La rebelión de los adjetivos

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¿LOS MEDIOS ESTÁN DEGRADANDO EL LENGUAJE?

Parece una plaga. ¿Pero, realmente, lo es?, ¿o se trata, únicamente, de un proceso necesario?, ¿existe una relación entre la igualdad de oportunidades y los gazapos gramaticales? y respecto a los logros democráticos… ¿tienen algo que ver con la mala gestión de los adjetivos, travestidos en falda-pantalón y pedestres invasores de los espacios cultos?

Acabo de leer en El País de hoy, día 22 de diciembre, la siguiente frase:

“El autor, el afroamericano Ismaaiyl Brinsley, de 28 años, huyó a una estación de metro, donde se quitó la vida con el mismo arma.”

En este periódico, que presumía hace pocos años de utilizar el manual de estilo más sofisticado de los medios de comunicación en lengua española, aparecen con frecuencia determinantes y adjetivos en género masculino (des)concordando con los sustantivos femeninos que comienzan por la letra /a/ tónica. ¿Es una falta grave? El asunto es más complicado –¡y más interesante!– de lo que parece a primera vista.

POR QUÉ ES UNA INCORRECCIÓN

Se trata de una incorrección gramatical que se debería tener en cuenta desde la educación primaria. El artículo femenino toma la forma “el”, “un” o “algún” para evitar unir la /a/ final de la forma femenina del artículo con la primera /a/ del sustantivo (“la agua”). Es decir, se trata de evitar una aliteración. Sin embargo, eso no quiere decir que el sustantivo haya cambiado su género: sólo cambia su forma y continúa siendo femenino. Sería correcto decir “el agua”, pero no “este agua” o ” el agua fresco”.

QUIÉNES DIFUNDEN EL ERROR GRAMATICAL

No obstante, emisoras de televisión y de radio, prensa, redes sociales, revistas e, incluso, libros de todo tipo cometen y difunden esta incorrección de forma masiva. No hay partido de fútbol radiado o televisado en el que los locutores no digan “este área”. Pocos telediarios se salvan de errores similares:  “este arma”, “ese agua”, “el afilado hacha”, etc.

Por descontado, los futbolistas siguen su ejemplo y los políticos también hacen íntimamente suya la incorrección: “Yo nunca he participado en ese área de gobierno”, “No me atrevo a decir que de este agua no beberé”, etc.

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EL QUE MANDA, MANDA

En parte, es comprensible el error gramatical, porque resulta tan lógico decir “este agua” como “el agua”. ¿Por qué es lógico? La respuesta es simple: existe la misma aliteración en “la agua” que en “esta agua”.

Pero la gramática española no es lógica como el latín, sino académica como la Academia. De modo que la Gramática de la RAE nos advierte:

“El artículo femenino presenta la variante el, que precede a los sustantivos que comienzan con /a/ tónica. En las mismas condiciones, también el artículo indeterminado un y los cuantificadores algún y ningún pueden combi­narse con sustantivos femeninos: {un ~ algún ~ ningún} arma.

Tal asimilación con el masculino se extiende a veces indebidamente a otros determinantes y adjetivos que preceden al sustantivo.

Se trata de usos frecuentes pero incorrectos, que se recomienda evitar: este hacha, ese acta, el otro ave, todo el hambre, poco agua, el primer área, el mismo arma, aquel aula, en lugar de las variantes correctas esta hacha, esa acta, la otra ave, toda el hambre, poca agua, la primera área, la misma arma, aquella aula.[1]

¿CAMBIARÁ LA NORMA?

Esta norma de la RAE es lo académicamente correcto hasta nuestros días. Sin embargo, cabe preguntarse si la ingente acumulación de estas incorrecciones en una gran parte de quienes hablan y escriben para millones de personas –periodistas, futbolistas, actores, políticos, etc.– no terminará por cambiar esta norma gramatical y, con ella, modificar el género de un considerable número de palabras de nuestro idioma que pasarían del femenino al masculino –no al epiceno, puesto que todas no se refieren específicamente a seres vivos– por el simple hecho de comenzar por la letra /a/.

