Los payasos del tiempo

Los payasos del tiempo

Los payasos del tiempo están de incógnito entre nosotros desde hace algunas temporadas y, aunque su presencia se va incrementando cada vez más, no somos plenamente conscientes del riesgo que pueden suponer para nuestra integridad.

Estoy seguro de que usted los ha visto tantas veces o más que yo y que, en más de una ocasión, ha pensado que no es normal su comportamiento y que la imagen de la persona que se presenta ante sus ojos debe de estar abducida por algún espíritu bufo para que se muestre de esa manera tan… indecorosa.

Yo no enciendo mucho el televisor, pero cuando los veo aparecer en algún noticiero suelo apagarlo de inmediato, porque me producen un repelús tremendo. El problema es que cada día aparecen con más frecuencia y existe alguna emisora de televisión que no pasa una hora sin que asome uno de estos personajes señalando mapas, gráficos y fotografías, agachándose, contorsionándose, moviendo los brazos como si padecieran la antigua enfermedad de la tarantela y hablando más raro que Rafa Nadal.

Se les ha venido denominando hombre o mujeres del tiempo, pero no se limitan a decirnos si va a llover o a hacer sol, sino a gesticular y moverse de tal manera que cualquiera pensaría que no están en su sano juicio.

LA SÚBITA REVELACIÓN

Hoy no apagué el televisor cuando apareció uno de estos seres indefinibles porque repentinamente, como si el dios de la pantomima iluminase mi cabeza, tuve una revelación: a aquellos profetas del tiempo les faltaba algo: un maquillaje de payaso.

No tuve que hacer gran esfuerzo para imaginarme a un payaso gesticulando y diciendo lo mismo que aquel señor de la tele que en ese momento pregonaba el tiempo de manera convulsiva. Era la pieza que me faltaba para entender su comportamiento: me había desorientado porque no tenía la boca y la nariz rojas, la cara pintada de blanco, un sombrerito con una flor, guantes y unos zapatos de un metro. Ahora todo encajaba a la perfección.

Supongo que uno de estos meses sus jefes les proporcionarán un excelente ropaje de clown y hasta los niños se van a hacer fans de las noticias meteorológicas explicadas por los payasos del tiempo.

Sin embargo,… ¿Qué sucederá cuando los mandamases de las televisoras crean que deben dar un paso más para amenizar los partes meteorológicos y asegurarse una audiencia multitudinaria?

Ahí radica, precisamente, mi temor. ¿Darán las noticias al revés para hacernos reír aunque se produzcan tragedias continuamente? O, dados los avances de la ciencia, ¿provocarán tornados y huracanes para estar seguros de que estaremos muy pendientes de sus predicciones? En definitiva, ¿qué nos depararán en el futuro los payasos del tiempo?

El tiempo, inexcusablemente, nos lo dirá; pero que nadie espere nada bueno. Tiempo al tiempo…