El invierno veranea: poca broma

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     Uno va en camiseta por la Europa del calentamiento global

durante los últimos días de diciembre en este 2016.

El sol brilla en un cielo azul pintado por Rubén Darío

y en los árboles de plátano algunas hojas refulgen más que los rubíes.

Que nadie se alarme: sólo es un anuncio del final del planeta.

Y será un final espléndido. Pueden creerlo: algo espectacular.

Busquen butaca en primera fila. Desapareceremos

en medio de un apoteósico despliegue de belleza decadente.

Se escribirán libros y se realizarán películas que hablen de tanto, tanto esplendor.

Cuando todo termine, no habrá nadie para leer esas páginas

ni para admirar los sublimes planos cinematográficos.

Pero no se alarmen: todo ese arte quedará ahí depositado,

en la soledad de los estantes,

esperando,

esperando a que se arregle el pasado.

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Shakespeare contra Cervantes: KO en el primer asalto

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Nos han anunciado por tierra mar y aire que se cumplen cuatrocientos años de la muerte de dos genios de las letras: Cervantes y ShakespeareShakespeare y Cervantes. A pocas semanas de finalizar 2016, va llegando la hora de analizar estas conmemoraciones y, con sólo fijarse un poco, se ve que son notables las diferencias entre una conmemoración y otra.

Shakespeare escribió poesía y teatro; Cervantes, novela y teatro. No hace falta decir que la producción dramática y lírica del primero fue superior a la del segundo y que las novelas de don Miguel superaron a las de don William, por la sencilla razón de que el inglés no escribió ninguna. Hasta aquí creo que existe consenso general, excepto en algún español carvernícola y carpetovetónico, que haberlos haylos todavía.

LAS SOSAS EXPOSICIONES SOBRE LITERATOS

Conmemorar cualquier faceta de un escritor, aunque sea su muerte, tiene sus complicaciones. Sólo hay que observar el escaso éxito de las exposiciones sobre cualquier literato. La cuestión es por qué se utiliza este canal, en lugar de otros más apropiados para la difusión de la literatura y de sus artífices, los literatos. Nada es más aburrido que acudir a una sala para ver unos cuantos papeles viejos que casi no se pueden leer, cuadernos amarillentos por el tiempo de los que sólo nos muestran una o dos páginas, alguna pluma, un tintero, una silla o un escritorio, una boina quizás o unas gafas,… En fin, una colección de objetos que no tienen más ídem que llenar algunas vitrinas y justificar una obligada conmemoración. En el caso de Cervantes, ni siquiera eso.

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Vivienda de Cervantes, en la calle Real de Alcalá de Henares.

Es cierto que en su casa de Alcalá de Henares he visto una pequeña cola de visitantes dispuestos a pagar para entrar dentro de sus muros. La pregunta es obvia. ¿Qué puede aportar a un admirador de Cervantes contemplar unos cuartos viejos y algún mueble destartalado?

En mi opinión, solamente la satisfacción de contarle a la familia y a los amigos que “entré en la casa de Cervantes”, como si eso justificara que jamás pasara de la primera página de El Quijote, en el caso de que la haya leído completa.

No tengo nada en contra de que cada uno entre donde quiera, y donde lo dejen entrar, pero tengo la seguridad de que los escritores y las exposiciones son incompatibles, no casan. Las exposiciones son para que los artistas plásticos nos muestren su obra, no para ver folios garabateados ni orinales viejos.

AI WEIWEI Y MIGUEL DE CERVANTES, ¿COLEGUITAS?

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Cartel de la exposición sobre Cervantes con Ai Weiwei en Cuenca.

Esa incompatibilidad la demuestra otra exposición, que todavía en estos días se anuncia a bombo y platillo en las emisora de radio y televisión, titulada “La poética de la Libertad”, dedicada a Cervantes y “decorada” por Ai Weiwei y los llamados pintores informalistas, en la catedral de Cuenca.

Hace unos días, aprovechando un viaje de trabajo a Madrid, me desplacé hasta esa ciudad, con la intención de contemplar lo expuesto por el artista chino, cuya obra admiro desde hace años. Pero no debí haber ido.

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Maravillosa catedral de Cuenca, donde tuvo lugar una exposición de muy bajo interés.

Me compensó la catedral gótica de Cuenca, que en los días despejados se convierte en una auténtica antorcha solar alimentada por la luz que filtran las vidrieras.

También me sentí reconfortado por la obra de dos canarios que participan en la reducida muestra colectiva de pintores informalistas: un fantástico cuadro de Millares y una extraña y bella escultura de Chirino que roba al aire sus espirales y las derrama por el suelo.

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Obra de Chirino.

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Los autores informalistas de las ocho obras expuestas.

En cuanto a la obra Ai Weiwei, confieso que no me gustó, a pesar de que casi toda su producción me parece genial. En esta instalación, titulada S.A.C.R.E.D., se evidencia un narcisismo excesivo e innecesario para denunciar la falta de libertades en su país: seis cajas metálicas (que deben medir unos 5 m de largo, por 2 de ancho y 1,5 de alto) colocadas dentro de otra caja grande, a manera de contenedor.

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Cajas de la instalación de Ai Weiwei.

