Los «indignados» por la condena a los delincuentes de «La Manada»

Lo que de verdad molesta a la horda machofascista –a veces, uno debe mojarse y llamar las cosas por su nombre– no es que cinco violadores vayan a prisión. A esta caterva carpetovetónica –ellos y ellas– no les indigna las condenas de 15 años a los acosadores de La Manada, lo mismo que no les molesta que se condene a 7 años al adolescente que roba una bicicleta o al padre que se apropia de una gallina para dar de comer a sus hijos.

¿Entonces qué les molesta?

¿A qué se debe, ahora, tanta indignación, tanto rasgarse las vestiduras, tanto grito y tanto comentario en contra de la sentencia del Tribunal Supremo?

Se debe, únicamente, a que la sentencia coincide con lo que millones de personas reivindicaron de manera pública. A que muchas de esas personas se manifestaron en las calles para protestar por el evidente machismo que rezumaban las anteriores sentencias  de los juzgados de Navarra.

Para las hordas carpetovetónicas lo que no se puede consentir es el mal ejemplo de lograr algo por medio de la protesta en la calle. Esto es lo que en realidad les molesta y les acrecienta el odio hacia los que llaman progres, siguiendo la nomenclatura de los tardofranquistas.

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Una muestra de los comentarios de los lectores a la noticia de la sentencia del TS, en El Mundo.

Si estos jóvenes criminales hubiesen sido condenados a 30 años por haber violado a una joven de familia pudiente, y si esta familia hubiera logrado tal sentencia valiéndose de amistades con los jueces, quienes ahora protestan habrían aplaudido o, al menos, callarían. Es lo que han hecho en otras ocasiones. Lo que ellos no pueden tolerar es que un grupo de ciudadanos ofrezca el mal ejemplo de lograr un poco de justicia por haber protestado en la calle, por haberse manifestado para obtener un derecho constitucional.

Este mal ejemplo de acción popular es lo que les indigna. Porque si el mal ejemplo cunde, mañana todos los jueces se podrían ver obligados por los ciudadanos a impartir justicia de acuerdo con las leyes vigentes; y los políticos también podrían obligados a negar los miles de millones que regalan a los bancos, obligados a destinar esos mismos millones al empleo, la educación y la sanidad, obligados a expulsar de sus partidos a los militantes corruptos, obligados a actuar como auténticos demócratas, obligados a desarrollar, de manera digna y honrada, su responsabilidad política.

En realidad, esto es lo que les molesta y asusta: el poder de los ciudadanos.

Sí, ya sé que la mayor parte de esas hordas está compuesta por gente humilde, tan pelana como ustedes o como yo. Sé también que es absurdo que defiendan ciegamente ideas que van contra sus propios intereses. Y esa contradicción es precisamente lo que a mí me asusta.