en esta isla caribeña no eran demasiado grandes.

En el año cincuenta y cinco aquí un maestro rural no sabía ni el abecedario. Solamente le enseñaba a los muchachos a escribir “papá” y “mamá”. Es que no sabía.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Pues nos chismearon como comunistas y se nos fue complicando la vida. Nos fueron acechado y nos iban agarrando de noche. Ya nos tenían señalados.
De repente llegaba un camión que se llamaba catarey, un camión que cargaba la caña. Llegaba la policía y donde estaban señaladas, casa por casa, iban cogiendo y montando en el camión. Cuando recogían se iban, pero ya quedaban otros fichados y hay personas… una desgracia.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Trujillo optó por llevar inmigrantes japoneses. Transportó a la Republica Dominicana a 1.500 nipones que cultivaban tierras en la zona montañosa del centro. Muchos volvían a su país denunciando que vivían en auténticos campos de concentración, vigilados por soldados armados.

Para más desgracia, el médico que hay en Baoba que era español, se descubrió que era el calie (espía) del gobierno. Contra nosotros. Después, al matar a Trujillo el salió huyendo. ahí se descubrió todo. Entonces la cosa se fue complicando: panoramas y situaciones que eran duras.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

El año 1957 marcó el comienzo de Santo Domingo como lugar ideal para el exilio de los dictadores latinoamericanos. El primero en llegar fue el dictador colombiano general Rojas Pinilla. En marzo de este mismo año, embarcaron de vuelta a España 1.369 emigrantes y en mayo llegaron 588 húngaros que huíande la instauración del comunismo en su país. Fueron destinados a zonas salitrosas que terminaron por abandonar. Mientras tanto, las penalidades de los emigrantes canarios continuaban aumentando.

Había un gago palmero de Fuencaliente. Alto él, pero gago. Entonces, por mala suerte le tocó la tierra en la sabana y no pudo trabajarla. Entonces, de tiempo a tiempo llegaba un coronel con el encargado de colonia. Hicieron una reunión y pegó a preguntar por qué no trabajaban la tierra. Pero cuando llegó al gago, el pobre gago, imagínate la situación, situación crítica, se fue poniendo nervioso y cuando llegó el momento que le preguntó, empezó qué, qué, que, qu… y no podía responder y jaló por la mano y si no le garran la mano le da un buen trompón al coronel. Ahí lo cogieron y para La Victoria, la cárcel, un poco retirado detrás de la capital para dentro. Y lo llevaron. Y así siguieron casos.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Vieja foto de un grupo de jóvenes de Constanza.

En el año 1958, se exilió en Santo Domingo el dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. Y, a principios de 1959, llegó el dictador cubano Fulgencio Batista.
Poco después, Fidel Castro se comprometió en Caracas a apoyar a los exiliados dominicanos. Luego, facilitó el entrenamiento de guerrilleros dominicanos en Cuba. El gobierno venezolano de Rómulo Betancourt contribuyó con dinero, armas y aviones a la organización del Ejército de Liberación Dominicano.
Trujillo también fortaleció su ejército. Creó una Legión Extranjera con mercenarios europeos y norteamericanos. La familia Trujillo comenzaba a verle las orejas al lobo y envió mucho dinero a bancos del extranjero.
El día 14 de junio, una expedición de 54 hombres se dirigió a la República Dominicana. Cinco días después llegaron 144 hombres a Puerto Plata. Los hombres se repartieron en varios grupos, pero sólo uno, el de Constanza, tuvo éxito.
Los guerrilleros antitrujillista se refugiaronn en bosques o en pequeñas aldeas, pero Trujillo las bombardeaba y mataba a decenas de familias inocentes. Los invasores fracasaronn y fueron capturados, torturados y asesinados. Las torturas las dirigió un hijo del tirano, llamado Ramfis Trujillo. De cuantos llegaron en esta expedición contra Rafael Leónidas Trujillo, sólo sobrevivieron dos dominicanos y dos cubanos.
Pero la población estaba desesperada y no se resignaba a continuar bajo la opresión del dictador. También, en 1959, hubo una conspiración en la fuerza aérea que fue descubierta. Trujillo torturó y asesinó a cincuenta militares y técnicos. La represión se recrudecía. El país estaba aterrorizado.
En la clandestinidad algunos jóvenes trataron de organizarse. Se reunieron 297 muchachos, en una organización que denominaron Agrupación Política 14 de Junio. Doscientos cuarenta de ellos pertenecían a la pequeña burguesía.
En medio de estas convulsiones, los emigrantes canarios tratabann de sobrevivir a su manera, intentando no mezclarse en los problemas del país. Sin embargo, eso era imposible y se vieron arrastrados por la efervescencia social y el nerviosismo de los gobernantes.

