A Ruiz de Padrón, in memoriam

Antonio, paisano del alma, espejo de dignidad y de entrega, andante caballero de las libertades grandes, remero de las auroras que disipan las tinieblas,... desde este brumoso y yermo 18 de enero, sin perder el amor por nuestro dormido pueblo, quiero elogiar, en esta hora, la palabra y la luz que nos legaste.

Sobre cómo un par de mulas canarias tumbaron a dos sabios ingleses, en el siglo XVIII

Llegaron a Tenerife un domingo de octubre de 1792. Pegaron trece cañonazos para saludar a la población, pero nadie les respondió. De manera que desembarcaron y se informaron de que en Santa Cruz no había pólvora para cargar el cañón de los saludos. A juzgar por el diario, los ingleses no debían hablar muy bien el castellano ni enterarse de la mitad de lo que pasaba en la isla. Aunque, así y todo, lograron salir con vida de sus "grandes" aventuras en su ascensión al salvaje y peligroso Pico del Teide. En esta primera entrega, se incluye la anécdota de las mulas antibritánicas y, en el próximo, asistiremos a la visita que unas damas de la alta sociedad tinerfeñas hicieron a los ingleses en sus propios barcos y de lo que allí sucedió.

Un isleño con 200 años de historia

Wimpy Serigné se expresa con el habla canaria del siglo XVIII, porque sus antepasados supieron guardar muy bien el dialecto español que algunos miles de isleños llevaron a las tierras pantanosas de Luisiana. Los gobernantes, los pequeños académicos de la lengua y todos los habitantes de las Islas Canarias deberían cuidar a Wimpy como su principal tesoro nacional, porque es uno de los últimos “Islanders” de Luisiana que conservan esa reliquia lingüítica del pasado que está a punto de desaparecer para siempre.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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