¿Una réplica surrealista del Ídolo de Tara en el Museo Reina Sofía de Madrid? A propósito de una obra de Ferrant

En una escultura de Ferrant, expuesta al público en una exposición de arte moderno, se advierte algo más que reminiscencias del más famoso ídolo aborigen canario

Hace unos días me detuve para contemplar y fotografiar la obra Majestad (1951), de Ángel Ferrant, en el Museo Reina Sofía. Es posible que ya la hubiese visto, en Valladolid tal vez, pero lo cierto es que si la vi alguna vez no le presté demasiada atención.

En mi última visita a esta galería –coincidiendo con la exposición Piedad y terror en Picasso: el camino a Guernica– la pequeña escultura despertó mi interés. Me recordó de inmediato el Ídolo de Tara, una estatuilla aborigen que se encuentra en el Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria.

De izquierda a derecha: Diosa Grávida, Venus de Lespugue, Ídolo de Tara y Majestad, de Ferrant.

Un vistazo a estas dos figuras –Majetad de Ferrant y el Ídolo de Tara – nos sugiere de inmediato cierta relación entre ellas. Una relación que se acentúa cuando observamos otras venus prehistóricas que, aún siendo figuras relacionadas con la maternidad, no se vinculan de forma tan evidente con Majestad,

De izquierda a derecha: Majestad, de Ferrant, y el Ídolo de Tara, depositado en el Museo Canario.

Las dudas tienden a disiparse cuando prestamos atención al cuello, a la cabeza y a la disposición de los pechos del ídolo de Tara y los comparamos con los mismos elementos de la escultura de Ferrant: las semejanzas son verdaderamente notorias.

Mujer (1950), de Mathias Goeritz.

La Majestad, de Ferrant, data de 1951, sólo un año después de que Goeritz, uno de los principales impulsores de grupo Altamira, realizara la escultura Mujer que dedicó a su amigo Ángel Ferrant (junto con otra similar titulada Hombre).

En esta Mujer es posible reconocer algunos rasgos estilísticos de la que crearía un año más tarde Ferrant. Éste es un dato a tener en cuenta para inferir los antecedentes de Majestad, quizás la obra de Goeritz condujo a Ferrant a descubrir el Ídolo de Tara , si tal circunstancia llegó a producirse.

El Ídolo de Tara,  visto de perfil.

El ídolo de Tara, una venus canaria

El Ídolo de Tara es parte de un regalo del doctor Chil y Naranjo al Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria a finales del siglo XIX. No está claro que fuera hallado en el pueblo de Tara (municipio de Telde) y algunos investigadores opinan que se pudo encontrar en los alrededores de la Cueva Pintada de Gáldar. Desde la década de 1970, a raíz del despertar de la cultura nacionalista, esta figurita ha adquirido una gran popularidad entre la población canaria y se ha difundido en obras de arte, reproducciones cerámicas, libros de texto, medios de comunicación y todo tipo de souvenirs para turistas.

Sobre Ángel Ferrant

Ángel Ferrant, en su estudio, después de haber sufrido un accidente en 1954.

El escultor Ángel Ferrant (Madrid, 1890 – 1961) estaba vinculado con Canarias y parece natural que su obra contuviera algunas resonancias del archipiélago. Casualidad o no, en la pared próxima a su escultura cuelga Pictografía canaria (1951), un cuadro de la etapa guanchista (coincidente con la creación de Majestad y anterior a los muros y a las arpilleras) del canario Manuel Millares, buen amigo de Ferrant. Sobre este último la crítica ha asegurado que fue, después de Joan Miró, “el artista más interesante y completo entre los que se quedaron en España tras la contienda”.1

Detrás de Majestad, de Ferrant, se puede ver el lienzo Pictografía canaria (1951), de Manolo Millares.

La conexión canaria le llegó, principalmente, por el crítico tinerfeño Eduardo Westerdahl, el cual conocía a Ferrant desde los primeros años de la década de 1930, cuando el madrileño participó en la revista Gaceta de Arte , junto a Gertrude Stein, André Gide, Tristan Tzara, etc.

Posteriormente, esta relación se prolongó en el tiempo y se reencontrarían en el grupo Amics de l’Art Nou, la gran Exposición de Arte contemporáneo en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife (1936), la creación del grupo Altamira (1948), la revista De Arte, publicada por Westerdahl y García Cabrera (1950), el desaparecido Museo de Arte Moderno del Puerto de la Cruz (1953) con la asistencia de Ferrant que disertó en su inauguración, etc.

En la actualidad, se conserva un dibujo de Ángel Ferrant en el Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz.

Eduardo Westerdahl.

Asimismo, en el Archivo Histórico Provincial del Gobierno de Canarias, en Tenerife, es posible consultar las cartas de Ferrant a Westerdahl, en las que se evidencia la gran amistad que los unía. Existe abundante documentación sobre esta relación, habida cuenta de los artículos que Westerdahl escribió sobre el escultor dentro y fuera de Canarias.

Y aquí habría que mencionar el escrito que durante la inauguración del Museo de Arte de Westerdahl entregó a su amigo Manuel Millares para una exposición en Gran Canaria en el año 953.

Indudablemente, estas relaciones en el archipiélago debieron influir en el escultor y, tal vez, proporcionarle el conocimiento de algunos elementos de la cultura aborigen canaria. Ya se ha comentado que en esos momentos Millares pintaba cuadros relacionados con la cultura insular prehispánica y es posible que mencionara el tema a su amigo.

Vista posterior de “Majestad”, de Ferrant.

Como tantos contemporáneos, Ángel Ferrant –a pesar de considerar siempre la figura humana como irrenunciable– evolucionaría de manera apreciable durante su trayectoria artística. Desde sus posiciones iniciales arribaría al primitivismo, a la composición de móviles, a las formas orgánicas,… No fue un surrealista, ni un primitivista, ni un constructivista ni se le puede encasillar en un solo movimiento: bebió de varias fuentes artísticas de su época, pero siempre mantuvo una relación estrecha con el arte abstracto.

Ferrant fue una rara avis cuya abundante obra estaba poco reconocida fuera de un reducido grupo de artistas y críticos hasta el año de su muerte, cuando expuso en la Bienal de Venecia.

En el Patio Herreriano de Valladolid se encuentra, preservado y catalogado, un amplio fondo documental sobre Ángel Ferrant que incluye su biblioteca privada, esculturas, dibujos y otro material de gran interés.

Sin entrar en otras disquisiciones, parece razonable pensar que Ángel Ferrant tenía información sobre el Ídolo de Tara, bien fuera a través de su amigo Manolo Millares, bien por su visita al Museo Canario de Las Palmas o por alguna ilustración publicada en la revista del propio museo.