Dentro de cada una de estas cajas, se encuentran tres esculturas que representan a Ai WeiWei y a un par de policías chinos, cuyo estilo recuerda los juguetes infantiles de hace unos años. Nos cuentan escenas de la detención del artista, siempre custodiado por sus dos guardianes, incluso cuando entra a hacer sus necesidades.

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Interior de una de las cajas de la exposición de Ai Weiwei.

El espectador puede ver todo esto, que está iluminado por una luz fluorescente, utilizando una mirilla colocada en cada caja. No hay nada alegórico: todo tiene un tratamiento realista: todo gira en torno a Ai Weiwei, quien se presenta como el héroe encadenado, cual reencarnación de John Lenon sin Yoko Ono en la cama del hotel Ritz.

CERVANTES, EN LA PAPELERA

¿Y Cervantes? Su presencia en esa exposición se reduce a cuatro frases en paneles que tratan de justificar una exposición que no visita nadie. En realidad, ¿qué otra cosa se puede hacer para conmemorar a un novelista con una exposición?

Quizás, habría que olvidarse de las exposiciones sobre escritores y de los que viven de montarlas y de conmemorar sus vidas y sus muertes. Quizás, sería más útil popularizar sus libros en emisoras, periódicos, escuelas y universidades.

Naturalmente, hay otras opciones. Me viene a la memoria una visita realizada hace años a la casa de Máximo Gorki, en Heringsdorf (isla de Usedom), donde una actriz contaba de manera fantástica cinco o seis veces al día uno de los cuentos del autor ruso.

Aunque no he tenido la suerte de asistir a alguna representación (excepto un descabellado intento de escenificar El Quijote, que no puedo decir que vi sino que dormí), sé que en este año se han realizado escenificaciones de obras dramáticas de Cervantes. El ruido mediático por esas puestas en escena ha sido poco; y es comprensible, puesto que la muerte de William Shakespeare en el mismo año de 1616 ha actuado como sordina para la obra teatral cervantina.

SHAKESPEARE HASTA EN LA SOPA

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Shakespeare en el Teatro Nacional de Lisboa, en 2016.

Las representaciones de las obras de Shakespeare han sido abundantes y de todo pelaje. He sufrido unas y he disfrutado otras, como la espléndida puesta en escena, en el Teatro Real de Madrid, de la ópera Otelo, de Verdi, inspirada en el drama shakesperiano del mismo nombre (un drama que, por cierto, no se construye sobre los celos de Otelo, sino sobre las insidias de Yago que envenenan el corazón del protagonista); la escenificación de Ricardo III, llevada a cabo en un patio del espectacular castillo del Conde de Niebla, a pocos kilómetros de Palos de la Frontera; la deconstrucción de Romeo y Julieta, en el Teatro Nacional de Lisboa, por los “Artistas da Companhia Nacional de Bailado” de Portugal; la derivación cómica de Macbeth, dentro de las Noches del Fonseca en la Universidad de Salamanca; etc.

En todas estas representaciones la afluencia de público fue numerosa y, como sucedió en el caso de Otelo, en ocasiones las entrada se agotaron varias semanas antes.

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Basta mirar este cartel para comprobar que las obras de Shakespeare han sido más representadas que las de Cervantes, incluso en España, durante el año 2016.

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COMPARACIONES ODIOSAS, COMPARACIONES NECESARIAS

En definitiva, se ha conmemorado sobradamente a William Shakespeare y obligada y solapadamente a Miguel de Cervantes. Es posible que a un novelista no se le pueda sacar tanto partido mediático y popular como a un dramaturgo, pero no es menos cierto que existen ciertos países donde las instituciones públicas consideran una molestia celebrar efemérides culturales de verdadera importancia, mientras otros saben sacar partido a las suyas.

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El Teatro Real de Madrid anuncia la ópera Otelo.

Si alguien desea comparar, sólo tiene que recordar los fastos llevados a cabo en 1992, para conmemorar la llegada a América de los españoles, y la paupérrima celebración que se está llevando a cabo sobre Miguel de Cervantes.

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Estatua de Miguel de Cervantes que preside un parque en Alcalá de Henares.

El incendio de Londres, una cena pantagruélica, el vino canario y el diablo

City Tavern

Se cumple el 350 aniversario de una catástrofe. El 2 de septiembre de 1666 ardió Londres en un terrible incendio que duró tres días. Un grupo de poetas aficionados al maravilloso Canary Wine protagonizó una escena conmovedora frente a un carismático edificio que había sido el santuario de Shakespeare y otros literatos ingleses. ¿Cuál era esa edificación y por qué se relacionó al diablo con su destrucción? La respuesta se encuentra al final de este relato que comienza en América, ciento treinta y un año después del siniestro londinense.

El 27 de septiembre de 1797 se firmó la Constitución de los Estados Unidos y los representantes de los estados decidieron celebrar por todo lo alto aquel acontecimiento en el mejor restaurante de Filadelfia. Sí, nuestro Antonio Ruiz de Padrón se encontraba en la ciudad y éste es el relato de los hechos, según la novela “El discurso de Filadelfia”:

“–La City Tavern –dijo Ruiz de Padrón– ya se había recuperado de la cena militar y otra vez sus instalaciones resplandecían. Las mesas, cubiertas con blancos manteles de lino e iluminadas con enormes candelabros, esperaban a los ilustres comensales.

