Cerería: sobre la fabricación artesanal de velas de cera pura

De manera artesanal, en la intimidad del hogar, las mujeres campesinas derretían al baño maría la cera de los panales y fabricaban velas para alumbrarse. Esta artesanía en cera tiene un nombre: cerería.

Las cereras (probablemente, también los hombres) sumergían, una y otra vez, un hilo de algodón –denominado pabilo o mecha– en el caldero que contenía cera caliente. La cera se adhería al hilo o pabilo y, después de repetir la operación muchas veces, la vela se engrosaba hasta tomar el diámetro deseado. Actualmente, es utilizada una técnica diferente: se hacen láminas de cera que después son enrolladas alrededor de una mecha.

Las abejas producen la cera y la segregan a través de glándulas ubicadas bajo las alas. No es tarea fácil, porque estos insectos deben consumir tres kilos de polen y ocho kilos de miel para fabricar solamente un kilo de cera.

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En varias de las Islas Canarias, como Lanzarote, Gran Canaria, Tenerife y La Palma, la cerería se sigue practicando. Por ejemplo, el pasado mes de febrero se celebró en El Paso (La Palma) un curso para iniciar a las generaciones más jóvenes en este tipo de artesanía, impartido por doña Carmen Rosa García.

EXVOTOS DE CERA

En la religión católica, un exvoto es un don u ofrenda, como una muleta, cabellos, tablillas, cuadros, etc., que los fieles dedican a Dios, a la Virgen o a los santos en señal y recuerdo de un beneficio recibido, y que se cuelgan en los muros o en la techumbre de los templos, tal como hacían los “gentiles” en la Antigüedad para presionar cariñosamente a sus dioses. Se sabe que los antiguos egipcios usaban exvotos de cera porque pensaban que la miel eran lágrimas del dios Ra.

También se fabrican –y se fabrican, porque la superstición es el rayo que no cesa– figuras de cera como exvotos. En Canarias ha sido muy frecuente la costumbre de modelar piernas, cabezas, cuerpos enteros, manos y hasta penes de cera a los que se ata un hilo o una cinta de color para colgar estos exvotos junto a la figura del santo a quien se solicita o se agradece una curación “milagrosa”.

Evidentemente, para los entusiastas devotos que demandan a los santos milagros curativos no es apropiado el siguiente refrán relacionado con las velas de cera: «No hay más cera que la que arde». Es decir, si algo o alguien ya dio todo lo que podía dar, no hay por qué complicarse la vida buscando una solución que no existe.