Un relato sobre niños enterrados en un monasterio español

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Monasterio de Cabeza de Alba.

El reciente hallazgo de niños enterrados en un monasterio irlandés está suponiendo un escándalo internacional. Desde hace siglos, monjas y frailes han mantenido relaciones sexuales cuyos frutos han ocultado bajo tierra para evitar el escándalo. A pesar de la hipocresía y del secretismo del clero católico, estas vergonzosas historias de aberraciones sexuales y criminales de la Iglesia van saliendo a la luz pública.

En el año 2010, visité el monasterio de Cabeza de Alba y su actual propietario me mostró el patio donde su perro encontró varios huesos de recién nacidos que habían sido enterrados hacía más de un siglo. El suceso, algo acicalado literariamente, lo incluí en un capítulo de mi novela “El diputado de Filadelfia”, publicada hace unos meses.

El siguiente extracto ofrece una idea de ese extraviado convento, cuya principal misión era la de servir de prisión inquisitorial y que fue expropiado a la Iglesia Católica por las desamortizaciones liberales del siglo XIX. Allí estuvo preso el sacerdote canario Antonio Ruiz de Padrón por haber sido el principal partícipe del derribo de la Inquisición española en las Cortes de Cádiz.

“Cabeza de Alba. Martes 27 de abril de 2010

El propietario de Cabeza de Alba

Había dejado de diluviar y caía una llovizna casi imperceptible. Comenzaron a ladrar dos perros enormes que correteaban libremente de un lado para otro. Nos determinamos a montar la cámara de vídeo bajo un gran paraguas, pero sin alejarnos mucho del coche. Después, se presentó un tipo con una máquina de fumigar a la espalda. Se acercaba caminando de lado con evidente disimulo hasta que le dijimos buenos días y él respondió que buenos.

–¿Usted vive aquí?

–Sí, soy el propietario.

–¿Muerden los perros?

–No, mientras ustedes estén cerca de mí no les va a pasar nada.

Vestía blusa negra, pantalones de camuflaje y botas del ejército. Nos saludó mientras miraba con curiosidad la cámara, cuyo tamaño denotaba que no éramos simples turistas que grababan recuerdos para mortificar a los amigos.

Al rato, cuando se dio por satisfecho con nuestra conversación amigable –por fin Deliana había dejado de reír y se comportaba como la psicoanalista educada que era–, nos invitó a pasar y a beber una cerveza.

Aceptamos de buen grado. Atravesamos el patio junto a unas ruinas que él atribuyó al devastado convento de las monjas. Caminamos delante del cuerpo principal del edificio, cuya tercera planta estaba casi a ras de suelo y luego bajamos por un caminito a la zona inferior del antiguo monasterio, donde había instalada una modesta cocina. Allí nos sentamos a charlar sin prisas, con la convicción de que el hombre estaría encantado con nuestra compañía si vivía solo en aquellas peñas desapacibles.

Una cárcel bajo los almendros

Nos relató una historia familiar que explicaba por qué residía en el solitario monasterio. Tenía veintisiete años, había nacido en Stuttgart y era hijo de emigrantes leoneses. Su padre ganaba un buen sueldo como empleado en una empresa de demoliciones durante el día y como copartícipe de un pequeño bar de tapas llamado Mafalda que abría al oscurecer y se había convertido en un negocito muy rentable.

Pero, cuando murió el socio de su padre, a éste se le había metido en la cabeza comprar el monasterio, porque se hallaba cerca de su lugar de nacimiento y, además, se había contagiado de los ideales bucólicos de sus clientes que en aquellos momentos se encontraban en la frontera que separa lo hippie de lo alternativo. Durante unas vacaciones en su pueblo, le ofrecieron esta propiedad muy barata y la compró. Se trajo a la familia: la madre, él y varias hermanas, y todos se pusieron a restaurar cuanto pudieron, a cultivar la tierra con viñas, almendros, cerezos,… y a pastorear un rebaño.

Con su permiso, monté la videocámara sobre un trípode y me puse a filmar aquella apacible escena compuesta por el monasterio, los perros y el rebaño de ovejas. En la zona más próxima del convento sólo quedaban unos pocos muros en pie. El edificio principal lo formaban tres plantas más o menos conservadas. El campanario, que sobresalía de las otras edificaciones, también se encontraba en buen estado. Algo más abajo, en un huerto al borde del barranco, había un estanque y un inmueble de unos ocho metros2 de longitud, destinado a corral de ovejas. Aquí y allá contemplé restos de muros que debieron de pertenecer a varias construcciones.

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Un anuncio de prensa da cuenta de una pensión concedida a un lego del convento de Cabeza de Alba, como indemnización por la desamortización llevada a cabo por el gobierno de la época.

–Me llamo Álber –se presentó mientras nos abría los botellines de cerveza–. Soy el único miembro de la familia que ha decidido permanecer en Cabeza de Alba como pastor.

–Yo soy Deliana. Vivo en Madrid desde hace años y la verdad es que estoy encantada de haber llegado con vida aquí arriba.

–Manuel Mora –dije con la mano extendida que Álber se apresuró a estrechar–. Vine al monasterio porque me interesa la historia de un personaje que estuvo aquí prisionero.