Estuve en la colonia. En Baoba estuve hasta el 59. Después aquí estuve en la colonia. Me dieron una casa y me la quitaron cuando la huelga. Me quitaron la tierra y tuve que salir huyendo.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Después para más complicación, en el cincuenta y nueve, salta Fidel Castro. Ahí fuimos nosotros acusados de oír las noticias cubanas que se oían bien. Nosotros la oíamos porque los canarios estamos medio liados hacia los cubano: tenemos la música, el son, la rumba, el punto cubano. A muchos nos gustaba oír. Pues ahí se nos complicó el asunto: el mismo radio que Trujillo nos regaló, nos sirvió de puñal. Los alcaldes, los segundos alcaldes, que después se convirtieron en Guardia Rural. Cuando tú venías a ver y abrías la puerta, te los encontrabas detrás de la puerta escuchando. Después nos chismearon como comunistas y se nos fue complicando la vida. Nos fueron acechado y nos iban garrando de noche. Ya nos tenían señalados. De repente llegaba un camión que se llamaba catarey, un camión donde cargaban la caña. Llegaba la policía y donde estaban señaladas, casa por casa, iban cogiendo y montando en el camión. Cuando recogían se iban, pero ya quedaban otros fichados y hay personas… una desgracia.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Integrantes de la Agrupación Política 14 de Junio.

En enero de 1960, la policía descubrió la Agrupación Política 14 de Junio. Se apresó a sus miembros y se les torturó en la cárcel de “La Cuarenta”. Casi todos fueron asesinados. Otros murieron de hambre o enfermos. Las descripciones de las torturas llevadas a cabo en la cárceles trujillistas no son un plato fácil de digerir; sin embargo, he decidido incluir los siguientes párrafos, escrito por un médico que contempló aquellos crímenes, para que se comprenda la magnitud de lo sucedido en esa tierra hermana.

“La noche que yo llegué al centro de tortura, aquello parecía la obra de alguna alucinación dantesca. En todo el patio de la prisión y en sus diversas dependencias se torturaba del más diverso modo en medio de un frenesí bestial en el que aparecían entremezclados esbirros y hombres desnudos y esposados dando alaridos y revolcándose como gallinas decapitadas.
No es poco el impacto que produce en el ánimo más aplomado contemplar a un hombre indefenso y desnudo, vuelto una masa de carne lacerada y convertido en una especie de cebra bípeda con todo el cuerpo cubierto de surcos negros y sanguinolentos causados por pelas de más de doscientos azotes que se aplicaban con fuertes gruesos alambres y tubos de material plástico.
Los alaridos provocados por la aplicación de corriente eléctrica con su efecto quemante en todo el sistema nervioso tienen un carácter particularmente ondulante y desgarrador y la escena de un hombre, desnudo y amarrado a una poltrona recubierta de láminas de cobres, es en especial dramática.
La víctima se retorcía al recibir las descargas eléctricas y las contracciones de su cuerpo y los rictus del rostro que se sucedían entre aullidos de dolor producen una visión, realmente insoportable. Mientras tanto, el coro de torturadores, en medio de las pausas, vertía toda suerte de chistes y sarcasmos con respecto a las víctimas, en tanto practicaban la diversión de apagar cigarrillos, de manera continua, en los cuerpos de los maniatados en La Silla.
Cuando alguien perdía el conocimiento, como consecuencia de las pelas aplicadas en un cuadrilátero denominado El Coliseo, por dos o tres esbirros a la vez, sobre el cuerpo despellejado, sanguinolento y en carme viva del cautivo, era derramada una lata de agua de sal o se le sentaba en La Silla para reanimarlo con descargas eléctricas.
Por otra parte, un potente foco producía una luz enceguecedora, aun en el caso en que se cerraran los ojos. El Coliseo también era usado para hacer entrar en acción a dos perros amaestrados que eran azuzados contra el cautivo –siempre desnudo y esposado– que sufría un ataque intermitente con pausas de 30 segundos a un minuto, lapso en el cual se reanudaba el asediante interrogatorio para darle paso a una nueva acometida de los canes.
Los perros, como verdaderos seres humanos, obedecían de manera automática, tanto la orden de atacar como la de suspender el ataque. Aquello era un sistema de tortura física y psicológica: los perros, aún cuando suspendían por orden de esbirros el ataque, permanecían prácticamente encima de la víctima gruñendo y en espera de la nueva señal para acometer otra vez. La aplicación de los tubos eléctricos en las partes vitales era cosa común, pero lo más, terrible de todo aquel catálogo infernal no estuvo constituido, precisamente, por la cuota de tormento que cada quien recibía.
En fin de cuentas, llega un momento en que el dolor físico, intensificado gradualmente, lo sumerge a uno en una nebulosa, en una especie de duermevela en la que la mente llega a ponerse en blanco y sobreviene el desmayo y se produce una extraña insensibilidad. Todavía más insufrible que el propio castigo recibido es la contemplación o percepción auditiva del tormento que soportan los otros”.
(Doctor Rafael Valera Benítez. Complot Develado. Vol. l. Págs. 32-33.)

