Restaurante Haydée: cuando los dioses cocinan

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Hace un par de semanas fui a cenar en un restaurante relativamente nuevo en Tenerife y, sinceramente, quedé impresionado de una manera tan grata que no me resisto a recomendarlo. Estoy seguro de que cuantos coman allí me lo agradecerán.

Se llama Restaurante Haydée y lo regentan los hermanos Suárez: Víctor y Laura. Él cocinero, ella repostera. Como dijo mi sabio amigo José Manuel Plasencia cuando algunos días más tarde le comenté mis impresiones:

–Los hermanos Suárez van a dar mucho que hablar en la cosa gastronómica, y no sólo en esta isla.

INTENTO FALLIDO, INTENTO LOGRADO

Mi primer intento de comer en este restaurante fue en vano, porque llamé por la mañana para reservar una cena en el mismo día y (ahora entiendo por qué) no había mesas libres. El segundo intento lo llevé a cabo durante la siguiente semana, con tres días de antelación, y obtuve una respuesta positiva para cenar dos personas.

Con ilusión, nos dirigimos hacia el Puerto de la Cruz. A unos trescientos metros de la autopista, encontramos este local, justo donde antes estuvo el restaurante Las Tres Casitas, bajando hacia el campo de golf. El negocio está ubicado en una casa canaria antigua con su patio, su comedor y una terraza desde la que se contempla un paisaje excepcional. El mismo que por primera vez hizo llorar de felicidad a Humbold[*].

Empezaron ahí las buenas sensaciones.

FOTOS NOSTÁLGICAS

Después de curiosear un rato, miramos las fotos diseminadas por un decorado canario, discreto y de muy buen gusto. En muchas de esas fotos aparece doña Haydée la abuela gomera de los hermanos Suárez, una famosa dulcera de Vallehermoso cuyas galletas y bizcochillas finas hacían suspirar a chicos y grandes en décadas anteriores. ¡De casta le viene al galgo!

UNA COMIDA DE DIOSES… GUANCHES

Nos sentamos a leer la carta. Las amables sugerencias del camarero sirvieron de ayuda para pedir sabiamente:

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-Croquetas Kimchee (líquidas): fueron auténticas bombas de sabor que explotaron en nuestras bocas con una textura difícil de describir, pero que nos subieron las endorfinas hasta niveles poco frecuentes.

La cocina del Haydée se define como “canaria-oriental”. Un binomio que está conjugado y resuelto a la perfección por los hermanos Suárez. Cuando hay arte, uno tiene que rendirse a la evidencia.

Y llegó el siguiente plato:

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–Gyozas rellenas de cochinita pibil y guacamole. Las gyozas son una especie de empanadillas chinas que se han matrimoniado con carne del sabrosísimo cochino negro canario con resultados espectaculares. La cochinita pibil es un guiso correspondiente a la gastronomía yucateca, basado en carne de cerdo adobada en achiote, envuelta en hoja de plátano y cocida dentro de un horno de tierra.

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–Bacalao marinado. Cuando ya parecía imposible superar los platos servidos, aquel bacalao casi nos hizo flotar en la terraza. ¡Ya quisieran los portugueses servir un bacalao tan exquisitos! Bravo, Víctor.

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-Pollo tamarindo y huevo con puntilla. Cuando llegó este pollo pensábamos que ya estábamos saciados y satisfechos, y que no podríamos con más comida. Craso error por nuestra parte: no quedó en el plato absolutamente nada.

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-Advertí que en la carta figuraba el vino “Louro do Bolo” de Valdeorras, auténtico oro embotellado que no pude resistir probarlo, porque es difícil encontrar esta delicia en Canarias. Valdeorras es la tierra donde vivió muchos años Antonio Ruiz de Padrón, “el Abad de Valdeorras”, un gomero que fue el principal artífice de la derogación de la Inquisición española. Llevo muchos años escribiendo novelas históricas sobre su vida y tengo referencias ciertas de que él también tenía viñas y una cueva-bodega donde encerraba sus propios vinos. Brindé por él y por mis amigos de Valdeorras.

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-Torrija con helado de vainilla. Imaginen una torrija de unos 5 cm de alto, 7 cm de ancho y 10 cm de largo, confeccionada con un pan amasado en la cocina del restaurante con no sé cuantos cereales. Imagínense a ustedes mismos cometiendo pecados de gula (pecados mortales de necesidad) con cada cucharada de aquella torrija magnífica que se dejaba partir tan melosamente como si estuviera hecha de mantequilla.

