La actividad sexual en el clero católico: memorias desordenadas (Capítulo I)

"El monje y la monja", de Cornelis van Haarlem (1562 - 1638).

“El monje y la monja”, de Cornelis van Haarlem (1562 – 1638). [1]

MORBO, SEXO Y MISTICISMO: UN CÓCTEL EXPLOSIVO

Voy a contarles una historia delirante. El morbo, el misticismo y el sexo, a partes iguales, protagonizaron estos sucesos en la Sevilla del Siglo de Oro. El galán protagonista era un fraile tinerfeño, conocido como el Maestro Juan, y la vedette, Catalina de Jesús, una monja andaluza. No se lo pierdan.

He querido contar, en primer lugar, este episodio verídico –extraído de un capítulo de mi novela histórica “Canarias”– para desmentir que sólo durantes los últimos años haya habido una gran actividad sexual de los curas y las monjas de la Iglesia católica. Durante siglos, los votos de castidad, el secretismo eclesiástico y la independencia respecto a los poderes judiciales “laicos” han sido elementos protectores y propiciadores de todo tipo de ejercicios sexuales: unos ejercidos libremente entre adultos y otros, delictivos, cuyas numerosas víctimas han resultado ser los seres más débiles de la sociedad.

Vamos con esta primera historia, casi jocosa y afín a las elevaciones espirituales de que tanto gustaba la mística española hace unos cuantos siglos.

LOS ALUMBRADOS

Juan de Villalpando era un monje natural de Garachico (Tenerife, Islas Canarias) que resultó sospechoso de herejía. Fue juzgado junto a la Madre Catalina por la Inquisición de Sevilla en uno de los casos más escandalosos de su época. Perteneció a la secta de los alumbrados, muy populares todavía en el siglo diecisiete por su desmesurada afición a la oración mental.

Los alumbrados llegaron a afirmar que, si se practicaba la oración mental, no era necesario ningún otro acto piadoso para alcanzar la salvación, puesto que con este tipo de rezo el propio Dios dirige con su presencia el alma del alumbrado. Una idea que de ninguna manera podía consentir un clero al que le había costado siglos constituirse en intermediario oficial e indiscutible entre Dios y su rebaño. Alguien debía poner fin a aquella herejía que trataba de puentear a los ministros de la Iglesia.

LOS ILUMINISTAS FRAY LUIS DE GRANADA Y SAN JUAN DE LA CRUZ

El Santo Oficio no tardó mucho en seguir sus pasos de cerca. Por esa razón muchos celantes acusaron a innumerables religiosos de estar contaminados de herejía protestante. El propio Melchor Cano acusó de iluminismo a fray Luis de Granada por su Libro de la Oración y Meditación y un calificador llamado Domingo Farfán denunció nada menos que cincuenta proposiciones de alumbrados en la Noche oscura de San Juan de la Cruz. Tampoco se escaparon el beato Juan de Ávila y muchos otros en la centuria siguiente.

LAS 800 ACUSACIONES A JUAN DE VILLALPANDO

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“El monje y el noviciado”, de Cornelis Cornelisz. van Haarlem, 1591

Sin embargo, ninguno fue tan estrafalario como el garachiquense Villalpando, cuyo juicio se celebró el 28 de febrero de 1627, en Sevilla, con asistencia de una morbosa muchedumbre que llegó de toda Andalucía y de otras partes de la Península Ibérica. Quedaría escrito en las actas del Santo Oficio:

Con ser este aucto particular, vino a ser el más solemne y de mayor concurso de gente, assí de la ciudad como forastera, que jamás se ha visto en otro.

A los ojos del pueblo la madre Catalina de Jesús y el Maestro Juan se habían convertidos en auténticos héroes multitudinarios y en víctimas de la odiada y temida Inquisición que los mantuvo presos durante cuatro años antes de que fueran juzgados.

El juicio duró desde el amanecer hasta la noche. Al tinerfeño lo acusaron doscientos sesenta y dos testigos de ochocientas proposiciones heréticas, erróneas, malsonantes y vergonzantes. Únicamente, se le pudieron probar doscientas cincuenta y nueve.

Los instructores del caso se lamentaban del ingente trabajo que habían tenido que realizar para diligenciar esa causa. El fraile y la madre Catalina de Jesús se quejaron de haber recibido malos tratos de los dominicos que actuaban como secretarios en los interrogatorios.

