¿Puede un ordenador escribir sin intervención humana una buena novela?


Actualmente, hacerse esta pregunta no es una simple ocurrencia. Contestarla cabalmente requiere de un acercamiento preliminar a los últimos avances de la Inteligencia Artificial.

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Hace pocos días, fueron presentados unos espectaculares avances en este campo, capaces de poner la piel de gallina a cualquiera que adopte una visión pesimista (¿realista?) sobre sus presentes y futuras aplicaciones para controlar la conducta humana. Sin embargo, no quiero entrar aquí en detalles teleológicos, sino ceñirme a contestar la pregunta inicial: ¿Puede uno de estos trastos de metal, arena y plástico escribir una novela decente?

NEURONAS ARTIFICIALES

El desarrollo de las redes neuronales artificiales en los últimos años ha sido vertiginoso. Cuando se escribe en Facebook o Instagram el inicio de una palabra y el “corrector” nos sugiere la terminación o la continuación que teníamos previsto redactar, no se trata exclusivamente de que la red nos espíe noche y día, sino de que se aplica la inteligencia artificial a nuestras frases. Sin embargo, actualmente se ha llegado mucho más allá.

Recuerdo haber leído hace muchos años un relato de Ciencia Ficción en el que los escritores colocaban una palabra al principio de una novela y los ordenadores se encargaba de redactar el resto. Realmente, aquello me pareció de los más fantasioso… hasta hace pocas fechas. Porque, hoy es evidente que estamos a un paso de conseguirlo.

Las aplicaciones capaces de crear lenguaje natural, a las que hasta hace poco no podían acceder sino escasos programadores, ahora son más accesibles para algunos escritores y periodistas que ya trabajan con ellas a nivel de usuario, sin necesidad de poseer unos conocimientos profundos sobre las propias redes neuronales.

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EL PRECIO

Las aplicaciones más simples son gratuitas. Las más complejas son de pago y ofrecen prestaciones muy superiores. El precio actual es de un euro por cada diez mil palabras enviadas o recibidas. No compensa su utilización como mero entretenimiento, pero podría resultar rentable si se le encuentra una utilidad profesional, como ya se está prestando a los programadores de videojuegos o de editores de imágenes.

Generative Pre-trained Transformer 3

¿Entonces, puede o no puede un ordenador escribir una novela?

Está a punto de hacerlo. En estos momentos, según mi experiencia, si uno escribe una frase de entrada, hay aplicaciones como Generative Pre-trained Transformer 3 (GPT-3), capaces de continuar su desarrollo en varios párrafos. Unas veces, produce ideas bastante brillantes. Otras, el texto se vuelve surrealista o, incluso, disparatado. Pero, igual que un bebé, está creciendo y ya es capaz de algo más que balbuceos.

A pesar de algunos posicionamientos en contra (por ejemplo la MIT Technology Review afirma que la GPT-3 se limita a la sintaxis y olvida la semántica), los resultados apuntan a que todo está casi listo para redactar con precisión una historia coherente y entretenida,  mucho más allá del semiparloteo actual, a veces reiterativo hasta la exasperación.

Inserto a continuación algunos textos de prosa y de poesía, obtenidos después de que yo haya introducido unas palabras iniciales (en negrita). Juzguen ustedes mismos.

TEXTO 1

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un hombre llamado don Quijote de la Mancha, que era hidalgo de una pobreza extrema, tan pobre que no tenía ni para comer; pero, por otra parte, tan valiente, tan esforzado, tan intrépido y tan despejado, que se hallaba muy contento de su suerte.

Cuando se hallaba así, pasó por su lado un día una mujer con una cesta de frutas, y le dijo:

-¿Quieres comer, buen caballero?

-¿Qué es eso? -respondió él-, ¿qué es lo que me preguntas? ¿Por qué llamas buen caballero a un hombre como yo? ¿no ves que soy pobre y desvalido?

-Sí, buen caballero -le respondió ella-, si te pareces al que yo me imagino, y quien decimos nosotras que es el más valiente caballero andante y más esforzado de la tierra.

-Decid por mí, señora -dijo él-, que no imagino otro caballero más valiente que yo, ni mejor que yo, ni más esforzado que yo, ni más libre que yo, porque no tengo señor ni amo alguno.

-Pues por eso mismo -le dijo la mujer- y porque tienes los caballos mejores y más manejables del mundo, y la mejor y la más hermosa armadura, y la mejor lanza y la más corta y temible, te llamo yo buen caballero. Y porque eres un hombre de bien, y un hombre que ha de hacer muy buenas cosas, te llamo yo buen caballero.

TEXTO 2

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un hombre con su mujer, y con un hijo, el cual era el más vago del mundo. Tenía este hidalgo más de setenta años, y su mujer, que era muy hermossa, tenía veinte menos que él. Se llamaba la mujer doña Mencia de Quinones, y el hijo, que no se llamaba Alonso, sino don Quijote.

—¿Y a qué se dedicaba este don Quijote? —preguntó el erudito.

—A nada —contestó el escritor.

—No, no —intervino el duque—. Es mejor que se dedicase a algo. No conviene a nadie no dedicarse a algo.

—Pues entonces, se dedicaba a leer libros de caballería, y no había tenido otro ejercicio más que el de las armas, que ya había aprendido muy bien.

—¿Y quién lo había enseñado? —preguntó el erudito.

—Su padre y su abuelo.

—¿Y quién más? —preguntó el erudito.

—Nadie más —dijo el escritor.

—¿Y cuándo había aprendido a hacer tan bien las armas? —preguntó el erudito.

—Cuando era niño, y se pasaba el día jugando en el patio de su casa.