Sin embargo, no conozco ningún texto de Ferrant, de Westerdahl o de cualquier otro que relacione a ambas esculturas. Desgraciadamente, los canarios que conocieron bien a Ferrant –ya desaparecidos como Manuel Millares o Eduardo Westerdahl– no pueden confirmar o negar esta hipótesis.

De cualquier manera, incluso si no existe la relación que se apunta en este escrito y sí, pongamos por caso, con la cretense diosa de la serpiente,2 creo que ha servido al menos para refrescar la memoria de una relación fructífera entre el gran Ángel Ferrant y los intelectuales canario durante la Segunda República y las dos primeras décadas del franquismo.

 

PARA SABER MÁS

  1. Se puede consultar una excelente biografía de Ángel Ferrant en este enlace.
  2. Ángel Ferrant y Eduardo Westerdahl: un diálogo lúcido y continuo, de Carmen Bernárdez Sanchís, en Catharum, pp 046-059, Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, 2002.
  3. The interpretation of Goddess: interview with Marija Gimbutas. Ir.

NOTAS

  1. Valeriana Bozal: Antes del Informalismo. Monografías de Arte Contemporáneo nº 1, Museo Reina Sofía, Madrid, 1996
  2. Una de las imágenes de Diosa de la Serpiente encontrada en Creta y perteneciente al Paleolítico también podría estar relacionada con la obra de Ferrant, si aceptamos que los dos elementos que descansan sobre las piernas de la figura representan a serpientes, en lugar de espermatozoides que fecundan. No obstante, si  nos fijamos bien, su mayor parecido es con un par de sanguijuelas.   
  3. sanguijuela
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Un drago en el Edén, a propósito de la exposición de El Bosco en el Museo del Prado

Ningún libro proporciona goces ilimitados. Tampoco un cuadro, una escultura, una fotografía, una sinfonía, una ópera o una pieza dramática; sin embargo, acercarse al arte es una manera especial de estar vivo, de sentir en la punta de los dedos que casi rozamos la verdadera dicha, de intuir que la felicidad en estado puro no se halla demasiado lejos, aunque de sobra sepamos que no existe.

Consecuentemente, nunca logramos apoderarnos de esa felicidad por medio del arte, ni siquiera del Arte con mayúscula como nos gusta decir a los cursis. Tampoco conseguimos este propósito en el amor. Sin embargo, aunque todos sabemos que su dicha es limitada, consideramos una locura renunciar a él por el sólo hecho de que no nos proporcione felicidad eterna.

Iba pensando en esto cuando hace un par de semanas salía ­–casi flotando en el calor del oscurecer madrileño– de la gran exposición de El Bosco en el Museo del Prado. También, tal vez de manera no tan incongruente como me pareció en aquel momento, se mezclaron en mi cabeza algunas imágenes de una exposición de Escher que había contemplado en Milán a mediados de agosto.

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EL JARDÍN DE LAS DELICIAS, DE EL BOSCO

Nunca pensé que encontrarme frente al tríptico original de El Jardín de las Delicias me produciría unas sensaciones tan intensas. Dentro de la exposición de El Bosco en el Museo del Prado, recorrí las salas dedicadas a un pintor que siempre me ha gustado, pero que no he venerado especialmente. Digamos que si hubiera tenido que elegir entre una muestra de la obra de El Bosco y otra de William Turner, por ejemplo, me habría decantado por el segundo. Afortunadamente, no tuve ese dilema.

A pesar de todas estas reservas, hace unos cinco años, dediqué una parte de mi segunda novela histórica sobre Ruiz de Padrón, titulada Canarias, a comentar la inserción de un drago que aparece en el panel izquierdo de El Jardín de las Delicias, pintado probablemente antes de 1480.

EL DRAGO EN EL PARAÍSO

Decía en ese libro que un grabado en madera de Alberto Durero, donde aparece otro drago, debió inspirar a Jheronimus van Aken “Bosch” –El Bosco, en español–, el cual incluyó este árbol en El Jardín de las Delicias: una obra que tiene la particularidad de estar muy vinculada con la alquimia y las doctrinas secretas. En este caso, el drago se encuentra detrás de Adán que sentado en el suelo observa cómo Jesucristo le toma el pulso a una Eva arrodillada.

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Muy cerca se distingue una charca donde numerosas bestezuelas mutantes entran y salen a la espera de que Adán les proporcione un nombre. El resto es indescriptible: seres de diversas especies, en una orgía de colores, formas y deseos de todo tipo, interactúan a lo largo y ancho del panel central de una manera que sobrepasa la imaginación de los antiguos y modernos escritores de fantasía y de ciencia ficción. Inexplicablemente, ni esta obra ni su autor llegaron a ser reducidos a ceniza por el fuego de la Inquisición.

Quizás, la inclusión del drago en el paraíso de El Bosco responde a una intención de dotar su presencia de simbolismo: la sangre de drago es necesaria en la alquimia para la producción del oro: símbolo de la piedra filosofal. El Bosco era miembro de la hermandad Illustre Lieve Vrouwe Broederschap, donde el cisne y otros elementos tenían un fuerte valor simbólico. De cualquier forma, no se puede descartar que el drago sólo cumpla una función meramente decorativa.

Como digo, la contemplación del tríptico ejerció sobre mí una acción devastadora, en el sentido más sublime del término; noté la sensación de estar mirando por primera vez una obra de arte que se ajustaba plenamente a mi mundo onírico, o viceversa; un torrente de fantasía me atravesaba y deslumbraba hasta sobrepasar muchos límites y alcanzar territorios éticos y estéticos que desconocía y que, en cierta manera, siento pudor de confesar.

OTROS DRAGOS, OTROS PINTORES

Es cierto que, aunque no se cultivaban en Europa, los dragos canarios fueron conocidos en este continente desde hace siglos. Los aborígenes de las islas cambiaban la resina que produce su savia por manufacturas europeas a los viajeros que se acercaban a las costas del archipiélago, como puede leerse en las crónicas de los franciscanos que acompañaron al bretón Jean de Bethencourt y a sus caballeros acompañantes,

los canarios les llevan higos y sangre de drago, que cambiaron por anzuelos, hierros viejos y por navajas y recogieron sangre de drago que valía más de 200 doblas de oro y todo lo que ellos cambiaron, no valía la suma de dos francos.

Cuando se forma la resina del drago, el contacto con el aire produce una oxidación de sus componentes y adquiere un color rojo oscuro, como sangre de soldado muerto en campo de batalla. Por este motivo se denominaba “sangre de drago”, utilizada tanto en la medicina como en la alquimia. Ya en el siglo XII, un orfebre llamado Teólifo escribía en su libro

que con el polvo de drago, si se junta a la sangre humana, al vinagre y al rojo de cobre, se obtiene oro español, una mixtura que se utiliza para dorar metales.

