Cuando en Canarias se excomulgaba a las langostas

Plaga de langostas

Plaga de langostas

No es broma. La Inquisición combatía las plagas de langostas africanas en las Islas Canarias excomulgándolas. He aquí un párrafo incluido en la novela histórica “Canarias”:

Hay corregidores conscientes de que en estas islas más de una vez el Santo Oficio ha excomulgado a la plaga de cigarra. Incluso saben que en el siglo XVI el Cabildo de Gran Canaria ordenaba subir a un sacerdote con estola e hisopo al techo de la catedral para realizar una ceremonia de exorcismo contra los insectos.

Y todavía si alguno quiere leerlo consta en las actas de 9 de diciembre de 1589:

“Que se digan las nueve misas de rogativa a Nuestra Señora por la langosta, y que se busquen Clérigos y frailes que digan misas, y luego las anatematicen y maldigan, lo que se les pagará.”

La novela histórica “Canarias” dedica todo un capítulo al asunto de las langostas, un azote que padecieron las islas durante siglos y que trajo consigo grandes hambrunas. Entre bromas y veras, esto es lo que se cuenta:

Ocho días más tarde la Gaceta de Madrid publica que el rey de España ya ha designado para obispo de Canarias a fray Joaquín de Herrera, general de la Orden de San Bernardo. No ha sido sino nombrarlo y aparecer la plaga. Será que a perro flaco todo son pulgas porque habiendo padecido las islas este año tanta escasez de agua no faltaban sino las langostas que hoy día 14 de noviembre comienzan a invadirnos. Solo hay que acercarse a cualquier playa del Sur de la isla –desde Santa Cruz hasta Masca– para ver arribar millones de estos voraces insectos procedentes del continente vecino. La última vez que llegaron a las Islas Canarias de una manera tan alarmante fue por noviembre de 1757: mientras venía al mundo Antonio José Ruiz y Armas.

Una nube inmensa de Langosta que cubría Cielo y Tierra se echó sobre las Islas los días 15 y 16 de Octubre amenazando la devastación más universal. En poco tiempo no dejaron aquellos insectos nada verde. Destruyeron las yerbas, huertas, viñas y demás plantas de tal manera, que hicieron presa hasta en las hojas de las palmas, que son tan duras, y en las de la pita, que no hay animal que las coma. Quando faltó el follage de los árboles, se apoderaron de las cortesas, por lo que se secarán muchos; y cuando no hallaron que comer, se comieron unas a otras, infestando las aguas, corrompiendo el ayre y atemorizando los pueblos.

Numerosos tipos de saltamontes habitan en las diversas regiones del África –incluido el archipiélago canario– pero la mayoría no constituye un peligro. Sin embargo existen dos tipos de langostas que en determinadas condiciones de humedad y de presión demográfica se convierten en plaga. Incluso su apariencia cambia y son capaces de arrasar cultivos en África, Asia o Europa. Estas dos clases son la langosta roja y la langosta peregrina que es la padecida en estas islas. Al principio de la temporada de lluvias en el continente africano se inicia el proceso cuando los insectos entierran sus huevos a unos diez centímetros de profundidad. Esos huevos componen racimos de cien unidades protegidos por una secreción espumosa que forma una cápsula de cinco centímetros cuando pierde la humedad y se endurece. Al cabo de dos semanas termina la incubación y comienza una metamorfosis de un mes de duración. En ese momento las langostas están listas para desplazarse a través de corrientes aéreas y marítimas hasta alcanzar las costas de las islas.

Luchar contra la plaga es una tarea titánica. El Cabildo imparte instrucciones para eliminarla cuanto antes. También ofrece dos monedas de plata por cada costal de langostas que se entregue en los diversos lugares habilitados para la singular recogida. Esta mañana los bichos se están introduciendo hasta el convento franciscano de San Diego. Los frailes del convento de San Miguel acuden a echar una mano a sus compañeros pero parece imposible poner remedio.

Asamblea del Cabildo: Luis de Concepción y Segura, uno de los regidores que pocas veces asiste a una reunión si no se beneficia personalmente, solicita la palabra para el asunto de la langosta.

