Oporto encuentra a Tabucchi: una visión subjetiva

He de confesar que la combinación de Oporto y Tabucchi me entusiasma de igual manera que Lisboa y Pessoa, Buenos Aires y Borges o La Habana y Carpentier. Las ciudades y los escritores forman casales en las mentes de los viajeros con afición a la lectura, de igual manera que los músicos y los grandes festivales en el imaginario de los melómanos. El protagonista de "La cabeza perdida de Damasceno Monteiro" odiaba Oporto; pero su creador, Tabucchi, le va cocinando el gusto a fuego lento, como si se tratara de una olla de callos, hasta que termina por enamorarse de esta ciudad espléndida de puentes, castillos, iglesias y estaciones de ferrocarril. Los portugueses le dicen, simplemente, Porto, es decir, Puerto. Y nadie puede decir que ha visto la ciudad si antes no ha cruzado sus puentes sobre el río Duero y subido los casi 250 fatigosos escalones de la Torre de los Clérigos para contemplar los tejados que componen un maravilloso tapiz bermejo bajo el cual bullen el arte, la literatura, el vino, la gente, el bacalao asado y, naturalmente, los famosos callos de Oporto.

La leyenda de la Ciudad del Conde de la Vega y Edgar Allan Poe

Una veces, las leyendas se alimentan de realidades y, otras, de sueños. La Ciudad del Conde tiene una base histórica y gran parte de lo que se cuenta en ella es verídico. Hace años, la incluí en un libro que recopila leyendas de las Islas Canarias, porque, además de parecerme interesante por sí misma, le encontré algo muy curioso: la visión del conde se asemejaba mucho a unos párrafos de cierta narración del escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849), titulada Un cuento de las Montañas Escabrosas. Como he colocado esos párrafos a continuación de la leyenda, sobra cualquier otro comentario.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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