Además de su venta en boticas, la sangre de drago se usaba para la producción de tintes y barnices de tonos bermellones. Por esta razón, desde el siglo XV se estableció una explotación inmisericorde de esta resina que ha terminado con la mayor parte de los dragos canarios, exterminándolos casi por completo en La Gomera y El Hierro y reduciéndolos a pocos ejemplares en La Palma, Gran Canaria y Tenerife, donde se encontraban en bosquecillos formados por doscientos árboles o más.

Debido a la extrema sequía que se padecía en Lanzarote y Fuerteventura, nunca los hubo en esas islas hasta tiempos muy recientes, dado que en la actualidad se pueden regar con agua procedente de desalinizadoras. Bien es verdad que hay más tipos de dragos en los archipiélagos macaronésicos y en otras partes del mundo, como Socotora (en el océano Índico) o la península arábiga. Sin embargo, ninguno de ellos alcanza el porte de los dragos canarios.

Quizás, esa majestuosidad vegetal ha propiciado que los pintores europeos hayan incluido los dragos canarios en sus cuadros. Lo curioso es que los maestros de la Europa meridional no pintaron dragos en sus obras, sino los artistas de los países del Norte y Centro de Europa.

Resulta sorprendente que en época tan temprana como el año 1475 (la conquista del archipiélago terminó justo al final del siglo XV), aparezca un drago canario en un grabado sobre madera de Martin Schonghauser, el más prestigioso grabador del prerrenacimiento alemán[i]. Lo asombroso de este árbol incluido en el grabado La huida a Egipto es la minuciosidad del ejemplar representado, algo imposible de lograr sin haber visto jamás un drago o, al menos, tener en sus manos alguna imagen realizada por un buen dibujante.

Si nos situamos frente al grabado de Schonghauser observamos que el burro se ha detenido y trata de mordisquear un cardo; sobre el animal va montada la Virgen con el Niño en brazos; y San José recoge dátiles de una palmera inclinada por cinco angelitos. Al fondo, entre los troncos de los árboles, descansa una pareja de ciervos. Más lejos, hay algunas casas campesinas. Detrás del burro crece un hermoso drago con tres lagartos recorriendo su tronco y una cotorra, posada entre las hojas, que picotea las flores o semillas.

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Huida a Egipto, de Durero.

Otros pintores cometen graves errores al representar estos árboles; no obstante, el drago llega a convertirse en un elemento repetido, incluso en artistas de la talla de Alberto Durero, el cual vuelve a introducirlo, al menos, en otra representación de la huída a Egipto que pude ver en una exposición dedicada a Durero en la ciudad de Wolgast hace quince años. Ya su maestro Wolgemut lo había familiarizado con los dragos, grabados por él mismo en su obra El Paraíso, incluida en la Crónica General de Schedel. Aquí, el drago aparece a la derecha del manzano. Lo notable es que tanto Adán como Eva cubren sus sexos con hojas de drago que sostienen con su mano izquierda.

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El Paraíso, de Wolgemut.

No paran aquí las representaciones de los dragos canarios en la pintura clásica, pues son innumerables las obras que las han incluido, desde las ocho láminas que contienen dragos en la maravillosa edición de Sebastián Brandt de las obras de Virgilio hasta el “San Juan de Patmos”, de Hans Burgkmair.

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San Juan de Patmos, de Hans Burgkmair

ESCHER Y EL BOSCO

Durante el pasado mes de agosto, en el Palacio Real de Milán pude recorrer la mayor exposición jamás realizada sobre M. C. Escher. No voy a descubrir nada si digo que la obra de Escher deja indiferente a poca gente y que sus arquitecturas imposibles proporcionan una buena dosis de placer a quienes contemplan sus obras.

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Un desconcertantes juego de espejos en la exposición de M. C. Escher, en Milán.

Sin embargo, quiero sacar a colación la relación subliminal que existe entre las arquitecturas escherianas y las fantasías de El Bosco: un cordón umbilical hermético pero robusto une a los dos artistas de algún modo que el espectador, al contemplar las obras de ambos, siente que se disparan ciertos resortes estéticos, simétricos entre sí, idénticos casi. Se trata de la contemplación de lo imposible y, sin embargo, visible. Se trata de la sinrazón de la razón, al contrario de la “razón de la sinrazón” cervantina. Se trata de insinuaciones de un caos filosófico que pulsa y nos hace vibrar ciertas fibras no sólo estéticas.

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Aunque no podía sospecharlo, la exposición de la obra de Escher en Milán me preparó para asimilar la de El Bosco en Madrid. Y la de El Bosco, me hizo caer en la cuenta de la fuerza y de la coherencia de muchas sinrazones de Escher.

Un cuadro ni mil cuadros pueden proporcionar felicidad duradera, pero yo no pido tanto; me basta y me sobra con esos chispazos de gozo que proporciona el arte de tarde en tarde, sin aspavientos.

(La exposición de El Bosco en el Museo del Prado se ha prolongado hasta finales de septiembre. Si tienen oportunidad, acudan a disfrutarla).

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NOTAS

[i] “Las relaciones de Alemania con las Canarias tienen una tradición bastante vieja. Ya a principios del siglo XVI existían contactos entre la colonia alemana de Lisboa con las islas atlánticas. Particularmente los Welser de Augusburg hicieron su trato con Madeira, pero también con las Canarias. Lo sabemos gracias al diario de Lucas Rem, uno de los factores mas activos de los Welser. Rem estuvo en España y Portugal desde 1502 hasta 1508.

[…] En el año 1590 entraron al “puerto de Hamburgo tres buques que vinieron de las Canarias”. Hay que suponer que la navegación a las islas atlánticas a menudo se combinase con la visita de puertos portugueses o españoles. Con preferencia se utilizaron las islas atlánticas para el comercio de contrabando con el Caribe y con América del Sur. Cerca de 1605 el alemán Johann Abendrot tenía sus negocios en Las Palmas. Intentó obtener el permiso del Consejo de las Indias para la navegación a América.

[…] Las Canarias quedaron dentro del radius de actuación de los hamburgueses. Particularmente en la segunda mitad del siglo XVII los contactos se estrecharon y en el año 1690 el Senado de Hamburgo estableció un consulado en las Canarias. En la segunda mitad del siglo XVIII, un período que esta mejor documentado y mejor investigado, los maestros solían combinar la ruta de Canarias con aquella que tocaba Lisboa o Cádiz. Entre las mercaderías exportadas encontramos manufacturas, particularmente los diferentes géneros de lienzos y cotonías. Además se exportaban aparejos de cobre para la destilación, hierro en barras y vergas o laborado, artículos de acero y de latón.