Los delegados atravesaron muy animados la terraza situada bajo el toldo exterior, traspusieron la puerta principal y se dirigieron al comedor de la Long Room, la sala más grande de los Estados Unidos, exceptuando el gran salón de la Casa de Gobierno. Mostraban un excelente humor y, aunque no bebieron tanto madeira ni tanto ponche como le habría gustado al dueño de la taberna, sí consumieron lo suficiente para digerir la abundante comida sin necesidad de jugos gástricos.

En esta cena se degustaron en la mesa más de veinte platos diferentes. Había sopa, pescado, jamón, paletilla de cordero, verdura, un asado de caza silvestre, pollo, pavo y otras viandas. También sirvieron ensaladas, salsas y diversos condimentos. En los postres comieron frutos secos, tartas y pasteles regados con vinos Sweet Canarys.

Los brindis se sucedieron hasta bien entrada la noche y, aunque los músicos de Christhilf se esforzaban por interpretar sus piezas tan alto como podían, resultaba imposible escuchar algo que no fuese la algarabía de los políticos. Más de un duro enfrentamiento que tuvo lugar durante los meses anteriores se cerró esa tarde con un fuerte abrazo entre los contendientes. La factura corrió a cargo del amigo de los vinateros canarios, Robert Morris.

En los siguientes días, los delegados regresaron a sus estados de origen. Una vez informaran a sus respectivos parlamentos, se debería iniciar el proceso de votaciones en cada Cámara estatal para la aprobación definitiva del texto constitucional.

Tenías que haber visto a Gouverneur Morris contándome las hazañas etílicas de aquella noche. Según su versión, llegó un momento en que uno de los comensales se levantó con una copa de Canary en la mano, pidió silencio y comenzó a entonar esta canción a la que se sumaron los delegados:

Pero lo que más nos inspira a mi musa y a mí
es una fina copa de rico vino canario
que es de La Sirena, por ahora;
pero que pronto será mía.

Se trataba de un poema del poeta inglés Ben Jonson, el cual, además de ruidoso y fanfarrón, era un gran bebedor. El viejo Jonson acostumbraba a reunirse en una taberna londinense, llamada La Sirena, con sus amigos Selden, Beaumont, Fletcher, Raleigh y Shakespeare a beber Canary Wine y a hablar de literatura. Cuando las jarras se vaciaban, animaba a sus amigos a cantar sus versos para advertir a la señora Quicky que debía servir más vino canario, tal vez importado en uno de los propios barcos de Walter Raleigh. Una vez las ilustres cabezas se saturaban por completo con los vinosos vapores, el filosófico y poético navegante detallaba a los miembros del club las maravillas que había presenciado en sus muchos viajes, las cosas extrañas que había encontrado en las plantaciones de Virginia y las grandes probabilidades que existían de realizar su sueño de encontrar El Dorado.

incendio londres

La Sirena era la más famosa taberna de Londres, ubicada en el barrio de Cheapside, cerca de la catedral de San Pablo, cuya fama no cesaría de crecer con los años y los poetas, a pesar de que fue destruida en el gran incendio de Londres en el año 1666. Decía Gouverneur que mientras unos jóvenes poetas aficionados al Canary Wine contemplaban cómo las llamas devoraban su amada La Sirena, decidieron nombrar las tres últimas cifras de aquella nefasta fecha como el Número del Diablo.”

(Extracto de la novela El discurso de Filadelfia, de Manuel Mora Morales, Ed. Malvasía, 2016, pp 470-472)

 

Presentación en Barcelona del poemario “Aldabas”, de Antonio Abdo

ANTONIO ABDO

Un momento de la presentación.

 “Aldabas”, quizás el poemario más íntimo de Antonio Abdo (publicado por Editorial Malvasía), fue presentado en el Ateneo de Barcelona. Tuvo dos presentadores de lujo: Eladi Creuhel y Xavier Muñoz Puiggros.

Reproduzco el texto ambas presentaciones gracias a la amabilidad de sus autores y al interés de su contenido.

PRESENTACIÓN DE ALDABAS POR ELADI CREUHEL

Voy a hablarles de una isla o, mejor, de una isla en una isla.

Hay quien dice que la isla es pequeña, tan pequeña que un pintor la podría pintar toda entera en un solo óleo, o que un fotógrafo la podría reproducir totalmente en una sola fotografía, y que incluso uno de esos notarios a sueldo de alguna entidad bancaria la podría meter perfectamente en una sola escritura de hipoteca.

Pero esto no es verdad: esa isla ya está muy pintada y fotografiada por muchos artistas, casi podríamos decir que está sobrepintada y sobrefotografiada, y también podríamos decir que a la isla, como a la mayoría de sus hermanas, le sobran las hipotecas.

Les voy a decir la verdad: la isla era, en efecto, muy pequeña (un dulce en el Atlántico la llamó un buen amigo de Antonio Abdo en un libro que seguramente no está en la biblioteca del Ateneu); la isla era muy pequeña, pero se fue haciendo grande a base de pinturas, fotografías, músicas y palabras. Esto no es exactamente una novedad: todos nos engrandecemos cuando podemos recrearnos en un cuadro que nos gusta, o cuando leemos un libro que nos atrapa, o si nos cantan una canción que ya nunca olvidaremos.