–¿Eres periodista? –me tuteó en un tono amable que invitaba a corresponderle.

–No, nada de eso –le contesté–. Únicamente necesitaba conocer este lugar porque escribo un libro sobre la historia de ese prisionero.

Mientras hacíamos las presentaciones había dejado de llover por completo y una bruma espesa comenzaba a cubrir aquel paraje. Permanecimos un minuto en silencio con nuestros botellines en la mano.

–Me quedé solo cuando mi viejo murió hace cuatro años –Alberto comenzó a hablar despacio y marcaba las pausas con sorbos de su cerveza–. Mis hermanas se fueron a vivir con sus maridos. Ahora tengo sesenta ovejas, un viñedo que procuro cuidar bien y bastantes almendros.

–Y dos plantas de marihuana –Deliana señaló con su dedo índice los raquíticos hierbajos que apenas sobresalían de una pequeña maceta.

–Si un día crecen, puede ser que me las fume –contestó Álber con desparpajo–, pero me apetece más mirarlas. Yo prefiero la cerveza.

Su padre construyó una vivienda amplia y bien acondicionada dentro del monasterio. Alberto la mantenía limpia y en buenas condiciones. La electricidad procedía de paneles solares.

–No me quiero ir de aquí. Me encuentro a gusto con mis cosas y disfruto de esta tranquilidad que sólo interrumpen las visitas de los familiares que vienen a comer corderos. Pocas veces se presenta algún amigo o tengo que ahuyentar a los senderistas atrevidos que tratan de robarme las cerezas.

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El periódico irlandés The Irish da cuenta del macabro hallazgo.

Contó también que durante un tiempo vivió allí el propio Tomás de Torquemada –algo improbable, puesto que este inquisidor general pertenecía a la Orden de Santo Domingo y no a la de San Francisco– y que durante la etapa final del convento en el primer inmueble residían monjas y en el segundo, frailes.

–Estos edificios estaban rodeados por cárceles secretas de la Inquisición, las cuales fueron enterradas para borrar sus huellas antes de que los franciscanos abandonaran el monasterio a causa de la desamortización del siglo XIX –recordé haber leído en el periódico monárquico La Esperanza, fechado en 1865, que se indemnizaba a un lego de apellido Calvo por su condición de religioso exclaustrado–. ¿Veis esas huertas con almendros? Pues se encuentran sobre los muros de la prisión inquisitorial. Se aprovecharon algunas de sus celdas para construir un estanque y sé de buena tinta que en ellas permaneció preso un importante noble leonés encarcelado por el Santo Oficio.

Quizás Alberto no estuviera equivocado respecto a la encarcelación de ese noble; sin embargo, por los datos que me ofreció, imaginé que con el paso de los años algún campesino debió de confundir a Ruiz de Padrón con un aristócrata leonés y de ahí procedía el probable error. En todo caso, opté por guardar silencio. Ahora, más bien creo que esa información la extrajo de una lectura errónea de un manuscrito.

Observé que el joven había relajado las naturales barreras que se levantan ante gente desconocida y comenzaba a entrar en confianza, gracias al desenfado con que lo trataba Deliana, la cual sólo era algunos años mayor que él.

Los cráneos infantiles

–Terminamos de beber las cervezas. Nos presentó a su viejo burro, Marianín, y nos condujo a unas ruinas donde se hallaba el antiquísimo busto de un fraile esculpido en piedra. Se apoyó sobre la pétrea cabeza y señaló hacia el patio bajo.

–Allí encontré el año pasado varios esqueletos de niños. El perro se había puesto escarbar y desenterró algunos huesos y cráneos. Yo profundicé un poco más con la azada. Surgieron otros restos pequeños, pero dejé de cavar porque sentí miedo de encontrar un cementerio de bebés. Como te dije, los frailes y las monjas vivían cerca,… Incluso, hicieron un pasadizo que unía los dos edificios por las ventanas más altas. Mira, allá arriba.

Ya nos marchábamos. Álber nos acompañó al terraplén donde habíamos dejado el coche. Deliana le prometió traer un par de cajas de cerveza en nuestra próxima visita.

–Cuidado con la bajada –me recomendó–. El piso de esta pista es muy resbaladizo y si te sales de la carretera vas a parar al fondo del precipicio. No te distraigas ni un momento porque los socavones son muy traidores.

Le dimos la mano, subimos al automóvil y puse la marcha atrás con intención de dar la vuelta, pero Alberto me detuvo con un gesto perentorio.”

Extracto de la novela “El discurso de Filadelfia”, de Manuel Mora Morales. Editorial Malvasía, 2016, Islas Canarias, pp 38-42.

Todos los derechos reservados.

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Ruiz de Padrón, foto a foto (6ª entrega: Baltimore, EEUU)

ARPcabecera Ruiz de Padrón (Canarias, 1757-1823, Galicia) viajó por América y por Europa durante parte de los siglos XVIII y XIX. Seguir sus pasos en la actualidad no ha sido sencillo, a pesar de contar con medios de transporte infinitamente más rápidos.