Y SE OBRÓ EL MILAGRO

Nadie me va a creer, pero me debo a la verdad. Fui al restaurante Haydée porque tenía una mesa reservada y no me gusta dejar a nadie “colgado”, pero tenía dolor de estómago desde el día anterior y pensé que estaba cometiendo una locura saliendo a cenar fuera.

Sin embargo se obró el milagro: durante la comida se pasó el dolor y ya no me volví a sentir mal durante los días siguientes. No digo que en el Haydée haya médicos en lugar de cocineros, ni que curen el estómago, sólo cuento mi experiencia personal… ¡Y mi convencimiento de que la felicidad, incluida la gastronómica, obra milagros!

Como no podía ser de otra manera, felicité al cocinero. No le prometí que volvería, pero volveré. ¡Vaya si volveré!

Si alguien quiere reservar, puede buscar su teléfono y su web en Internet (el día que me ofrezcan comisión, incluiré aquí su número). También encontrará un montón de recomendaciones, todas buenas. ¡Buen provecho!

 

[*] Humbold lloraría después por lo mismo en Caracas y en cada valle americano por donde pasaba… Se ve que era persona de lágrima fácil, pero el primer llanto de que se tenga constancia escrita lo llevó a efecto en el valle de La Orotava, donde las autoridades están tardando en erigir un monumento a la Lágrima de Humboldt.

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El batido mágico

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El Correíllo La Palma, uno de los vapores de la Compañía Transmediterránea que comunicaban La Gomera con Tenerife. Estuvieron en servicio hasta mediados de la década de 1970.

Yo crecí en un pueblo del Norte de La Gomera (Islas Canarias), cuando todavía eran muy difíciles las comunicaciones con el exterior: después de recorrer 40 kilómetros por una carretera sin asfaltar había que tomar un barco de vapor que tardaba doce horas en llegar a Santa Cruz de Tenerife. Visto en retrospectiva, parece imposible que eso sucediera en la segunda mitad del siglo XX; pero les aseguro que es verdad.
A pesar de eso, tuve la enorme suerte de viajar mucho durante mi infancia, acompañando a mis padres en sus viajes para compras comerciales por las islas y por ciudades peninsulares.
En Santa Cruz de Tenerife acostumbrábamos a comer en los restaurantes que había en los alrededores de la calle del Castillo y la Plaza del Príncipe. Por las tardes, me invitaban a helados de mantecado y a batidos. Los había de coco, chocolate, vainilla y fresa. Recuerdo especialmente uno que tomé en o en otra situada junto a la calle La Rosa.
Ese día visitamos la heladería que estaba junto al Cine Víctor, en la Rambla de Pulido, nos sentamos en los taburetes de la barra y pedí un batido de vainilla. Yo, subido en aquel taburete que me permitía alcanzar la barra a duras penas, bebía con la pajita y tenía la seguridad de que el batido no bajaba ni un centímetro, por mucho que chupara.

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Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife. Al fondo, a la derecha, se puede ver el barco “Nuestra Señora de La Luz” que tenía una planta para dar electricidad a la isla.

A mis padres les entró prisa, porque ya era de muy de noche y deseaban cenar. A medida que pasaba el tiempo, yo estaba más nervioso y terminé por confesar mi problema, aunque sabía lo absurdo que resultaba.
-Papá, este batido tiene algo raro. Por mucho que bebo, no baja.
La cara de mi padre osciló entre la impaciencia y la desesperación.
–¡Cómo va a ser eso, hombre!
–De verdad. Mira, ahora estoy bebiendo y el batido no baja.
Levanté un poco el vaso para ver si tenía un doble fondo, pero no le vi nada raro. Mi padre empezó a enfadarse. Mi madre, cansada de las gestiones comerciales del día, no decía ni pío.
–¡Termínalo de una vez y vámonos!
El mal carácter de mi padre tenía en mí efectos devastadores. Me entraban unos nervios terribles y no me atrevía moverme. Seguí chupando como un desesperado: aquello tenía que bajar: no bajaba: chupé más: no bajaba: cerré los ojos y chupé y chupé: la leche seguía igual, casi al borde del vaso: me rendí.
–Papá, vámonos.

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Vista aérea de la Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife. A la izquierda está el edificio del Cabildo y a su derecha, el de Correos y Telégrafos. El toldo rojo que se ve junto a los árboles daba sombra a la cafetería Atlántico. Al fondo, se puede ver la silueta del rascacielos en obras que comenzó a levantarse en la década de 1970 en la Avenida Tres de Mayo.