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

CUARTA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Grabado antiguo de una bahía en la isla de Santo Domingo, primeramente llamada La Española.

Pronto, los emigrantes canarios supieron que no habría una casa para cada uno. Sino una casa para seis. Una casa sin agua ni electricidad. Y los aperos se reducían a una azada y un machete. El contrato que les había formalizado Trujillo se convirtió en papel mojado y los pobres muchachos no tenían dónde reclamar ni quien les ayudara a hacerlo.

A nosotros lo que nos dieron fue un contrato. Entonces el contrato decía que nos daban una casa, nos daban de cincuenta a cien tareas de tierras, nos daban aperos de labranza, semillas para la tierra, para sembrar, y una pensión hasta que ya pudiera sostenerse uno por sus propios medios.
Y cuando llegamos nos daban cincuenta centavos. Nos daban cincuenta centavos diarios que eran quince pesos al mes. El que se lo comía y se lo bebía antes de la quincena, ya tenía que estar buscando por otro lado cómo mantenerse.
Y así estuvimos como dos años, porque cuando nosotros llegamos a Baoba todo eso era montería.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Pulpería allí es igual que aquí una venta. Me dio un salón al lado de la pulpería para hacer el horno.
Yo no tenía maní. Yo les hacía el pan y les cobraba el viaje del maní. Y gente que conseguíamos. Gente que se daba machetazos y que traíamos para el hospital.
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)

La mayor parte de los emigrantes que se quedaron en Puerto Rico –sin embarcar hacia Venezuela o volver a sus islas natales– trató de abrirse paso en el único sectar que conocía, el agrícola.

Las tierras las tenía Trujillo. De ganado, digamos de ganado salvaje. Eran búfalos. Tenían que sacarlos con dos muleros: uno alante y el otro atrás. Tenían que sacar al ganado para meter a los españoles.
Las tierras, la mayoría eran lo que llaman sabana. Y en la sabana, naturalmente, no se dan los frutos. Ahí empezó el problema: las tierras no estaban preparadas. Estaban empezando con bulldozers a prepararlas y después empezaron a sortearlas. A mí, por desgracia, no me tocó ninguna.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Cuando veíamos que abusaban de una persona, aunque no fuera española, aunque fuera dominicana, y abusaban de ella, uno cuando venía ver explotaba, porque no podía aguantar. Explotaba y le decía abusador, le decía cualquier cosa. Entonces ya por eso uno era comunista.
Y ahí los recogían y los llevaban. Cuando salía un barco en dirección a España, los recogían y los dejaban una semana o dos presos y en el barco para allá. O sea, que la emigración fue un desastre por eso mismo.
Nosotros pasamos muchos trabajos, muchos, muchos, muchos. Pero fue por eso.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Constanza, población asentada en una zona interior de la isla. Aquí terminaron asentándose varios emigrantes canarios de la emigración de 1955.