LA LECHE DE LOS VENERADOS PECHOS DE LA MADRE CATALINA DE JESÚS

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Cornelis van Haarlem (1562 – 1638).

Entre otros centenares de pecados a ella la acusaron de haber manifestado

que estando muy inflamada en el amor de Dios, en cierta ocasión le dixo nuestro Señor, que con el fuego y la sangre que ella tenía suya embevida en su alma; cozida en su pecho: se avía de hazer leche para que la comunicara a todas las almas que tratasse.

Los pechos de la madre Catalina eran también muy venerados por el maestro tinerfeño, según se deduce de la declaración de otro testigo que afirmaba de la madre Catalina

que, publicando de sí tanta sanctidad, se tratava regaladamente y se entretenía en comidas y cenas de conversación, y en huelgas en el campo, con clérigos sus devotos, y que con uno en particular tenía tanta comunicación y amistad que se estava con ella todas las noches hasta las diez y las onze, y muchas vezes solos y a escuras. El cual tenía llave maestra de una puerta falsa de casa la susodicha, por donde entraba de noche y de día; y que viniendo él de fuera de Sevilla y saliendo a predicar, y va a ver a la susodicha antes de entrar en su casa, haziéndose sospechar que no era bueno su trato.

En los ratos que le dejaban libre la veneración de los pechos de la madre Catalina parece que el maestro Juan Villalpando

 predicava que nadie se podía salvar sin oración mental, y que esto era de fee, y que la vocal importava poco; y que la mental sola bastava para salvarse, sin la penitencia; y que era mejor tener mucha oración mental que hazer mucha penitencia, y que para recogerse en oración mental, no avía necessidad de Imágenes.

LOS CASADOS NO VAN AL CIELO

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Cornelis van Haarlem (1562 – 1638).

No obstante lo que molestó sobremanera a sus jueces fue

 “que cerrassen los ojos para comulgar y no se parassen para oyr Missa, aunque elevassen el Santísimo Sacramento y que era impossible entrar los casados en el cielo” consejo que según el Santo Tribunal repartía el tinerfeño para tener más sensibles a las señoras que transitaban su iglesia. Extremo que confirman indirectamente otros testigos, al relatar “que en otra ocasión dixo, confessando a una muger, que a sus hijas de confessión las besava y les metía las manos en los pechos y la lengua en la boca y que en aquello se merezía más. Y que confessando a otra, fue visto alçar el braço y como que se lo metía a la susodicha debaxo del manto.”

JUAN Y CATALINA: CONDENADOS, PERO MENOS

La condena de Juan resultó leve para la que pudo haberse llevado; pero, al mismo tiempo, ha de considerarse muy dura para un hombre tan acostumbrado a disfrutar de su parroquia y de sus parroquianas: cuatro años de reclusión en un monasterio ¡masculino! y la obligación de retractarse en un Auto de Fe público.

Tuvo suerte de que no consideraran que había puesto en duda algún dogma cristiano porque, en ese caso, el castigo habría sido de los que hacen época. Lo más probable es que los dominicos le dejaran marchar de rositas con tal de no llevar a cabo el agotador trabajo que les habría producido continuar con más averiguaciones, porque había cientos de feligresas que cantaban sus alabanzas.

Y no solamente por eso: el clero católico pretérito y actual ha sido muy condescendiente con las prácticas sexuales, incluso con las delictivas agresiones sexuales a menores, ejercidas por sus compañeros de oficio. No así con las de sus feligreses. Lo cual vuelve a hacer buena la frase aquella: perro no come perro.

Dicen que el Papa actual dice que eso ha comenzado a cambiar.

Dice, pero habrá que verlo.

____________

NOTA

[1] Cornelis Cornelisz. van Haarlem (Haarlem, 1562 – 11 de noviembre de 1638), pintor y dibujante holandés. Fue miembro de la escuela manierista de Haarlem, muy influido por la labor de Bartholomeus Spranger. Pintó principalmente retratos, así como temas mitológicos y bíblicos. Inicialmente pintó cuadros de gran formato, trabajando al estilo italianizante, con figuras humanas en poses retorcidas, escorzos, y anatomías hipertrofiadas. Más tarde, su trabajo tendió hacia formas más naturalistas. En general destaca su preferencia por el desnudo y los temas que permiten un tratamiento sensual.

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