Cochino negro canario: en busca de los sabores perdidos

Sin embargo, no tuve sino que probar el primer bocado y ya intuí que poco arroz y menos cochino negro iban a quedar en aquel plato. En realidad, no sobró ni un grano, porque el sabor del cochino negro me ganó el estómago, el corazón y hasta la última neurona. El sabor era espeso, profundo como los sentimientos que nos ponen la carne de gallina, un sabor místico y religioso, si por religioso se entiende divino y si por divino se entiende cercano a la gloria.

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