Lo mismo pasa en las islas como esta de la que les estoy hablando: se engrandecen cuando alguien acierta a captar la soledad de mar entre cancajos, la música del viento entre los pinos, o la estela que en aire acostumbran a dejarnos las palabras necesarias.

Las palabras necesarias…Son pocas, para un isleño son pocas, y casi todas empiezan por la letra c: cielo, caldera, cruz, color, ciudad, casa, costa, carro, carnaval, comedia, circo de marte, caña, canto, canarias…Aunque también hay algunas que empiezan por la m: mar, marejada, mareo, madre, mago, melancolía. Y unas pocas empiezan por a: abuelo, Antonio, aldaba.

Ahora estoy hablando del abuelo libanés de Antonio Abdo, a quien hace poco más de un lustro dedicó un precioso libro de poemas que tenía justamente este título: Mi abuelo de Akkar.

De cómo mi abuelo sanaba a su esposa leyéndole algunos capítulos del evangelio.

Era un acto de amor por la palabra
hacia Kathryn, la esposa enferma.
Sobre su cabeza, posada dulcemente,
tus manos con el abierto evangelio,
leías los capítulos del apóstol
con la armonía de la lengua árabe.
Para mí era sólo música sagrada
que arrullaba mi presueño infantil
y acariciaba mis párpados cerrados.
El silencio de la abuela recogía
las voces del amado y, lentamente,
sus ojos se cerraban con los míos.
En aquella penumbra me dormía
con la fe de besar, a la mañana,
la salud recobrada de mi abuela.

Antonio es otra de las palabras necesarias en la isla, no solamente porque hay un pueblo que lleva el nombre de San Antonio, o porque es el nombre que le impusieron a otro santo, San Antonio Machado, tantas veces invocado por los poetas isleños, sino porque es el nombre de nuestro amigo Antonio, cuyo último libro, Aldabas, ahora presentamos.

Todos sabemos que una aldaba, en su sentido más usual, sería la pieza de hierro o bronce que se coloca en las puertas para llamar golpeando con ella. Un aldabonazo sería el golpe dado con la aldaba o aldabón. Antes del timbre hubo la aldaba, el aldabonazo. En la isla de que hablo aún hoy abundan las aldabas, aunque ya no tanto los aldabonazos.

Antonio, en este libro compuesto por veinte aldabas –también podría titularse, a la manera de Neruda, “Veinte aldabas de amor y ni una canción desesperada”-, describe con verso conmovido un estado de inquietud anímica, de zozobra, en el que resuenan unos aldabonazos incontrolados, de esos que ensordecen los sentidos, unos aldabonazos que dejaron huella duradera tanto en él como en su esposa Pilar, que también hoy, tan gozosamente, nos acompaña.

Algunas de estas aldabas de Antonio nos remiten al soneto de Gerardo Diego titulado Insomnio.

Tu y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo.
Y tu, inocente, duermes bajo el cielo.
Tu por tu sueño y por el mar las naves.

(…)

Qué pavorosa esclavitud de isleño.
Yo insomne, loco, en los acantilados.
Las naves por el mar, tu por tu sueño.

Intuyo que Antonio escribió estos versos para conjurar todos aquellos aldabonazos que resonaron en su alma en una época en que las puertas que daban a Pilar no se le abrían, se le aquellaban; por eso sus versos, más que sonar, resuenan, nos llegan como llamadas solitarias de auxilio lanzadas al espacio. No obstante los poemas, si lo pensamos bien, y aún cuando los escondamos entre rimas y ritmos, qué son sino llamadas de auxilio?

Aldaba 20

No dejaré de hablar ante esta aldaba;
palabreo sin fin, que me conduce
a tenerte a mi lado en mi deseo.
El silencio te aleja, a la distancia
real entre tu alcoba y mi persona.
Hablando, te tengo aquí, a mi lado,
pues te imagino atenta a mi discurso.
Y si un día el silencio se adueñara
totalmente de mi ámbito cercano
viviría la triste circunstancia
de alejarme de ti, quizá por siempre.

Quiero detenerme un momento en estos dos versos finales. El penúltimo –viviría la triste circunstancia- en el original está en cursiva, lo que puede significar que pertenece a otro poema, del propio poeta o prestado, o que se trata de una cita de una frase pronunciada por un ser querido. Ya nos lo dirá Antonio, a menos que se trate de un secreto.

El último verso –de alejarme de ti, quizá por siempre- nos sitúa en un plano metafísico: el poeta entiende que si, después de tanto aldabonazo, reinara el silencio, el solo silencio, se vería en la necesidad (viviría la triste circunstancia) de alejarse de la persona amada, a la que ha interpelado en cada aldaba, sin que ella le responda. De alejarme de ti –empieza diciendo el verso, pero inmediatamente el poeta añade, como si le asaltara la duda sobre el carácter, temporal o perpetuo, de dicho alejamiento: quizá por siempre.