Para novelar su vida (cuatro novelas: La isla transparente, Canarias, El discurso de Filadelfia y El Diputado), durante años, he tratado de recorrer sus mismas rutas en ambos continentes. He aprovechado mis viajes para capturar muchas horas de vídeo y miles de imágenes fotográficas en los lugares que visitó el ilustre personaje. Asimismo, incluyo pinturas y grabados que guardan relación con sus desplazamientos.

En esta serie de páginas virtuales publico las fotografías más interesantes y representativas de esas rutas, sin tener en cuenta un orden cronológico, pero con los comentarios pertinentes para orientar a los visitantes de este blog.

Bienvenidos todos.

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SEXTA ENTREGA

Baltimore (Estados Unidos) 

Ruiz de Padrón también estuvo en Baltimore, en el estado de Mariland, una población que todavía no era la gran ciudad que alcanzó a ser pocos años más tarde, pero que ya tenía gran importancia en el nuevo país, debido tanto a su puerto como a la abundancia de comerciantes y al papel activo que desarrolló en el proceso independentista. 

He incluido óleos y grabados antiguos que ayudan a situarse en la época exacta, es decir, en el último cuarto del siglo XVIII.

Como relata la novela El discurso de Filadelfia (Editorial Malvasía, 2016), Antonio Ruiz de Padrón mantuvo una gran amistad con el que pronto se convertiría en el primer obispo católico estadounidense, John Carrol. Allí también debió conocer a Juan García, un comerciante canario de vinos; a Charles Carroll, un primo del futuro obispo; que está considerado uno de los padres de la patria, a David Poe, el abuelo del poeta Edgar Alan Poe; al famoso corsario Jonathan Plowman Jr…, y otros personajes nacidos o asentados en aquella población con aires irlandeses que había fundado 

Ruiz de Padrón alcanzó fama en los Estados Unidos cuando pronunció su famoso sermón sobre la Inquisición española, denunciando sus abusos y atropellos con una valentía que le valió el respeto de la nueva nación y de sus líderes.

Estas fotos las tomé en Baltimore y también recopilé los grabados mientras investigaba la vida del ilustre personaje para escribir la novela histórica que se ha publicado este mismo año.

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Como se puede apreciar en la ilustración, a mediados del siglo XVIII Baltimore era todavía un pequeño pueblo. Cuando lo visitó Ruiz de Padrón había crecido hasta alcanzar los 13.000 habitantes.

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John Carroll, un ex jesuita que fue el delegado del papa en Estados Unidos y que terminó convertido en el primer obispo de los Estados Unidos. Fue amigo personal de Antonio Ruiz de Padrón.

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En este grabado del siglo XIX ,se puede apreciar el fuerte crecimiento poblacional y portuario experimentado en Baltimore.

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Todavía permanece en pie la mansión de Charles Carroll, primo del obispo Carroll, y uno de los firmantes de la Declaración de Independencia.

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El obispo John Carrol asiste al inicio de las obras de la Basílica de Baltimore, en el año 1806.

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Este grabado muestra cómo prosiguió el desarrollo portuario de Baltimore durante todo el siglo XIX, una ciudad que en el año 1900 ya pasaba del medio millón de habitantes y que en 1960 rozó el millón de vecinos. En la actualidad la población ha descendido a unos 600.000 h.

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Una calle de Baltimore a principios del siglo XX.

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En esta foto se puede apreciar el aspecto animado de las calles de Baltimore en los años treinta.

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Plano del centro histórico de Baltimore, el cual está muy relacionado con su puerto fluvial.

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No sólo hay monumentos en la zona histórica, sino todo tipo de atracciones como un gran acuario, posibilidades de recorrer la bahía en barcas, de pasar un rato en el Hard Rock Café o, simplemente, dar un paseo escuchando a los excelentes músicos callejeros que se sitúan a lo largo de los muelles.

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El Pride of Baltimore II es uno de los hermosos veleros amarrado a los muelles de la bahía Chesapeake de Baltimore.

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Datos sobre el velero Pride of Baltimore II, el cual es una reproducción exacta de un Clipper de 1812.

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Otra perspectiva del mismo Clipper, un velero utilizado para el comercio tanto por su capacidad de maniobra como por su velocidad. En realidad, la palabra inglesa “clip” se utilizaba a principios del siglo XIX como sinónimo de “velocidad”.

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Vieja foto de pescadores en el río.

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Barcos pesqueros fondeados en la bahía de Baltimore.

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La iglesia católica de San Vicente Paúl es la más antigua que se conserva en la diócesis de Baltimore. Fue construida en 1841.
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Celebración de una misa en la iglesia de San Vicente Paúl.

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Cuando yo conocí Baltimore, era tenida por una de las ciudades más liberales de los Estados Unidos. Prueba de ellos es esta calle, junto al ayuntamiento, que recibió en nombre de Gay Street. Claro que poco tiempo más tarde, observando los comportamientos racistas que se están produciendo en Baltimore, uno ya no sabe qué pensar.

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El Pastel de Cangrejo de Mariland es un plato exquisito difícil de olvidar cuando uno lo ha probado. Por supuesto, aparece en mis novelas sobre Ruiz de Padrón.