Mi padre podría ser cualquier cosa menos tacaño. Era preferible tirar una comida antes que cogerse un dolor de estómago. Me agarró de la mano y tiró por mí hacia la puerta. Era de noche y la Rambla de Pulido se me figuraba tan llena de neones multicolores como París. Un paraíso para los ojos de un niño de pueblo.
No me pude quitar jamás de la cabeza aquel maldito batido que parecía la bolsa mágica de las monedas de oro. Todavía me pregunto qué sucedió aquel día en mi cabecita, aunque, en el fondo, sigo convencido de que ¡algo de magia sí tuvo que haber!

Ruiz de Padrón, foto a foto (7ª entrega: su camino a las Cortes de Cádiz: desde Orense a Vigo)

ARPcabecera Ruiz de Padrón (Canarias, 1757-1823, Galicia) viajó por América y por Europa durante parte de los siglos XVIII y XIX. Seguir sus pasos en la actualidad no ha sido sencillo, a pesar de contar con medios de transporte infinitamente más rápidos.

Para novelar su vida (cuatro novelas: La isla transparente, Canarias, El discurso de Filadelfia y El Diputado), durante años, he tratado de recorrer sus mismas rutas en ambos continentes. He aprovechado mis viajes para capturar muchas horas de vídeo y miles de imágenes fotográficas en los lugares que visitó el ilustre personaje. Asimismo, incluyo pinturas y grabados que guardan relación con sus desplazamientos.

En esta serie de páginas virtuales publico las fotografías más interesantes y representativas de esas rutas, sin tener en cuenta un orden cronológico, pero con los comentarios pertinentes para orientar a los visitantes de este blog.

Bienvenidos todos.

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SÉPTIMA ENTREGA

RUMBO A LAS CORTES DE CÁDIZ. VIAJE DESDE ORENSE A VIGO

En el año 1811, Antonio Ruiz de Padrón recibió una carta desde Canarias con su nombramiento como Diputado del Congreso por las islas de La Gomera, La Palma, Lanzarote y Fuerteventura.

Para un hombre que había asistido al nacimiento de la Constitución de los Estados Unidos y recorrió Europa durante los estertores del Antiguo Régimen y el nacimiento de las democracias modernas, no podía haber una noticia mejor.

Ruiz de Padrón salió de Valdeorras (Orense) en dirección a Vigo, con la intención de atravesar Portugal –libre de tropas napoleónicas– y llegar a Cádiz sin caer en manos de los franceses.

Esta fatigosa y larga ruta era la más segura. Le condujo por Rivaldavia, Vigo, Tui, Valença do Minho, Viana do Castelho, Oporto, Coimbra, Santarem, Lisboa, Montijo, Évora, Beja, Faro, Vila Real, Ayamonte y otras poblaciones intermedias. Una vez en Ayamonte, se dirigió a Isla Canela y embarcó hacia Cádiz.

He recorrido esos caminos, siguiendo los pasos de Ruiz de Padrón. Muchos son los vídeos y las fotos que guardo de la ruta. En esta serie de artículos, se pueden encontrar algunas de esas fotografías.

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Ruta seguida por Ruiz de Padrón en su viaje desde Valdeorras (Orense)  a finales de 1811 para tomar posesión de su acta de diputado en las Cortes de Cádiz. La línea azul indica su desplazamiento en barco desde Isla Canela, en Ayamonte, hasta la bahía de Cádiz.

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Todavía se encuentran reminiscencias de antiguas costumbres agrícolas en la ruta, como estas mazorcas de maíz o de millo puestas a secar a la sombra de un balcón en Castrelo de Miño, donde se cultivan las viñas que producen el famoso Ribeiro.

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Viñedos de San Andrés, junto a la iglesia parroquial con su torre.

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La misma torre de San Andrés, vista desde un punto del antiguo camino.

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Ribadavia, un pueblo orensano ubicado en la comarca de Ribeiro.

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En la comarca de Ribeiro, cuya principal fuente de economía es la producción de vino, durante el verano se celebran abundantes ferias relacionadas con la vendimia.

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Más adelante, se encuentra el Mosteiro de Santa María de Melón, el cual, como su nombre indica, se encuentra en el pueblo de Melón. Este monasterio fundado en el siglo XII, que perteneció a la orden del Císter hasta la desamortización de Mendizábal el siglo XIX.