La exportación de maderas para la construcción y armación de buques quedaba limitada, pero no faltaban los típicos productos de la región escandinavo-báltica brea y alquitrán, además encontramos las jarcias y la cera entre los artículos exportados; lo mismo era el caso con cristales, botellas, colores, papel y piedras. La mayor parte en la importación desde la Canarias tenían los vinos. Una especialidad, al lado de la Champaña de Málaga y del “secq Xeresisch”, era el “secq Canarisch”. Arroz y zumaque eran otros productos de exportación de las Canarias. Ademas hay que mencionar los productos americanos que por vía de las Canarias se reexportaron en dirección del norte europeo; pensamos por ejemplo a las astas de bueyes, a la madera de Campeche, a maderas de «rosa» y a “droghoz”. Hamburgueses recibían también metales preciosos en pasto o en reales de a ocho, si no abiertamente en contrabando.

Kellenbenz, Hermann: Las relaciones comerciales de Alemania con Canarias hasta comienzos del siglo XIX. VIII Coloquio de Historia Canario-Americana (1988), tomo II, pp. 131– 148. Cabildo Insular de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria. 1991.

“En la fase de la Independencia de América Latina las islas atlánticas tuvieron un interesante papel de escala para los maestres de buques nórdicos, así las Islas del Cabo Verde, las Canarias, Madeira y las Azores, pero todavía no sabemos mucho sobre los detalles. Probablemente la escala más importante era la Isla de Mayo por su abundancia de sal, mercancía que podía completar el lastre necesario de los buques en la navegación a los puertos sudamericanos. Otros hicieron escala en Madeira o en la Terceira para tomar agua fresca o vino. Las Canarias ya a fines del siglo XVIII atrajeron maestres del Norte europeo porque se podían vender maderas para la construcción de navíos, además ofrecían un mercado para algunos productos típicos del norte europeo como brea, alquitrán y jarcias, y finalmente para toda suerte de manufacturas como artículos de hierro y otros metales, papel, botellas, cristales, colores, etc.; ciertamente un mercado bastante limitado. Para el cargamento de vuelta se ofrecían vino y otros frutos del país o productos americanos que se habían bajado en «entrepôt», abstracción hecha de los metales preciosos que se transportaban abiertamente o en contrabando.

Con la consolidación política en Europa y en los Estados independientes en América y con la expansión del comercio transatlántico de las Ciudades Hanseáticas las relaciones con las Canarias recibieron nuevos impulsos, lo que se manifestó en el establecimiento de consulados. Los hamburgueses tomaron la iniciativa, y en 1823 el Senado de la ciudad nombró a Anton Berüff su cónsul en Santa Cruz de Tenerife.”

Kellenbenz, Hermann: Relaciones consulares de las ciudades hanseáticas con las Canarias. IX Coloquio de Historia Canario-Americana (1990), tomo II, pp. 731-753. Cabildo Insular de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria. 1993.

Crónicas de Fez: el Festival de las Músicas Sagradas del Mundo

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Músico acompañante de una boda tradicional del Magreb.

Naturalmente, sería imposible que en este festival estuvieran presentes todos los músicos excepcionales que existen en el mundo; no obstante, me atrevo a asegurarles que sí son excepcionales todos los que han estado en esta edición.

Los músicos que han participado en este festival, desde el 22 al 30 de mayo de 2015, poseen no sólo una calidad máxima a nivel internacional, sino esa clase de personalidad artística que proporciona un gran atractivo para cualquier amante de la música, de cualquier música.

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Cartel anunciador del Festival en la Plaza Batha.

DÓNDE Y CÓMO SE DESARROLLA EL FESTIVAL

Los escenarios en los que se llevan a cabo los tres o cuatro conciertos diarios son palacios bellísimos, jardines primaverales, impresionantes recintos amurallados,… que nos van imprimiendo a los asistentes un sentimiento especial desde que entramos.

Tan pronto ocupamos nuestros asientos, nos convertimos en cómplices de un público heterogéneo –niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos de muchos países– que ha llegado para disfrutar extraordinarias músicas venidas de todos los rincones del mundo.

Todos tenemos el deseo de saborearlas como si fueran manjares exquisitos. Aquí encuentran –encontramos– buenas porciones de felicidad los amantes del jazz, del gospel, del blues, de los ritmos étnicos, de la música clásica y hasta del pop y del rap.

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Museo Batha, un antiguo palacio donde se celebraron los coloquios.

Los debates diarios, que tienen lugar en el Museo Batha, no son menos interesantes que las actuaciones musicales. Proporcionan la oportunidad de escuchar a grandes conferenciantes y de participar en discusiones  que este año se centran sobre África y su cultura: pluralismo lingüístico, el pensamiento mágico y las cosmogonías, comercio y religión, León el Africano, la educación y la sanidad como indicadores del desarrollo,…

EL JAZZ DE ROBERTO FONSECA Y LA FRESCURA DE FOUTUMATA DIAWARA

Las sorpresas son diarias, a poco que uno asista con la mente abierta a los diversos actos. Por ejemplo, el martes 26, a las cuatro de la tarde, tiene lugar en el jardín de un palacio el concierto protagonizado por un grupo de jazz cubano acompañado de una cantante de Mali, llamada Fatoumata Diawara.

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La excepcional Fatoumata Diawara, durante el concierto.

La versión española de Wikipedia dedicados dos líneas a su biografía, una escasez que en absoluto hace justicia a su calidad interpretativa. Si se desea saber más, hay que acudir a la versión francesa.

Cinco minutos después de haber salido al escenario, Fatoumata Diawaraya ya ha rendido por completo a un público entendido que contempla arrobado sus interpretaciones de folklore Wassoulou fusionado con el excelente jazz del grupo que lidera Roberto Fonseca.

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Roberto Fonseca, pianista compositor de jazz a tener en cuenta.

El apasionamiento de la voz y de los movimientos de Fatoumata arrastra el piano de Fonseca (un experimentado aunque joven músico a quien tuve el placer de ver tocar con Buena Vista Social Club) y el jardín (verde y dorado por un sol que parece sentir también la magia de la tarde) se transforma en un espacio anclado en algún rincón del paraíso.

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La kora y el jazz parecen hechos el uno para el otro: el resultado de la fusión es muy satisfactoria.

Nadie se mueve de su silla, pendiente de las cascadas de notas salidas de una kora que serpentean entre la batería, el contrabajo y la guitarra eléctrica, agregando contrapuntos inverosímiles a la voz de Fatou y al piano de Roberto. Muchos hemos comprado un vaso de té a la menta para el concierto, pero nos olvidamos de beber y el líquido termina por entibiarse. Nosotros no nos enfriamos, la calidez del concierto nos lleva en volandas hasta el atardecer.

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Fatoumata Diawara tiene 33 años, pasó su infancia en Abidjan, desde donde se trasladó a Mali para, más tarde, convertirse en cantante y en una excelente actriz, ganadora de un premio en Cannes (1999).

EL MARCO IMPERIAL DEL FESTIVAL: LA ANTIGUA MEDINA

Fui por primera vez a Fez a principios de los años ochenta. Entonces, el zoco era más zoco, la miseria era más miseria, la Avenida Mohamed V era el gigantesco dormitorio de millares de mendigos y  la plaza de Bab Boujloud se llenaba al oscurecer de músicos tradicionales y contadores de viejas historias. Ya no es así.

