12 chistes para reír en Navidad… (aunque no comamos)

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La primera dama española y su esposo, el presidente Mariano Rajoy, están preparando el árbol de Navidad en el Palacio de La Moncloa.

Ella se va con el enchufe a la habitación contigua, lo enchufa y grita:

-¡Mariano, cariño, avísame si se encienden las luces!

El presidente contesta:

-Si… no… si… no…

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En la escuela, Pepito presume ante sus amiguitos de saber quién inventó los preservativos. Uno mayorcito ya, se dirige a él:

-A ver, listillo, ¿quién inventó los preservativos?

-Los Reyes Magos.

-No puede ser…

-Sí, mi padre me dijo que los Reyes llegaron con dádivas, con regalos y con dones.

 

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El día de Reyes, Juanito tiene permiso para ir a jugar a casa de sus primitos. Su padre le da cinco euros para comprar chucherías y pagar la guagua. Por la tarde, llega el niño muy contento a su casa y le dice a su progenitor:

-¡Papá, papá, engañé al chofer de la guagua!

El papá, muy complacido por la sagacidad y la inteligencia de su hijo, le pregunta:

-¿Cómo lo engañaste, hijo?

El muchacho le responde:

-Le pagué y no me subí.

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Se acerca la Navidad y el último día de clase, los alumnos le llevan regalos a la maestra. El hijo del florista le entrega un ramo de flores y la hija del pastelero, una tarta de manzana. Después, el hijo del dueño de la licorería se acerca con una caja grande y pesada. Al recibirla, la maestra se dio cuenta de que algo escurría por la base. Con el dedo recogió una gota del líquido y lo probó.

-¿Es vino, verdad? -dijo, tratando de adivinar.

-No – respondió el chico.

La maestra probó de nuevo:

-Mmmmm, ¿cava?

-¡No!

Después de volver a catar el líquido derramado:

-Me rindo, ¿qué es?

-¡Un perrito, maestra!

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Un chiquitín mira al Niño Jesús del Belén de su casa y le pregunta a su mamá:

-Mamá, ¿cómo nacen los bebés?

La mamá le contesta:

-Mira hijito, primero sale la cabeza, después salen los brazos, después sale el cuerpecito y, al final, los pies.

El niño se queda un rato meditando y por fin exclama:

-¡Ah! ¡Ya sé! ¡Y después montan las piezas!, ¿verdad, mami?

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Dos presentadores de televisión van al bosque a buscar un árbol para Navidad. Después de tres horas de búsqueda, uno le dice al otro:

-Bueno, ya está bien de dar vueltas. ¡El próximo árbol que veamos lo cogemos, tenga o no tenga bolas de Navidad!

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Llega la noche de Reyes. El Rey Baltasar entra en la habitación, se desnuda, se mete en la cama y la chica grita:

-¡Majestad, era un Volvo! ¡Lo que pedí era un Volvo!

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-El tipo era tan, pero tan viejo que lo llamaban Árbol de Navidad.

-¿Por qué, m’hijo?

-Porque tenía las bolas de adorno.

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Una encuestadora llama a un señor por teléfono:

-¿Usted qué prefiere, el sexo o la Navidad?

-La Navidad.

-¿Por qué?

-Porque puedo disfrutarla más a menudo.

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Un niño escribe a los Reyes Magos una carta y les pide 100 euros para comprarse unos zapatos en invierno. En la oficina de Correos no saben qué hacer con la carta, así que la abren, la leen y se quedan tan enternecidos que hacen una colecta y le envían al niño otra carta con un 60 euros.

Al cabo de unos días, reciben otra carta del mismo niño para los Reyes Magos, que dice:

“Queridos Reyes Magos, muchas gracias por el dinero. Pero, la próxima vez no me lo manden por correo, porque los carteros son unos golfos y se han quedado con 40 euros”.

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Le dice Jaimito a la madre:

-Mamá, si Dios nos da de comer, si la cigüeña trasporta a los niños desde París y si los Reyes Magos nos traen los regalos… Me quieres decir, entonces, ¿para qué sirve tener a papá en esta casa?

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Tres hermanos palmeros, que vivían lejos de su isla y se habían vuelto ricos, discutían para ver quién había hecho el mejor regalo de Navidad a su anciana madre.

El primero dijo:

-Yo le construí una mansión.

El segundo dijo:

-Yo le envié un Roll Royce y un chofer.

El tercero sonrió y dijo:

-Yo he ganado, hermanos. ¿Recuerdan cómo le gustaba a mamá leer la Biblia? Y ahora, como ustedes saben, ya casi no puede ver. Así que yo le conseguí un loro que recita la Biblia entera. Los monjes de un convento tardaron doce años para enseñársela. Es un loro único. Mamá sólo tiene que decirle el capítulo y el versículo y el loro se lo recita.

Poco después, la anciana señora envió cartas de agradecimiento a sus tres hijos:

“José, la casa que me construiste es tan grande que yo sólo ocupo un cuarto, pero tengo que limpiarla toda diariamente.”

“Pedro, estoy muy vieja para viajar, así que rara vez uso el Roll Royce. Y el chofer es un haragán…”

“Querido Manolo, tú si que sabes lo que le gusta a tu madre… La gallina estaba deliciosa.”

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