“Mi abuelo de Akkar”, de Antonio Abdo

La historia familiar de Antonio Abdo Pérez, iniciada en un apacible pueblo del Líbano, atraviesa el Océano con mayúscula, se ensancha en tierras del Caribe y madura en Tenerife, durante la primera mitad del pasado siglo. Cada verso es una chispa del alma del abuelo que convoca nuestras propias memorias hogareñas, irremediablemente decoloradas por el paso del tiempo. Es en este intercambio donde el poeta nos gana la partida para pasar a formar parte de nuestra intimidad lírica.

CANARIAS Y MADEIRA, PARTE METEORO ILÓGICO

Con radar y sin radar se sabía que llegaba una soberana tormenta. ¿Hubiese cambiado algo saber que descargaría una hora antes o una hora después? ¿O iban a correr con el radar-paraguas detrás del ojo de la tormenta para que nos fuéramos cobijando en él?
Nuestros políticos archipieilógicos –canarios y madeirenses– dicen demasiadas sandeces y, probablemente, piensan que los ciudadanos las tomamos como santas y sabias verdades. Pero si hay algún idiota en estas historias de tormentas y faltas de previsión no es precisamente el ciudadano común. El mismo que no va a permitir que se construyan más centrales eléctricas sabiendo que estas islas no las necesitan.

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LOS ESCRITORES Y EL AMOR. Capítulo 5: PÉREZ GALDÓS

No me joda, don Benito, ahora resulta que vuelve usted a cambiar la dirección del amor. ¡El burguesito se casó con una pecadora y no le dio ni un beso! Y ya no hay uno sino dos, cuatro, veinte amores que navegan por su novela como si fueran barquillas de vela latina pilotadas por gente enloquecida que se cruzan, se embisten, se ayudan y hasta se hunden irremisiblemente en el mar de la vida que es el morir. Y hasta una barquilla vuela con sus alas latinas extendidas, como sólo usted, señor mío, podría hacer volar al amor eterno sobre el lecho mortuorio de una pecadora que -¡quién sabe, don Benito, quién sabe!- había tenido alma, ojos y pechos de poetisa gallega.

Haití y los imperiales filósofos

La actividad de la cohorte servil -que lisonjea y defiende a los dueños del planeta- ha comenzado ya: buscar víctimas para dirigir sus dardos y culparles de la miseria de Haití. La consigna es confundir, confundir y confundir. Decir que ese país es pobre porque quiere serlo, que los haitianos sólo tienen lo que se merecen por sus propios méritos, que por mucho que se les ayude no van a salir de los pozos de indigencia,…

La escalera mecánica

No importa que usted sea gordo, flaco, parlamentario, chorizo, consejero, presidente, obispo, constructor o banquero: ya existe una Moral disponible para su talla. Por un precio módico, tras unos ligeros arreglos, tenga la seguridad de que le sentará como un guante… a juego con el cuello blanco, por supuesto. Usted podrá meter la mano hasta el codo en los billetes de 500 sin miedo a mancharse las manos de tinta violeta. Ya está en el mercado prêt-à-porter la fórmula adecuada para que su dignidad quede a salvo.

PEDIRLE PERAS AL JUEZ

Que yo sepa, con pocas excepciones, los jueces en España no están acostumbrados a juzgar y condenar a gente encumbrada de la derecha. Ni antes del régimen de Franco, ni durante el franquismo ni en los años posteriores a la muerte del galleguísimo. Los jueces son personas históricamente adiestradas en juzgar y condenar a la izquierda. Antes, durante y después de las Cuarenta en Bastos que se cantaron entre 1936 y 1975.

Mi Pedro García Cabrera, el García Lorca de las Islas Canarias

Pedro García Cabrera es el mejor poeta oriundo de las Islas Canarias. Nació en la isla de La Gomera, en el año 1905, murió en Tenerife, en 1981. Hizo la carrera de maestro y estuvo vinculado al movimiento surrealista y a la revista “La Gaceta del Arte”.

A raíz del golpe de estado de 1936, fue arrestado y enviado a un campo de concentración en Villa Cisneros. Allí, organizó una evasión y con otros compañeros secuestró el vapor “Viera y Clavijo” y se dirigió a Senegal. Después marchó a Marsella y pasó a Andalucía, donde se integró en el frente republicano, pero de nuevo cayó en manos del ejército golpista y sufrió prisión durante siete años.

El plagio

Se entiende por plagio la copia de partes substanciales de obras ajenas, dándolas como propias. Si usted reproduce literalmente lo que otro autor ha escrito, sin entrecomillar o indexar el texto y sin citar su procedencia, está cometiendo un plagio. Sin embargo, cuando alguien repite con otras palabras el pensamiento de un autor no hace un plagio, sino una paráfrasis, lo cual es perfectamente legal.