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Imagen tatuada en piedra. Cementerio del Monasterio de Santa María de Melón.

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Iglesia de Gandarela.

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Balneario de Mondariz. Evidentemente, no lo pudo conocer Ruiz de Padrón, aunque haya pasado por este pintoresco lugar, porque el lujoso complejo fue fundado en 1873 y ha sobrevivido hasta la actualidad.

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Gaiteros de Prado, reunidos en Mondariz.

Castelo de Sobroso, Mondariz, Galicia

Castelo de Sobroso (Mondariz).

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Trajes típicos de la zona, expuestos en el castillo Sobroso, en el municipio de Mondariz.

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Torre de la iglesia de Ponteareas.

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Un Rancho de Reyes, formado por vecinos de Guláns, en Ponteareas, que recorrían los caseríos amenizando con sus bailes y su música de gaitas y tambores la festividad de los Reyes Magos. La foto es de principios del siglo XX.

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Las islas Cíes, vista desde las afueras de Vigo durante la puesta de sol.

ENTRADA

Ruiz de Padrón, foto a foto (3ª entrega: Filadelfia, Estados Unidos)

ARPcabecera Ruiz de Padrón (Canarias, 1757-1823, Galicia) viajó por América y por Europa durante parte de los siglos XVIII y XIX. Seguir sus pasos en la actualidad no ha sido sencillo, a pesar de contar con medios de transporte infinitamente más rápidos.

Para novelar su vida (cuatro novelas: La isla transparente, Canarias, El discurso de Filadelfia y El Diputado), durante años, he tratado de recorrer sus mismas rutas en ambos continentes. He aprovechado mis viajes para capturar muchas horas de vídeo y miles de imágenes fotográficas en los lugares que visitó el ilustre personaje. Asimismo, incluyo pinturas y grabados que guardan relación con sus desplazamientos.

En esta serie de páginas virtuales publico las fotografías más interesantes y representativas de esas rutas, sin tener en cuenta un orden cronológico, pero con los comentarios pertinentes para orientar a los visitantes de este blog.

Bienvenidos todos.

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TERCERA ENTREGA

FILADELFIA (Estados Unidos)

La tercera entrega está dedicada a Filadelfia, capital de los Estados Unidos durante los años que Ruiz de Padrón permaneció en ella. 

Como relata la novela El discurso de Filadelfia (Editorial Malvasía, 2016), Antonio Ruiz de Padrón participó en las principales tertulias de la ciudad y trabó amistad con George Washington y Benjamín Franklin. Durante su estancia se redactó la Constitución de Estados Unidos, de manera que estuvo en el momento oportuno y en el lugar indicado para observar de cerca cómo se verificaba una de las revoluciones que más han influido en el mundo actual: la Revolución Americana.

Ruiz de Padrón alcanzó fama en los Estados Unidos cuando pronunció su famoso sermón sobre la Inquisición española, denunciando sus abusos y atropellos con una valentía que le valió el respeto de la nueva nación y de sus líderes.

Estas fotos las tomé en Filadelfia mientras investigaba la vida del ilustre personaje para escribir la novela histórica que se ha publicado este mismo año.

 
Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Parque del Amor (JFK Plaza). Filadelfia

George Washington mantuvo contactos con Ruiz de Padrón, en Filadelfia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Vista de una típica calle de Filadelfia.

Estatua de Benjamín Franklin, amigo, vecino y contertulio de Ruiz de Padrón.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

La arquitectura institucional de la época revolucionaria tiende a repetir las construcciones clásicas, tanto en las columnas como en el resto de la fachada de los edificios.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Cementerio de la iglesia de Santa María. Filadelfia. En esta parroquia se desempeñó el canario Ruiz de Padrón, durante su época de Padre Lector franciscano.

Cento de visitantes Independencia. Un recorrido por los avatares de la guerra contra Gran Bretaña, en el siglo XVIII.

Una calle de Filadelfia, a finales del siglo XVIII. Grabado. Esta debió ser la imagen que ofrecía la ciudad durante la estancia de Ruiz de Padrón.

Los escaparates de las tiendas de Filadelfia exhiben decorados muy originales.

La hija de Benjamin Franklin, Sarah Franklin Bache. Cuando Ruiz de Padrón arribó a Filadelfia, ella tenía 42 años y él 27.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Mapa antiguo de Filadelfia. Era la mayor ciudad de los Estados Unidos (y de toda América), en el siglo XVIII.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Muñecos de souvenirs vestidos con las ropas de los milicianos que lucharon contra los ingleses en la guerra de independencia de Estados Unidos.