–Les resultará dificultoso creerlo a sus mercedes pero les aseguro que he hallado la solución para terminar con esta plaga que nos asola. Una manera de eliminar hasta el último de estos insectos de una forma limpia admirable y rápida.

La expectación es inmediata. Dentro de la sala no se oye ni el vuelo de una mosca. Todos se encuentran pendientes de lo que vendrá a continuación. El regidor Concepción no puede reprimir una sonrisa de suficiencia. Guarda unos instantes de silencio: mueve ligeramente su cabeza de pajarito: se atusa el bigote: pasea sus ojillos ratoniles sobre los asistentes y continúa con voz afectada pronunciando las zetas y las uves donde le parece más conveniente.

–He penzado mucho sobre esta plaga que no puedo sino calificar de bíblica y aun yo diría que de moseística si no de faraonesca. Estuve también cavilando en el proceder que devía llevarze adelante para vencerla e incluso derrotarla si fuera presizo.

Luis de Concepción observa el rostro del corregidor para ver el efecto de su dramático discurso. Viendo que el otro no mueve ni las pestañas concluye con íntimo regocijo que su hábil retórica ha dejado pasmada a su audiencia. Quizás debería venir más a estas reuniones para encandilar a estos simplones con mi oportuno e inteligente discurso. Piensa.

–Mi sutileza se unió a mi experiencia. Acudí a mis viejos libros en busca de una solución adecuada para librar batalla contra la plaga infernal que nos invade. Primero indagué en la Santa Biblia. Cómo no. En ella están todos los remedios descritos como no tengo nesezidad ninguna de recordar a sus ceñorías. Todos somos cristianos viejos y sabemos desde la tierna infancia que Dios Nuestro Señor nos entregó su Libro para que en él hallásemos nuestra zalvación y su honra. Presizamente por ezo mismo leí con detenimiento la plaga de las langostas sobre Egicto y concluí que no podríamos librarnos de ellas con iguales mañas porque además de no estar Moisés entre nosotros también su vara anda más perdida que la vergüenza y nadie…

–Vaya al grano, caballero –el corregidor termina por explotar– que a este paso nos contará todo el Antiguo Testamento y habremos de cenar en este Cabildo los panes y los peces que su merced nos multiplique.

El regidor Concepción enrojece y se encuentra a punto de estallar de ira. Desconcertado busca auxilio en los ojos de los reunidos pero todos parecen mirar más allá de las paredes del consistorio. Nadie quiere cuentas con este individuo tan amigo de pleitos que cuando no los tiene los compra para tener qué pleitear. Ofendido el orador da media vuelta como para dirigirse a la salida pero de inmediato parece tomar la resolución de terminar el discurso que lleva días preparando aunque haya de abreviarlo.

–Disculpen sus mercedes si me he extendido en demasía -–el acento canario vuelve de forma natural a sus palabras preocupado ahora más por el contenido que por los ornamentos–. Seré breve en la exposición. Lo primero que me vino a las mientes fue ¡cómo no! Santa Teresa que es la patrona de los cigarrones canarios aunque se me ocurrió que aun siendo santa milagrosa no la veía apropiada para esta plaga. Tal vez porque ella vivió en tierras más frías y le agradaría más ser patrona del granizo o de los temporales. Verán: después pensé que lo mejor sería recurrir a San Plácido que nos libró una vez de la plaga. Incluso me pareció que ya había quien le rezaba en esta isla para el mismo remedio y que hasta este Cabildo costea sus fiestas cada año junto a las del Sudor de San Juan. Y con esto era suficiente.

Me vino a las mientes más tarde que el escudo de Buenavista tiene dos cigarras pintadas porque la Virgen de los Remedios salvó a Daute de la plaga de cigarrones en el año cincuenta y nueve del pasado siglo. Sin embargo todos sabemos que si los vecinos se enteran de que solicitamos su Virgen para espantar también la langosta en Los Silos no permitirán que la imagen salga de su iglesia. Se me ocurrió entonces San Agustín que es el santo protector de la cigarra en El Hierro pero pensé que tal vez fuera mucho trabajo para un solo santo atender dos islas al mismo tiempo.