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Turistas inmortalizando su dignidad en el puerto de Baltimore.

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La famosa Old Phoenix Shot-Tower, conocida también como la Merchant’s Shot-Tower, fue inaugurada en 1828 y se convirtió en el edificio más alto de los Estados Unidos. En esta estructura se producían balas de pistola, fusiles y cañones para el ejército: desde lo alto se arrojaba plomo fundido que, a través de un dispositivo de cribado, caía en un estanque de agua fría. Se producía más de un millón de kilos de proyectiles al año.

 

CONTINÚA

Ruiz de Padrón, foto a foto (5ª entrega: Filadelfia tercera parte)

ARPcabecera Ruiz de Padrón (Canarias, 1757-1823, Galicia) viajó por América y por Europa durante parte de los siglos XVIII y XIX. Seguir sus pasos en la actualidad no ha sido sencillo, a pesar de contar con medios de transporte infinitamente más rápidos.

Para novelar su vida (cuatro novelas: La isla transparente, Canarias, El discurso de Filadelfia y El Diputado), durante años, he tratado de recorrer sus mismas rutas en ambos continentes. He aprovechado mis viajes para capturar muchas horas de vídeo y miles de imágenes fotográficas en los lugares que visitó el ilustre personaje. Asimismo, incluyo pinturas y grabados que guardan relación con sus desplazamientos.

En esta serie de páginas virtuales publico las fotografías más interesantes y representativas de esas rutas, sin tener en cuenta un orden cronológico, pero con los comentarios pertinentes para orientar a los visitantes de este blog.

Bienvenidos todos.

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CUARTA ENTREGA

FILADELFIA (Estados Unidos) tercera parte

La quinta entrega está dedicada a Filadelfia, capital de los Estados Unidos durante los años que Ruiz de Padrón permaneció en ella. He incluido óleos y grabados antiguos que ayudan a situarse en la época exacta, es decir, en el último cuarto del siglo XVIII.

Como relata la novela El discurso de Filadelfia (Editorial Malvasía, 2016), Antonio Ruiz de Padrón participó en las principales tertulias de la ciudad y trabó amistad con George Washington y Benjamín Franklin. Durante su estancia se redactó la Constitución de Estados Unidos, de manera que estuvo en el momento oportuno y en el lugar indicado para observar de cerca cómo se verificaba una de las revoluciones que más han influido en el mundo actual: la Revolución Americana.

Ruiz de Padrón alcanzó fama en los Estados Unidos cuando pronunció su famoso sermón sobre la Inquisición española, denunciando sus abusos y atropellos con una valentía que le valió el respeto de la nueva nación y de sus líderes.

Estas fotos las tomé en Filadelfia y también recopilé los grabados mientras investigaba la vida del ilustre personaje para escribir la novela histórica que se ha publicado este mismo año.

LAS TABERNAS DE FILADELFIA

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Como se aprecia en la imagen, Filadelfia se encontraba entre dos ríos y sus calles y avenidas son tan rectas que parecen trazadas con tiralíneas, como efectivamente se hizo, siguiendo las instrucciones de William Penn. El modelo no es desconocido en Canarias, porque es similar al seguido en el casco antiguo de La Laguna, en Tenerife. Lo que no previó Penn fue que pronto la Ciudad del Amor (es el significado de Philadelphia en griego) se llenara de tabernas y que sus habitantes bebieran como cosacos.

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Las reuniones de los caballeros de Filadelfia (las señoras se quedaban en casa) transcurrían en la tabernas que podían tener una gran categoría, servir exquisitas comidas y hasta organizar bailes o conciertos. Los vinos más consumidos eran los procedentes de las Islas Canarias y de Madeira.

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Uno de los importadores de vino, llamado Henry Hill, se hizo con una gran fortuna cuando se le ocurrió la idea de reforzar esa bebida con aguardiente y brandy. Los philys se entusiasmaron con el vino reforzado y lo consumían en grandes cantidades.

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La taberna The London Coffee House fue una de las más sofisticadas de Filadelfia. En la época en que arribó Ruiz de Padrón a la ciudad ya había decaído bastante y estaba superada por otros establecimientos.

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Otra imagen de The London Coffee House en su etapa de esplendor. Como se puede apreciar, en su exterior se celebra una subasta de esclavos.

 

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The City Tavern poseía el salón más grande de los Estados Unidos, después de la Casa del Estado de Pensilvania. Era el lugar favorito de George Washington cuando visitaba la ciudad de Filadelfia. Por cierto, Washington era un gran bebedor que cada noche se metía, al menos, una pinta de vino entre pecho y espalda. He visitado no hace mucho tiempo la City Tavern y, aunque se parece a la del siglo XVIII, sólo se trata de una reproducción donde, eso sí, se sirven platos similares a los de la época constitucional.

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The Queen Indian Tavern ofrecía alojamientos de lujo y un salón donde se servían comidas y bebidas a las clases pudientes. Allí se reunían comerciantes, políticos, clérigos,… a charlar de lo divino y de lo humano, poniéndose hasta las cejas de vino, cerveza porter o ponche.

