Blog de Manuel Mora Morales

Dibujar y pintar con mayor realismo que la propia realidad

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El pintor Protógenes, a quien ya he dedicado algún comentario en este blog, residía en la isla de Rodas, en el siglo IV antes de Cristo. Una de sus mejores obras fue una pintura titulada Sátiro. Trabajaba en ella mientras su ciudad estaba sitiada por el enemigo.

El cuadro Sátiro representaba a un sátiro que aguantaba una columna sobre la que estaba posada una perdiz. El ave estaba pintada de manera tan real que los espectadores pensaban que no formaba parte del cuadro, sino que se había posado allí por casualidad.

Protógenes, que debía se de genio pronto, creyó que nadie hablaba de la perdiz pintada porque no la valoraban en su justa medida, de modo que la hizo desaparecer del cuadro.

También he hablado de Apeles, contemporáneo de Protógenes.  Resulta que Apeles estaba en continua rivalidad con el pintor  Zeuxis. Al parecer, para que viese su último cuadro, Apeles invitó a su rival al jardín de su casa.

Cuando llegó Zeuxis, se plantó frente al cuadro y adelantó su mano para descorrer la cortina que lo cubría. Sin embargo, la cortina formaba parte de la obra y Zeuxis no tuvo otra alternativa que felicitar a Apeles por su gran maestría.

Escribió Plinio el Viejo:

“Existe o ha existido el cuadro de un caballo que se hizo para una competición entre pintores. Para este cuadro, Apeles dejó de lado el juicio de los hombres y pidió el de las bestias. Al darse cuenta de que sus rivales le habían superado no por sus pinturas sino por sus pláticas, mostró los cuadros de los caballos a las yeguas. Éstas sólo relincharon al ver el de Apeles, y no hace falta decir que en esta prueba salió triunfante la pintura.”

Se cuenta que el pintor griego Zeuxis pintaba las uvas de una manera tan realista que venían las aves a picotearlas en sus cuadros.

Existe otra anécdota de Zeuxis que narra cómo el pintor realizó una obra en que aparecía un niño comiendo uvas. Las aves llegaron al cuadro y picotearon el racimo de uvas. Cuando se lo contaron a Zeuxis, éste comentó con desagrado:

–Se ve que no pinté tan bien al niño como a las uvas. Si lo hubiera pintado mejor, los pájaros no se hubieran acercado por miedo a que el niño los capturase.

Supongo que Marcello Barenghi, el autor de los dibujos mostrados en estos vídeos no habría desentonado en la Grecia clásica y que también habría despertado la admiración de los helenos con sus espectaculares representaciones de la realidad cotidiana.

Para él, mi más entusiasta enhorabuena.

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