Los canarios comprendieron la imposibilidad de salir de la colonia, sin permiso expreso. También supieron que aún teniendo el pasaje de vuelta pagado no era tan fácil volver al archipiélago. Eso sí, como muestra de generosidad, Trujillo les ofrecía 150 dólares si se casaban con una dominicana.

Llegamos aquí, trayendo un contrato donde nos tenían que entregar una casa amueblada. Entonces, la casa no estaba amueblada. Nos la dieron para seis gentes.
[Según] el contrato tenían que darnos de cincuenta a quinientas tareas. Yo como a los dos años me dieron cincuenta tareas, pero hubo una parte que un río llamado Baquí la inundó y hubo que salir huyendo de Baoba. Los otros canarios quedaron allá, pero yo tuve que salir corriendo, sin una perra en el bolsillo.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Nosotros estábamos ahí, en esa época, como si fuera un campo de concentración. Para salir de la colonia había que pedir un permiso: usted decir a dónde iba y a qué iba.
Aquí todo era el Jefe. Si usted hablaba mal del Jefe, se jodió. Porque para aquí, Trujillo era un dios.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Nos destinaron a Baoba del Piñal. Yo estuve cinco años ahí. A los cinco años ya estaba mal.
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Había una finca de Trujillo ahí. En esa finca, según la gente, tu entrabas y hallabas ñame, batata que le decimos allá, boniato, guineo, plátano… Hallabas de toda clase de comida ahí porque esa finca la desalojó Trujillo para soltar ganado ahí. Según a nosotros nos contaban la historia… porque eso era hablando en un sitio donde se pudiera hablar todo, porque nadie se confiaba aquí de Trujillo, nadie podía hablar de eso.
Entonces ese señor, que nosotros cogimos confianza con él, era Moscaño. Tenía como dos o tres hijos y la esposa. Y fue la primera casa que nosotros comenzamos a visitar. Entonces comenzamos a hablar.
Al otro día ya cogimos amistad y comenzamos a preguntar, a comentar y a indagar. Entonces fue cuando nosotros comenzamos a hablar de Trujillo.
–Pero ven acá, si este hombre… si es el Presidente de aquí, y si había tanta miseria, ¿a qué nos trajo a nosotros aquí? Porque lo que nos está dando a nosotros se lo diera a los de aquí. ¿Para qué nos trajo?
El hombre estaba como asustado. Recuerdo que nos convidó a comer carne a un alto que había y ahí comenzamos a hablar. Y me dijo:
–Mire, España, yo le voy a decir una cosa: usted no sabe cómo es que aquí camina. Aquí no se puede hablar mal del Jefe.
–¿De qué Jefe usted me está diciendo?
–Del Presidente, de Trujillo, que Trujillo es el Jefe. De Trujillo no se puede hablar mal por esto, esto y esto. Al que habla mal de Trujillo aquí lo ahorcan, lo fusilan.
–¿Y eso?
Y ahí comenzamos a hablar. Nos cogimos mucha confianza. Todavía él murió y éramos amigos. Y ese día él comenzó:
–Mire toda esa finca. Eso eran propiedades de gentes y les dieron cuarenta y ocho horas para salir. Y hubieron gentes que solamente pudieron coger los hijos y lo que tenían y salir huyendo. Porque al que no salía lo ahorcaban allá dentro.
A Trujillo de decían Chapista. El Trujillo Chapista. Y al hijo le decían el Pato. No sé por qué.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Y te voy a decir lo siguiente que tú no vas a creer. Para escribir las cartas no había que poner sello. ¿Y cómo llegaban sin sello? Yo no sabía escribir, pero había un muchacho que me las escribía (y yo lo vi a él. Después el fue para Venezuela y yo no supe más de él). Y había que poner Rafael Leónidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva. Nunca se me olvidó y yo no lo escribí, pero me extrañaba y le preguntaba a él siempre y lo fui grabando y lo grabé. Pues eso se ponía en las cartas y llegaban.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Unos pocos emigrantes optaron por marchar a Santo Domingo, la capital de la República, que en tiempos de la dictadura se llamó Ciudad Trujillo.