BENJAMÍN FRANKLIN SUPERSTAR

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Este señor no es Benjamín Franklin. Es un actor que se caracteriza como él y sirve de guía en en Centro de Visitantes de la Independencia en Filadelfia. He insertado su foto para destacar la gran estima que sienten en esta ciudad por Franklin, lo que les lleva a inundar de recuerdos suyos cada rincón.

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Benjamín Franklin fue mucho más que un inventor. En el colegio nos han contado que inventó el pararrayos y poco más. Sin embargo, Franklin es considerado como el principal impulsor y sostenedor de la independencia de los Estados Unidos, y sus gestiones como embajador en Francia fueron vitales para la creación de la nueva nación americana.

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Estatua de bronce de Franklin junto a otros padres de la patria estadounidense. Ben, como le llamaban cariñosamente los vecinos de Filaldelfia, fue, además de gran estadista, un filósofo que influyó de manera decisiva en el pensamiento de su tiempo.

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Franklin regresó de París a Filadelfia a finales del verano de 1785, pocas semanas más tarde de la llegada de Antonio Ruiz de Padrón a la ciudad. Esta silla portátil la trajo de Francia, porque ya le era dificultoso caminar tramos largos debido a la gota que padecía y a su avanzada edad (79 años).

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Llegada de Benjamín Franklin al puerto de Filadelfia, en 1785, procedente de París.

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Segunda esposa de Franklin.

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Sarah, más conocida como Sally, la hija de Franklin que vivió con él hasta su muerte en 1790.

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Benjamín Franklin fue el inventor de las gafas bifocales que él mismo utilizaba.

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El pararrayos ha salvado millones de vidas en todo el mundo, gracias al ingenio de su inventor, Benjamín Franklin. Cuando Ruiz de Padrón vivía en Filadelfia, los principales edificios de la ciudad ya estaban protegidos por pararrayos.

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Franklin era impresor. Fue su primer trabajo y el que le proporcionó dinero durante toda su vida. Publicó libros suyos y ajenos y mantuvo periódicos que eran muy apreciados no sólo en Filadelfia. Una de sus publicaciones más populares era un calendario en forma de libro, titulado “El pobre Richard” que salía anualmente de su imprenta y proporcionaba consejos sobre asuntos agrícolas, profesionales, etc.

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Benjamín Franklin compone un texto con una caja de tipos.

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Un ejemplar del periódico que se imprimía en los talleres de Benjamín Franklin. También allí se imprimió y editó el primer periódico en alemán de los Estados Unidos.

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Un empleado de la imprenta de Franklin transporta material impreso.

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Un grabado muestra la estimación de que gozaba Benjamín Franklin en la Corte francesa. En la novela “El discurso de Filadelfia”, se cuenta la siguiente anécdota verídica: .

“Según me comentó el propio Benjamín Franklin, mientras vivió en París jugó muchas partidas con la anciana duquesa de Borbón durante sus frecuentes visitas a la Corte francesa. En una de estas ocasiones la aristócrata movió mal una fi cha y dejó su rey al descubierto. Franklin aprovechó la oportunidad de ganar la partida y en dos movimientos le dio jaque mate.

–¡Qué barbaridad, Mr. Franklin! En Francia no acabamos con los reyes de esta manera… –protestó la Borbón en broma.

–¡Me temo que en los Estados Unidos sí! –le respondió intencionada e ingeniosamente su contrincante.”

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Otro grabado de la imprenta de Franklin, donde también se imprimió una traducción del famoso sermón contra la Inquisición de Antonio Ruiz de Padrón.

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Franklin también era un buen músico. Inventó la “Armónica de Cristal”, compuesta por una serie de platos de cristal que giran sobre un eje y suenan cuando se aplican los dedos húmedos del ejecutante. Esta foto la obtuve en el museo dedicado a Franklin en Filadelfia, donde se encuentra uno de estos instrumentos.

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Uno de los artilugios eléctricos fabricados por Franklin.

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Mientras Ruiz de Padrón residía en Filadelfia, Franklin publicó “La moral del ajedrez”, un manual que también puede considerarse un libro de filosofía o de autoayuda.

 

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Hablar de Franklin es hablar de Filadelfia, y viceversa. Lo sé de primera mano, porque cuando escribí la novela histórica El discurso de Filadelfia me di cuenta de que era imposible contar la historia de la ciudad, y aun de los Estados Unidos, sin referirse una vez y otra al venerable filósofo. Mucho más podría decir aquí sobre este sabio norteamericano nacido en Boston, pero esto es un blog de Internet y debo limitarme. Espero que haya podido transmitir la importancia de un personaje ninguneado por nuestra cultura.

 

CONTINÚA

Ruiz de Padrón, foto a foto (4ª entrega: Filadelfia segunda parte)

ARPcabecera Ruiz de Padrón (Canarias, 1757-1823, Galicia) viajó por América y por Europa durante parte de los siglos XVIII y XIX. Seguir sus pasos en la actualidad no ha sido sencillo, a pesar de contar con medios de transporte infinitamente más rápidos.

