Haití y los imperiales filósofos

La actividad de la cohorte servil -que lisonjea y defiende a los dueños del planeta- ha comenzado ya: buscar víctimas para dirigir sus dardos y culparles de la miseria de Haití. La consigna es confundir, confundir y confundir. Decir que ese país es pobre porque quiere serlo, que los haitianos sólo tienen lo que se merecen por sus propios méritos, que por mucho que se les ayude no van a salir de los pozos de indigencia,…

La escalera mecánica

No importa que usted sea gordo, flaco, parlamentario, chorizo, consejero, presidente, obispo, constructor o banquero: ya existe una Moral disponible para su talla. Por un precio módico, tras unos ligeros arreglos, tenga la seguridad de que le sentará como un guante… a juego con el cuello blanco, por supuesto. Usted podrá meter la mano hasta el codo en los billetes de 500 sin miedo a mancharse las manos de tinta violeta. Ya está en el mercado prêt-à-porter la fórmula adecuada para que su dignidad quede a salvo.

PEDIRLE PERAS AL JUEZ

Que yo sepa, con pocas excepciones, los jueces en España no están acostumbrados a juzgar y condenar a gente encumbrada de la derecha. Ni antes del régimen de Franco, ni durante el franquismo ni en los años posteriores a la muerte del galleguísimo. Los jueces son personas históricamente adiestradas en juzgar y condenar a la izquierda. Antes, durante y después de las Cuarenta en Bastos que se cantaron entre 1936 y 1975.

Mi Pedro García Cabrera, el García Lorca de las Islas Canarias

Pedro García Cabrera es el mejor poeta oriundo de las Islas Canarias. Nació en la isla de La Gomera, en el año 1905, murió en Tenerife, en 1981. Hizo la carrera de maestro y estuvo vinculado al movimiento surrealista y a la revista “La Gaceta del Arte”.

A raíz del golpe de estado de 1936, fue arrestado y enviado a un campo de concentración en Villa Cisneros. Allí, organizó una evasión y con otros compañeros secuestró el vapor “Viera y Clavijo” y se dirigió a Senegal. Después marchó a Marsella y pasó a Andalucía, donde se integró en el frente republicano, pero de nuevo cayó en manos del ejército golpista y sufrió prisión durante siete años.

El plagio

Se entiende por plagio la copia de partes substanciales de obras ajenas, dándolas como propias. Si usted reproduce literalmente lo que otro autor ha escrito, sin entrecomillar o indexar el texto y sin citar su procedencia, está cometiendo un plagio. Sin embargo, cuando alguien repite con otras palabras el pensamiento de un autor no hace un plagio, sino una paráfrasis, lo cual es perfectamente legal.

La honradez intelectual

–El texto se está componiendo en un programa de ordenador –me dijo el funcionario público.
–¿Para qué? ¿No van a publicar una edición facsímil? –pregunté, intrigado.
–Claro que sí, pero sólo de esta manera podemos dejar fuera los artículos que no nos interesa que aparezcan.
Me quedé de piedra. Lo primero que vino a mi cabeza fue una imagen del Ministerio de la Verdad de la novela 1984 de Orwell, donde unos funcionarios cambiaban la historia, a golpe de tijera, según les convenía a los gobernantes

El escritor y su Patria

Decía mi adorado Borges que a cada país le gusta ser representado por un libro y que casi nunca, paradójicamente, ni ese libro ni su autor se parecen a su país de origen. Que el espíritu liberal de Cervantes en nada se asemeja al espíritu inquisitorial de los españoles, ni el de Goethe al exacerbado nacionalismo alemán ni el fluir sonoro de los textos de Shakespeare a la excesiva reserva de los ingleses.

ABELARDO VICIOSO. El gran poeta del Caribe

Fue presentada en Santo Domingo la novela póstuma de Abelardo Vicioso (1930-2004), “Memorias del Teniente Veneno”. Se trata de un relato autobiográfico de casi mil páginas, editado por el Gobierno dominicano, escrito por quien ha sido considerado por muchos como el mejor poeta de la República Dominicana y uno de los grandes vates de América Latina. Dos meses antes de su muerte, cuando se hallaba finalizando esta obra, tuve el honor de entrevistarle, en su casa de Santo Domingo.

PUERTO RICO Y LA FELICIDAD

Los puertorriqueños son los habitantes menos felices de las islas caribeñas. Al menos, ésta es la sensación que me han producido sus habitantes desde que los conozco. Al principio, pensé que esa infelicidad era parte de la herencia cultural legada por los abundantes emigrantes canarios que arribaron a Puerto Rico. Indudablemente, los canarios somos muy dados a la autocompasión: sólo hay que oír hablar a uno de nuestros políticos o leer cualquier periódico para confirmarlo. Sin embargo, los numerosos descendientes de isleños en Cuba y la República Dominicana no se distinguen de sus vecinos por una acusada falta de dicha, aunque sean algo más melancólicos que los ciudadanos de otras etnias. Se me olcurrió que tal vez eran infelices por su dependencia de los Estados Unidos; pero estoy plenamente convencido de que ni las cadenas ni las alas políticas logran arrebatar la sonrisa a un pueblo. Se puede ser íntimamente feliz en el más infecto calabozo y desdichado en el palacio más suntuoso. Parece como si los caminos de felicidad y los del bienestar fueran misteriosamente independientes. Que los fluidos que alimentan el placer sean diferentes de los que nutren la sonrisa.
A mi modo de ver, la tristeza boricua responde a (…).

SOBRE LOS ESCRITORES (1)

Es cierto que la soledad con la que un individuo ha de enfrentarse a su tarea modela su carácter o que alguien que ame el trabajo solitario tiene mayores posibilidades de escribir. Sin embargo, las reacciones ante la sociedad no siempre son las mismas y dependen de factores externos al propio acto de escribir. No se puede comparar el carácter extrovertido de Ernest Hemingway con la introversión de Franz Kafka, ni creo que sea equivalente la avaricia de William Shakespeare o de Francisco de Quevedo con la generosidad de Leon Tolstoi o de Juan Rulfo. Conozco autores capaces de pasarse encerrados en una habitación, frente al ordenador, durante una semana y después salir un día completo a (…).

Extraña puesta de sol

puestadesol Foto de Manuel Mora MoralesPlaya de las Américas (Tenerife, Islas Canarias). Esa tarde, caminé por la playa mucho rato. Finalmente, me senté a contemplar la puesta de sol.

Estaba sentado en la arena, pensando en mis cosas, cuando me fijé que había algo inusual en el horizonte, pues una especie de tronco o cortina unía una gran nube gris con el mar. La nube cubría parte de la isla de La Gomera. Por casualidad, llevaba una cámara de vídeo y la monté rápidamente para tomar el fenómeno meteorológico. En el vídeo se ve claramente que esa isla está a la derecha de la cortina.