Con este quizá del verso final de la aldaba veinte, Antonio parece indicarnos que, ante la tesitura de un silencio que en algún momento ha estado a punto de envolverle, él no quiere renunciar totalmente a la palabra, quiere reservarse la posibilidad de volver a hablar, a aldabonar, aunque vuelva a ser en vano. Nunca se sabe.

He empezado diciendo que hablaría de una isla en una isla, de una isla dentro de otra. No hace falta aclarar, creo, que la isla es la de La Palma y la islita interior se llama Antonio y se llama Pilar; ambos pertenecen a una de las generaciones poéticas y teatrales más frondosas de toda la historia isleña: gracias a ellos ha habido y sigue habiendo teatro en Santa Cruz de La Palma desde el año 1981; ellos junto con unos pocos amigos más, y pese a determinados obstáculos que ahora conviene olvidar, han hecho posible el milagro de un florecimiento cultural en una isla que, créanme, es un dulce en el Atlántico.

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PRESENTACIÓN DE ALDABAS POR XAVIER MUÑOZ PUIGGROS

 Cuando mi amigo Eladi Crehuet me pidió que dijera unas palabras de bienvenida a Antonio Abdo confieso que no había leído nada sobre la obra de este poeta canario. Después de la lectura del libro poético, que hoy presentamos, la sorpresa ha sido enormemente agradable a la vista de la magnífica poesía de este autor“palmero”.

Eladi pensó en mí para conformar esta mesa dada mi condición de miembro de la Junta del Ateneo Barcelonés, pues es este el único honor que tengo para estar aquí. Partiendo de esta posición empiezo por agradecer la posibilidad de poder presentar un libro de poesía en esta Institución, por donde han pasado los grandes poetas catalanes del siglo XX y otros menos conocidos, aun, del Siglo XXI. Ciertamente, presentar un libro de poesía es –en sí- una noticia. Somos conscientes de que la poesía –en la actualidad- no forma parte de los “bestsellers”. Mi amigo el poeta Josep Maria Fulquet me dice al oído, en voz muy baja, que afortunadamente la poesía queda en manos de una minoría selecta.

La poesía no tiene la difusión que tuvo antes de la guerra civil de 1936. Yo recuerdo que a finales de los sesenta y principios de los setenta –casi adolescente- paseándome por el mercado dominical de libros de segunda mano, en los pórticos del Mercat de Sant Antoni de Barcelona, encontraba gran variedad de libros poéticos,todos ellos escritos en catalán y publicados antes del fatídico 1936. Yo aún no sabía que todos aquellos poetas habían hecho vida y escritura en este Ateneo Barcelonés. Poetas como Joan Maragall (que presidió la Institución) Josep Carner, Josep María de Sagarra, Eugeni d’Ors, Carles Riba, J.V. Foix, Savador Espriu y muchos más pasaron muchas horas en este magnífico edificio del siglo XVIII. Maragall es responsable de la cualidad de la poesía catalana. Fomentó la traducción de importantes obras escritas en otras lenguas. Consideraba que la traducción tendría un papel relevante en el proceso de modernización de la cultura catalana. Otros le siguieron, como Carles Riba. Gracias a esto la poesía catalana del siglo XX ha tenido una singular relevancia.

EL AUTOR

Antonio ABDO nació en Tenerife en 1937, de padre libanés y madre canaria. Ha sido, juntamente con su pareja (personal y profesional) Pilar Rey, un importante promotor y dinamizador de la cultura en la isla de la Palma. La trayectoria profesional de Antonio Abdo se ha desarrollado en el mundo del teatro y de la interpretación oral (obtuvo en diversas ocasiones Premios Nacionales de Interpretación). En el año 1981 creó con el Ayuntamiento de Santa Cruz de Palma y juntamente con Pilar Rey “La escuela Municipal de Teatro”, de la que fueron sus co-directores hasta su jubilación en marzo de 2009. Entre otras muchas cosas, Abdo ha sido profesor de interpretación, ortofonía y verso clásico y ha formado parte de diversos jurados literarios. También ha escrito teatro y diferentes poemarios [“El silencio se estremece” (1976); “”Con el sol en las raíces” (1977); “Piel de Gato” (1985); “Playas” (2007); “Mi abuelo de Akkar” (2010); y Puzzle (2011)].

ALDABAS

Nuestra introducción al libro poético de Antonio Abdo la hacemos como una mera aproximación. Quien de verdad lo presentará será su autor, que nos leerá parte de su obra. La poesía no necesita muchos prólogos. El autor con su brillante dicción en la recitación poética nos lo explicará.

Aldabas es el título del libro. El significado de esta palabra era para mí completamente desconocido. He tenido que consultar el diccionario para conocer su significado. Aldaba significa picapuerta, para llamar, para pedir que alguien nos abra la puerta. Tuve una cierta curiosidad y busqué en el diccionario etimológico de Joan Corominas. El filólogo nos recuerda que aldaba viene del árabe daba –que significa barra de hierro para cerrar una puerta (o balda, en catalán). Con el tiempo la palabra con el artículo “ad” o “al”, también de origen árabe, se transforma en la palabra aldaba que ha adquirido un significado diferente al originario. La barra de hierro se ha transformado en picapuerta.