Por fortuna me acordé de que tengo un libro en casa que fue escrito hace algo más de cien años por don Bartolomé Casaneo y en él explica la forma en que debe procederse para eliminar las plagas de ratones pulgones y langostas. Así lo hicieron en su Diócesis y no quedó ni una sabandija con vida. Su obispo se basó en estos versículos del capítulo veintiuno del Éxodo.

Luis de Concepción extrae una pequeña Biblia de un bolsillo interior y lee en ella con la alteración que le caracteriza.

–Versículo 28: Si un buey acorneare hombre o mujer, y de resultas muriere, el buey será apedreado, y no se comerá su carne; mas el dueño del buey será absuelto.

Versículo 29: Pero si el buey era corneador desde ayer y antes de ayer, y a su dueño le fue hecho un requerimiento, y no lo hubiese guardado y matare hombre o mujer, el buey será apedreado, y también morirá su dueño.

Versículo 30: Si fuere impuesto rescate, entonces dará por el rescate de su persona cuanto le fuere impuesto.

Versículo 31: Haya corneado hijo, o haya corneado hija, conforme a este juicio se hará con él.

Versículo 32: Si el buey acorneare siervo o sierva, pagará 30 siclos de plata su señor, y el buey será apedreado.

Así, pues, leyendo estos santos textos se llega a la conclusión de que nuestra sabia religión nos ha dado un arma rotunda para librarnos de los animales que nos embisten de una manera o de otra.

–Señor Concepción… –el corregidor lo apremia.

–Esa arma no es otra, señor corregidor, que la excomunión de las langostas.

Ahora sí expresan asombro los rostros de los regidores que se habían ido adormilando. Y más de uno durmiendo.

–La excomunión, señorías –el orador adquiere ahora un tono judicial para exclamar exultante y excitado–. Cítense las langostas tres veces por el Santo Oficio y si a la tercera vez no comparecieren nómbreseles un abogado defensor y hágaseles un juicio en el que se traerán testigos de cada pueblo de Tenerife y aún de las otras islas para que declaren si existe o no perjuicios causados por las langostas.

Más de un regidor se coloca la mano delante de la boca mientras trata de no perderse una sola palabra del discurso de Luis de Concepción. El corregidor parece disfrutar ahora el discurso y ni se le pasa por la cabeza contener al ilustre Concepción. Sin embargo Fernando de Molina le interrumpe simulando la voz de un juez inquisidor.

–¿No cree usted más bien, señor mío, que como dice fray Benito de Feijoo las langostas no son otra cosa que harpías?

–No conozco más Feijoo que aquel demonio a quienes rebatieron y exorcizaron nuestros frailes franciscanos Manuel Sidrón y Francisco de las Llagas. Así que debe de ser otro fraile, señor Medina, pero bien pudiera tener razón en lo que dice porque más parecen demonios que insectos. Precisamente aquí tengo unos versículos del Apocalipsis de San Juan. Oiga usted:

“El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro, sus caras eran como caras humanas, tenían cabello como cabello de mujer y sus dientes eran como de leones; tenían corazas como corazas de hierro y el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla; tenían colas como de escorpiones, y también aguijones, y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses. Y tiene por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddón, y en griego, Apolión.”

Y de nada servirán los discursos de su abogado defensor. Como le acaeció al que defendió los ratones con el alegato de que eran beneficiosos por destruir las crisálidas de los gusanos de la fruta y de los huevos de los lagartos se verá con claridad que su perjuicios son mayores. Tampoco le valdrá al defensor solicitar que se destierre a las langostas a otro territorio ni se designe a parte de la milicia para defenderla de los halcones y de los cernícalos que las acosan cuando tienen hambre y no hallan pollos descuidados. Ni siquiera se tendrá en cuenta la súplica del abogado defensor cuando solicite proteger las crías de langostas que ahora están naciendo. La excomunión ha de caer sobre todas y lo mismo que hicieron los ratones excomulgados se dirigirán al mar y se hundirán en sus olas hasta resultar difuntas.