 

 

Velero frente a Filadelfia. Óleo. Museo Oceanográfico. Cuando Ruiz de Padrón visitó Filadelfia, su puerto era muy activo y mantenía frecuente tráfico en el comercio con las Islas Canarias.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Una de las exposiciones permanentes sobre la guerra de independencia.

 

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Originales de la declaración de independencia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Monumento a los emigrantes. Filadelfia. Además de Ruiz de Padrón, otros canarios arribaron a estas tierras y se sumaron al movimiento democrático americano.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Grabado sobre los muelles de Filadelfia en el siglo XVIII.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Jardín con estilo del siglo XVIII. Filadelfia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Detalle del monumento a los emigrantes. Filadelfia.

La Campana de la Libertad.

Cartel pegado en la calle.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Curioso billete por dólares españoles, garantizado por el Congreso durante la época revolucionaria.

CONTINÚA

Ruiz de Padrón, foto a foto (2ª entrega: Valdeorras)

ARPcabecera Ruiz de Padrón (Canarias, 1757-1823, Galicia) viajó por América y por Europa durante parte de los siglos XVIII y XIX. Seguir sus pasos en la actualidad no ha sido sencillo, a pesar de contar con medios de transporte infinitamente más rápidos.

Para novelar su vida (cuatro novelas: La isla transparente, Canarias, El discurso de Filadelfia y El Diputado), durante años, he tratado de recorrer sus mismas rutas en ambos continentes. He aprovechado mis viajes para capturar muchas horas de vídeo y miles de imágenes fotográficas en los lugares que visitó el ilustre personaje. Asimismo, incluyo pinturas y grabados que guardan relación con sus desplazamientos.

En esta serie de páginas virtuales publico las fotografías más interesantes y representativas de esas rutas, sin tener en cuenta un orden cronológico, pero con los comentarios pertinentes para orientar a los visitantes de este blog.

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SEGUNDA ENTREGA

VALDEORRAS (2ª parte)

Segunda entrega dedicada a la comarca de Valdeorras, donde Ruiz de Padrón tuvo a su cargo cinco parroquias y varios sacerdotes. Por esta razón se le conoció como el Abad de Valdeorras (en Galicia se denominaba abad al párroco principal; venía a ser una especie de arcipreste actual).

Residió en Vilamartín o Villamartín de Valdeorras (1.800 habitantes y 88 km2) desde 1808 hasta su muerte, en 1823, excepto durante los años en que se desempeñó como diputado en las Cortes de Cádiz y, posteriormente, en las Cortes Constitucionales de Madrid. La comarca estaba unida a Astorga por la llamada Vía Nova de Braga, antigua vía romana que unía la ciudad portuguesa con Valdeorras y Astorga.

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Monasterio de los Trinitarios Descalzos de Correxais (espacio situado en la orilla del río Sil opuesta a Vilamartín de Valedoras),  cuyo edificio se encuentra en ruinas.

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Otra perspectiva del mismo monasterio. Durante la guerra napoleónica, se utilizó como hospital para atender a los heridos de los tres ejércitos: español, inglés y francés. Su director fue Antonio Ruiz de Padrón.

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La iglesia aneja al convento trinitario es digna de una visita, tanto por su arquitectura como por la calidad de sus tallas. Actualmente, se encuentra en buen estado debido a la restauración que hizo el párroco de Vilamartín de Valdeorras, el cual aparece en la foto.

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Mientras yo visitaba la iglesia de Correxais, descubrí que en la sacristía estaba guardada una curiosa imagen de la Virgen de Candelaria, patrona de Canarias.

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Una vivienda antigua de la comarca de Valdeorras.

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Uno de los bellísimos y antiguos “pazos” que se encuentran en la comarca.

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El río Sil, a su paso por O Barco (población cabecera de la comarca con 14.000 h y 86 km2). En este lugar todavía es posible encontrar a algunos aficionados buscadores de oro. Al parecer, el topónimo Valdedorras se deriva de ‘Val de Oro’ – ‘Valle de Oro’, debido a la intensa explotación aurífera que realizaron los romanos en la zona.

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El río Sil, a su paso por Vilamartín de Valedoras, ofrece este plácido aspecto que invita al descanso o a un paseo por sus orillas pobladas de árboles.

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Una vista parcial del embalse de San Martiño, construido en La Rúa de Valedoras, que aprovecha las aguas del Sil.