Las lenguas vivas varían su morfología y su sintaxis debido a los pequeños cambios que introducen los hablantes a lo largo de los años. Las incorrecciones de hoy pueden convertirse en las normas académicas de mañana: el español, el francés y el italiano nacieron de un latín mal hablado. Es cómico, pero no tan descabellado, pensar que en el año 2020 el futuro presidente de la Real Academia Española ordene a uno de sus nietos:

Arturín, pásame un vaso de ese agua fresco, porque se me está atragantando un bocado de este ave cocinado por ese  alma de Dios que es nuestro cocinero.

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ASÍ CAMBIARÁ LA NORMA, SI CAMBIA

Evidentemente, si la norma cambia, en los próximos años, no será de una manera tan radical que dé pie a frases como la del párrafo anterior.

Sin embargo, basado en lo que he apuntado más arriba sobre la semejanza de las aliteraciones de los artículos con las de otros determinantes, creo  probable que se permita, en este caso, el uso de los determinantes con forma masculina singular: este, ese, aquel.

En sus formas plurales no parece necesario el cambio. Los posesivos (mi, tu, su), como tampoco producen aliteración, podrían conservar su forma actual. No es probable que los adjetivos femeninos cambien su terminación a formas propias del masculino, aun cuando también produzcan aliteración, puesto que en español es habitual colocarlos después del sustantivo: “agua fría” en lugar de “fría agua”.

DEMOCRATIZACIÓN VERSUS GRAMÁTICA: ¿UNA ECUACIÓN POR RESOLVER O UNA UTOPÍA?

En realidad, aunque reconozco que me suena algo estridente, no siento la menor indignación cuando escucho a diario esta confusión de géneros. Al contrario. Creo que la democratización de la política y la llegada de las clases populares mal escolarizadas a los medios de comunicación y a las instituciones suponen un avance social irrenunciable, aunque se produzcan pequeños desajustes colaterales como éste, referido a la confusión gramatical.

No creo que a estas alturas seamos capaces de pensar siquiera en la posibilidad de sacrificar nuestros pequeños avances en derechos democráticos y en igualdad de oportunidades a cambio de conservar el lustre, la limpieza y el brillo gramaticales.

Para compaginar ambos sería necesario contar con un buen sistema de enseñanza pública que, por desgracia, cada vez parece más lejos del alcance de las clases populares.

No obstante, por contradictorio que parezca, la enseñanza pública se optimizará con la profundización tanto en el sistema democrático como en la igualdad de oportunidades jurídicas, laborales, culturales y sociales para todos los ciudadanos.

Es un camino arduo, pero no existe otro.

______________________

NOTAS

[1]  La RAE insiste sobre la norma que comenta este artículo, puesto que es consciente del mal uso que se hace de ella.

“El agua, esta agua, mucha agua
El sustantivo agua es de género femenino, pero tiene la particularidad de comenzar por /a/ tónica (la vocal tónica de una palabra es aquella en la que recae el acento de intensidad: [água]). Por razones de fonética histórica, este tipo de palabras seleccionan en singular la forma el del artículo, en lugar de la forma femenina normal la. Esta regla solo opera cuando el artículo antecede inmediatamente al sustantivo, de ahí que digamos el agua, el área, el hacha; pero si entre el artículo y el sustantivo se interpone otra palabra, la regla queda sin efecto, de ahí que digamos la misma agua, la extensa área, la afilada hacha. Puesto que estas palabras son femeninas, los adjetivos deben concordar siempre en femenino: el agua clara, el área extensa, el hacha afilada (y no el agua claro, el área extenso, el hacha afilado).
Por su parte, el indefinido una toma generalmente la forma un cuando antecede inmediatamente a sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica: un área, un hacha, un águila (si bien no es incorrecto, aunque sí poco frecuente, utilizar la forma plena una: una área, una hacha, una águila). Asimismo, los indefinidos alguna y ninguna pueden adoptar en estos casos las formas apocopadas (algún alma, ningún alma) o mantener las formas plenas (alguna alma, ninguna alma).
Al tratarse de sustantivos femeninos, con los demostrativos este, ese, aquel o con cualquier otro adjetivo determinativo, como todo, mucho, poco, otro, etc., deben usarse las formas femeninas correspondientes: esta hacha, aquella misma arma, toda el agua, mucha hambre, etc. (y no este hacha, aquel mismo arma, todo el agua, mucho hambre, etc.).”