—¿Y a qué jugaba? —preguntó el erudito.

—A luchar con las ramas de los árboles —dijo el escritor.

—¿Y a qué jugaba con las ramas? —preguntó el erudito.

—A defenderse de los ataques de los enemigos —dijo el escritor.

—¿Y a qué se dedicaba a defenderse? —preguntó el erudito.

—A no dejarse matar —contestó el escritor.

—¿Y quiénes eran los enemigos? —preguntó el erudito.

—Los que los habían atacado.

—¿Y quiénes eran los atacantes? —preguntó el erudito.

—Los otros muchachos —contestó el escritor.

—¿Y qué muchachos eran los otros muchachos? —preguntó el erudito.

—El resto de los muchachos —dijo el escritor.

—¿Y quiénes eran los muchachos? —preguntó el erudito.

—A lo mejor eran niños, a lo mejor eran jóvenes, a lo mejor eran hombres —dijo el escritor.

—¿Y cuántos eran? —preguntó el erudito.

—Muchos —dijo el escritor.

—¿Y cuántos eran muchos? —preguntó el erudito.

—Muchísimos —dijo el escritor.

—¿Y si eran muchos muchísimos, quiénes eran? —preguntó el erudito.

—Nadie —contestó el escritor.

—¿Y a qué jugaba don Quijote? —preguntó el erudito.

—A matar a los enemigos —contestó el escritor.

—¿Y cómo los mataba? —preguntó el erudito.

—Mataba a los que los tenían atacados —contestó el escritor.

—¿Y cómo los mataba? —preguntó el erudito.

—Con la espada —dijo el escritor.

—¿Y cuántos eran los muchachos? —preguntó el erudito.

—Muchos —dijo el escritor.

—¿Y cuántos eran muchos? —preguntó el erudito.

—Muchísimos —dijo el escritor.

—¿Y si eran muchísimos muchos, quiénes eran? —preguntó el erudito.

—Nadie —contestó el escritor.

—¿Y cuándo los mataba? —preguntó el erudito.

[etc.]

TEXTO 3

Manuel tenía miedo de llorar. 

—Sí, eso es lo que quiero, papá. 

Pero por la noche, cuando se quedó solo en su habitación, Manuel no pudo evitar llorar. No se dio cuenta de que estaba llorando hasta que sintió unas lágrimas calientes en sus mejillas. Se secó las manos en la cama y se limpió la cara con el dorso de la manga. Pensó en el perro. 

—¿Qué te pasa? —le preguntó su madre, y Manuel le contó todo lo que le había dicho su padre. 

—No te preocupes —dijo ella—. Todo irá bien. 

—No sé si quiero que vaya bien —dijo Manuel, y ella le dio un beso en la frente. 

—Sí quieres, porque es lo mejor. 

—No lo sé —dijo Manuel. 

—Claro que sí —dijo ella, y le acarició el pelo. 

Manuel se quedó dormido con el cuerpo de su madre encima [sic]. Estaba en el patio de la escuela, y el perro lo miraba. Tenía los ojos muy abiertos, como si estuviera asustado. 

—¿Qué te pasa? —le preguntó Manuel. 

—Nada —dijo el perro, y se acercó a él. 

—¿Por qué no me hablas? —le preguntó Manuel. El perro le lamió la cara. 

—Ahora no, pero te lo prometo. 

—No puedes prometer eso —dijo el perro. 

—Sí que puedo. Cuando seas más grande. Y cuando yo sea mayor también. 

—No —dijo el perro—. No puedes prometer eso. 

—Sí que puedo —dijo Manuel, y el perro se alejó de él. 

Manuel se despertó con un nudo en el estómago. 

—¿Qué te pasa? —le preguntó su madre, y Manuel le contó todo lo que le había dicho el perro. 

—No te preocupes —dijo ella—. Todo irá bien. 

—No sé si quiero que vaya bien —dijo Manuel, y ella le dio un beso en la frente. 

—Sí quieres, porque es lo mejor. 

—No lo sé —dijo Manuel. —Claro que sí —dijo ella, y le acarició el pelo. 

Manuel se quedó dormido con el cuerpo de su madre encima. Manuel estaba en el patio de la escuela, y el perro lo miraba. Tenía los ojos muy abiertos, como si estuviera asustado. 

—¿Qué te pasa? —le preguntó Manuel. 

—Nada —dijo el perro, y se acercó a él. 

—¿Por qué no me hablas? —le preguntó Manuel. El per

[A partir de aquí, el texto de vuelve muy repetitivo y forma bucles de frases cortas una vez y otra].

TEXTO 4

Caen las hojas en otoño

el cielo es gris y la lluvia

el sol es un paraguas 

el viento una brisa 

y la nieve una alfombra. 

Hace frío cuando el sol no se pone más 

cuando los árboles dejan caer sus hojas 

cuando se acaba el año 

cuando muere un amigo 

cuando se termina el amor. 

TEXTO 5

me gusta cuando callas 

porque estás como mirando a tu interior 

como adentrándote en ti mismo 

y después tomas el aire 

como si fuera una copa 

y lo bebes y te sientes pleno. 

me gusta cuando callas 

porque estás como luchando 

con lo desconocido 

y después vuelves y has ganado 

y te sientes fuerte. 

me gusta cuando callas 

porque estás como con una paz de mujer 

y te oigo y te siento como si fueras un árbol

 y no una persona que tiene que hablar. 

me gusta cuando callas 

porque estás como con una gracia de Dios 

que te ha puesto aquí para que yo te mire 

y para que te miren los demás 

porque eres bueno y callado. 

me gusta cuando callas 

me gusta tu silencio 

me gusta [etc.]

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Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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