Categoría: Relatos

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El grito de los gritoness

Gritones

Cuando lo que la gente dice no interesa a nadie, suele gritar para que la oigan… y, después, mirar alrededor para ver el efecto de sus gritos.
Esto sucede con muchos políticos hueros, que gritan hasta desgañitarse diciendo memeces; o muchos profesores para que los alumnos no se atrevan a preguntarles sus ignorancias; o muchos médicos que reprenden al enfermo que no han sabido curar antes de que proteste; o muchos mentirosos a los amigos que encuentran en el bar; o muchos…
En fin, toda esa gente que suele gritar para que la oigan, porque si hablara en voz baja, nadie escucharía sus majaderías.

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Noticias sabrosas del vino canario

Las «Memorias» de Lope de la Guerra están formadas por 165 folios. He rastreado cada página buscando noticias sobre el vino, tomando buena nota de ellas. Su primer apunte sobre el vino corresponde al año 1764 y el último a 1783, aunque las Memorias llegan hasta 1791.
Quienes deseen hacerse una idea sobre cómo estaban los asuntos vinícolas en esa época, tienen la oportunidad de conocerlos en pocos minutos, leyendo esta recopilación.

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Foto de Manuel Mora Morales. Islas Canarias.

Un casal de guachinches

Pedimos asadura, fabada, más asadura, papas y un postre. ¡Madre mía! No sé si alguna vez en mi vida había comido un hígado de cochino tan rico como aquél. Repetimos, porque yo no podía admitir que se hubiera terminado tan pronto. Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas al espabilado de Jacob, pero si éste le habría ofrecido un plato de asadura de este guachinche, Esaú le habría dado a cambio su primogenitura, su libertad, su alma y hasta su cuerpo.

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Caracciolo, Ruiz de Padrón y Carlos III

Domenico Caracciolo derogó la Inquisición en Sicilia y, luego, se convirtió en un famoso diplomático al servicio del reino de Nápoles. Indirectamente, tuvo gran relación con el rey Carlos III de España y con el diputado canario Antonio Ruiz de Padrón. Sobre la perspicacia de Caracciolo, bastará con decir que siendo embajador en Inglaterra, le escribió a su rey, Fernando IV de Nápoles y Sicilia, contándole que en Gran Bretaña había encontrado dos salsas y veintidós religiones

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Noticias sobre un libro escrito por un médico canario del siglo XVI

Noticias sobre una obra publicada en el siglo XVI, cuyo autor es Gaspar López Canario, nacido en las islas afortunadas. Se utilizó como libro de texto en las facultades de Medicina de varias universidades y mencionaba las «viejas», las «cabrillas», el gofio y otros elementos propios de las Islas Canarias. Cuando lo encontré, no pude contener mi curiosidad y traté de averiguar algo más sobre este eminente médico que llegó, incluso, a presumir en su apellido sobre su procedencia geográfica, en una época en que todos procuraban ocultarla.

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Oporto encuentra a Tabucchi: una visión subjetiva

He de confesar que la combinación de Oporto y Tabucchi me entusiasma de igual manera que Lisboa y Pessoa, Buenos Aires y Borges o La Habana y Carpentier. Las ciudades y los escritores forman casales en las mentes de los viajeros con afición a la lectura, de igual manera que los músicos y los grandes festivales en el imaginario de los melómanos.
El protagonista de «La cabeza perdida de Damasceno Monteiro» odiaba Oporto; pero su creador, Tabucchi, le va cocinando el gusto a fuego lento, como si se tratara de una olla de callos, hasta que termina por enamorarse de esta ciudad espléndida de puentes, castillos, iglesias y estaciones de ferrocarril.
Los portugueses le dicen, simplemente, Porto, es decir, Puerto. Y nadie puede decir que ha visto la ciudad si antes no ha cruzado sus puentes sobre el río Duero y subido los casi 250 fatigosos escalones de la Torre de los Clérigos para contemplar los tejados que componen un maravilloso tapiz bermejo bajo el cual bullen el arte, la literatura, el vino, la gente, el bacalao asado y, naturalmente, los famosos callos de Oporto.

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A propósito de Ratzinger

Estando bien de salud, con la mente clara y una iglesia bien embridada, ¿qué mosca le habrá picado al papa para tomar una decisión tan drástica? –pensé– ¿Lo hará por vanidad, para que le recuerden como una persona humilde y original? No, no creo que llegue a tales extremos. Ni siquiera para que le canonicen por su gesto de humildad suprema. No me cuadra. Es demasiado inteligente… Entonces se me ocurrió: ¿Y si fuera porque…? Aquí, justamente, pensé en el «Vigésimo segundo viaje», de Stanislaw Lem, un relato publicado en 1971, formando parte de la obra «Diarios de las estrellas». Lean lo siguiente y entenderán. ¡Léanlo!