Durante el festival actual, el enorme espacio de Bab Boujloud sirve para ofrecer cada noche un gran concierto popular al que acuden decenas de miles de personas de todas las edades.

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Plaza de Bab Boujloud, antiguo lugar de cuentacuentos convertido hoy en aparcamiento de coches.

Cuando el festival llega a su fin, el recinto vuelve a su actual uso: aparcamiento de coches. Los contadores de cuentos y los encantadores de serpientes –cada vez hay menos– aún se pueden hallar en Marrakech y en Meknés, una ciudad imperial que se encuentra a sólo media hora a bordo de un tren que cuesta 2 euros.

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Fez tiene su encanto en la Medina o ciudad antigua rodeada por una gran muralla. Su zoco o zona de mercadeo tradicional es un laberinto por el que se puede caminar durante días sin haber descubierto la mitad de sus callejuelas.

En cuanto al alojamiento, hay que elegir entre un establecimiento moderno en la ciudad nueva o un antiguo riad en la Medina, con las incomodidades propias de las construcciones de otras épocas, pero con el encanto que sólo la tradición proporciona.

Si hablamos de comidas, existe una multitud de restaurantes donde encontrar los excelente platos marroquíes, desde el cuscus al tajine pasando por la pastilla y otra serie de delicadezas gastronómicas. En los restaurantes de los riad suele haber buena cocina e, incluso, encontrar alguna botella de vino tinto.

Cada pocos metros alguien nos quiere vender algo, llevar a alguna parte o informar sobre dónde encontrar una auténtica ganga. Parece como si en el adn de los vecinos de la imperial ciudad se contuviese el mandato divino de abordar a cualquier extranjero tan pronto se advierta su presencia. Esto incluye a los niños, quienes buscan desesperadamente en sus cabecitas alguna oferta que pudiera interesar al guiri que se les está acercando. Es molesto, pero uno termina por acostumbrarse.

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Meknés (Mequínez) es una ciudad amable, bella, de gentes tranquilas que aman las tradiciones y las conservan.

Sin embargo, la gente de la vecina ciudad de Meknés posee un carácter diferente: no nos abordará en ningún momento y respetará nuestra intimidad turística (uno llega a descubrir que existe), lo cual resulta muy de agradecer.

Además de utilizar como lenguas maternas el árabe o el amasik de los bereberes (Fez es una ciudad multirracial y plurilingüe), los vecinos se expresan en francés de manera habitual, como en casi toda África. Mucha gente también habla inglés y algunos pocos pueden entender y expresarse en español o en italiano. Difícilmente, un visitante puede sentirse aislado en esta Babel de arquitecturas medievales, regateos fenicios e incesantes dicharachos.

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Actor de teatro Bhagavata Mela Melattur.

UNA VELADA DE TEATRO SACRO HINDÚ

Es muy difícil tener la oportunidad de asistir a una función de teatro Bhagavata Mela Melattur, incluso en la India, donde muy pocas veces se representa fuera del templo. Ésta es la primera vez que dicho teatro sale fuera fronteras indias.

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La danza del dios Ganesha.

Quiero hacer hincapié en que, por primera vez, este teatro ritual ha salido de su país de origen para mostrarse en el festival de Fez. Asistir no sólo fue un privilegio, sino una agradable sorpresa: espectáculo cargado de significados sociales, pleno de lírica y de un humor finísimo en el que se entremezclan los seres humanos con los dioses y los ritmos con las danzas.

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Las complejas relaciones de espiritualidad, de dominación, de celos y de miedos están representadas de manera espléndida en el teatro hindú.

Más de veinte actores y músicos participaron en este espectáculo que es el único heredero del teatro antiguo sánscrito. Ante nuestros ojos desfilaron Vishnu y Krishna con sus pieles pintadas de blanco y de rojo, ataviados con vestidos llamativos y engalanados con toda clase de joyas. Asistir al Festival de Músicas Sacras del Mundo de Fez es algo que ningún ser humano amante de la música o de las artes escénicas debería perderse, un acontecimiento para disfrutar, al menos, una vez en la vida.

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En una próxima entrega comentaré algunos otros espectáculos que me impresionaron de manera especial. Quizás a alguien le sirva para planificar una visita durante los próximos años al magnífico Festival de las Músicas Sagradas de Fez, el cual, por cierto, es mucho más que eso. Sin lugar a dudas.

CONTINÚA

De cine: una tabaiba en “El Congreso”

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EL CONGRESO

En un intervalo temporal (01:35:00 – 1:35:14) de la película “El Congreso” (2013) aparece la imagen de una tabaiba canaria (un tipo de Euphorbia) repetida en varios fotogramas que se encuentran más adelante (01:35:44-01:36:05).

La imagen de la planta canaria es nítida e inconfundible y no desentona en el paisaje fantástico de esta parte del film de Ari Folman, basado en la novela de mi admirado escritor de ciencia ficción, Stanislaw Lem.

La película[1] recibió un premio del Cine Europeo, otro en el Festival Cannes, otro en el de Sitges, concedido por la crítica, etc. Recomiendo esta obra –en la que se entremezclan actores y actrices reales con personajes de animación– a personas con imaginación, exclusivamente; el resto la encontrará inconexa, caótica, ilógica y poco cercana a la realidad; es decir, una genialidad no apta para realistas, en el más amplio sentido de esta palabra.

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LO CANARIO EN EL CINE

He aquí algo canario en una película donde no debería estar. Sin embargo, si observan estos fotogramas, verán claramente a qué me refiero. Extraño, ¿verdad? Yo tampoco sé por qué me encuentro con tanta frecuencia elementos de las Islas Canarias en muchas películas famosas, porque no creo que las islas sean tan exóticas ni tan especiales.

Tal vez se deba sólo a la casualidad o, quién sabe, si es porque el apego a estos pedruscos atlánticos se me ha convertido en una serie de prototipos platónicos que identifican en cualquier lugar todas las imágenes y sonidos que se le parecen.

De sobra son conocidas superproducciones como “Hace un millón de años” (1966), rodada en las Cañadas del Teide con Raquel Wellch (una actriz descendiente de canarios); “Moby Dick” (1956) con exteriores en Gran Canaria; “Viaje al centro de la Tierra” (1976), filmada en Lanzarote; “Furia de Titanes” (1981) con Laurence Oliver; “Éxodo: dioses y reyes” (2014), de Ridely Scott, en Fuerteventura; “El dictador” (2012), que de igual manera se filmó en Fuerteventura; “Furia de Titanes” (2012), rodada en Tenerife; “A todo gas 6” (2014), también con exteriores en Canarias; “Los abrazos rotos” (2008), de Pedro Almodóvar, en Lanzarote; “Cuando los dinosaurios dominaban la tierra” (1970), en Gran Canaria y Fuerteventura; “Tirma” (1954), una cochambrosa producción hispano italiana rodada en Gran Canaria; etc.