Las dudas que no despejen los anteriores párrafos de la RAE sobre el empleo de los determinantes y adjetivos con los sustantivos que comienzan por /a/ son resueltas por los siguientes acápites que se encuentran en el

Diccionario panhispánico de dudas

“2.1. El artículo femenino la toma obligatoriamente la forma el cuando se antepone a sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica (gráficamente a- o ha-), con muy pocas excepciones (→ 2.3); así, decimos el águila, el aula o el hacha (y no la águila, la aula o la hacha). Aunque esta forma es idéntica a la del artículo masculino, en realidad se trata, en estos casos, de una variante formal del artículo femenino. El artículo femenino la deriva del demostrativo latino illa, que, en un primer estadio de su evolución, dio ela, forma que, ante consonante, tendía a perder la e inicial: illa > (e)la + consonante > la; por el contrario, ante vocal, incluso ante vocal átona, la forma ela tendía a perder la a final: illa > el(a) + vocal > el; así, de ela agua > el(a) agua > el agua; de ela arena > el(a) arena > el arena o de ela espada > el(a) espada > el espada. Con el tiempo, esta tendencia solo se mantuvo ante sustantivos que comenzaban por /a/ tónica, y así ha llegado a nuestros días. El uso de la forma el ante nombres femeninos solo se da cuando el artículo precede inmediatamente al sustantivo, y no cuando entre ambos se interpone otro elemento: el agua fría, pero la mejor agua; el hacha del leñador, pero la afilada hacha. En la lengua actual, este fenómeno solo se produce ante sustantivos, y no ante adjetivos; así, aunque en la lengua medieval y clásica eran normales secuencias como el alta hierba o el alta cumbre, hoy diríamos la alta hierba o la alta cumbre: «Preocupa la actitud de la alta burocracia» (Tiempos [Bol.] 11.12.96). Incluso si se elide el sustantivo, sigue usándose ante el adjetivo la forma la: «La Europa húmeda […] no tiene necesidad de irrigación, mientras que la árida, como España, está obligada a hacer obras» (Tortolero Agua [Méx. 2000]). Ante sustantivos que comienzan por /a/ átona se usa hoy, únicamente, la forma la: la amapola, la habitación. Ha de evitarse, por tanto, el error frecuente de utilizar la forma el del artículo ante los derivados de sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica, cuando esa forma derivada ya no lleva el acento en la /a/ inicial; así, debe decirse, por ejemplo, la agüita, y no el agüita. Este mismo error debe evitarse en el caso de sustantivos femeninos compuestos que comienzan por /a/ átona, pero cuyo primer elemento, como palabra independiente, comienza por /a/ tónica; así, por ejemplo, debe decirse la aguamarina, y no el aguamarina (→ aguamarina).

2.2. La fuerte asociación que los hablantes establecen entre la forma el del artículo y el género masculino —unida al hecho de la apócope frecuente de las formas femeninas del indefinido uno y sus compuestos alguno y ninguno ante sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica: un alma, algún hada, ningún arma (→ uno, alguno, ninguno)— provoca, por contagio, que se cometa a menudo la incorrección de utilizar las formas masculinas de los demostrativos este, ese y aquel delante de este tipo de sustantivos: este agua, ese hacha, aquel águila, cuando debe decirse esta agua, esa hacha, aquella águila. El contagio se extiende, en el habla descuidada, a otro tipo de adjetivos determinativos, como todo, mucho, poco, otro, etc.: «Desde que nacemos estamos […] con mucho hambre» (Nación [Arg.] 1.7.92), en lugar de mucha hambre; «El balón viajó por todo el área» (Mundo [Esp.] 30.10.95), en lugar de toda el área; «Había poco agua y su coste era bajo» (Tecno [Esp.] 3.01), en lugar de poca agua. Hay que tener presente que el empleo de la forma el del artículo no convierte en masculinos estos sustantivos, que siguen siendo femeninos y, por consiguiente, exigen la concordancia en femenino de los adjetivos a ellos referidos; así pues, debe decirse el águila majestuosa (y no el águila majestuoso), el acta constitutiva (y no el acta constitutivo), etc. El uso erróneo de la forma masculina del adjetivo es más frecuente, pero igualmente inadmisible, cuando el adjetivo va antepuesto al sustantivo: «Los niños […] pueden distinguir cualquier diferencia fonética e integrarla en un único área del cerebro» (Abc [Esp.] 10.7.97); debió decirse una única área del cerebro.