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En la actualidad, la principal industria de la comarca de Valdeorras es la extracción y exportación de pizarra, muy utilizada para la fabricación de tejas.

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Interior de una casona solariega en Portela de Valdeorras, donde estaba una de las parroquias de Antonio Ruiz de Padrón.

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Las garzas y otras aves migrantes establecen su hábitat en las proximidades del río Sil.

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Antigua ermita, ubicada junto a la casa que ocupaba Antonio Ruiz de Padrón. Al parecer, murió en su interior de una manera terrible, en medio de grandes sufrimientos.

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Durante muchos años, pasando de un dueño a otro, aquella ermita se transformó en un cuarto de aperos.

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Éste es el aspecto que presentaba el interior de la ermita durante mi última visita. Un año más tarde, algún desaprensivo provocó un incendio que la destruyó.

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Esta nota de prensa fue publicada por el periódico de Tenerife, en el año 1809.

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El valdeorrese Ramón López Caneda, ya fallecido, publicó datos interesantes sobre el juicio eclesiástico que padeció Ruiz de Padrón en Astorga.

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Ruiz de Padrón también fue responsable es este templo situado en el núcleo poblacional de La Rúa (5.000 habitantes y 36 km2), cercano a Vilamartín.

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Cementerio de Portela. Algunos dicen que Ruiz de Padrón fue sepultado aquí; sin embargo, no existe ninguna evidencia. He recorrido todas las tumbas y no aparece ninguna inscripción que lo relacione.

CONTINÚA en la Tercera parte, dedicada a Filadelfia

 

En este mayo se cumplen 231 años del viaje de Antonio Ruiz de Padrón

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En estas fechas de mayo de 2016, se cumplen 231 años de la salida desde Canarias de Antonio Ruiz de Padrón con dirección a América.

El canario que gozó de mayor fama en el mundo durante el siglo XIX se llamaba Antonio José Ruiz de Padrón. Su sermón contra la Inquisición en Estados Unidos lo convirtió en todo un personaje en los últimos años del siglo XVIII –una historia que relata la novela “El discurso de Filadelfia”, publicada hace pocos días–, pero su gran reconocimiento llegó con su “Dictamen” en las Cortes de Cádiz sobre la Inquisición española que propició la inmediata derogación de la infame institución.

Debido a otro logro suyo, la supresión del llamado “Voto de Santiago” que privó a la Iglesia española de un abusivo impuesto a los campesinos, la parte más rancia del clero deseaba vengarse de aquel cura canario culto, justo, valiente y liberal. A la vuelta del Fernando VII, el cual disolvió las Cortes democráticas de Cádiz, un tribunal eclesiástico de Astorga condenó a Ruiz de Padrón a cadena perpetua, en una escandalosa farsa judicial.

En estos días de mayo de 2016, se cumplen doscientos treinta y un años del embarque de Antonio Ruiz de Padrón en Tenerife hacia su destino americano que le llevaría a la ciudad de Filadelfia, primera capital de la nueva nación estadounidense.

Cuando se despidió de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, envió la siguiente carta:

Muy Sr. mío:

He pensado hacer un viaje a La Havana por año y medio, y será dentro de pocos días.

Mi repentina resolución y algunos molestos embarazos de que me he visto rodeado no me han permitido lugar para hacerlo saber a V. más antes.

Espero que usted me haga el favor de participarlo de mi parte a la Real Sociedad, asegurándola que no voy olvidado de los 2 elogios que me encomendó y cuyo desempeño no ha estado en mi mano satisfacer. Más de diez veces pedí al señor don José de Mont-verde, las memorias o anécdotas de su suegro y siempre lo estorbaron a dármelas sus ocupaciones. Esperaba ya a recoger las del señor Dr. D. Carlos Yañez cuando me resolví a viajar.

Yo soy siempre muy reconocido al honor que he merecido a ese venerable cuerpo. Siempre me glorio de ser uno de sus individuos y de que me proporcione ocasiones para manifestar mi celo.

Santa Cruz y mayo 4 de 1785

L. M. a Vm. su afmo. servidor y amigo.

Fray Antonio Ruiz.

Dirigida al Sr. don Fernando Molina

Ruiz de Padrón contaba entonces con 27 años de edad y, a pesar de afirmar que se diría a La Habana, en realidad desembarcó en Filadelfia, donde permaneció algunos años. Después, sí, navegaría hasta Cuba, donde se enfrentó a los traficantes y a los dueños de esclavos.