Captura de pantalla 2015-01-31 a la(s) 16.58.12

Sin embargo, existen otra películas que por una circunstancia u otra no son conocidas o, siéndolo, uno no se imagina qué relación pueden tener con el archipiélago canario. He encontrado elementos canarios en películas populares alemanas como “Wenn man baden geht auf Teneriffa” (“Cuando uno se baña en Tenerife”) una típica payasada de principios de los sesenta cuyo absurdo título hace alusión a Tenerife aunque fue rodada en Gran Canaria; “Asesinato en la isla”, una cinta con un crimen de medio pelo, filmada íntegramente en Gran Canaria; o filmes de diversos estilos como aquel extraño largometraje rodado en las arenas blancas del Teide (Tenerife) y titulado “Happy Days” (“Los días felices”) que desarrollaba la obra homónima de Samuel Becquet, o las extraordinarias imágenes de emigrantes canarios regresando hacinados de las zafras azucareras cubanas, en 1933, a bordo de un trasatlántico alemán que aparece en la película de Stanley Kramer “El barco de los locos”, rodada a principios de la década de 1960. Creo que también he comentado en alguna parte la película de Anthony Quinn “Los bucaneros” (1958), que tanta relación tiene con los isleños canarios de Luisiana, en tiempos de las guerras de independencia de los Estados Unidos.

Son muchas más las películas relacionadas con estas ínfimas islas donde vivo, pero temo aburrir enumerando todas las que he descubierto. Tal vez, otro día traiga a colación alguna otra. Será hasta entonces.

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NOTA

[1] SINOPSIS DE “EL CONGRESO”: Necesitada del dinero, Robin Wright firma un contrato según el cual los estudios harán una copia de ella y la podrán utilizar como les plazca. La actriz volverá a escena como invitada para un congreso, en un mundo que ha cambiado completamente. Basada en una novela del genio de la ciencia ficción Stanislaw Lem, esta joya de la animación mezclada con actores y actrices reales es el retrato de un mundo que se dirige inevitablemente hacia la irrealidad.

La pluma en una mano y la botella en la otra

AMONTILLADO
¿Le gustaba a Homero meterse sus buenas cucharadas de vino entre pecho y espalda? Es arriesgado afirmarlo, pero de lo que no cabe duda es que en La Odisea nos ofrece este autor un conocimiento de las consecuencias del alcohol que va mucho más allá de la teoría. Yo siempre he pensado que Homero era un consumado maestro en empinar el codo, lo cual no le deja huérfano en el mundo de las letras, ni mucho menos.

Sin ir muy lejos, ahí tenemos al poeta Ovidio, un romano siempre dispuesto a defender su amado vino, el que, según él, siembra el amor en los corazones. El poeta latino aguantaba lo suyo con el vaso en la mano, según nos dejó escrito; su explicación es loable: la tristeza le impedía emborracharse por mucho que bebiera.

William Shakespeare

De William Shakespeare, Walter Raleigh y el resto de sus poetas compinches de la Taberna la Sirena, ya se sabe la asombrosa cantidad de barriles de vino de Canarias que vaciaban en la fría ciudad de Londres. Uno de estos bebedores era el famoso vate Ben Jonson, que exigió al gobierno británico la entrega de una barrica de vino canario cada año, dentro de la pensión vitalicia a que se había hecho acreedor como “poeta laureado”. He aquí una estrofa del etílico poeta:

Pero lo que más nos inspira a mi musa y a mí
Es una fina copa de rico vino canario
Que es de la Sirena, por ahora;
Pero que pronto será mío.

La visión turbia que el alcohol proporciona posee el doble poder de una piedra filosofal: por una parte, sublima los textos de un escritor genial y, por otra, enreda las palabra de un escribidor mediocre. Ahí tenemos al genial Edgard Allan Poe, el cual rezumaba vino amontillado por todas sus páginas y esplendor por todos sus cuentos. Fue seguido de cerca por Verlaine tanto en la magia de sus versos como en la de sus crecidos tragos. Tampoco se quedó atrás, Baudelaire que se justificaba alabando la dimensión estética y cognitiva del cualquier cosa que lo embriagara para – según el verso de Valle Inclán– verlo todo…

Todo a una turbia luz azulenca de alcohol.

Lope de Vega

Anterior a ellos, bebió y vivió el prolífico Lope de Vega, el cual descubrió en las tabernas madrileñas el vino peleón como combustible alcohólico alternativo para poner a tope sus motores creativos de comediógrafo. Como hombre de sano juicio, Lope sacaba a relucir en cada obra las cosas con que más familiarizado estaba: el papel y el vino:

y perdona, pues bastaba
tratar de vino el papel
para que aun las mismas manos
viniesen dando traspiés.

quevedo

¿Y qué me dicen de don Francisco de Quevedo y Villegas, el borrachito camorrista más famoso de la Corte española? Para muestra, un soneto:

Tudescos moscos de los sorbos finos,
Caspa de las azumbres más sabrosas,
Que porque el fuego tiene mariposas,
Queréis que el mosto tenga marivinos.

Aves luquetes, átomos mezquinos,
Motas borrachas, pájaras vinosas,
Pelusas de los vinos envidiosas,
Abejas de la miel de los tocinos,

Liendres de la vendimia, yo os admito
En mi gaznate pues tenéis por soga
Al nieto de la vid, licor bendito.

Tomá en el trazo hacia mi nuez la boga,
Que bebiéndoos a todos, me desquito
Del vino que bebistes y os ahoga.

marivinos: mosquitos que van al vino.
luquetes: ruedecitas de limón o naranja que se echa en el vino.

Dostoyevski

Fedor Dostoyevski la emprendió con el vodka cuando murió su odiado padre: sus borracheras lo convertían en un auténtico tipo violento, sumergido en el más puro existencialismo nihilista (Por qué San Petersburgo está más triste los domingos que los días de trabajo? ¿Será por el vodka?), y en un tan escritor brillante como una gota de vino rodando por un cristal de Bohemia.

Rubén Darío

La cristalina prosa y la poesía azul danubio de Rubén Darío también tendrían algo que ver con las tajadas que se cogía en Buenos Aires, Madrid, París, La Habana,…

Diluir mi tristeza
en un vino de noche
en el maravilloso cristal de las tinieblas…

hemingway

Sobre Ernest Hemingway me contaba un parrandista cubano –que vivía junto a la casa de Gregorio, aquel viejo de Lanzarote que no se llamaba Santiago y que casi no se muere porque no bebía ni una gota de ron sino únicamente fumaba en su cachimba puros de la Vega Baja, chico–, me contaba que algunos domingos llegaba al Floridita con el autor de El viejo y el mar y, cuando salían de allí, ninguno de los dos podía sostener derecho el cuerpo de su compañero. Al escritor se le puso el hígado más grande que la barriga mientras el cubano tenía que conformarse con tocar la guitarra a palo seco.

