Ni todos los rusos ni sólo Putin

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Las generalizaciones son malas. También lo son las delimitaciones extremas.
Es evidente que Putin solo no está invadiendo Ucrania, sino que junto a él actúan generales, políticos, empresarios, obreros y soldados. También votantes. Todos estos y otros perfiles –cada uno con su nombre y apellido– tienen voluntad e inteligencia propia que los valida para tomar sus propias decisiones. No son robots desprovistos de intelecto ni una multitud de idiotas descerebrados. Sin su complicidad Putin sería un pobre hombre inofensivo.

LA COMODIDAD DE TENER UN SOLO ENEMIGO
Sin embargo, es más simple, más práctico y más “aceptable” colocar toda la culpa en un único saco. De esta manera no tenemos que estar pensando hacia dónde dirigimos nuestra rabia cuando cada día escuchamos las barbaridades de la invasión, porque toda la culpa la dirigimos hacia un único supervillano.
También lo tienen más fácil los medios de comunicación para atraer nuestro foco de atención hacia un objetivo concreto y engatusarnos fácilmente con sus permanentes shows bélicos, donde los presentadores se revuelcan –y nos revuelcan– en un cóctel compuesto por sangre ucraniana derramada y publicidad de coches, caldo en pastillas o croquetas de jamón ibérico.

ICEBERGS
Alguien podría pensar que toda esta reflexión no aporta la menor utilidad, que simplemente consiste en rizar el rizo, pero se equivoca. Contemplar la historia o el presente con anteojeras que no permiten ver ni analizar más allá de un solo culpable en los crímenes de guerra es abstraerse de la realidad, lo cual nos conduce a intentar contener las riadas con un dedo. Ni Hitler, ni Stalin, ni Mussolini, ni Franco ni Putin jamás obraron solos: fueron la punta de un iceberg.
Las causas de la existencia de estos criminales y de sus crímenes comienzan algún tiempo antes de que se hagan evidentes. Cuando observamos esos movimientos iniciales, sabemos que no conducen a nada bueno, pero pensamos que no llegarán a ninguna parte, porque sus protagonistas no parecen tener suficiente inteligencia ni poder para llevarnos a una contienda sangrienta, que su ideología pro belicista no va a causar grandes problemas en una sociedad madura y avanzada, que su intransigencia y odio a otras etnias, a otras ideologías, a otras religiones y a otras culturas no nos va a conducir a esos asesinatos legales, salvajes y multitudinarios que denominamos guerra.

QUIÉN MUEVE LOS HILOS
Sin embargo, una mañana despertamos con la noticia de que estos individuos han creado un líder fuerte y sanguinario al que siguen ciegamente, no porque sean idiotas, sino porque él representa toda la podredumbre y la agresividad que ellos han ido acumulando durante años.
Cuando llega el día en que ese líder da la orden de ataque y miles o millones de individuos elogian su decisión, la obedecen y se ponen en marcha con las armas en la mano, tendemos a pensar que se comportan como robots descerebrados o marionetas desinformadas. Pero no es exactamente así: son esas personas quienes han trenzado los hilos que mueven al líder: la auténtica marioneta es él, modelado a imagen y semejanza de sus creadores, como un gólem.
Sí, es horroroso.

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