Para novelar su vida (cuatro novelas: La isla transparente, Canarias, El discurso de Filadelfia y El Diputado), durante años, he tratado de recorrer sus mismas rutas en ambos continentes. He aprovechado mis viajes para capturar muchas horas de vídeo y miles de imágenes fotográficas en los lugares que visitó el ilustre personaje. Asimismo, incluyo pinturas y grabados que guardan relación con sus desplazamientos.

En esta serie de páginas virtuales publico las fotografías más interesantes y representativas de esas rutas, sin tener en cuenta un orden cronológico, pero con los comentarios pertinentes para orientar a los visitantes de este blog.

Bienvenidos todos.

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CUARTA ENTREGA

FILADELFIA (Estados Unidos) segunda parte

La cuarta entrega está dedicada a Filadelfia, capital de los Estados Unidos durante los años que Ruiz de Padrón permaneció en ella. He incluido óleos y grabados antiguos que ayudan a situarse en la época exacta, es decir, en el último cuarto del siglo XVIII.

Como relata la novela El discurso de Filadelfia (Editorial Malvasía, 2016), Antonio Ruiz de Padrón participó en las principales tertulias de la ciudad y trabó amistad con George Washington y Benjamín Franklin. Durante su estancia se redactó la Constitución de Estados Unidos, de manera que estuvo en el momento oportuno y en el lugar indicado para observar de cerca cómo se verificaba una de las revoluciones que más han influido en el mundo actual: la Revolución Americana.

Ruiz de Padrón alcanzó fama en los Estados Unidos cuando pronunció su famoso sermón sobre la Inquisición española, denunciando sus abusos y atropellos con una valentía que le valió el respeto de la nueva nación y de sus líderes.

Estas fotos las tomé en Filadelfia y también recopilé los grabados mientras investigaba la vida del ilustre personaje para escribir la novela histórica que se ha publicado este mismo año.

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El centro histórico de Filadelfia conserva muchos de los edificios de la etapa de Ruiz de Padrón. Cada día las calles y museos se llenan de una multitud de estadounidenses de todas las edades que visitan este lugar para conocer de primera mano dónde se pudieron las bases que permitieron edificar su país.

 EDIFICIOS RELACIONADOS CON EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS

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El “Independence Visitor Center” contiene mucha información sobre la Guerra de Independencia contra las tropas reales inglesas.

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En el año 1787, a pocos metros de la iglesia donde estuvo Antonio Ruiz de Padrón, se desarrolló la asamblea que redactó la Constitución de los Estados Unidos. En la imagen se puede observar a George Washington de pie, con su típica postura envarada, y a Benjamín Franklin sentado y vestido de gris.

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En la actualidad, es posible visitar el salón donde tuvo lugar la firma de la Constitución, el cual se conserva prácticamente igual que en 1787.

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No menos importancia tuvo la firma de la Declaración de Independencia por ahora conocidos como Padres de la Patria.

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Exterior del edificio (Casa del Estado de Pensilvania) donde se discutió y redactó la Constitución.

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Una imagen actual del mismo edificio.

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Documento original de la Constitución estadounidense, que comienza “Nosotros el Pueblo…”.

ALGUNOS DELEGADOS EN LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

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Alexander Hamilton era un joven abogado progresista de Nueva York.  Es famosa la siguiente contestación que dio a Franklin durante la asamblea constituyente de 1787:

–Estoy por completo de acuerdo con el aplazamiento de tres días propuesto por Mr. Franklin y lo juzgo muy razonable tras los momentos de tensión que hemos vivido en la sesión de hoy. Sin embargo, no veo la necesidad de introducir a un capellán en esta Convención. Nos bastamos solos para resolver el negocio que aquí nos ha reunido, sin necesidad de solicitar ayuda extranjera.

 

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James Madison, un abogado de Virginia, llegó a ser presidente de los Estados Unidos en 1809, una etapa muy difícil de su historia, porque Gran Bretaña invadió a sus antiguas colonias en 1812. Fue uno de los autores de los Ensayos Federalistas, que apelaban a la aprobación de la Constitución por parte de los diversos estados.

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Robert Morris era un poderoso comerciante de Filadelfia que llegó a tener una flota de 180 barcos e importaba vinos de Canarias. Fue el primer director del Banco de los Estados Unidos y perdió gran parte de su fortuna ayudando a los independentistas.

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Thomas Pinckney era un joven general y uno de los delegados del estado de Carolina del Sur. Defendió las tesis esclavistas, pero llegó a un acuerdo con los abolicionistas para prohibir la esclavitud en el año 1808. Como es sabido, ese acuerdo no se cumplió hasta la década de 1860, cuando el ejército del Norte derrotó a los confederados.

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Thomas Jefferson era un amante de los vinos canarios, los cuales llegó a comprar al por mayor para su consumo privado. No estuvo presente en la Asamblea constituyente, porque se encontraba como embajador en París. Sin embargo, se tuvieron muy en cuenta sus consejos, excepto en lo relativo al Senado. Jefferson llegó a ser presidente de los Estados Unidos.