Solamente una persona, entre todas las entrevistadas me ha hablado bien de esta emigración canaria a la República Dominicana. Me ha parecido importante dejar constancia todos los puntos de vista de los emigrantes.

Llegamos allí, a Santo Domingo, nos atendieron muy bien. Nos llevaron a donde íbamos a trabajar, a la zona esa de agricultura. Nos daban dinero, nos daban comida, allá nos daban después leche todos los días. Nos atendieron la verdad que estupendamente bien, la comida. Después ya más tarde nos ayudó un poco la embajada española…
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

TERCERA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

El barco España fue auxiliado por los puertorriqueños en el Canal de la Mona, un brazo de mar que separa Puerto Rico de la República Dominicana.

VER ARTÍCULOS ANTERIORES:

Primera parte

Segunda parte

Tan pronto zarpó el vapor España del puerto de Santa Cruz de Tenerife, con rumbo a la República Domincana, apareciern ciertos signos desesperan­zadores que desmentían todo cuanto las autoridades españolas habían prometido a los jóvenes emigrantes.

Unos días más tarde, en plena navegación, las calderas de vapor del barco España reventaron. El barco se llenó de agua y los pasajeros estuvieron tres días sin poder beber ni comer otra cosa que lo poco que llevaban. Los jóvenes se desmayaban debido a la gran deshidratación que padecían. La inclinación del barco era cada vez más pronunciada y todo anunciaba que pronto se produciría el hundimiento.

El capitán logró conducir el barco –muy escorado y con los equipos de radio dañados– hasta el trozo de mar que separa las islas de Puerto Rico y Santo Domingo.

“En el Canal de la Mona, que eso está entre aquí y Puerto Rico, estuvimos nosotros, no me recuerdo bien, pero yo creo que fueron como 24 ó 48 horas. Fondeado ahí porque ya no caminaba. Veíamos las luces de Puerto Rico. Eso es donde le dicen por aquí el Canal de la Mona.
Y ahí luego mandaron una avioneta de Puerto Rico, de esas de reconocimiento. Y ellos comenzaron a hacerles señas, y ahí la avioneta se fue a Puerto Rico. ¡Porque no había ni comunicación! Estábamos sin comunicación, sin nada. Cuando llegamos aquí, al otro día es que llegaron de Santo Domingo con un remolcador, dos fragatas de guerra, con otra fragata de agua también, de Puerto Rico mandaron dos fragatas de agua, y eso era una cosa. Eso era un desastre, muriéndose de la sed.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Don Aureo Francisco, emigrante en el vapor España, en su casa de Constanza (República Dominicana).

“Porque nosotros llegamos de milagro de Dios, porque el barco se rompió. Y en Puerto Rico nos quedamos ahí, a la desbandada. Y yo me acuerdo que cuando llegaron los americanos con la fragata con agua y eso, yo regalaba una botella de coñac por un vaso de agua. En España creían que el barco se había perdido porque no tenían noticias de nada.”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

El 4 de junio, catorce días después de haber zarpado el vapor España, la noticia apareció en Canarias con el periódico La Tarde, donde pudo leerse una nota muy confusa, en la que no se informaba de la gravedad del suceso. Ninguna otra referencia aparecería en los periódicos del archipiélago.

“EL BUQUE DOMINICANO “ESPAÑA” SIGUE SU RUTA HACIA CIUDAD TRUJILLO
AYER PIDIÓ SOCORRO POR HABÉRSELE AGOTADO EL AGUA DULCE DE LAS CALDERAS
San Juan de Puerto Rico.– La gabarra de la marina portorriqueña “TW 485” ha salido de este puerto para auxiliar al buque de la República Dominicana “España”, de 17.000 toneladas, que esta madrugada se encontraba en difícil situación. Al parecer, el “España” ha perdido toda el agua dulce de sus calderas y se encuentra anclado a dos millas de las isla completamente anegado. El buque salió de España el pasado día 15, con rumbo a Ciudad Trujillo, llevando 930 personas a bordo (Efe).