Faulkner

William Faulkner, Scott Fitzgerald, Tennesse Williams o Dylan Thomas eran auténticos responsable del creciente auge del negocio del whisky en los Estados Unidos. En cuanto a Truman Capote, es mejor correr un misericordioso velo sobre su afición a la coctelería, y nadie piense que va a escribir como un dios ni a vivir como un chiflado, sólo por beber esta receta del Dry Martini con que Truman se cogía las trancas:

5.5 cl de y 1.5 cl de Martini seco que se remueven bien
con cubitos de hielo y, luego, se sirve en una copa sin hielo,
exprimiendo una piel de limón.

Y, detrás de cinco iguales a éste, el escritor se mandaba una espuela roja: pero de esa receta hablamos otro día.

¡Cómo no acordarnos de Jack Kerouac, que confesó sus deseos de beberse a sí mismo! Empezó en la Ruta 66, siguió con su maravillosa novela En el camino y terminó tan alcoholizado que, poco antes de diñarla a los 47 años, decía no entender cómo un cuerpo podía resistir tanto alcohol durante tanto tiempo.

Para relajarnos necesitábamos whisky, especialmente yo. Salí y recorrí doce manzanas a toda prisa hasta que encontré un sitio donde me vendieron una botella. Volví lleno de energía.
Terry estaba en el cuarto de baño arreglándose la cara. Llené un vaso de whisky y bebimos grandes tragos. ¡Oh, aquello era dulce y delicioso! ¡Todo mi lúgubre viaje había merecido la pena! Me puse detrás de ella ante el espejo, y bailamos así por el cuarto de baño.

Marguerite Duras

Marguerite Duras, autora de Hiroshima mon amour, recorría todos los bistrots de la noche parisina, acompañada de su amiga Jeanne Moreau y, a veces del psicoanalista Lacan, hasta ponerse ciega. Evidentemente, la vida de Marguerite fue un encadenamientos de tragedias que ella optó por unir con el alcohol. Seguramente, no había probado ni una gota cuando escribió:

Los alcohólicos, incluso a nivel de vertedero, son unos intelectuales. El proletariado, que ahora es una clase más intelectual que la clase burguesa, de muy lejos, tiene una propensión al alcohol, en el mundo entero. El trabajo manual es sin duda de todas las ocupaciones del hombre la que le lleva más directamente hacia la reflexión, es decir hacia la bebida. Ved la historia de las ideas. El alcohol hace hablar. Es la espiritualidad hasta la demencia de la lógica, es la razón que intenta comprender hasta la locura por qué esta sociedad, por qué este Reino de la Injusticia… y que siempre concluye con una misma desesperación. Un borracho es a veces grosero, pero raramente obsceno. Algunas veces se encoleriza y mata. Cuando se ha bebido demasiado, se vuelve al principio del ciclo infernal de la vida. Se habla de felicidad, se dice que es imposible, pero se sabe lo que quiere decir la palabra.

Graham Greene, el autor de Nuestro hombre en La Habana, comenzaba una de sus novelas poniendo en boca de un personaje la auténtica y desgarradora  verdad sobre el color tan claro que tiene el whisky JB y la causa de su rotundo éxito: ¡uno puede bebérselo sin rebajar y nadie sospecha que no tiene ni una gota de agua! De ahí a definirse como un ateo católico, no hay más que media docena de botellas semanales de ese mismo elixir tan claro. Castle, protagonista de la novela El factor humano es tan aficionado al JB como su creador y se pasa todo el libro comprando, buscando y bebiendo la misma condenada marca:

Castle siempre compraba el J. & B, por su color: un generoso whisky de esta marca, con un poco de soda, no parecía más fuerte que un breve sorbo de cualquier otra marca.

bukowski

Otra vida ejemplar es la del irreverente Charles Bukowski, de tan ingrato recuerdo para los censores franquistas. El autor de Música de cañerías llegaría a decir:

Me gusta cambiar de licorería con frecuencia, porque los empleados aprenden tus hábitos. Si vas día y noche y compras en gran cantidad, puedo verlos peguntándose por qué todavía no estoy muerto, y eso me hace sentir incómodo. Probablemente, no piensen nada de eso, pero un hombre se vuelve paranoico cuando tiene trescientas resacas al año.

Algunos ha habido que, a imitación del galo Obelix, posiblemente cayeran de pequeños en una barrica de Ribeiro: jamás parecieron necesitar una copa de vino para explayarse diciendo o escribiendo los mayores disparates. Como Camilo José Cela, tan censor y tan simpático.

¿Para qué seguir? Sólo quiero hacer un post, no escribir un libro con olor a vino. Aunque materia habría para una enciclopedia, ¡miren que bonita lista para comenza!: Allen Ginsberg, William Burroughs, Raymond Carver, Catulo, Raymond Chandler, Lawrence Durrell, Omar Jayyam, Malcolm Lowry, O. Henry, O´Neill, Li Po, Joseph Roth, Algernon Charles Swinburne, Hunter S. Thompson, Victor Hugo,…

Fausto, imputado

“EL SEÑOR: Bien, lo dejo a tu disposición. Aparta a esa alma de su fuente originaria y, si puedes aferrarla por tu camino, llévala abajo, junto a ti. Pero te avergonzará reconocer que un hombre bueno, incluso extraviado en la oscuridad, es consciente del buen camino.
MEFISTÓFELES: ¡Muy bien!, no tardaremos mucho tiempo. No me da miedo la apuesta. Permíteme, si logro mi objetivo, sentirme henchido por mi triunfo. Para mi regocijo, él tendrá que morder el polvo, …”.(Goethe: Fausto)

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EL PRIMER PASO

Hace pocas semanas, un conocido me preguntó qué opinión me merecía su decisión de presentarse como concejal para un ayuntamiento. Sé perfectamente que en estos casos la pregunta es retórica y se formula a fin de anunciar con orgullo la buena nueva y para buscar un respaldo moral.

Honestamente, me disgusta dar consejos moralistas; mucho menos cuando nadie desea recibirlos. Sin embargo, tal vez por ese oscuro placer que produce sentirse agorero, le ofrecí mis consideraciones.

–Tu decisión me parece estupenda. Son necesarias personas con buenas intenciones para gestionar los ayuntamientos. Pero ten en cuenta que vas a corromperte. Estarás un par de años con buenas intenciones para los demás y, después, las buenas intenciones recaerán en tus bolsillos. Hay que ser de una pasta muy especial para no caer en la tentación ni llegar a pensar que uno es el único tonto del ayuntamiento que no se lucra con su cargo.

–Yo no me voy a corromper –me contestó–. Cuando termine mi mandato, volveré a mi trabajo de siempre.

–Claro –le dije–, estoy seguro de que lo harás bien.