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Gouverneur Morris escribió de su puño y letra la última versión de la Constitución para que los delegados estatales la firmasen. Tenía entonces treinta y cinco años y una pierna menos que perdió en un accidente, corriendo delante de un marido celoso. Gouverneur es uno de los personajes más carismáticos de la novela “El discurso de Filadelfia”.

EL MERCADO DE FILADELFIA

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El mercado de Filadelfia estaba en la actual calle Market Street, ocupaba tres manzanas y constituía el centro de la población. Era muy visitado por las amas de casa, podría califi carse como otro edificio destacado: un sitio completamente aseado, sin olores, que abría tres veces por semana. Allí era posible comprar verduras, fruta, pan, leche, quesos, aves de corral, pescado, carne…

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Otra imagen del mismo mercado.

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Ruiz de Padrón, foto a foto (3ª entrega: Filadelfia, Estados Unidos)

ARPcabecera Ruiz de Padrón (Canarias, 1757-1823, Galicia) viajó por América y por Europa durante parte de los siglos XVIII y XIX. Seguir sus pasos en la actualidad no ha sido sencillo, a pesar de contar con medios de transporte infinitamente más rápidos.

Para novelar su vida (cuatro novelas: La isla transparente, Canarias, El discurso de Filadelfia y El Diputado), durante años, he tratado de recorrer sus mismas rutas en ambos continentes. He aprovechado mis viajes para capturar muchas horas de vídeo y miles de imágenes fotográficas en los lugares que visitó el ilustre personaje. Asimismo, incluyo pinturas y grabados que guardan relación con sus desplazamientos.

En esta serie de páginas virtuales publico las fotografías más interesantes y representativas de esas rutas, sin tener en cuenta un orden cronológico, pero con los comentarios pertinentes para orientar a los visitantes de este blog.

Bienvenidos todos.

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TERCERA ENTREGA

FILADELFIA (Estados Unidos)

La tercera entrega está dedicada a Filadelfia, capital de los Estados Unidos durante los años que Ruiz de Padrón permaneció en ella. 

Como relata la novela El discurso de Filadelfia (Editorial Malvasía, 2016), Antonio Ruiz de Padrón participó en las principales tertulias de la ciudad y trabó amistad con George Washington y Benjamín Franklin. Durante su estancia se redactó la Constitución de Estados Unidos, de manera que estuvo en el momento oportuno y en el lugar indicado para observar de cerca cómo se verificaba una de las revoluciones que más han influido en el mundo actual: la Revolución Americana.

Ruiz de Padrón alcanzó fama en los Estados Unidos cuando pronunció su famoso sermón sobre la Inquisición española, denunciando sus abusos y atropellos con una valentía que le valió el respeto de la nueva nación y de sus líderes.

Estas fotos las tomé en Filadelfia mientras investigaba la vida del ilustre personaje para escribir la novela histórica que se ha publicado este mismo año.

 
Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Parque del Amor (JFK Plaza). Filadelfia

George Washington mantuvo contactos con Ruiz de Padrón, en Filadelfia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Vista de una típica calle de Filadelfia.

Estatua de Benjamín Franklin, amigo, vecino y contertulio de Ruiz de Padrón.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

La arquitectura institucional de la época revolucionaria tiende a repetir las construcciones clásicas, tanto en las columnas como en el resto de la fachada de los edificios.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Cementerio de la iglesia de Santa María. Filadelfia. En esta parroquia se desempeñó el canario Ruiz de Padrón, durante su época de Padre Lector franciscano.

Cento de visitantes Independencia. Un recorrido por los avatares de la guerra contra Gran Bretaña, en el siglo XVIII.

Una calle de Filadelfia, a finales del siglo XVIII. Grabado. Esta debió ser la imagen que ofrecía la ciudad durante la estancia de Ruiz de Padrón.

Los escaparates de las tiendas de Filadelfia exhiben decorados muy originales.

La hija de Benjamin Franklin, Sarah Franklin Bache. Cuando Ruiz de Padrón arribó a Filadelfia, ella tenía 42 años y él 27.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Mapa antiguo de Filadelfia. Era la mayor ciudad de los Estados Unidos (y de toda América), en el siglo XVIII.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Muñecos de souvenirs vestidos con las ropas de los milicianos que lucharon contra los ingleses en la guerra de independencia de Estados Unidos.

 

 

Velero frente a Filadelfia. Óleo. Museo Oceanográfico. Cuando Ruiz de Padrón visitó Filadelfia, su puerto era muy activo y mantenía frecuente tráfico en el comercio con las Islas Canarias.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Una de las exposiciones permanentes sobre la guerra de independencia.

 

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Originales de la declaración de independencia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Monumento a los emigrantes. Filadelfia. Además de Ruiz de Padrón, otros canarios arribaron a estas tierras y se sumaron al movimiento democrático americano.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Grabado sobre los muelles de Filadelfia en el siglo XVIII.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Jardín con estilo del siglo XVIII. Filadelfia.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Detalle del monumento a los emigrantes. Filadelfia.

La Campana de la Libertad.

Cartel pegado en la calle.

Estatuas de los revolucionarios americanos del s. XVIII, junto a la Sociedad Histórica Presbiteriana, en Filadelfia.

