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¡Maldito Vargas Llosa!

Por su parte, Vargas Llosa tiene o tuvo a su nombre una cuenta en un vertedero fiscal (permítanme utilizar el vocablo propuesto por el juez Garzón) y sus opiniones políticas parecen sacadas de un manual conservador del siglo XIX. Su literatura no: ha sido y es rabiosamente moderna. Por eso lo maldigo igual que a Borges: piensa como un cerdo, pero escribe como un unicornio, y esto es más fuerte que yo y me obliga a leer cada nuevo libro suyo con un ansia desproporcionada (¿vergonzosa?).

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La derrota de Minotauro: un bucle histórico

Esta foto del Minotauro la tomé en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Un busto esculpido en mármol: hombre con cabeza de toro o, tal vez, toro con cuerpo de hombre.
En este relato, Minotauro narra su historia de poder desgarrado en primera persona, y nos avisa que espera a su redentor. Ya sabemos que la redención y la muerte nunca andan demasiado lejos.
Se trata de un relato muy adecuado para aquéllos que, habiendo abusado de su poder sobre el pueblo, en el fondo de sus mentes saben que su fatal destino está escrito y, de manera inconsciente, colaboran con su Teseo para que logre su objetivo y, así, conseguir escapar del tenebroso laberinto en que los arquitectos de su poder han convertido sus existencias.

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Oporto encuentra a Tabucchi: una visión subjetiva

He de confesar que la combinación de Oporto y Tabucchi me entusiasma de igual manera que Lisboa y Pessoa, Buenos Aires y Borges o La Habana y Carpentier. Las ciudades y los escritores forman casales en las mentes de los viajeros con afición a la lectura, de igual manera que los músicos y los grandes festivales en el imaginario de los melómanos.
El protagonista de «La cabeza perdida de Damasceno Monteiro» odiaba Oporto; pero su creador, Tabucchi, le va cocinando el gusto a fuego lento, como si se tratara de una olla de callos, hasta que termina por enamorarse de esta ciudad espléndida de puentes, castillos, iglesias y estaciones de ferrocarril.
Los portugueses le dicen, simplemente, Porto, es decir, Puerto. Y nadie puede decir que ha visto la ciudad si antes no ha cruzado sus puentes sobre el río Duero y subido los casi 250 fatigosos escalones de la Torre de los Clérigos para contemplar los tejados que componen un maravilloso tapiz bermejo bajo el cual bullen el arte, la literatura, el vino, la gente, el bacalao asado y, naturalmente, los famosos callos de Oporto.

El tango: entre la procacidad y el puritanismo (I)

Al principio, los tangos se bailaban entre hombres y, al pasar a los burdeles, se incorporaron las mujeres. Alcanzaron su apogeo entre los años 1920 y 1940. Sus textos van del más rancio puritanismo al lenguaje más procaz. Por ejemplo, se canta al órgano sexual masculino –tango «El clavo»–, al orgasmo de la mujer –»El fierrazo»– y hasta a cierta desgana por levantarse de la cama –»Déjala morir dentro»–.

SOBRE LOS ESCRITORES (1)

Es cierto que la soledad con la que un individuo ha de enfrentarse a su tarea modela su carácter o que alguien que ame el trabajo solitario tiene mayores posibilidades de escribir. Sin embargo, las reacciones ante la sociedad no siempre son las mismas y dependen de factores externos al propio acto de escribir. No se puede comparar el carácter extrovertido de Ernest Hemingway con la introversión de Franz Kafka, ni creo que sea equivalente la avaricia de William Shakespeare o de Francisco de Quevedo con la generosidad de Leon Tolstoi o de Juan Rulfo. Conozco autores capaces de pasarse encerrados en una habitación, frente al ordenador, durante una semana y después salir un día completo a (…).