La ballena fantástica de San Borondón

La ballena fantástica

El abad irlandés San Brandán o San Borondón navegó por el Atlántico en una barca con siete monjes buscando el Paraíso y el Infierno. El Día de Pascua desembarcaron donde creyeron que era una isla, pero al encender fuego para asar un cordero descubrieron que estaban en el lomo de una ballena.
Este relato sobre una ballena fantástica de San Borondón se encuentra en la obra “Navigatio Sancti Brendanni Abatis”, supuestamente escrita en el siglo X por uno de aquellos monjes.

Cinco siglos más tarde, cuando los europeos conquistaron las Islas Canarias, creyeron que había una isla misteriosa que aparecía y desaparecía en el mar, como la ballena de los irlandeses. En honor del santo, la llamaron San Borondón. Su última “aparición” data de 1967, según se puede comprobar en las hemerotecas.

LA BÚSQUEDA DE SAN BORONDÓN

Durante 500 años, muchos marinos, cronistas, capellanes e historiadores no solamente han creído en ella sino que han realizado descripciones después de jurar que la avistaron e incluso que desembarcaron en sus costas

El gobernador de El Hierro, Alonso Espinosa, en el siglo XVI, levantó un acta para dar fe de la comparecencia de cien testigos que juraron haber visto la isla de San Borondón a doscientos kilómetros de La Gomera.

Pedro Vello, un capitán portugués, afirmaba que desembarcó en una playa de San Borondón, donde bebió agua de un arroyo, vio los restos de un fogón en el que alguien había asado lapas y observó huellas de gigantes en la arena. Pero sopló un huracán que ocultó la isla y se llevó a dos marinos que iban con él.

Marco Verde dijo que fondeó una noche su nao en una caleta de San Borondón y después desembarcó con varios hombres que se atemorizaron con la oscuridad y volvieron.

El Regidor de la isla de La Palma, Fernando Villalobos, salió con varios barcos a buscar la también denominada Aprositus y regresó al poco tiempo con las manos vacías.

El piloto palmero Gaspar Pérez de Acosta se echó al océano en su nave, a principios del siglo diecisiete, con el resultado de no encontrar la quimérica ínsula.

En 1721, Gaspar Domínguez con órdenes del Comandante General se adentró a la mar y volvió a puerto sin haberla pisado.

VER «SAN BORONDÓN, LA ISLA QUE NO EXISTE»