UN ANTECEDENTE

Mientras tanto, pensaba en cuántas veces se había repetido la misma conversación en mi vida. Recordé, nítidamente, una de ellas: el joven recién licenciado en la universidad que me preguntaba si debía meterse en política, confiando en que mi ingenuidad le contestara que sí o que no, lejos de cualquier otra sospecha.

En realidad, le respondí lo mismo: te vas a corromper, así que mira si estás dispuesto a sacrificar tu honradez a cambio de unos pocos años de servicio leal a los ciudadanos. Vas a pagar ese precio.

Contestó: no tiene por qué ser así.

Sin embargo, así fue. Alcanzó altos puestos en las instituciones y, una día, años más tarde, fue destituido de manera fulminante. Tuvo suerte: hubo un pacto de silencio y no llegó a la calle ninguna información sobre el tipo de corrupción que lo había destruido.

LA CORRUPCIÓN Y EL PODER

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El poder y la corrupción no suelen estar aliados siempre, pero poco les falta. Las leyendas, los cuentos, los poemas, las novelas, el teatro y el cine se han encargado de recordarnos las formas y la presencia continua en nuestra sociedad de este pacto bochornoso. Un pacto que chapotea en los charcos de la pulsión de muerte formulada por Sigmund Freud: tan próxima a la destrucción social y tan alejada de la unidad y de la cohesión del Eros.

Por poco aguda que sea, una mirada a nuestra sociedad es suficiente para advertir que esta perversa alianza entre poder y corrupción es el peor enemigo de la humanidad.

FAUSTO: EL PACTO

“FAUSTO: ¿Hay también leyes en el infierno? Me alegro de saberlo; entonces, ¿se podrá pactar con vosotros, señores?
MEFISTÓFELES: Podrás disfrutar lo pactado sin que te sea escatimado nada. Pero explicar esto requiere su tiempo y a tal efecto nos veremos otro día.” (Goethe: Fausto)

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Si nos fijamos en la figura de Fausto, en cualquiera de las versiones artísticas que han surgido desde el siglo XV, podemos tener un excelente ejemplo de esta avenencia entre poder y corrupción.

Tomemos uno de los tantos relatos de “Fausto”. Por ejemplo, la excelente película de Friedrich Wilhelm Murnau, rodada en 1926, ya que tenemos la oportunidad de ver el film completo en YouTube. Lo mismo nos servirían las versiones de Jacob Bidermann, de Christopher Marlowe, de Gotthold Ephraim Lessing, de Johann Wolfgang von Goethe o de Thomas Mann, porque todas remiten a lo mismo. Y, por cierto, todas tienen fácil acceso en la actualidad.

Es cierto que en algunas de estas obras, como la de Goethe, las ansia de poder se corresponden con las de saber. Sin embargo, no hay que llevarse a engaño: hoy, más que nunca, somos conscientes de que los manejos ilícitos de la información –es decir, del conocimiento, del saber– constituyen la auténtica fuente del poder corrupto.

LA PELÍCULA DE MURNAU

El argumento del film “Fausto”, dirigido por el alemán F. W. Murnau, es el siguiente:

  1. Durante una epidemia de peste provocada por el Diablo, Fausto trata de ayudar a los ciudadanos.
  2. No puede evitar que muchos mueran. Se desespera.
  3. Acepta una oferta del Diablo para obtener poder durante 24 horas con el fin de curar a la población. A cambio, debe reconocer la majestad del demonio, es decir, corromperse.
  4. Cuando finaliza el plazo, el apego al poder es más fuerte que la bonhomía de Fausto. De manera que pacta con Diablo un contrato indefinido que le confiera juventud y poder.
  5. El final: Fausto cae en desgracia. Todo parece perdido. Sin embargo, el amor lo libra del Diablo.

FICCIÓN, POLÍTICA, CORRUPCIÓN Y PODER

No es casual que el desarrollo de “Fausto” sea similar a la trayectoria que recorren muchos políticos:

  1. Deseos sinceros de ayudar a los ciudadanos.
  2. Contacto con el poder y sus alrededores.
  3. Apego al poder y a sus prebendas.
  4. Utilización de cualquier vía –casi siempre corrupta– para aferrarse al poder, al lujo, a la riqueza,…
  5. Posibilidad de salvación. Sin embargo, rara vez reconocen su corrupción ni aun cuando son condenados duramente por la sociedad.

La mitología de los pueblos primitivos ha representado el Mal como un ser poderoso con pensamientos corrompidos. Estos iconos de la maldad son los arquetipos que han utilizado las sociedades para identificar y repeler a quienes perjudican al grupo social, si bien ciertos mecanismos del poder han desgastado, durante milenios, la acción social hasta apoderarse de ella para sus propósitos torticeros.

“Fausto” es otro arquetipo poderoso cuyo desarrollo en la literatura constituye una metáfora de las pulsiones humanas del amor y de la muerte, del Eros y el Thanatos del pensamiento freudiano.

Un modelo que se asemeja demasiado a los pactos de nuestros dirigentes políticos con algunos empresarios y financieros de baja calaña que les ofrecen prebendas a cambio de entregarles el espíritu de los ciudadanos, es decir, el dinero que cura el cáncer, el dinero que remedia el desamparo de los parados, de los ancianos, de los más débiles.

¿SIN ESPERANZA?

“FAUSTO: ¿Qué soy, entonces, si no me es posible alcanzar la corona de lo humano, a la que todos los sentidos tienden?
MEFISTÓFELES: Eres, al fin y al cabo, lo que eres. Aunque te pongas una peluca con miles de rizos, aunque te pongas tacones de un codo de altura, seguirás siendo lo que eres.” (Goethe: Fausto)

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Como le sucede a Fausto, nuestros corruptos no logran engañarnos durante mucho tiempo. Se les van cayendo las caretas por la propia acción de sus ambiciones desmedidas. Finalmente, les contemplamos sus feas narizotas sin maquillaje y sus calvas brillando camino de los juzgados.

En los juzgados, vuelven a componerse sus pelucas y su maquillajes, porque también Mefistófeles ha pasado por los tribunales, haciendo más amigos que enemigos. De esta manera, la corrupción vuelve a iniciar su ciclo, en lugar de consumirse en las prisiones.

Muchos esperamos el triunfo de Eros, el de la auténtica justicia que no se legisla ni se imparte en este reino de tristes herencias, el que termine con las prebendas que los políticos reciben a cambio de vender nuestra alma al mejor postor. La última estrofa del “Fausto”, de Goethe, cierra esta líneas con un broche tan triste y esperanzado como ellas mismas.

CHORUS MYSTICUS
Todo lo que ha ocurrido
es sólo una parábola.
Lo que es inalcanzable
se convierte en suceso.
Lo que es indescriptible
se ha realizado aquí.
Lo eterno-femenino
nos permite avanzar.

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