El libro se compone de 20 poesías numeradas. Son 20 aldabas, o mejor dicho 20 golpes de aldaba. El poemario tiene dos personajes: ÉL, quien escribe, es decir el poeta, y ELLA, a quien va dirigida la poesía, su destinataria. Entre los dos protagonistas hay una puerta donde cuelga, fuera, la aldaba.Configurado este mínimo escenario se produce la tragedia. Sentimos un largo monólogo. Un hombre con cierta desesperación reflexiona de forma íntima y amarga sobre lo que parece ser la grave enfermedad de su amada. Se refleja en él la angustia por la posible pérdida del ser amorosamente querido. Hay dolor, desesperanza y una cierta añoranza por el tiempo vivido, pero no es una poesía angustiante. Los dos están vivos y también el amor, que se declara y se explica.

Las veinte aldabas son, en realidad, veinte escenas de un drama, muy parecido a lo que es la propia vida. Donde el vaivén de las puertas que se abren, que se cierran, que se llaman, con o sin respuesta, conforman un paisaje lamentablemente cotidiano. Lo que no es cotidiano es la belleza y el sentido musical y literario con el que el autor, con el compás instrumental de la aldaba, dirige el ritmo de sus maravillosos poemas. Pero el libro de Antonio Abdo es eso y mucho más. La progresión lectora de los poemas nos lleva, con gran sensibilidad, a diferentes sucesiones de secuencias amorosas. Vivimos con su lectura la angustia del enamoramiento, de todo aquello que el amor comporta tarde o temprano. Pienso en la separación del ser querido, el desamor que a veces llega, la ruptura que demasiadas veces se transforma en enemistad. Pero es evidente –pienso- que para que toda esa desazón ocurra antes ha tenido que haber ternura y amor. Nos encontramos frente a la dualidad en que se mueve la existencia humana: el goce de la vida y la tragedia de la muerte (a veces se muere en vida).

Las Aldabas de Antonio Abdo también me han hecho pensar sobre la individualidad del ser humano. Necesitamos amar y ser queridos, pero jamás podremos olvidar nuestra individualidad. El destino de los componentes de la pareja amada no será idéntico ni eterno, como hubieran querido algunos poetas. El tiempo y sus circunstancias limitan la secuencia amorosa, a pesar de que, como dice nuestro poeta Raimon “amor, amor es dura la sentencia”. Debemos, pues, acabar esta presentación dando paso a la palabra de Antonio Abdo, el protagonista de esta velada, quien de forma exquisita trata la secuencia del tiempo/amor: “No hay que decir mañana, pues no nos pertenece, y si algún día llega, conformará otro tiempo tan nuestro como éste, que hoy menospreciamos”.

La mala prensa del pavo real

copyright-by_624_manuelmoramorale Igual que le ocurre a tanta gente, me encanta fotografiar aves. Si, además, se trata de un pájaro tan primoroso como el pavo real [1], la satisfacción que experimento al capturar su imagen es extraordinaria. Sin embargo, cuando el animalito despliega su deslumbrante cola es muy difícil no pensar que se trata de un bicho vanidoso. ¿Por qué elaboramos este pensamiento injusto si el pavo real sólo lleva a cabo una ceremonia común a todo el reino animal, es decir, una señal de cortejo  para impresionar y atraer a la hembra?

Según nuestros propios cánones de belleza, las aves son, al mismo tiempo, los seres más bellos y los menos agraciados de nuestro planeta. Ahí tenemos la fúnebre deformidad de los buitres frente a las plumas multicolores de los papagayos o los desgarbados avestruces que contrastan con la encendida prestancia de los flamencos. Juzgamos a las aves por su apariencia, por sus voces, por sus costumbres alimenticias,… como si fueran humanos. Al carroñero buitre lo comparamos con los individuos más egoístas, a los ruiseñores con los buenos cantantes, a las cacatúas con personas muy locuaces,… Sólo atribuimos buenas cualidades humanas a lo que nos agrada de las aves (y del resto de los animales, naturalmente).

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Los literatos han participado de estas comparaciones plasmándolas en las metáforas y otras figuras retóricas empleadas en sus obras dramáticas, cuentos, novelas, poemas y, sobre todo, en sus fábulas. Sin embargo, hay una excepción: el pavo real. Su belleza no ha sido elogiada por la mayor parte de los escritores y poetas, sino puesta como ejemplo de los defectos humanos de la vanidad, el orgullo, la soberbia y la ambición. Se diría que respecto a los pavos reales se da un curioso comportamiento sobre el cual he escuchado quejarse a algunas mujeres de belleza excepcional: sus pretendientes temen acercárseles y se desarrolla hacia ellas cierta agresividad injustificada, tildándolas de bellas pero tontas, orgullosas, etc. En lo que a la literatura pavorrealista se refiere, sólo conozco una excepción: Fedro. Mientras en la Antigüedad el fabulista griego Esopo denostó al pavo real, achacándole los defectos mencionados, el poeta macedonio Cayo Julio Fedro criticó a quienes se cubrían con las plumas del pavo real para despreciar a sus iguales.

