Ratzinger cumple el sueño de García Márquez: asistir a su propio entierro

Gabriel García Márquez narró en un cuento cómo asistía a su propio entierro. Acompañaba don Gabriel a los acompañantes de su féretro, bebiendo, cantando y tocando guitarras, montados todos en una gran parranda. El bueno de Ratzinger no va a llevar guitarras, como García Márquez, pero, a falta de guitarras y guitarrones, un buen órgano le servirá de fondo musical para contemplar la cara de terror de su Sucesor cuando sea elegido.

El papa se convierte en dios

El hasta hoy jefe de la iglesia católica se retira a cien metros del que será su Sucesor, echándole el aliento en la nuca, sin perder un solo paso, un solo gesto, una sola palabra. Los secretarios, los cardenales, los carcamales del Vaticano irán a consultarle cada movimiento del Sucesor, a pedirle su beneplácito o su censura para actuar en consecuencia.

A propósito de Ratzinger

Estando bien de salud, con la mente clara y una iglesia bien embridada, ¿qué mosca le habrá picado al papa para tomar una decisión tan drástica? –pensé– ¿Lo hará por vanidad, para que le recuerden como una persona humilde y original? No, no creo que llegue a tales extremos. Ni siquiera para que le canonicen por su gesto de humildad suprema. No me cuadra. Es demasiado inteligente... Entonces se me ocurrió: ¿Y si fuera porque...? Aquí, justamente, pensé en el "Vigésimo segundo viaje", de Stanislaw Lem, un relato publicado en 1971, formando parte de la obra "Diarios de las estrellas". Lean lo siguiente y entenderán. ¡Léanlo!

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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