¡Maldito Vargas Llosa!

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Barrio de Cinco Esquinas (Lima, Perú).

¡Maldito Mario! Aunque también debería decir maldito Jorge Luis Borges, porque igualmente estuve resentido con él, por ser tan cínico en la vida real como divino en la literaria.

Por su parte, Vargas Llosa tiene o tuvo a su nombre una cuenta en un vertedero fiscal (permítanme utilizar el vocablo propuesto por el juez Garzón) y sus opiniones políticas parecen sacadas de un manual conservador del siglo XIX. Su literatura no: ha sido y es rabiosamente moderna. Por eso lo maldigo igual que a Borges: piensa como un cerdo, pero escribe como un unicornio, y esto es más fuerte que yo y me obliga a leer cada nuevo libro suyo con un ansia desproporcionada (¿vergonzosa?).

Dicen los críticos que su última novela Cinco esquinas no aporta nada nuevo, es tan amarilla como la prensa que critica y su prosa está llena de lugares comunes. No me atrevo a negarlo por completo. Lo que sí afirmo es que me quedé con ganas de continuar leyendo cuando llegué a la última página de su novela y que continúo creyendo que Vargas Llosa nos entrega un par de golosinas literarias en cada nueva publicación: construcciones estilísticas y sintácticas muy osadas que me fascinan.

UN EJEMPLO

Casi cualquier narrador conoce la escena de Madame Bovary que se desarrolla en el ayuntamiento de un pueblo, durante una feria de ganado. El escritor francés intercala las frases que se dicen en la plaza con las que pronuncian los amantes en el interior del edificio. El efecto de simultaneidad resulta espectacular y ha sido muy utilizado después por grandes novelistas.

Vargas Llosa –conocedor como nadie de la obra de Gustave Flaubert– tiene la osadía de usar este recurso como un malabarista, no con dos conversaciones, sino con cinco o seis a lo largo de varias páginas y en diversos tiempos narrativos con un resultado sorprendentemente nítido, categórico y sugestivo.

NO PUEDO REMEDIARLO

A sus ochenta años, la literatura producida por el peruano permanece vigorosa en su forma. Por otra parte, sus ideas sociales son decrépitas –aunque repita el manido tema del dictador latinoamericano y sus esbirros que torturan a la burguesía apolítica y bienpensante, que tantos dólares le ha reportado– pero, sin que yo pueda remediarlo, sus libros me seducen… ¡Maldito Vargas Llosa!

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