Curioso billete por dólares españoles, garantizado por el Congreso durante la época revolucionaria.

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Ruiz de Padrón, foto a foto (2ª entrega: Valdeorras)

ARPcabecera Ruiz de Padrón (Canarias, 1757-1823, Galicia) viajó por América y por Europa durante parte de los siglos XVIII y XIX. Seguir sus pasos en la actualidad no ha sido sencillo, a pesar de contar con medios de transporte infinitamente más rápidos.

Para novelar su vida (cuatro novelas: La isla transparente, Canarias, El discurso de Filadelfia y El Diputado), durante años, he tratado de recorrer sus mismas rutas en ambos continentes. He aprovechado mis viajes para capturar muchas horas de vídeo y miles de imágenes fotográficas en los lugares que visitó el ilustre personaje. Asimismo, incluyo pinturas y grabados que guardan relación con sus desplazamientos.

En esta serie de páginas virtuales publico las fotografías más interesantes y representativas de esas rutas, sin tener en cuenta un orden cronológico, pero con los comentarios pertinentes para orientar a los visitantes de este blog.

Bienvenidos todos.

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SEGUNDA ENTREGA

VALDEORRAS (2ª parte)

Segunda entrega dedicada a la comarca de Valdeorras, donde Ruiz de Padrón tuvo a su cargo cinco parroquias y varios sacerdotes. Por esta razón se le conoció como el Abad de Valdeorras (en Galicia se denominaba abad al párroco principal; venía a ser una especie de arcipreste actual).

Residió en Vilamartín o Villamartín de Valdeorras (1.800 habitantes y 88 km2) desde 1808 hasta su muerte, en 1823, excepto durante los años en que se desempeñó como diputado en las Cortes de Cádiz y, posteriormente, en las Cortes Constitucionales de Madrid. La comarca estaba unida a Astorga por la llamada Vía Nova de Braga, antigua vía romana que unía la ciudad portuguesa con Valdeorras y Astorga.

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Monasterio de los Trinitarios Descalzos de Correxais (espacio situado en la orilla del río Sil opuesta a Vilamartín de Valedoras),  cuyo edificio se encuentra en ruinas.

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Otra perspectiva del mismo monasterio. Durante la guerra napoleónica, se utilizó como hospital para atender a los heridos de los tres ejércitos: español, inglés y francés. Su director fue Antonio Ruiz de Padrón.

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La iglesia aneja al convento trinitario es digna de una visita, tanto por su arquitectura como por la calidad de sus tallas. Actualmente, se encuentra en buen estado debido a la restauración que hizo el párroco de Vilamartín de Valdeorras, el cual aparece en la foto.

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Mientras yo visitaba la iglesia de Correxais, descubrí que en la sacristía estaba guardada una curiosa imagen de la Virgen de Candelaria, patrona de Canarias.

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Una vivienda antigua de la comarca de Valdeorras.

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Uno de los bellísimos y antiguos “pazos” que se encuentran en la comarca.

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El río Sil, a su paso por O Barco (población cabecera de la comarca con 14.000 h y 86 km2). En este lugar todavía es posible encontrar a algunos aficionados buscadores de oro. Al parecer, el topónimo Valdedorras se deriva de ‘Val de Oro’ – ‘Valle de Oro’, debido a la intensa explotación aurífera que realizaron los romanos en la zona.

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El río Sil, a su paso por Vilamartín de Valedoras, ofrece este plácido aspecto que invita al descanso o a un paseo por sus orillas pobladas de árboles.

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Una vista parcial del embalse de San Martiño, construido en La Rúa de Valedoras, que aprovecha las aguas del Sil.

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En la actualidad, la principal industria de la comarca de Valdeorras es la extracción y exportación de pizarra, muy utilizada para la fabricación de tejas.

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Interior de una casona solariega en Portela de Valdeorras, donde estaba una de las parroquias de Antonio Ruiz de Padrón.

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Las garzas y otras aves migrantes establecen su hábitat en las proximidades del río Sil.

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Antigua ermita, ubicada junto a la casa que ocupaba Antonio Ruiz de Padrón. Al parecer, murió en su interior de una manera terrible, en medio de grandes sufrimientos.

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Durante muchos años, pasando de un dueño a otro, aquella ermita se transformó en un cuarto de aperos.

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Éste es el aspecto que presentaba el interior de la ermita durante mi última visita. Un año más tarde, algún desaprensivo provocó un incendio que la destruyó.

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Esta nota de prensa fue publicada por el periódico de Tenerife, en el año 1809.

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El valdeorrese Ramón López Caneda, ya fallecido, publicó datos interesantes sobre el juicio eclesiástico que padeció Ruiz de Padrón en Astorga.

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Ruiz de Padrón también fue responsable es este templo situado en el núcleo poblacional de La Rúa (5.000 habitantes y 36 km2), cercano a Vilamartín.

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Cementerio de Portela. Algunos dicen que Ruiz de Padrón fue sepultado aquí; sin embargo, no existe ninguna evidencia. He recorrido todas las tumbas y no aparece ninguna inscripción que lo relacione.

CONTINÚA en la Tercera parte, dedicada a Filadelfia