SIGUIÓ VIAJE SIN NOVEDAD
San Juan de Puerto Rico, 1.– Ha seguido la marcha por sus propios medios con dirección a Ciudad Trujillo, el buque España, que ayer tuvo que ser socorrido por varias embarcaciones que salieron del Puerto de San Juan, en vista de sus llamadas de socorro.– (Efe)”
(Periódico La Tarde, pág. 1, Santa Cruz de Tenerife, 4 de junio de 1955)

“Estuvimos al morirnos por el viaje, porque el barco se dañó, se dañó ahí frente a Puerto Rico y estaba el barco casi al volcarse estuvo el barco.
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Algunos de los emigrantes que subieron a bordo del vapor “España”, con destino a la Repíublica Dominicana.

“Fue el primer avión de reconocimiento. Después Trujillo mandó una fragata. Se creía que había una epidemia porque el barco estaba averiado y llegamos aquí a Santo Domingo. De aquí nos pasaron a otra fragata. Estaba averiada. Nos pasaron a otra. Entonces llegamos a Nagua. Eso está a doscientos y pico kilómetros de aquí.”
(Don Ángel Velásquez, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“De ahí nos trajeron, nos llevaron remolcados a Santo Domingo, a la capital. Y ahí nos llevaron a la misa de la catedral.
 La mañana del 4 de junio, el vapor España llega a Ciudad Trujillo, es decir, a la ciudad de Santo Domingo.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Allí decía un letrero antes de coger el barco para ir a donde fuimos nosotros. Había un letrero que decía: «El pez muere por la boca.”
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)

“En Santo Domingo lo que había era la (calle) el Conde, la Duarte, la Mella, sabes,… Santo Domingo era un puñito. La capital era casi la zona colonial, era un chingue de tierra.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
A cada emigrante sólo se le ofrece un vaso de leche y, después de la misa, son embarcados en la fragata 103 con rumbo al noroeste de la isla.
Y de ahí nos llevaron en tres fragatas de guerra a los canarios, los burgaleses y los gallegos a Baoba. Me recuerdo yo que la fragata que nos tocó a nosotros era la 102 o 103. Y nos llevaron y nos desembarcaron en Sánchez, que es un sitio que está antes de llegar a Samaná.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Al fin, por la mañana, llegamos a Sánchez. Un muelle de madera flotante. Y ahí fue una impresión bastante desagradable. Me acuerdo siempre que vi al alcalde, el llamado alcalde, descalzo. Una impresión bastante mala. Pero ahí fuimos aprendiendo. De ahí nos fuimos a la ciudad.
En la ciudad nos pagaron a 60 centavos diarios que salían al mes unos dieciocho pesos. Era de noche. Y de ahí fuimos a la colonia, la llamada colonia: Baoba del Piñal. Se decidía en varias colonias: estaba Baoba del Piñal, Cayita, en Bayita cayeron los valencianos, en San Rafael cayeron los burgaleses y en Santa María caímos palmeros y gallegos. Los de Tenerife cayeron en Vistadila, eran muchos y ahí cayeron. Y ahí empieza la historia. Bastante amarga y muy larga. Que no se puede contar porque es muy larga…”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Y de Sánchez nos metieron en guaguas y camiones y nos trajeron a Baoba del Piñal. Ahí llegamos de noche. Y de noche nos metieron a las colonias, donde estaban las casas.
Y cuando llegamos, la impresión que nos dio cuando veníamos de Samaná, que se rompió el vehículo donde nosotros veníamos y caminamos como un kilómetro a pie, y vimos eso por los lados. Muchachitos así, descalzos, desnudos, desnudos completamente, sin un trapo arriba. Tú veías eso y decías, ven acá, pero aquí hay gente salvaje todavía o eso porque eso era montería, cocos, cafetales, cacahuales… eso es lo que había, más no. Al otro día ya cogimos amistad y comenzamos a preguntar, a comentar y a indagar.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

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