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LA NEUTRALIDAD DEL LATINO FEDRO

No es que el poeta macedonio defendiera a los pavos reales pero, al menos, se mantuvo al margen del linchamiento literario que ha sufrido el ave más bella del mundo. Ésta es su fábula “El grajo vano y el pavo real”, traducida en el siglo XVIII por la buena mano de mi paisano Tomás de Iriarte:

Hinchado un grajo de arrogancia vana, De un pavo real las plumas recogía; Y después que con ellas se engalana, Despreciando la antigua compañía De todos sus iguales, En la hermosa manada Se introduce de varios Pavos Reales. Ellos quitan la pluma al ave osada, Y con los duros picos la escarmientan, Hasta que de su gremio al fin la ahuyentan. El grajo, mal parado, Se vuelve a los demás de su linaje; Mas padeció el ultraje De que no le sufriesen á su lado.

Le agregó Iriarte la siguiente conclusión o moraleja a la que tan aficionado era:

Con este ejemplo Esopo nos advierte Que nadie con lo ajeno triunfe y luzca Sino que se reduzca A vivir satisfecho con su suerte.

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LA PAVOFOBIA DEL GRIEGO ESOPO

Ya que hablamos de pavos reales, no está de más recordar dos fábulas de Esopo que nombran al majestuoso animal.

EL PAVO REAL Y LA GRULLA

Convidada a comer una grulla por cierto pavo real, disputaban acerca de cuál tenía mejores prendas naturales, y abriendo el pavo real su cola, decía que aquel abanico de tan ricas plumas no tenía cosa que se le igualara.

Ciertamente –respondió la grulla–, confieso que eres más hermosa ave que yo, tus plumas son más vistosas que las mías, pero no puedes volar, y yo con las mías puedo levantarme y subir hasta las nubes contemplando debajo de mis pies todas las maravillas del mundo.

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EL PAVO REAL Y LA DIOSA JUNO Quejábase el pavo real a la diosa Juno [2] de que no le hubiese dado la voz del ruiseñor, que todos admiran, en vez de su canto tan chillón que a todos causa risa. La diosa para consolarlo le dijo: —Ciertamente que el ruiseñor canta mejor, pero en cambio tú le aventajas en tamaño, en garbo y hermosura: en tu cuello resplandecen los brillantes colores de la esmeralda, y con las matizadas plumas de tu cola formas una rueda que parece de piedras preciosas. —Pero ¿de qué me sirve tanta belleza –replicó el pavo real–, si una avecilla como el ruiseñor me excede en la voz? —El mérito –contestó la diosa–, se repartió a cada cual según la voluntad de los hados. A ti la hermosura, al águila la fuerza, al ruiseñor la melodía, al gallo el señalar las horas, y todos con lo suyo están contentos: conténtate, pues, con lo que te ha tocado en suerte.

Debemos contentarnos todos con lo que Dios nos dio, pues Él sabe lo que más nos conviene.

EL PUMA Y EL PAVO REAL

Por mi parte, estimado internauta, me contento con haber recibido su atención y espero que estos párrafos hayan sido leídos con la misma benevolencia y ligereza con que han sido escritos, sin pretender otra intención que la de entretener y recordar algunos conocidos textos clásicos. Ya puestos a recordar, hace muchos años apareció una canción titulada “Pavo real” que interpretaba un cantante, llamado El Puma. Aunque la mayor parte de lo que dice esta canción no tiene pies ni cabeza, la letra de las estrofas finales contenidas en este ritmo de corrido venezolano se apuesta por esa maravillosa mezcla de razas que es una de las claves del pueblo de Venezuela. [3]

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NOTAS [4]

[1] En tiempo de la caballería era también muy apreciado el pavo real que se calificaba de noble ave. Su carne era el alimento de los valientes y de los amantes y el ornato de los banquetes. Una figura de pavo servía de blanco a los caballeros que se adiestraban en el ejercicio de las armas y cuando había de pronunciarse algún juramento o solemne voto, se llevaba a la mesa con grande aparato por las damas o damiselas un pavo asado en una gran fuente de oro o plata. Después de haber pronunciado sobre él un voto cada uno de los comensales se distribuía entre todos los asistentes

[2] El pavo real es muy común en los monumentos antiguos. Se ve a Juno acompañada del pavo por estarle particularmente consagrado. Se observa también en las medallas de Samos, célebre por el culto que tributaban a esta diosa y en las medallas romanas en las cuales se ve a Juno regina. En algunas se ve al pavo e los pies de Isis y de la Providencia e indica particularmente la consagración de las emperatrices. Un pavo con la cola desplegada puede considerarse como el símbolo de la vanidad.

[…] En la antigua Grecia, fue el ave simbólica de Hera [en Roma se denominó Juno], la diosa griega más importante del Olimpo, esposa legítima de Zeus y diosa de las mujeres y el matrimonio. Según cuentan, Hera encargó a Argos, un gigante con mil ojos, que vigilase a una de las amantes de su infiel esposo pero fue asesinado por Hermes. Cuando la diosa se enteró de la muerte de Argos, tomó sus cien ojos y los puso en la cola del pavo real, dándole el aspecto que tiene actualmente. En Roma, las princesas y emperatrices tomaron el pavo real como su símbolo personal. De este modo, el pavo real pasó al simbolismo cristiano fuertemente relacionado con la Gran Diosa por lo que no es difícil comprender su conexión positiva con la Virgen María y las delicias del Paraíso. En la religión cristiana, es considerado símbolo de resurrección de Cristo porque en primavera, tiempo de Pascua, el ave cambia totalmente de plumaje. No se le suele representar con su cola desplegada ya que es una imagen que sugiere vanidad, un concepto contrario a la caridad y la humildad del mensaje del cristianismo.