2.3. Hay algunas excepciones al uso de la forma el del artículo ante sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica. A este respecto ha de tenerse en cuenta lo siguiente:

a) Se usa la y no el ante los nombres de las letras a, hache y alfa: «La p con la a, pa» (País [Esp.] 1.6.85); «La hache es muda» (Miguel Perversión [Esp. 1994]); Apretando estas tres teclas se obtiene la alfa con iota suscrita; ante los nombres propios de mujer, cuando llevan artículo (→ 4): «Era la Ana de los días gloriosos» (Aguilera Caricia [Méx. 1983]); y ante las siglas, cuando el núcleo de la denominación no abreviada (normalmente, la palabra representada por la primera letra de la sigla) es un sustantivo femenino que no comienza por /a/ tónica: «La APA [= Asociación de Padres de Alumnos] ha tomado esta decisión» (Mundo [Esp.] 1.3.94), ya que asociación es un sustantivo femenino cuya /a/ inicial es átona.

b) En el caso de los sustantivos que comienzan por /a/ tónica y designan seres sexuados, si tienen una única forma, válida para ambos géneros, se mantiene el uso de la forma la del artículo cuando el referente es femenino, ya que este es el único modo de señalar su sexo: la árabe, la ácrata. Si se trata, en cambio, de sustantivos de dos terminaciones, una para cada género, la tradición nos ha legado el uso de la forma el del artículo ante el nombre femenino, como en el caso de ama o aya: «Ya vienen hacia ustedes el ama de llaves y dos mozos» (Montaño Andanzas [Méx. 1995]); «La señora paseaba con el aya y el doncel don Domènec, en las plácidas tardes de otoño» (Faner Flor [Esp. 1986]). Sin embargo, en los sustantivos que, teniendo asimismo dos terminaciones, han comenzado a usarse solo recientemente en femenino, los hablantes, de forma espontánea, tienden a usar la forma la del artículo, pues se carece, en estos casos, de tradición heredada; es el caso de la palabra árbitra (→ árbitro), con la que los hablantes usan, espontáneamente, la forma la y no el: «Pilar Guerra Lorenzo, la árbitra de 16 años que el pasado sábado fue agredida salvajemente en Valladolid, […] medita no volver a dirigir ningún partido» (País [Esp.] 4.2.99). Es muy probable que la razón de que los hablantes digan, espontáneamente, la árbitra (y no el árbitra) sea que, perdida ya toda conciencia de que la forma el ante nombres femeninos procede, por evolución, de un femenino ela, en el sistema actual, la forma el se asocia exclusivamente con el género masculino y la con el femenino; quizá por ello, en los nuevos usos, cuando el sustantivo se refiere a seres sexuados, tiende a rechazarse la aplicación de la antigua norma.

c) Cuando el artículo acompaña a topónimos femeninos que comienzan por /a/ tónica (→ 5), el uso es fluctuante. Con los nombres de continente se emplea la forma el: «Existen […] diferencias grandes entre el África, el Asia y la América Latina» (Tiempo [Col.] 4.9.97); «Los pueblos del África subsahariana no habían desarrollado movimientos nacionalistas» (Tusell Geografía [Esp. 1995]); en el caso de las ciudades o los países, en cambio, se emplea con preferencia la forma la, que incluso forma parte del nombre propio en el caso de La Haya: «El Tribunal de La Haya rechazó la apelación libia» (Expreso [Perú] 15.4.92); «En la Ámsterdam lluviosa de ayer, este no era el único asunto» (Mundo [Esp.] 12.9.95); «Lo expulsaron de la Austria católica» (Paso Palinuro [Méx. 1977]).”

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