acoso

¿Por qué nos gusta linchar?

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Linchar* (ver nota a pie de página)

El término linchar debe su origen a Charles Lynch, un juez de Virginia que durante la Guerra de Independencia dio órdenes de ejecutar a un grupo de hombres leales al rey de Inglaterra sin celebrar un juicio previamente.

UN CASO CONCRETO DE LINCHAMIENTOS

No voy a hablar de ninguna muerte, pero sí de linchamientos. Verán, soy el administrador de un grupo de Facebook que cuenta con cerca de 40.000 miembros. En él he aprendido que la mayoría de nosotros tiene tendencia a linchar no sólo a cualquier persona sino también a cualquier cosa. Trataré de explicarme.

Cuando creé este grupo –su temática es comer fuera de casa y cada miembro cuenta su experiencia con fotos y textos–. estaba convencido de que no haría falta moderar los comentarios. La gente, pensaba yo, no tiene por qué mentir sobre cómo le ha ido en sus comidas con amigos o familiares.

Al poco tiempo, aparecieron algunas críticas que hablaban mal de pequeños establecimientos, de su comida, del precio, etc. No le di mayor importancia y hasta creí que era muy sano que cada cual expresara su opinión en completa libertad. Pasaron algunas semanas y caí en la cuenta de que cada vez que entraba un comentario negativo, debajo de él aparecían rápidamente decenas de opiniones en el mismo sentido.

Sin importar que el primer comentario negativo fuera completamente descabellado, sin ninguna lógica o que expresara mala fe, junto a él afloraban otros parecidos, escritos por miembros que no habían comido nunca en aquel establecimiento ni lo habían visitado jamás.

Entonces redacté unas normas en las que se prohibía hablar mal de cualquier negocio de comidas, recomendando no mencionar a los establecimientos que tuvieran deficiencias. De esta manera, se podría recomendar los buenos y silenciar los malos.

La mayor parte de los miembros se atuvieron a la norma, pero otros muchos siguieron con sus críticas desproporcionadas. Fue imposible hacerles cambiar y no tuve otra alternativa que comenzar a bloquearlos, porque estaban perjudicando a una gran cantidad de pequeños negocios familiares.

El grupo siguió creciendo y hoy tiene tantos miembros como una pequeña ciudad, pero cada semana aparece alguien que lanza un ataque furibundo. Si tardo unas horas en borrarlo y bloquear a la persona de la crítica negativa, ese post se llena de muchos otros comentarios hablando mal del establecimiento, de la comida, del precio, de la calidad del vino y hasta de los dueños. Si uno los va analizando, uno a uno, se da cuenta de que son opiniones irrazonables, escritas impulsivamente.

INTERROGANTES

¿Por qué sucede esto?, ¿por qué cuando vemos una crítica negativa hacia algo o alguien sentimos la necesidad de sumarnos y meter el dedo en la herida para agrandar el daño?, ¿por qué en esos casos no nos paramos a pensar detenidamente antes de lanzarnos a criticar y a difamar?, ¿somos imitadores natos como nuestros parientes los monos y no podemos evitar sumarnos a los linchamientos de igual manera que bebemos refrescos de determinada marca o repetimos constantemente muletillas y lugares comunes de que se han puesto de moda?

Todas esas preguntas me las vengo haciendo desde que he sufrido esta desagradable experiencia. Incluso, creo que algo he cambiado en ese aspecto y me fijo más en cómo los contertulios de los programa de radio o de televisión se dejan llevar por las opiniones anteriores a las suyas.

ALGUNAS RESPUESTAS

Por esta razón gozan de tanto éxito los programas del “corazón” que tienen su razón de ser en despellejar a cualquier prójimo o prójima. O cómo algunos periodistas, cuyo único oficio –y no inocente oficio– consiste en promover el linchamiento de un determinado líder político o social, cuentan con millones de seguidores.

A veces, me siento aterrado por los muchos defectos que arrastramos los seres humanos. Una veces de forma colectiva y otras, individualmente. Pero creo que una de las peores flaquezas es esa tendencia incontrolable que tienen muchas personas a linchar a sus semejantes, con razones o sin ellas.

Ahí tenemos lo sucedido en Alemania con los judíos: millones de personas linchado –con sus acciones o con sus omisiones– a sus vecinos judíos.

Ahora, aparece Donald Trump con su cruzada contra los árabes y los hispanos. ¿Alguien piensa que los sesenta millones de compatriotas del juez Lynch que lo votaron no participan en el acorralamiento que están sufriendo esas comunidades de inmigrantes? Presentar a una víctima para machacarla suele tener mucho éxito y hasta se puede ganar las elecciones en el país más poderoso del mundo.

Para qué seguir buscando ejemplos, si todos sabemos dónde encontrarlos en cualquier parte del mundo o cerca de nuestra casa: niños acosados en los colegios, mujeres apedreadas por ser infieles, futbolistas insultados durante muchos partidos, etc.

Lo que sí va a ser difícil es poner remedio porque, como creyeron los miembros de aquel grupo de Facebook, los linchadores cuando linchan piensan que están ejerciendo su derecho inalienable a la crítica. Una crítica injusta que les proporciona un placer morboso pero cercano, muy cercano a su idea de la felicidad.

A pesar de todo lo dicho, estoy convencido de que si existe alguna cura contra este defecto habrá que buscarla en la educación, aunque no sólo en ella.

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NOTA

linchar: De Ch. Lynch, juez de Virginia en el siglo XVIII 1. tr. Ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo.

El Diccionario de la Real Academia define de esta manera el verbo linchar, pero en la actualidad su significado es mucho más amplio y se emplea para definir los multitudinarios ataques físicos o verbales contra una persona, grupos humanos, instituciones, empresas, obras literarias, etc.

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