[…] En el hinduismo, el pavo real sirve de montura a Skanda, el dios de la guerra. Numerosas tradiciones, especialmente en el sur de la India y Sri Lanka lo relacionan también con deidades locales, representando por ejemplo al poder del trueno. Muchas de las danzas folclóricas de la India muestran pasos inspirados en el baile de cortejo del pavo real.

[3] Letra de la canción “Pavo real”.

Numerao, Numerao,
Viva la numeración.
Quién ha visto matrimonio
Sin correr amonestación.
Pavo real hu, pavo real hu,
Pavo real hu, pavo real hu.
A todos los que me escuchan,
Aquí les vengo a dejar.
Aquí les vengo a dejar
Un corrío venezolano
Que se llama pavo real.
Que se llama pavo real
Y a las muchachas les digo
Que aquí me quiero casar.
Que aquí me quiero casar
Y ahora mismo les ofrezco
Cuatro casas por capital:
La prenatal, el manicomio,
La cárcel o el hospital.
La cárcel o el hospital
Numerao, Numerao,
Viva la numeración.
Quién ha visto matrimonio
Sin correr amonestación.
Numeran, numeran,
Viva la numeración.
Quién ha visto matrimonio
Sin correr amonestación.
Chévere, cun chévere, cun chévere,
Cun chévere, cun chévere, cun chévere.
A todo negro presente
yo le voy aconsejar
que combine los colores
que la raza es natural.
Todo negro pelo recio
con rubia se ha de casar. .

Que un negro con una negra
es como noche sin luna
y un blanco con una blanca
es como leche y espuma.
Pavo real hu, pavo real hu,
Pavo real hu, pavo real hu.

[4] Las dos primeras notas son citas textuales de la página de Wikipedia dedicada a los pavos reales.

Sobre la presentación de “Aldabas”

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Un momento de la presentación de “Aldabas”, de izquierda a derecha: Fernando Senante, Antonio Abdo Pérez y Manuel Mora Morales.

 Ayer, lunes 4 de mayo, ante un nutrido público, se presentó el libro Aldabas de Antonio Abdo Pérez, en la última jornada de la XXVII Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife. Fue un honor para mí compartir la mesa con el autor de la obra con quien, además de las aficiones literarias, comparto una excelente amistad.

Durante la presentación, me pregunté en voz alta qué lleva a un editor a publicar libros de poemas… y no supe contestar a mi propio interrogante, porque la respuesta es tan complicada como definir la propia poesía. Ahora, reflexiono y sinceramente, creo que en mi caso lo hago unas veces porque, como dijo Cocteau, la poesía es una de las más molestas formas de la verdad; otras, porque la poesía trasciende la literatura hasta situarse en un territorio propio, un espacio que atrae con la fuerza de un agujero negro en la frontera de lo literario con lo místico; pero, lo más probable, es que publique poesía porque la poesía continúa siendo lo inexplicable, lo que no puede encerrarse en ninguna definición, aquello que en la literatura, y dada su propia naturaleza revolucionaria, se halla más cerca de la Utopía con mayúsculas.

Hubo un tiempo en el que edité un buena cantidad de obras con la Editorial Globo. Algunas mejores que otras y, aunque lo hice siempre con cariño, pocas veces estuve completamente satisfecho con la presentación de esos libros, si los consideramos meramente como objetos. Tal vez, podría salvar media docena de ellos. Y creo que los dejaría tal cual salieron de la imprenta si tuviera que editarlos de nuevo.

La necesidad de progresar en un mercado editorial tan reducido como el canario obligaba a especializarse en las ediciones en rústica como única fórmula de competir con quienes editaban libros con el dinero de las instituciones.

No me arrepiento de lo publicado durante esos años. Sin embargo, me hubiera gustado entregar a los lectores libros mejor encuadernados y con papel de más calidad. Éste era mi sueño y supongo que también es el sueño de cualquier pequeño editor.

Con el tiempo, creé la Editorial Malvasía y me prometí no editar un solo libro cuya presentación no me gustara. Así lo he venido haciendo desde entonces. Menos cantidad y más calidad.

Entre esos libros, está “Aldabas” de Antonio Abdo, que nos presentó el poeta Fernando Senante, que nos ofreció algunos datos a cerca  de esta obra que he tenido el privilegio de editar; igual otros poemarios del mismo autor, dentro de la Colección Pilar Rey, como “Puzzle” y “Mi abuelo de Akkar”.

Ayer fue un día feliz para mi faceta de editor. Junto a la luna llena, coincidieron la presentación pública de los maravillosos poemas de Abdo, la satisfacción personal de haberles proporcionado el mejor marco que me fue posible y la presencia de amigos y amigas a quienes tengo un gran afecto.

Además de contar con la luna llena, es probable que algunos astros se hayan alineado esa tarde para que se produjesen tantas felices coincidencias.

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Pilar Rey y Antonio Abdo durante su homenaje a Arturo Maccanti.