Luis de Concepción y Segura realiza un gesto elegante con su mano para dar a entender que ha finalizado su filípica contra los insectos y vuelve contoneándose a su sitio. Nadie se mueve. Los presentes se inclinan cada vez más hacia el orador escasamente apoyados en el borde de sus sillones. El corregidor teme abrir su boca porque retiene más de una carcajada entre los dientes. Lope de la Guerra no sabe a qué atenerse: su religiosidad está indignada pero su sentido del humor le cosquillea el estómago como si fuese una pluma de perdiz moruna. Su hermano, el marqués de la Villa de San Andrés, hace rato que no suelta su pañuelo y se seca las lágrimas. Concepción está seguro de que sus palabras han dejado sin aliento al Cabildo en pleno y mira ufano a su alrededor.

Hay corregidores conscientes de que en estas islas más de una vez el Santo Oficio ha excomulgado a la plaga de cigarra. Incluso saben que en el siglo XVI el Cabildo de Gran Canaria mandaba subir a un sacerdote con estola e hisopo al techo de la catedral para realizar una ceremonia de exorcismo contra los insectos. Y todavía si alguno quiere leerlo consta en las actas de 9 de diciembre de 1589: “Que se digan las nueve misas de rogativa a Nuestra Señora por la langosta, y que se busquen Clérigos y frailes que digan misas, y luego las anatematicen y maldigan, lo que se les pagará.” Faltaría más. Gratis no habría de hacerse trabajo tan arduo y fatigoso. Sin embargo Luis de Concepción ha ido bastante más lejos. Parece mentira que en pleno siglo XVIII nadie recuerde ya lo que un siglo antes dijo el obispo Bartolomé García Ximénez durante unos años de calamidad extrema en que ni había grano para sembrar y nadie pensaba en hacer otra cosa sino rogativas: “No hemos de estar a la esperanza de solos milagros –afirmó el obispo– sino con medios prudentes y humanos de los que en otras provincias y lugares se usan para remediarse en semejantes años: usarlos nosotros para igual remedio.”

Todos piensan que el pleno ha llegado a un punto peligroso e insalvable de manera elegante: sin una posible salida airosa a situación tan incómoda. No obstante la fortuna viene en ayuda de los reunidos: un perro escuchimizado entra en la sala como Pedro por su casa. Camina renqueante hasta el pendón que trajo el Adelantado cuando desembarcó en Tenerife. Alza una pata y… todos los regidores se levantan gritan al perro corren de acá para allá detrás del animal y se ríen a grandes carcajadas sin que Concepción se explique la maldita gracia que puede hacer un chucho a tan insignes señores que bien pudieron haber dejado a los guardias que lo echaran de allí a patadas en lugar de comportarse como niños pequeños.

Vuelve el orden a la sala: el corregidor promete tener en cuenta la sugerencia de Concepción y designa una comisión de cuatro regidores que habrán de tomar las medidas necesarias para erradicar las langostas lo antes posible. Se declara finalizada la asamblea no sin ante recomendar el corregidor que se guarde discreto secreto sobre las tácticas propuestas contra las langostas porque si se divulgan podría restárseles buena parte del efecto deseado como sucede con cualquier plan de guerra que se revele al enemigo.

–Como Sansón a Dalila –remacha el marqués de la Villa de San Andrés, ajustándose la peluca–. Jueces dieciséis: capítulo diecisiete.

Al fin los regidores perpetuos bajan las escaleras del Consistorio. Luis Concepción Segura es el hombre más feliz del universo cuando sus zapatos patean el empedrado de la calle de la Carrera.

En diciembre la fiesta de la Patrona se desluce un tanto porque los ánimos no se encuentran para muchas alegrías. La plaga no parece mermar a pesar de que lleva más de un mes en la isla devorando cuantos cultivos halla a su paso. La gente recorre los campos haciendo ruido encendiendo hogueras e inventando cuanto puede para espantar a los insectos.

La peregrina idea de Luis Concepción se ha tomado a risa. Sin embargo mañana se iniciará un Novenario al Santísimo Sacramento en la iglesia de los Remedios que durará hasta el próximo 21. Ese día saldrá una procesión con la Custodia y las autoridades para dar vueltas alrededor del templo.

(Manuel Mora Morales: Canarias, Editorial Malvasía, 2013, pp 336-344)

Copyright by Manuel Mora Morales, 2012.

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