CRÓNICAS DE LA CHARCA: Pérez Reverte y el «Killer de La Moncloa»

Leo y admiro a muchos autores españoles; sin embargo, Arturo Pérez Reverte es un tipo que no me gusta como escritor, como académico ni como persona. No obstante, he de reconocer que comparto con él la fascinación por la personalidad del presidente español, Pedro Sánchez.  

En un programa de televisión emitido anoche (17.10.2020),, Arturo Pérez Reverte calificó a Sánchez de “Killer” (asesino), en sentido político y metafórico, claro está. Citó a sus víctimas pasadas –Mariano Rajoy, Felipe González, Alfonso Guerra,… – y entre sus futuros asesinatos incluyó el de Pablo Iglesias.  

No puedo estar más de acuerdo, aunque le faltó mencionar a Susana Díaz, Antonio Hernando, Eduardo Madina y algunos más que yacen actualmente en los camposantos del fracaso político, exceptuando a Rodríguez Zapatero, eterno sobreviviente que no se ve afectado por ningún disparo, porque tiene un alma de jabón, cuyas cualidades saponáceas cierran y esterilizan al instante cualquier agujero que pueda ocasionarle un dardo envenenado. 

No quiere esto decir que Sánchez sea buen o mal presidente, sino que posee el impulso y la sangre fría suficientes para deshacerse de cualquier persona que obstaculice su principal objetivo: ejercer el poder desde la presidencia del gobierno. No existe en el panorama político español ningún otro personaje que pueda comparársele. 

Pablo Casado, el casi líder de la derecha, caza en otros territorios: elige las víctimas entre sus votantes,  los cuales desertan por millones y preferirían ser apacentados por un pastor más al estilo de Miguel Ángel Revilla: un predicador populista, profético y dicharachero. Sin embargo, el cántabro ya tiene el arroz demasiado pasado para embarcarse en aventuras de semejante envergadura y no se atreve a dar un paso fuera de su territorio. 

No hace tantos meses, la alternativa de la derechita cobarde estaba en Albert Rivera, al que Sánchez no necesitó apartar de su camino, porque fue el propio Rivera quien estuvo dedicado a darse tiros, comenzando por el pie izquierdo, luego por el derecho y, finalmente, en el cielo de su propia boca. 

Consecuentemente, las innumerables víctimas de Casado caen en la apatía o en las fosas de Santiago Abascal, el cual no posee demasiada inteligencia, pero sí tiene más barba y da menos palos de ciego que Casado, sin salirse jamás de su monotema. 

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